Pucksicle (Pucksicle 1) CAPITULO 28
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CAPITULO 28

Finalmente cae la noche, y en casa de los Roy, ya todos terminaron de cenar, pero Ashley se encuentra en la cocina troceando un aguacate.

—¿Quedaste con hambre? —cuestiona Gracie, sorprendiéndola

—No boba, solo estoy haciendo una crema de pollo —aclara Ashley, riéndose.

—¿Quedaste con hambre? —reitera Gracie, causando que ambas se rían.

—Es que no es para mí —acota Ashley, colocando el aguacate en el procesador—. Es para Brad, pobrecito… se ve más delgado, no quiero que pase hambre.

—¡Ash! ¡Él es un atleta profesional! ¿Honestamente crees que está pasando hambre? —cuestiona Gracie, incrédula—. Comida es lo que le debe sobrar a cada lugar que vaya.

—Ha perdido peso, eso quiere decir que aunque esté comiendo, lo está haciendo mal, no se alimenta de manera balanceada con lo que necesita —comenta Ashley, a la vez que niega con la cabeza—.

Y tenemos claro que los jugadores queman muchas calorías, por eso solo comen pasta, carne, arroz, cuando a él le quitas todo eso y solo puede comer sopas.

Pues no sé, para mí sin duda alguna, su dieta no está funcionando.

—Bueno… en eso tienes razón —añade Gracie acariciándose el vientre, a la vez que observa como su hermana agrega los ingredientes en el procesador.

Nota como después del aguacate, Ashley coloca aceite de oliva, proteína en polvo, una pechuga de pollo cocinada y por un último una taza de consomé para luego mezclarlos bien durante unos minutos.

Al terminar, Ashley toma una cucharilla, lo prueba y de inmediato asiente con una sonrisa en el rostro.

—Déjame probar —dice Gracie, viéndola fijamente.

Ashley no puede evitar soltar una risita tonta, a la vez que toma otra cucharilla, coge un poco de la crema y se la entrega.

—Mmm —murmura Gracie, saboreando—. ¡Ash! ¡Está súper rica! Sabe mucho a pollo. Okey… ahora estoy celosa, tienes que hacerme a mí también.

—Entonces… ¿si la apruebas?

—¡Obvio! ¡Ay que emoción! Ash… eres tan tierna, conquistarás a mi futuro cuñado por el estómago, esa sí que es una gran idea —bromea Gracie, causando que ambas se rían.

Al día siguiente por la mañana, una neblina cubre los exteriores del edificio de los Demons, a la vez que Ashley va subiendo las escaleras del ala administrativa, en cuanto llega al quinto paso, disminuye la velocidad.

Bradley por su parte, va por las mismas escaleras con la única diferencia que lo hace a toda prisa, casi trotando, pero en cuanto se la encuentra se frena.

—Dios… ¿si recuerdas mi petición o es que me he portado mal?

Santo cielo… juro que les compraré cien casas a las ardillas, con bola de disco incluida y un pequeño sofá para que lean, además de un televisor para que vean los partidos de los Demons.

Solo… necesito un chico que me ayude a subir las escaleras, porque después del quinto piso ya no puedo más —comenta Ashley, jadeando.

«Bueno… el que no arriesga no gana.» Piensa Bradley, al mismo tiempo que se apresura, le llega por detrás y con una mano la toma por debajo de los muslos, mientras que con la otra le rodea la cintura alzándola.

—¡Qué! ¿Qué haces? —inquiere ella, mirándolo sorprendida.

—Cumpliendo tus deseos —murmura él, subiendo los escalones.

—Eres tan fuerte…

—Sí… y alto, atlético, creo que sexy, incluso rudo en la cama… ¿soy lo que quieres, verdad? —pregunta él, llegando al descanso de las escaleras.

Ashley se sonroja, a la vez que acaricia con su mano la nuca de Bradley, quien de inmediato la baja, usando su cuerpo para arrinconarla contra la pared.

Él se saca la camiseta y la deja caer, para luego estirar su brazo derecho, toma la llave de la regadera y la gira, dejando correr libremente el agua sobre ellos, en segundos, ambos se mojan por completo.

—Ya respóndeme... ¿soy lo que quieres o no? —susurra él, rozando sutilmente sus labios con los de ella.

Bradley siente como la piel de Ashley se eriza, a la vez que ella le asiente con una sonrisa. De inmediato y sin control, él comienza a besarla con desespero, mientras que el agua sigue cayendo sobre ellos.

—¿Me deseas? —inquiere él, entre los besos—. Dime si me deseas.

—Sí… te deseo… Cógeme aquí en la ducha… es un gran lugar para una escena.

—Ay mi vida… replica él con un jadeo y comienza a quitarle el blazer rosado sin dejar de besarla apasionadamente.

—Brad… Brad…

—Dime mi vida.

—Brad.

—Sí… dime… —recalca él, metiendo las manos por debajo de su blusa.

—¡Bradley!

—Dime mi vida… —repite él, acariciándole los pechos.

—¡Brad! ¡Brad!

—¡¿Qué?! ¡¿Qué pasa?! —inquiere él, haciéndose un poco para atrás y la mira a los ojos.

—¡Cógeme rápido! Antes de que el agua te moje.

—Pero ya estoy mojado —acota él, confundido.

—¡Apúrate! ¡Solo cógeme rápido! —dice Ashley, desabotonándole el pantalón.

—Okey… Okey… me gusta esto... Por Dios, estoy tan caliente —murmura Bradley bajándose los pantalones, y en ese momento siente mojado su ombligo, extrañado baja la mirada—.

Me moje… —dice regresando la vista hacia ella, pero al hacerlo se da cuenta que Ashley no está frente a él—.

¡¿Qué?! ¡¿Qué carajos?! ¿Por qué te desapareces?

—cuestiona alterado mirando hacia los lados.

Bradley comienza a bajar las escaleras a toda prisa, al mismo tiempo que grita el nombre de Ashley.

—¡Mi vida! ¿Dónde estás?

Su corazón está latiendo a toda velocidad, cuando de pronto pisa un mal escalón, se resbala y enseguida entra en pánico por no lograr sujetarse a la baranda, de inmediato cae en el aire y agitado espera el impacto del golpe.

—¡Mierda! —exclama él despertando con un sobresalto en su cama.

Al mirar a su alrededor, se da cuenta que se quedó dormido con el vaso de jugo en sus manos, y que este se derramo por completo sobre su pelvis.

—¡Carajo! ¡Carajo! —grita levantándose de golpe, sintiendo una mezcla entre frustración, miedo y molestia.

—¿Qué pasa? —inquiere Raven entrando a la habitación, después de escuchar su grito.

—Nada mamá —murmura él, al mismo tiempo que baja la parte frontal de su sudadera para cubrirse—. Lo siento… es solo que me quedé dormido con el vaso de jugo en las manos y mojé toda esta mierda —explica frustrado, a la vez que quita rápidamente el edredón y las sabanas de la cama.

—Ay por Dios hijo… me asustaste —comenta Raven, llevándose la mano al pecho.

«¡Maldición! Fue tan real… ¡Ay por Dios! No puedo creerlo… estoy tan jodidamente caliente... es que… fue tan real. ¡Maldición! ¡Se sintió demasiado real! ¡Carajo! Es injusto…» Piensa Bradley frustrado, quitando las fundas de las almohadas.

—Bueno… no pasa nada, déjame meterlo al lavarropas, pero también hay que verificar si el colchón no se mojó, antes de ponerle de nuevo las sabanas —acota Raven saliendo de la habitación con la ropa de cama en sus manos.

Por su parte, Bradley no presta atención a las palabras de su madre, ya que se encuentra perdido en sus pensamientos.

«Sí… se sintió real, pero loco. ¡Carajo!

Fue tan bizarro… fue como lo que uno sueña cuando tiene fiebre…

» Él de inmediato se lleva la mano a la frente, frunciendo el ceño .

«No, no tengo fiebre, pero es que… de la nada nos bañamos, bajo una regadera en plenas escaleras.

¡Por Dios! Estoy enloqueciendo, pero es que…

¡Maldición! ¡Aún tengo la sensación de sus besos!

Recuerdo como se sentían sus pechos en mis manos, estaban duros y mojados...

¿Cómo puede ser eso posible? ¡Qué maldita locura! Es que sigo tan caliente.»

Él resopla frustrado, al mismo tiempo que se quita la ropa mojada y entra al baño.