CAPITULO 27 #2
Avanza pasando frente a cuatro puertas más hasta que al final se consigue con una enorme puerta roja, al estar abierta, se asoma de inmediato.
—¡Ay por Dios! —exclama pausadamente, al mismo tiempo que ingresa en los vestidores—. Es enorme y… precioso —murmura a la vez que comienza a leer los apellidos que se encuentran en cada uno de los locker—. ¡Ahí está! ¡31! ¡Ruff! —añade gritando emocionada en su interior.
Ashley sigue caminando por la sala hasta que al final se encuentra con las puertas al área de las duchas.
—¡Santo cielo! ¡Es un enorme baño! —dice ella, sorprendida—. Gracie no podrá creer esto… acá se duchan todos estos enormes hombres sexys y rudos. Es tan bizarro que yo esté aquí… —añade sonriendo.
Entre tanto, Bradley acaba de llegar al club, se baja de su camioneta con la mochila en su espalda e ingresa al ala de entrenamiento, dirigiéndose directamente hacia los vestidores.
En cuanto entra, deja su mochila sobre la banca y se quita primero la chaqueta deportiva y luego su camiseta, justo cuando escucha la voz de una chica proveniente desde el área de las duchas.
—La cantidad de escenas sexys que las chicas nos podríamos imaginar en este mismo lugar, es un escenario digno de cientos de libros y series.
Bradley se queda inmóvil, al mismo tiempo que frunce el ceño pensando.
«¡Qué rayos!... ¿Quién fue el idiota que decidió cogerse a una chica en el baño? ¿Es que no saben que hay cámaras en todos los pasillos? ¡Se darán cuenta!»
Poniendo los ojos en blanco, él estira su mano y toma un puck de su locker, para luego dejarlo caer en el medio del vestidor, a la vez que mantiene la vista fija en la puerta del baño esperando a ver cuál de sus compañeros sale.
—¡Mierda! —murmura Ashley, al oír el golpe—. Trágame tierra… —añade cruzándose de brazos—. ¿Por qué tuve que venir a mirar? Esto me pasa por averiguadora.
Ella suspira un par de veces y con el corazón acelerado, decide salir al mismo tiempo que ruega por que no se encuentre nadie en los vestidores.
En el instante que atraviesa la puerta del baño, se frena en seco, haciendo contacto visual con Bradley, quien se encuentra en medio de la habitación sin camisa.
«¡Maldición!» Piensa él, frunciendo el ceño.
«¡Mierda!» Ashley piensa sin moverse, a la vez que su cara se coloca más roja que un tomate. «¡Mierda! ¡Mierda! ¡Mierda!» Repite enloqueciendo por dentro, a medida que avanza con rapidez hacia la salida de los vestidores.
«¡Carajo! ¡Maldición!» Bradley piensa, dando dos pasos y deteniéndose frente a ella, obstaculizándole el paso.
En ese instante, Ashley siente como su corazón está a punto de salirse de su pecho, no entiende nada de lo que ocurre, para ella todo es tan surreal, que incluso está a punto de vomitar de los nervios.
Respirando profundo, ella levanta la mirada y observa directo a los ojos de de Bradley, quien ahora se encuentra enfrente.
—Espera —dice él, entre dientes.
«¡Carajo! Ay mi vida… pobrecito, sí tienes la maldita férula de mierda. Estás pasando hambre… ¡yo lo sabía!» Piensa Ashley, preocupada.
«¡Maldición! Olvidé taparme la boca, ya debe estar asqueada de mí.» Piensa Bradley, angustiado.
—No salgas —murmura él, tapándose la boca con la mano.
—¿Por qué? —replica ella, extrañada.
—Te verán... hay cámaras —explica él, sin apartar la mano—. ¡Ya idiota! ¡Sal de allí! —añade mirando hacia el baño.
Ashley de inmediato voltea la mirada, viendo también la puerta del baño, pero se siente tan confundida que no sabe que decir.
—Oye... —dice Bradley, por lo que ella regresa la vista hacia él—. ¿Con quién estabas? —inquiere viéndola a los ojos.
«¡Maldición! Quiero besarlo… mi útero en serio se saldrá de mi cuerpo.»
—¿Donde? —replica ella, frunciendo el ceño.
—Pues allí... en las duchas —comenta Bradley, sorbiendo saliva sin retirar la mano de su boca.
—¡Con nadie! ¡¿Por qué me dices eso?! —cuestiona ella, indignada.
—¿Con nadie? —reitera él, ahora frunciendo el ceño.
—¡Con nadie! —repite ella, una vez más.
—Te oí hablar con alguien… ¿quieres que te repita lo que le dijiste? —inquiere Bradley, con seriedad.
«¡Mierda! ¿Qué parte de lo que dije escucho?» Piensa de inmediato Ashley avergonzada, volviendo a sonrojarse.
—¡No! ¡Solo hablaba sola! —aclara Ashley—. Es que tengo esa rara costumbre, perdona… —añade al mismo tiempo que se mueve hacia un lado y sale a toda velocidad de los vestidores.
Bradley por su parte, se queda unos segundos viendo las puertas confundido con la situación.
—¿Sola? —murmura él, incrédulo.
Enseguida avanza sin titubear directo a las duchas, al entrar mira a su alrededor llevándose ambas manos a la cabeza.
—¡Carajo! ¡Soy un idiota! Ella sí estaba hablando sola… Pfff —resopla frustrado—. ¿Por qué me sorprende? Ella también lo hizo ayer en las escaleras —añade entre risas, sintiéndose avergonzado de sí mismo.
Por su parte, Ashley regresa a toda velocidad a la pista de hielo, donde se sienta en una de las pequeñas gradas para ver a los niños entrenar, al mismo tiempo que espera que su vergüenza pase y así poder presentarse ante el entrenador de los infantes.
—Solo respira… —murmura para sí misma—. Ay por Dios… es tan lindo, pero maldición, ¿por qué tenía que encontrarme allí? Es que me escuchó hablando sola, ahora pensará que estoy loca, además de creer que soy una depravada y fisgona —añade cruzándose de brazos—. ¡Santo cielo!
En ese momento, un adolescente con el uniforme a medio poner que lleva un enorme bolso deportivo, se acerca a la grada y se sienta a un metro de ella.
Ashley lo observa por un segundo le sonríe, el chico de manera amable le devuelve el gesto, al mismo tiempo que comienza a colocarle la cinta a su palo de hockey.
Transcurren algunos minutos, cuando de repente se escucha un pequeño silbido, lo que causa que el adolescente gire su rostro hacia el lugar de donde provino.
—¡Papá! —exclama el chico, con una enorme sonrisa.
—Mi vida, te amo. ¿Cómo estás? —inquiere el doctor Collins acercándose y lo abraza.
—Bien papá, le dije a mamá que me trajera antes a la práctica para poder verte.
—Que buena idea, yo también me moría de ganas de verte, te extrañé mi vida —comenta Collins, volviéndolo a abrazar.
Ashley por su parte, se queda sentada viendo la escena en completo silencio, a la vez que sonríe y piensa.
«De seguro debe trabajar aquí… porque tiene el mismo uniforme que yo»
— ¿Papá, te vuelves a ir mañana después del partido de los Demons?
—No cariño, viajaremos pasado mañana.
—¡Ah mejor! —replica el chico entusiasmando, a la vez que Collins asiente despeinándolo un poco.
En ese instante, él mira hacia un costado y es cuando observa a Ashley.
—Hola —dice ella, sonriéndole.
—Hola… —responde Collins por cortesía, luego se fija en el uniforme de ella—. ¿Eres nueva? Es que no te había visto antes.
—Sí, este es mi primer día —acota Ashley, en voz baja.
—Ah… En ese caso, mucho gusto, yo soy Collins, el doctor de los Demons, y él es mi hijo Caleb.
—Hola, soy defensa de primera línea —declara Caleb, orgulloso.
—¡Que genial! Mucho gusto, soy Ashley, tu nueva nutricionista —informa ella, sonriéndole.
—¿Nutricionista? ¡Wow! —comenta Collins, evidentemente sorprendido—. Hijo… ya eres todo un profesional.
—¿Tengo nutricionista? —inquiere Caleb—. ¡Vaya! Eso es genial, no lo sabía.
—Pues sí, ahora ya lo sabes. Por cierto, ¿cuántos años tienes? —indaga Ashley.
—Acabo de cumplir trece.
—Uh… eres muy alto para tu edad —comenta ella, asintiendo—. Qué bueno, felicidades.
—Gracias… —murmura Caleb, terminando de atarse los patines.
—Oye Caleb, una pregunta rápida… ¿si tuvieras que elegir, preferirías escuchar un par de charlas sobre nutrición, de una hora de duración a la semana o que te explique por diez minutos diarios algunas cosas? —cuestiona Ashley.
—Pues... —responde él avergonzado, al mismo tiempo que mira a su padre—. Lo siento, no quiero ser grosero, pero… una hora suena algo aburrido —murmura esto último.