CAPITULO 21
Los chicos continúan relajándose en el jacuzzi y conversando entre ellos, Stan sumerge su cabeza por un momento y al emerger, suelta un suspiro evidentemente frustrado.
—¿Qué pasa? —inquiere Bradley, entre dientes.
—Es que… no quiero hacerte mal, ya tú estás en una situación de mierda, pero… aun así no puedo mentir. Tengo que sacarme esto, porque estoy que exploto.
—¡Uy sí! ¡Sácatelo! ¡Sácatelo! ¡Ya queremos ver esa poderosísima salchicha! —bromea Dylan, haciéndolos reír a los tres—. Ya hablando en serio… sí, yo también tengo mucha mierda que decir, pero no quiero joderte. No soy un desgraciado, ya estás pasándola mal —agrega tocándose el cuello.
—Chicos… ya sé. No soy idiota, pero ahora mismo no podía encararla y decirle gran cosa —afirma Bradley, sorbiendo la saliva en su boca—. Entre que tengo esta mierda amarrándome los dientes y mi frustración… solo terminaría estallando y seria todo peor. Me siento atado… —confiesa angustiado.
—Ahí tienes toda la razón hermano, yo me pongo en tu lugar y de verdad comprendo, aunque…
siendo brutalmente honesto, no puedo entender ni una milésima de lo que ella hizo —acota Stan—.
Supongamos que realmente quería “limpiarla” —dice haciendo comillas con los dedos—, en la fulana máquina ultrasónica que tiene su papá, pero…
. ¡Por Dios! ¡Es una moneda de chocolate!
—¡Sí! ¡¿Cuantas neuronas se necesitan para darse cuenta a simple vista que es de chocolate y no de oro?! —inquiere Dylan.
—¡Exacto! —afima Stan, resoplando.
—Es que es muy obvio —añade Bradley—. Lo de su padre sí es cierto, yo alguna vez escuché que coleccionaba monedas, pero aun así… si todo eso fuera cierto y ella realmente creyó que era de oro. ¡¿Cómo carajo no me pregunta antes de llevársela?!
—¡Exacto Brady! —reitera Stan—. Justo eso es lo que me carcome. ¿Quién en su sano juicio sacaría una moneda de oro de la mochila de su novio, pareja, amigo, o lo que sea, sin decirle antes?
—Entonces... tenemos dos opciones, la primera es que la tomó porque realmente pensó que era de oro, y la segunda… es que ni se dio cuenta que era de chocolate y aun así se la llevó, porque intencionalmente quería joderte —deduce Dylan, mirando a sus amigos.
—¡Ambas circunstancias están jodidamente mal!
—exclama Stan—. Perdona que me meta en este asunto Brady, sé que es entre ella y tú, pero sabes que te amo y no me puedo tragar lo que pienso.
Esto te lo digo porque si alguna vez tengo algún drama con una chica, espero que ustedes dos me den buenos consejos y me ayuden a ver lo que no puedo con claridad.
—Lo sé chicos… resolveré esta mierda apenas pueda volver a hablar —afirma Bradley, frustrado—. Gracias por no dejarme solo, sería un infierno peor.
—¡Bien! ¡Siguiente punto en la agenda! —bromea Dylan, para distender el momento, causando que ambos amigos volteen a verlo con una sonrisa.
—¿Cuál punto? —inquiere Bradley.
—¡Míranos! —acota Dylan, señalándolos—. Estamos sentados literalmente en el piso y lesionados, ¿no les suena familiar?
—¡Sí! ¡Obvio es la maldición del elevador! ¡Lo supe cuando estaba en el arco y vi a Hopkins derribarte! —afirma Stan.
—Entonces... ¿esto pasó por la moneda o el elevador? No lo entiendo —murmura Dylan.
—No, la moneda no tiene nada que ver, ella no da mala suerte. Todo lo contrario, pero como no la tenía conmigo antes del partido, sucedió todo esto —deduce Bradley.
—Esperen… Esto nos afectó también, así que no es por la moneda, ya que esa es solo tuya, además de que nosotros jamás la hemos tocado —analiza Stan—. Es por eso que digo que es a causa del elevador.
—Claro, yo les dije que quedarse encerrado en uno da mala suerte, a menos que haya una mujer embarazada adentro —acota Bradley—.
Esa es la razón de que los tres estemos jodidos, de haber tenido la moneda conmigo, Hopkins igual me habría golpeado, pero de seguro hubiera salido mejor parado —añade negando con la cabeza, al mismo tiempo que se limpia la saliva con el dorso de la mano.
—Okey… pregúntenme cuando me volveré a montar en el jodido elevador del club. ¡Jamás! —exclama Dylan.
—Si tan solo hubiesen escuchado a la chica que les dijo que no lo usaran… no estaríamos así de jodidos —agrega Bradley suspirando, a la vez que recuesta la cabeza hacia atrás, sobre el agua.
Al caer la noche, Ashley finalmente regresa a casa después de su trabajo en el Club de Golf.
—Hola a todos —dice entrando a la cocina, a la vez que coloca sobre la mesa una bolsa de compras.
—¿Cómo te fue Ash? ¿Ya hiciste algunos compañeros en el club? —inquiere Mason sentado en la isla, revisando su laptop.
—Bien, de hecho sí, las chicas que trabajan en la cocina me agradan, son muy divertidas —responde Ashley, sonriendo— También me llevo bien con dos de los camareros, los caddies son muchos, esos aun no los conozco bien.
—¿Qué me trajiste de rico? —indaga Gracie, acercándose a abrir la bolsa.
—Quiero hacer un postre saludable —comenta Ashley, quitándose la chaqueta.
—¡Son manzanas! ¡Y están algo pasadas! —enfatiza Gracie con una sonrisa falsa, haciendo reír a los demás—. ¿Te las regalaron? —inquiere riéndose.
—¡Boba! ¡Por supuesto que no me las regalaron! —replica Ashley, entre risas—. Las compré intencionalmente, incluso tuve que ir a tres tiendas diferentes para poder conseguirlas, porque las necesito bien maduras, así son más dulces y no tengo que usar azúcar en el postre.
—¡Uhhh! Un postre fit libre de azúcar, eso me gusta. ¡Yo me anoto como voluntaria para probarlo!—comenta Kate, levantando la mano.
Una vez que todos terminan de cenar, Ashley se queda en la cocina procesando las manzanas junto con otros ingredientes para poder realizar el postre.
—Ash… estoy de chismosa leyendo comentarios en las redes de la idiota en cuestión —comenta Gracie, acercándose con el teléfono en las manos.
—¿De cuál? —inquiere ella volteando a verla, justo cuando su hermana pone los ojos en blanco—. ¿De Lola?
—Sí, esa misma.
—¿Y que viste? —indaga Ashley, al mismo tiempo que se seca las manos rápido y se acerca para ver la pantalla.
—Pues todo mundo sigue preguntando si Brad tiene una conmoción cerebral, y mira, acá ella respondió: No. Solo fue una lesión en la mandíbula.
—¡¿Cómo que solo?! —replica Ashley, indignada—. ¡Eso lo hace parecer como si fuera poca cosa! ¡Ay por Dios! ¡Esto es horrible! —añade llevándose las manos a la cintura, quedándose pensativa.
—¿Quedó tan horrible el postre? —bromea Mason, entrando a la cocina para tomar unas galletas.
—¡Mase! ¡Brad tiene fracturada la mandíbula! —explica Ashley, angustiada.
—¡Mierda! —murmura él, compartiendo una mirada con su esposa.
—¿Qué pasa? —inquiere Kate ingresando a la cocina, tras oír el bullicio en una casa que suele estar bastante silenciosa.
—Kate, es que… Brad se fracturó la mandíbula —comenta Gracie, acariciándose el vientre.
—Es decir que… ¿lo operaron? —cuestiona ella, frunciendo el ceño.
—¡Sí! —interviene Ashley—. Él es un atleta, no va a poder comer sólidos como siempre, tendrá solo alimentación líquida… ¡Esto es una real mierda! Perderá un montón de peso, de masa muscular, pasará como mínimo dos meses sin hablar y obviamente no podrá jugar. ¡De seguro se va a deprimir!
—¿Ya no puede hablar? —murmura Gracie, con los ojos humedecidos.
—Pues… normalmente no, porque tendrá unidos los dientes con alambres, como si fueran unos brackets grotescos y rudimentarios. Así que solo balbuceará —responde Ashley, agitada.
—¿Y cómo va a comer entonces? —cuestiona Mason, frunciendo el ceño.
—Por eso es que solo es dieta líquida, supongo que la tomará con pajitas o inyectadoras —acota Ashley.
—¡Carajo! —exclama Mason, sintiéndose genuinamente mal por Bradley.
«¡Ay! ¡No puede ser! ¿Cómo me podré concentrar en otra cosa, ahora que sé que la está pasando como la mierda? Qué locas ganas de abrazarlo, besarlo y decirle que todo estará bien...» Piensa Ashley, frunciendo el ceño.