CAPITULO 30
Entre tanto en la pista, Igor, el entrenador infantil y dos de sus ayudantes comienzan a situar a sus jugadores en las gradas.
—Bueno chicos… hagamos silencio —indica él, llamando la atención de todos.
—Yo quiero pizza —dice un niño, entusiasmado.
—¡Sí! ¡Yo también! —añade otro que está a su lado.
—¡Es un cumpleaños! —afima una de las niñas, sonriendo.
—¿Quién cumple años hoy? —pregunta otra de las pequeñas.
En ese instante todos los niños comienzan a hablar entre sí sin parar, al mismo tiempo que Ashley se mantiene en un costado, con manos temblorosas, pensando.
« ¡Ay por Dios! Esto es horrible… ¡Jamás me van a prestar atención!»
De pronto, el sonido de un silbato acompañado del grito del entrenador, hace que todos los presentes se queden en completo silencio y dirijan su mirada hacia el frente.
—Antes de comenzar el entrenamiento de hoy, escucharemos un momento a Ashley —indica Igor, señalándola con su mano—.
Ella es nuestra nueva nutricionista, así que démosle un aplauso de bienvenida y prestemos atención a lo que nos dirá —añade, a la vez que los niños comiencen a gritar y aplaudir emocionados.
Por su parte, los chicos salen de los vestidores y se dirigen hacia la pista de hielo, a medida que avanzan ellos escuchan un bullicio y al llegar, giran la mirada hacia allá, dándose cuenta de lo que ocurre.
—¡Oye! ¡Esa es Blaze! —acota Dylan, tomando por el hombro a Stan y frenándolo.
Bradley, quien iba de primero, al notar que sus dos compañeros se detienen, hace lo mismo quedándose junto a ellos.
—¡Carajo! ¡Es cierto! ¡Es Blaze! —recalca Stan.
—¿De quién hablan? —inquiere Bradley, sosteniendo el casco bajo su brazo—. ¿Quién es Blaze?
—¡Esa! ¡La que está al lado de Igor! —indica Dylan, señalándola.
Bradley de inmediato mira hacia el lugar que menciona su amigo, y de inmediato se queda sorprendido.
«¡Mierda!» Piensa él, en cuanto la reconoce.
—Brady, es Blaze... Es la chica del elevador, la que tenía un blazer azul —explica Stan.
—¿Esa fue la chica que les dijo que no se subieran? —cuestiona Bradley.
—¡Sí! —exclaman Stan y Dylan al unísono, para luego los tres quedarse en completo silencio a un costado de las gradas, observando la escena.
—Hola chicos… gracias por ese aplauso —dice Ashley, sonriéndoles—. No les mentiré, estoy un poco nerviosa, es que nunca antes formé parte de un equipo de hockey, así que muchas gracias por hacerme sentir bienvenida.
—Ay mi vida… yo te doy la bienvenida cuando quieras. Un recibimiento profundo en el baño —murmura Dylan haciendo que Stan se lleve la mano a la boca y se ría en silencio, al mismo tiempo que Bradley le da un codazo para callarlo, ya que se encuentra muy atento a ella.
—Esta será la primera de las charlas divertidas que tendremos, las cuales serán muy cortas porque necesitamos practicar para vencer a los Rockies en el próximo partido —comenta Ashley—.
Asi que pongan atención, para ganarles a los rivales tienen que saber que no solo tienen que entrenar bien, ser rápidos, listos, atacar y defender, sino que también deben meterle un buen combustible a su cuerpo.
—Exacto... yo te meto del mejor —susurra Dylan, levantando las cejas.
Bradley nuevamente lo golpea pero esta vez con más fuerza, a la vez que Stan se encuentra rojo por estar aguantando las ganas de reírse.
—¡Auch! —dice Dylan, con una mueca de dolor.
—En serio, ya cállate y déjame oír —ordena Bradley, viendo a su amigo a los ojos.
Entre tanto, Gio y Rupert acaban de entrar en uno de los palcos del segundo piso y toman asiento para observar desde la distancia la charla de nutrición.
—Ustedes se preguntarán porque les digo esto… Y es que, imagínense una carrera de dos coches deportivos iguales, a uno de ellos le colocamos gasolina y al otro soda. ¿Cuál creen que va a ganar? —inquiere Ashley, viéndolos a todos.
—¡El de la gasolina! —responde uno de los niños.
—¡Sí! ¡El que tiene gasolina! ¡El primero! —añade otro hablando al mismo tiempo.
—¡Exacto! —exclama Ashley, para recuperar la atención de todos—.
Entonces… ustedes son atletas, lo que significa que al igual que los coches de carrera, necesitan el mejor combustible para que puedan ser mejores cada día y que en los entrenamientos logren defender y atacar mejor, que puedan ser más ágiles.
La suma de todas estas aptitudes, es lo que les hará ganar y convertirse en profesionales, ¿entienden eso?
—¡Sí! —gritan todos los niños al unísono, completamente emocionados.
—Perfecto. Entonces… ese es mi trabajo aquí como su nutricionista, yo les voy a enseñar a ustedes cual es el mejor combustible para que puedan ser mejores atletas cada día —afirma Ashley, sonriéndoles.
En el momento que Bradley escucha las palabras de ella, comprende un poco más la situación y piensa.
«Okey... es nutricionista. Por eso es que conoce al Doc.»
—¡Maestra! —interviene una de las niñas, levantando la mano.
En ese instante, una sutil risa se distribuye a lo largo del rink, provenientes del entrenador, sus asistentes, del palco deonde están Rupert y Gio; a su vez, que los tres chicos junto a la gradas, se aguantan las ganas de explotar en carcajadas al observar toda la escena.
—Sí mi vida… dime —responde Ashley, sonriéndole.
—¿Eso quiere decir que no debemos tomar sodas antes de la práctica? —pregunta la pequeña.
—¡Uhh! ¡Esa es una gran pregunta! En un mundo ideal…
la soda simplemente no debería existir —afirma Ashley—.
Y sí… entiendo que tiene un sabor agradable, pero que sepa rico, no significa que sea bueno, ni para ustedes, ni para sus hermanos, padres o abuelos.
Tiene tanta cantidad de azúcar y químicos, que si la tomamos mucho nos enfermaremos y ya no podremos ser atletas de ningún deporte.
Es más… aunque no conozco a ningún profesional, les aseguro que si le preguntamos a cualquiera de ellos si consumen sodas, la respuesta sería un rotundo no.
—¡Eso es cierto! —interviene Stan, levantando la mano.
Todos los niños al escucharlo, giran hacia un costado y es cuando notan que hay tres jugadores profesionales, por lo que de inmediato comienzan a gritar emocionados.
Ashley por su parte, también voltea y detalla a los chicos, ella sonríe y al ver a Bradley, no puede evitar sonrojarse, al mismo tiempo que se humedece los labios y se cruza de brazos, mientras que la algarabía de los niños solo se incrementa.
«Ay Dios… ¡Ayúdame! ¿Será que ya consiguió la crema de pollo? Qué vergüenza. Bueno Ash…. no seas tonta, él no sabe que fuiste tú quien la colocó en su locker.» Piensa ella, tratando de calmar los latidos de su corazón.
—¡Bueno! ¡Chicos! —exclama el entrenador, a la vez que hace sonar su silbato un par de veces para que los niños hagan silencio y presten atención de nuevo—.
¡Somos afortunados! ¡Acá tenemos a tres atletas profesionales!
Veamos si toman sodas o no, ya que cuando ustedes crezcan quieren ser como ellos, entonces tienen que saber si tomar sodas les ayudó a llegar a la NHL.
¿Qué tiene para decir nuestro portero y capitán alterno?
—¡No chicos! ¡Lo mejor que pueden tomar es agua! —afirma Stan—. Por eso ven que en los partidos, nuestros termos tienen solo agua. Si la soda fuera un buen combustible, como dice la maestra —añade entre risas—, entonces el entrenador nos la pondría en los termos.
En ese instante, tanto a Dylan como a Bradley se les escapa una pequeña risa que ambos intentan disimular, cuando escuchan a su amigo decir maestra.
Arriba en el palco, Rupert sonríe al mismo tiempo que voltea a ver a Gio.
—Ves… está fue una gran idea. Ashley me agrada, es muy intuitiva, es que mírala...
es como ver a mi nieta dentro de unos diez años —afirma Rupert—.
Me gustan estas charlas, porque es bueno que los niños aprendan esas cosas y que vean a sus ídolos como ejemplo.
Esto es simplemente genial, nota como todos le están prestando atención a lo que ella dice —añade orgulloso por su descubrimiento.
—Bueno… ahora escuchemos a Dylan —dice Ashley, a la vez que los niños siguen viendo a los jugadores en silencio.
—Chicos, obviamente yo no tomo sodas, solo consumo batido de frutas y de proteínas, y al igual que mis compañeros, ingiero mucha agua, pero no solo en los entrenamientos y partidos, sino también en el gimnasio y en mi casa.
Debemos tomar como mínimo ocho vasos al día, para estar bien hidratados y así poder jugar mejor.
—Exacto… Dylan tiene razón —afirma Ashley—.
Hidratarse durante todo el día es fundamental para nuestra salud.
Así que aun y cuando no tengan juego, ni prácticas, deben consumirla.
Lo mejor es que tengan un termo siempre con ustedes y lo lleven a todos lados, miren, yo tengo el mío y no soy atleta —añade abriendo su mochila y les muestra su termo rosa.
«Por Dios… Vengo yo... Tengo miedo.» Piensa Bradley, respirando profundo.
—Okey, ahora es el turno de Brad, ¿qué tienes para decirnos sobre el tema de las sodas? —inquiere Ashley—. ¿Las tomas o no?
Bradley con discreción apoya su codo sobre el hombro de Stan, para de manera disimulada posicionar su guante frente a su boca y de esa forma obstruir la visibilidad de su férula.
—Yo no tomo sodas, jamás lo he hecho. Tuve la suerte de que de pequeño nunca me las dieron, así que no me acostumbre a ellas, pero si ustedes ya las están tomando, lo mejor que pueden hacer es empezar a sustituirlas con jugos naturales —indica sorbiendo la saliva—.
Pueden usar naranjas, limones, fresas. Y al igual que mis compañeros, yo también consumo mucha agua durante el día, incluso la bebo antes de sentir que tengo sed —acota para luego ver hacia Ashley.
—Ese es un gran consejo —comenta ella, provocando que todos los niños se giren a mirarla, permitiendo que Bradley finalmente pueda bajar su brazo—.
Tomar agua antes de sentir sed es indispensable, ¿por qué?
Porque cuando tenemos sed, es nuestro cuerpo y cerebro indicándonos que estamos comenzando a deshidratarnos. ¿Lo entienden?
—¡Sííí! —exclaman los niños al unísono.