CAPITULO 26
Una semana después.
En casa de los Roy, Ashley se encuentra sentada en el comedor revisando su computadora, cuando es interrumpida por una llamada, al revisar la pantalla se da cuenta que es un número desconocido y extrañada atiende.
—Sí, buen día —dice ella, a la vez que sigue leyendo un archivo.
—Buen día Ashley, ¿cómo estás?
—Bien... ¿con quién hablo? —inquiere ella, entrecerrando los ojos.
—Soy Rupert.
—¡Hola! —exclama ella, al mismo tiempo que se levanta y se lleva una mano a la frente—. ¿Cómo está usted?
—Bastante bien, gracias. ¿Estás en el club de golf? ¿Te interrumpo?
—No, para nada, hoy no tengo que ir. Estoy en casa revisando unos archivos.
—Perfecto, te llamaba para ver si podías pasar hoy por acá. Te esperan en recursos humanos —indica Rupert.
—¿Hoy? Por supuesto, ¿a qué hora?
—¿Te parece bien a las once?
—Claro, una pregunta, ¿recursos humanos es en el primer piso, cierto? —indaga ella.
—Sí, pero tú irás directo con Lucas —aclara Rupert—. Él es el gerente de recursos humanos, se encuentra en el tercer piso,
—Entendido… —añade Ashley, anotando la información en su laptop—. A esa hora estaré por allá, muchas gracias.
—No, a ti, después que hables con Lucas, si quieres me vienes a saludar, yo estoy en el piso siete.
—Perfecto, nos vemos entonces —afirma ella, finalizando la llamada.
En cuanto coloca el teléfono sobre la mesa, Ashley comienza a saltar y gritar emocionada por todo el comedor.
—¿Qué pasó? ¿Qué pasó? —inquiere Kate preocupada, entrando rápido a la habitación
—Perdón Kate… no quería asustarte, no gritaré más. Por Dios… me olvidé de tus migrañas —murmura Ashley, apenada—. ¡Es que tengo una cita con el gerente de recursos humanos de los Demons!
—¡Ay que emoción! Te felicito —dice Kate, sonriéndole.
—Gracias… —responde Ashley, entusiasmada—. Tengo un poco más de dos horas para estar allá, debo hacer los malvaviscos ya mismo. ¡No llegaré con las manos vacías! —declara apagando su computadora.
Casi dos horas más tarde, Ashley parquea su BMW serie 5 en el estacionamiento del club de los Demons, toma su bolso, una carpeta y el envase con los malvaviscos antes de bajarse, luego mira su reflejo en la ventana por un segundo, aprovechando de estirar un poco su blazer rosado, luego avanza hacia el interior de las instalaciones, sonriendo segura de sí misma.
—Buen día. Tengo cita con Lucas, el gerente de recursos humanos —indica Ashley, a la misma recepcionista que vio hace un mes.
— Buenos días, me dice su nombre, por favor.
—Ashley Roy.
—Correcto, ya la anuncié, puede avanzar. ¿Sabe dónde es?
—Sí, en el tercer piso —dice Ashley asintiendo, luego camina hacia el elevador.
En el momento que toca el botón, no puede evitar fruncir el ceño.
—No... No me pienso quedar encerrada, no hoy —murmura para sí misma, dándose la vuelta decidida a subir por las escaleras.
Una vez que llega al tercer piso, Ashley se anuncia con la secretaria, quien la hace seguir hasta una oficina.
—Hola, buenos días.
—Buen día. Pasa adelante y toma asiento —dice él hombre sentado tras el escritorio—. Soy Lucas Smith, el gerente de recursos humanos.
—Un placer. Ashley Roy, Nutricionista Deportiva —indica ella sentándose y estrecha su mano.
Tras la presentación, Ashley le entrega su currículo y conversan acerca de sus aptitudes y su preparación profesional durante por varios minutos.
—Bien… Actualmente tenemos una vacante para el puesto de nutricionista, es a nivel de hockey pero no sería en el primer equipo —informa Lucas—. Ya que el entrenador trajo consigo a su staff de trabajo del club anterior, incluyendo a su propio especialista de nutrición.
—Lo entiendo —añade Ashley, asintiendo.
—Te cuento un poco, acá en las instalaciones del club no solo practican y entrenan nuestros jugadores profesionales a diario, sino que en las tardes, tenemos campamento donde formamos niños desde los cinco hasta los catorce años.
Estamos precisando a alguien que se haga cargo de nuestro semillero —explica Lucas—.
Muy probablemente algunos de estos niños y adolescentes sigan su carrera como profesionales, por eso buscamos que su desarrollo como atletas sea completo, para ello necesitan un asesoramiento y una supervisión nutricional, que actualmente no tenemos.
En cuanto escucha esas palabras, Ashley no puede evitar la sonrisa que se dibuja en su rostro, al mismo tiempo que piensa.
«Okey... lo importante es estar dentro, no me importa atender a niños. Primero necesito pertenecer al club, ya después me gano mi lugar a punta de esfuerzo. Mencionó que sería en las tardes, así que tendré que pedir que me cambien el horario en el club de golf, para ir en las mañanas.»
—Por supuesto, lo comprendo, me parece una decisión acertada —comenta Ashley, asintiendo—. La alimentación es un pilar indispensable para el desarrollo de los atletas, no solo lo es el entrenamiento.
Bradley acaba de salir del gimnasio recién duchado y se dirige hacia el ala administrativa, específicamente a la oficina de Gio, en cuanto atraviesa el lobby, avanza directo a las escaleras, ya que por ningún motivo piensa subirse de nuevo al elevador, aún y cuando tenga que subir siete pisos caminando.
Ashley por su parte, sale del despacho del gerente de recursos humanos, avanza por el pasillo y cruza hacia las escaleras.
—¡Sí! ¡Sí! ¡Eres genial! ¡Eres tan lista! ¡Toda una profesional! —exclama a medida que va subiendo los escalones.
Un par de minutos antes, Bradley, quien va subiendo por el segundo piso, avanza con rapidez y observa a una chica con blazer rosado, quien se encuentra como a unos tres metros por delante de él, justo a tiempo para escucharla.
—¡Sí! ¡Sí! ¡Eres genial! ¡Eres tan lista! ¡Toda una profesional! ¡Estoy tan orgullosa de mi misma! Así que… ¡Felicidades! ¡Tienes el trabajo que querías! ¡Ahora trabajas con los putos Demons! ¡Ay por Dios! ¡No puedo creerlo!
Al oír la diatriba de la desconocida, Bradley no puede evitar reírse en silencio al mismo tiempo que niega con la cabeza, y decide reducir la velocidad de sus pasos para no rebasarla, a la vez que piensa.
«Okey… esto por lo menos es divertido. A fin de cuentas, aún tengo un montón de pisos por subir, la escucharé hablando sola, veamos que más tiene para decir.»
Entre tanto, Ashley continúa avanzando con el envase en las manos, sin tener la más mínima noción de su público.
—Ahora solo necesito el novio que quiero, mejor dicho…
el que merezco, porque me merezco uno bueno, que sea detallista, listo, divertido, que me ame demasiado, tierno y dulce conmigo pero que también emane hombría.
Sexy y rudo en la cama, con presencia, que intimide con su porte, aunque tenga cara de niño bueno como dice mi hermana —añade ella, poniendo los ojos en blanco.
A medida que sube los escalones, Bradley deja ver la férula en sus dientes aguantando la risa, hace un esfuerzo enorme por no dejar escapar una carcajada.
En el momento que llega al sexto piso, se da cuenta que la chica disminuye la velocidad, por lo que él hace lo mismo, aprovechando de detallar la forma de su trasero.
—¿Dios estás ahí? Soy buena, y lo sabes…
¿si recuerdas que alimento a los animales sin hogar?
¿Qué les coloco bebederos a los colibríes?
¿Que en invierno compro casitas y les pongo aislante térmico para que las ardillas tengan un lugar caliente y seco donde vivir?
¿Si lo recuerdas? Así que… por favor, no pido mucho, solo necesito que me envíes a un chico, dulce, alto y musculoso, que me pueda cargar con facilidad por las escaleras...
Bradley se encuentra tan rojo por tener que aguantar la risa, que llega un punto en el que debe ponerse la mano sobre la boca con desesperación, para evitar que se le escape algún sonido, justo cuando escucha a Ashley terminar la oración.
—¡Porque no me pienso volver a subir jamás en ese puto elevador!
En ese instante, Bradley se frena en seco, al mismo tiempo que frunce el ceño, pensando extrañado.
«¡Qué demonios! ¡¿Por qué rayos dijo eso?! ¡Carajo! ¿Es que ahora el hambre me hace alucinar? Qué locura... ¿por qué dijo eso?»
Entre tanto, Ashley finalmente llega al séptimo piso, sale de las escaleras y se dirige hacia el lobby donde se encuentran las asistentes, permitiéndole así a Bradley poder acelerar el paso y no ser descubierto.
—Buenos días, hola —saluda Ashley.
—Buen día, ¿en qué puedo ayudarla? —inquiere Juliet.
—Vengo a ver al presidente.
—¿Tienes cita con él?
—Pues… Rupert me llamó y me pidió que viniera a saludarlo —responde Ashley, con una sonrisa.
—Buen día —dice Bradley entre dientes, al mismo tiempo que se cubre la boca con una mano.
En el instante que Ashley escucha la voz detrás de ella, se gira, a la vez que un solo pensamiento cruza su mente.
«¡Mierda!»
Al subir la mirada, ella lo ve a poco más de un metro y deja caer el envase de sus manos, el sonido que produce al impactar con el suelo, no solo llama la atención de las asistentes, sino también de Bradley, quien hace contacto visual con ella por primera vez, manteniendo los labios cerrados.
«¡Carajo! Acá estás frente a mí… y estás bien.
Sonríe, déjame ver que te hicieron en la boca.
Ay Dios… estás tan bello. ¡Parezco una idiota!
¡Ya deja de verlo así!» Piensa Ashley rompiendo la conexión, a la vez que se dispone a agacharse para recoger el envase, pero Bradley se inclina antes, toma el contenedor y se lo entrega.
—Gracias —murmura ella recibiéndolo sin levantar la mirada, intimidada con su presencia.
—De nada —añade él entre dientes, prácticamente sin mover sus labios.
—Sr Ruff… ya puede pasar, Gio lo está esperando —indica una de las asistentes.
Bradley le asiente para luego girar el rostro hacia Ashley, quien finalmente alza la vista y le sonríe de manera sutil.
«Es linda y algo tierna, me miró mucho a los ojos. Creo… que le gusté un poco.» Piensa él, alejándose.
—¿Cómo es tu nombre? —inquiere Juliet.
—Soy Ashley Roy—responde ella viendo a la asistente, para luego desviar la mirada con discreción, notando que Bradley está avanzando hacia una de las oficinas.
«Ay por Dios… lo vi a los ojos. Es tan lindo, pero… está más delgado. Pobrecito… en realidad sí perdió un poco de peso.» Analiza ella, prensando los labios.
—Perfecto, ya te anuncio —informa Juliet, levantando el teléfono de su escritorio.
Por su parte, Bradley camina hacia el despacho de Gio con los pensamientos revueltos.
«Ashley Roy… le tiene medio a los elevadores, es buena con los animales y quiere un novio sexy, que sea rudo en la cama pero tierno....
Tiene un buen trasero, eso debe ser por subir tantas escaleras.
Menos mal que no vio mis jodidos dientes…
la espantaría de inmediato. De seguro no me hubiese mirado así, con ternura, si no con asco.
» Declara frustrado, a la vez que niega con la cabeza.