Pucksicle (Pucksicle 1) CAPITULO 27 #3
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CAPITULO 27 #3

—Sí, tienes razón —afirma ella, riéndose—. ¿Entonces te parece una buena idea si les explico por diez minutos antes del entrenamiento como hacer batidos saludables y que tipo de proteínas son mejores y se las doy a probar? ¿Eso suena como algo que no es aburrido? —pregunta Ashley.

—¡Sí! ¡Exacto! Si lo podemos probar, todos prestaremos atención —acota Caleb, entusiasmado—. Es que siempre estamos con hambre —añade causando que los tres se rían.

Justo en ese momento, Bradley se acerca a la pista uniformado y listo para entrar al hielo.

—¡Brad! —exclama Caleb, al verlo—. ¿Puedo calentar contigo?

En el instante que Bradley escucha la voz del adolescente, voltea la vista hacia la grada.

«¡Mierda! El Doc la conoce… » Piensa al ver a Ashley sentada junto a Collins y su hijo.

«¡Oh por Dios! Es tan sexy… se ve jodidamente más alto con los patines puestos.» Piensa Ashley, al detallarlo uniformado por primera vez.

—¡Hey Caleb! ¡Obvio que sí! —responde Bradley, regresando al presente—. ¡Ya vamos!

Por lo que Caleb de inmediato toma su casco, los guantes y su palo y se apresura para entrar al rink.

Con los chicos en el hielo, Collins se sienta junto a Ashley para ver entrenar a su hijo.

—¿Tiene mucho tiempo practicando hockey? —inquiere ella, con la vista en la pista.

—Sí, desde los cinco años.

—¿Y usted también practica?

—Pues sí… lo hice hasta entrar a la universidad, después tuve que dejarlo, porque no me quedaba tiempo. Ahora solo juego esporádicamente para divertirme con él —comenta Collins, sonriendo.

—Comprendo…

—¿Y tú? ¿Practicaste alguna vez?

—No… yo solo he patinado por pura diversión con mi hermana —aclara Ashley—. Aunque… básicamente durábamos más tiempo tendidas en el hielo que estando de pie —bromea causando que Collins se ría.

Entre tanto en el rink, ambos chicos comienzan a patinar alrededor, mientras que los niños pequeños juegan en dos porciones de la pista.

—¿Cómo te sientes? —pregunta Caleb—. ¿Ya te falta poco para volver?

—Ahora me siento mejor, ya no me duele —responde Bradley—. Solo tengo que esperar que me quiten esta mierda de la boca.

—Ah Okey. Por cierto, cuando vuelvas, tienes que golpear al hijo de puta de Hopkins y tumbarle un par de dientes —declara Caleb, causando que ambos se rían.

A medida que Bradley patina, observa hacia la grada notando que Collins y Ashley no han parado de conversar.

—Carajo… —murmura para sí mismo—. Oye… ¿la conoces? —indaga señalando hacia donde está ella.

Caleb de inmediato voltea hacia el lugar para ver a quien se está refiriendo.

—¡Sí claro! ¡Es Ashley!

—Carajo… —repite Bradley, en voz baja.

—¿Por qué? —inquiere Caleb, jadeando—. ¡Ahhh! ¡Ya sé! ¡Te gustó! ¡Obvio que te gustó! ¡Ella es muy linda!

—Idiota —replica Bradley entre risas, empujándolo con su hombro.

—Ella es muy lista y me cae bien, así que no seas un idiota.

—¡¿Qué?! ¿Soy un idiota? —pregunta Bradley—. ¿Qué pasó bro? Me ofendes —añade riéndose.

—Bueno, es que… tú estás con Lola, así que no puedes salir con Ashley —comenta Caleb—. No debes estar con las dos al mismo tiempo.

De regreso en las gradas, Ashley y Collins continúan conversando.

—Honestamente… me parece bastante buena la idea de que le expliques a los chicos con ejemplos las cosas saludables y las que no —acota él, asintiendo—.

Si logras que Caleb entienda porque es una pésima idea comer tanta pizza y deje las bebidas azucaradas…

eso sería un gran éxito. Yo lo molesto con eso, pero…

no estoy en casa siempre, porque me la paso viajando la mitad del año.

—Claro comprendo, es que es difícil con tanta porquería procesada que sale al mercado hoy en día —comenta Ashley—.

¿Sabes? Me acabas de dar una excelente idea, puedo enseñarles a hacer una pizza saludable, que ese día la prueben y la comparen con un trozo de las que venden congeladas.

De ese modo, ellos mismos podrán decidir cuál sabe mejor, y cuando las mías les den dos patadas a las procesadas, ya no querrán comer más de esas.

—¿Sabes hacer pizzas saludables? —pregunta Collins, sorprendido.

—¡Obvio! Las hago siempre en casa, es que mi hermana está embaraza y todo el tiempo tiene mucho antojos —explica Ashley, sonriendo—.

Se las hago de pollo, carne, champiñones, maíz, avena, brócoli, espinacas, y aunque suena poco apetitoso, la verdad es que quedan muy buenas, incluso mi cuñado y su mejor amigo, las devoran.

Asi que puedo demostrarles que las cosas pueden ser deliciosas sin toda la grasa, azúcares, químicos y conservantes.

—Sí, esa es una gran idea. Yo puedo conseguirte algunas fotos de autopsias donde se vean los hígados, corazones y riñones humanos diseccionados, para que los chicos observen como toda esa mierda mata —agrega Collins.

—Okey, pero… eso suena como que los dejaremos traumados y no querrán volver a pasar nunca más por la sección de congelados del supermercado —replica Ashley jocosamente, provocando que ambos se rían.

De vuelta en el rink, Bradley sigue patinando al mismo tiempo que no aparta la vista de las gradas observándolos reír.

«Mierda… al parecer son buenos amigos, solo espero que no le cuente que básicamente le dije en la cara que se la estaban cogiendo en las duchas del vestuario.». Piensa él preocupado, a la vez que niega con la cabeza.