Pucksicle (Pucksicle 1) CAPITULO 27
61%

CAPITULO 27

Al cabo de unos minutos, Ashley finalmente ingresa a la oficina de presidencia.

—Buenos días Señor Rupert.

—Ashley, hola —saluda él levantándose, a la vez que se acerca y le da un beso en la mejilla—. ¿Cómo estás?

—Bien, gracias —dice ella, dejando el contenedor sobre el escritorio.

—¿Ya fuiste con Lucas?

—Sí, acabo de salir de su oficina.

—Perfecto, entonces... oficialmente déjame darte la bienvenida a los Demons.

—Gracias… no le mentiré, estoy muy emocionada. En verdad muchas gracias por darme la oportunidad.

—No, nada de eso, sin agradecer.

—Bueno… aunque mi hermana y Mason me pidieron que le dé las gracias por su obsequio. En serio, todos en casa adoramos la ropa y los accesorios, cada prenda que veíamos era más linda que la anterior, estamos embobados imaginando a los bebes con ellas.

—Eso me alegra mucho.

—Por cierto... Esto es para usted —indica ella, señalando el envase.

—Te lo agradezco —murmura él, con una sonrisa.

—¿Cómo se ha sentido? Me refiero a su ánimo… porque entiendo que verse en la obligación de restringir el azúcar, sin duda causa ansiedad o estrés.

—Sí, pues… antes estaba casi todo el día con eso en la cabeza, pensando que quería comer algo dulce y no podía, pero eso cambió desde que Rosalie, mi esposa, me coloca varios malvaviscos en un envase que me traigo a la oficina.

Ahora ya no llego al punto de tener esa necesidad que desespera —explica Rupert.

—Me imagino que era algo así como una sensación de abstinencia.

—Exacto —afirma él—. Asi que gracias, de verdad que yo soy el agradecido.

—De nada.

—Entonces… ya tienes mi número y cuando salgamos le diré a Juliet, mi asistente que te agende, de esa manera si en algún momento estoy ocupado o de viaje y no me puedes contactar, puedes hablar con ella directo. Por cierto ¿ya te dieron el uniforme?

—No aún no, Lucas me indicó que tengo que dirigirme al primer piso.

—Perfecto —responde él.

Luego de charlar por varios minutos, ambos se despiden y Ashley sale de la oficina.

Entre tanto, en el despacho del gerente general de los Demons.

—¿Vienes de ver al doctor Collins? —inquiere Gio y Bradley asiente—. Cuéntame… ¿qué te dijo?

—Bueno, me hicieron unos Rayos X. Pues que me falta un mes más con la jodida férula —explica él, sorbiendo la saliva.

—¿Aún no se ha fijado el hueso?

—No del todo, el Doc dice que es normal, que él no esperaba que estuviera del todo soldado en un mes, pero que sí se ve una mejora del sesenta por ciento, en comparación con los primeros exámenes —acota Bradley, limpiándose la comisura de los labios.

—Bien, esas son buenas noticas.

—Sí, incluso me dijo que ya mañana puedo empezar a practicar normalmente en el hielo, pero en solitario, o en su defecto con los niños —comenta Bradley, riéndose.

—Por supuesto, porque no podemos arriesgarnos a que recibas un mal golpe o un disco en la cara —añade Gio.

—Exacto… así que comenzaré a venir todos los días en las tardes cuando la pista esté casi vacía.

—Claro, luego de que termine el horario del campamento infantil —acota Gio y Bradley asiente—. ¿Ya te pesaron?

—Sí, lo hicieron y… he perdido cinco jodidos kilos en un mes —responde Bradley, frustrado—. Créeme que en casa me la paso comiendo todo el tiempo, pero no es lo mismo cuando es solo líquido. De verdad me esfuerzo en comer todo lo que me da mi madre, aunque no me guste mucho, aun así lo hago.

—Comprendo… Bueno, no te angusties, confío en que apenas te quiten la férula podrás alimentarte como antes y reponer rápido todo ese peso.

—Pues sí, aunque el Doc me indicó que después de que me la retiren puedo comer solo cosas blandas, como arroz, pollo o pastas, para todo lo demás debo esperar mínimo como dos meses. Incluso después de ese tiempo, debo ser cuidadoso si ingiero carnes, manzanas, zanahorias o cosas crocantes.

—Entiendo… Bueno, tú despreocúpate, que Norris se encargue de atender tu dieta especial —afirma Gio.

Bradley de inmediato sonríe y piensa.

«¡Claro! ¡Cómo si él ha estado preocupado por mi durante todo este tiempo!»

Finalmente después de una hora, Ashley sale del edificio de los Demons y camina por el estacionamiento, en cuanto se sube a su automóvil, saca su teléfono y le envía una nota de voz a Gracie.

—¡Hermana! ¡No vas a creerlo! ¡Ay por Dios!

¡Quiero gritar de la emoción! ¿Adivina quién trabaja con los Demons desde este momento?

¿Quién fue contratada como nutricionista?

¿Quién ya tiene las credenciales del club y los uniformes?

Pero sobre todo… ¿adivina quién vio en vivo y directo al hermoso Brad Ruff?

¿Quién hizo contacto visual con él? ¡Adivina!

—dice casi gritando de felicidad, como una adolescente.

Transcurre la tarde del día siguiente, el sol resplandece, se escucha el sonido de las aves y el de una ardilla corriendo por el césped. Ashley se estaciona en el mismo lugar que las veces anteriores, en el puesto fijo que ella misma se asignó frente al árbol.

—Cuatro de la tarde... —murmura ella, viendo la hora en su reloj—. Okey… venir a trabajar solo dos horas diarias no me resolverá la vida, realmente el pago es ínfimo en comparación a lo que gano en el club de golf, pero a estas alturas… lo haría gratis solo por la experiencia.

Soltando un suspiro largo, ella se mira en el espejo retrovisor a la vez que se retoca la pintura de labios.

—¡Animo y felicidades! ¡Es tu primer día de trabajo con los Demons! —declara regalándose una sonrisa.

Al bajarse del automóvil, Ashley observa su reflejo en la venta como ya es su costumbre, estirándose la camiseta polo de su nuevo uniforme.

—Me gusta que sea azul oscura —añade acomodándose el cuello de la misma, luego endereza la credencial del club y se suelta el cabello.

Se dirige hacia el árbol y eleva la vista hacia la copa, donde en una de las ramas, nota a la ardilla.

—Hola Lady chip, te traje de estas semillas para aves, veamos si te gustan —comenta Ashley, a la vez que vierte un poco en el césped junto al tronco del árbol.

Seguidamente avanza, esta vez hacia el ala izquierda, que es donde se encuentran las instalaciones deportivas.

En el instante en el que ingresa al lobby, puede escuchar el sonido de los palos de hockey chocando contra los pucks, al igual que los silbatos y los gritos del entrenador y los niños por igual.

—No sé a dónde ir... —murmura Ashley—. Pensé que alguien me esperaría, para hacerme un tour o algo así.

Tomando una respiración profunda, ella avanza hacia el bullicio, llegando justamente hasta una pista de hielo de tamaño profesional, la cual tiene alrededor algunas bancas y unas pequeñas gradas, además de un segundo piso que alberga tres palcos.

—Okey… desde allí arriba deben ver los directores a los jugadores profesionales en sus entrenamientos —deduce Ashley cruzándose de brazos, al mismo tiempo que se detiene junto al cristal para hacer un paneo rápido, contando la cantidad de niños que están dentro del rink.

—Veintidós, veintitrés, veinticuatro, veinticinco, vaya…

son muchos. Esto está complicado, ellos tienen entre nueve o diez años, no prestaran ni el más mínimo de atención a lo que yo les diga —dice ella, pensativa—.

No les va a interesar porque van a salir cansados, solo querrán comer y descansar.

¡Carajo! —añade frustrada—. Tengo que ver cómo abordarlos, están muy pequeños y no soy maestra para dominarlos a todos sin morir en el intento.

Transcurridos unos diez minutos de observar la práctica, ella decide ir a recorrer el resto de las instalaciones por su cuenta.

—Necesito ver las oficinas o las salas de trabajo, para saber dónde podré sentarme con mi laptop y sobre todo el lugar para hablar con ese montón de pequeñitos —acota Ashley en voz baja, a la vez que camina por un pasillo.

Al final de este, encuentra un lobby con muchos sofás de cuero, rodeado de estantes con trofeos, fotos, libros y revistas.

—Okey… esto se ve lindo, parece ser una enorme sala de estar —comenta ella sonriendo, al mismo tiempo que nota un par de puertas grandes color rojo por lo que sigue caminando.

Al atravesarlas, se encuentra con otro pasillo largo que tiene varias habitaciones a cada lado, al notar que no hay nadie, ella continúa avanzando un par de metros más.

La primera contiene una placa que dice Entrenador, la de enfrente dice Sala Técnica.

Ashley sigue caminando y nota que la siguiente puerta está abierta por lo que se asoma adentro, encontrando un enorme gimnasio repleto de aparatos.

—¡Vaya! Es hermoso, incluso la alfombra tiene el logo de los Demons, me encanta todo —dice ella sonriendo, para seguir avanzando por el pasillo principal.

La siguiente puerta que encuentra está cerrada y dice Salón A, justo enfrente está el Salón B, mirando un momento a los lados para asegurarse que aún está sola, abre la puerta y ve que es una sala llena con muchas sillas y una pantalla gigante en el frente.

—Okey… aquí sería perfecto para hacer una charla sobre nutrición.

Las siguientes habitaciones que consigue son: Enfermería, Rehabilitación, Sala Médica, Comedor y por último consigue la Sala de Nutrición.

—Bien, esto me interesa —dice ella, empujando lentamente la puerta.

Adentro observa mesones como los de una cocina, pero con no menos de diez licuadoras encima de ellos, también varios refrigeradores con puertas de vidrio, abriendo uno para hacer un paneo visual, detalla decenas de frutas, jugos, helados y yogures.

Dándose la vuelta nota diversos estantes con algunas marcas de polvo proteicos, por lo que de inmediato se acerca para poder revisarlos.

Los minutos pasan, a la vez que Ashley se encuentra en su propio mundo, está entretenida, cuando de pronto escucha a alguien entrar en la sala y dirigirse hacia uno de los refrigeradores, donde toma una bebida isotónica.

Ella lo observa de reojo, notando su porte y tamaño, por lo que deduce que se trata de uno de los jugadores profesionales, sintiéndose un poco intimidada, busca la salida para continuar el recorrido, evitando cualquier tipo de interacción.