CAPITULO 20
Cae la tarde en casa de los Ruff, el padre de Stan llega y de inmediato ingresa a la casa, caminando hacia la cocina.
—Hola Raven —saluda acercándose a la isla con una bolsa de compras.
—Hola, ¿cómo te fue en el trabajo?
—Bien, atendí a un par de clientes en la aseguradora e hice una inspección, después almorcé y fui al supermercado, mira lo que le traje a Brad —comenta abriendo la bolsa y saca varias pajitas—. Estas son de acero inoxidable, vienen con este pequeño cepillo para limpiarlas por dentro.
—¡Qué genial! Gracias. Amor… —dice Raven, llamando a su esposo—. Ven a ver lo que consiguió Jonás.
—Uhhh de metal, son fantásticas —acota Carson, detallando una.
—Y… ¿comió algo más hoy? —inquiere Jonás, sentándose en una de las sillas de la isla.
—Sí, compotas, puré de papa y un pate de atún —responde Carson.
—Eso suena bastante bien, lo importante es que no pierda peso en estos meses —añade Jonás.
—Exacto, por eso estoy haciendo más puré de papas ahora mismo, él necesita carbohidratos. Además de que... tu hijo en colaboración con nuestro otro hijo putativo, arrasaron con el que hice más temprano —comenta Raven, sonriendo.
—El putativo —repite Jonás, entre risas—. ¿Si saben que no saldrá de acá hasta que le quiten el yeso?
—Obvio, comida gratis y que lo atiendan cuando está lesionado, él no es tonto, aquí estará mejor atendido que estando solo en su departamento —puntualiza Carson, al mismo tiempo que abre un paquete de frutos secos y los sirve en un tazón.
—Bueno serán como un jardín de infantes, el mío se quedará al menos media jornada, yo lo paso a buscar en cuanto salga del trabajo —bromea Jonás, tomando un puñado de frutos—. Espero que no sea mucha molestia, pero no quiero dejarlo solo en el apartamento estas dos o tres semanas.
—No tranquilo, no es molestia —afirma Carson.
—Todo lo contrario, es genial para Bradley que ellos estén acá, porque si se quedara solo se deprimiría —acota Raven—.
Es que… él se encuentra en una situación de mierda con la boca sellada, y los chicos fueron muy empáticos, incluso hoy han estado incentivándolo a comer todo lo que le damos.
Estoy segura de que si ellos no estuvieran acompañándolo, Brad no fuera tan receptivo con la idea de utilizar esa jodida inyectadora.
—Es fantástico como ellos lo apoyan y se preocupan —agrega Carson.
—¿Y dónde están los “niños” ahora? —inquiere Jonás, haciendo comillas con los dedos.
—Afueran en el jardín —dice Carson, sirviendo un par de vasos de jugo.
Entre tanto afuera en el garaje, Dylan se encuentra sin camiseta buscando entre unos estantes altos.
—Okey… ya te vi fideo flotador —murmura poniéndose de puntillas y con ayuda de un palo de hockey finalmente lo alcanza.
Bradley y Stan están sentados en el sofá del jardín cuando ven a su amigo regresar a toda prisa.
—Brady necesito una bolsa y un cuchillo —indica Dylan, golpeándolos a ambos con el fideo.
—¡Basta idiota! ¡Me tiraras mi batido! —replica Stan, riéndose.
—En la cocina hay algunas, en la gaveta que está junto al lavado —dice Bradley, entre risas.
—Okey… ¡Ya vuelvo!
Dylan se aleja de ellos con rapidez, entra en la casa caminando directo hacia la cocina, donde se encuentra con los padres.
—¡Jonás llegaste! No te llevaras aún a Stan —declara sonriendo, a la vez que abre un par de gavetas—. ¿Si sabes que no hemos cenado? Es que aún es muy temprano —añade causando que los demás se rían.
—No me lo llevaré —afirma Jonás, entre risas—. Dylan... ¿tienes la temperatura corporal alterada por el yeso o que rayos? ¿Si sabes que hay como cinco grados ahí afuera? —cuestiona con el ceño fruncido.
—¡Claro que tengo frio! Por eso mismo es que me meteré al jacuzzi. —explica Dylan, tomando un cuchillo de una de las gavetas.
—¡Dylan! —exclama Raven.
—¿Qué mamá cuervo?
—Tonto —replica ella, haciendo reír a los demás.
—Perdón… ¿qué mamá?
—No puedes mojarte el yeso.
—Ya lo sé, para eso necesitaba la bolsa —aclara Dylan, para luego darse la vuelta y regresar al jardín.
—Por Dios… parece un adolescente, solo que este nuevo look con barba que usa ahora, lo hace ver más serio y mayor de lo que realmente es —comenta Carson, riéndose.
Afuera, los chicos nuevamente ven a su amigo acercarse, esta vez con una bolsa y un cuchillo en las manos.
—Stan ya llego Jonás —dice Dylan sentándose en medio de ellos—. Está hablando y comiendo en la cocina, aún no se van, así que ya desvístete —añade cortando el fideo.
—¡Estás loco! ¡Me estoy cagando de frío! ¡No me meteré por nada del mundo! —refuta Stan, entre risas.
—Para eso es un jacuzzi tonto, cuando estés adentro tendrás calor —acota Dylan—. ¿Nunca te metiste a uno en invierno?
—Sí, aunque nunca al aire libre —responde Stan, frotándose las manos—. ¿Te meterás? —cuestiona incrédulo al ver a su otro amigo quitarse la camiseta.
—Claro, ya no quiero tener frio —afirma Bradley, entre dientes—. Además… después de todas estas mierdas que han pasado, necesito relajarme.
—Ah bueno… entonces sí me meto —agrega Stan, sacándose la sudadera—, pero… no sé si deba hacerlo, el Doc no mencionó nada sobre piscinas o jaccuzis.
—Espera… yo le llamo —dice Dylan agarrando su teléfono de la mesa que está frente a ellos, marca el número y lo pone en altavoz—. Pónmela y me la amarras fuerte acá en el bicep —añade entregándole la bolsa a Bradley.
—Dylan… hola, ¿cómo estas? —inquiere el Doctor Collins, atendiendo la llamada.
—Hola Doc, estoy bien.
—¿Tienes dolor o algo?
—No, los analgésicos funcionan bien.
—Perfecto, ¿entonces que necesitas?
—Necesitamos saber si Stan tiene prohibido meterse en una piscina o jacuzzi.
—¡¿Qué?! ¡Por Dios! —exclama Collins—. ¿Por qué rayos iría Stan a una piscina un día después de lesionarse?
—Mejor dicho estamos en un jacuzzi —aclara Dylan, al mismo tiempo que Bradley termina de atarle la bolsa en el brazo.
—¿Se fueron a un jacuzzi? —inquiere Collins, atónito.
—No, claro que no —responde Dylan, indignado—. No es como que decidiéramos irnos a uno, sino que lo tenemos aquí frente a nosotros, incitándonos. Brad y yo estamos por meternos, es por eso que queríamos saber si Stan podía hacerlo.
—¡Maldición Dylan! ¡Brad no puede estar agitándose! Salió de una anestesia hace pocas horas, además de que tú no puedes mojarte el yeso —puntualiza Collins, resoplando—. ¿Es que acaso están locos los tres? Deberían estar en casa descansando, no haciendo planes en el club.
—Sí estamos descansando, no es nuestra culpa que esté haciendo un frío de mierda que pega en nuestros malogrados huesos, y que los Ruff tengan un súper jacuzzi en el jardín —refuta Dylan, sonriendo—.
Pero despreocúpese, los tres solo estaremos sentados, no es un jacuzzi olímpico, no podríamos nadar ni aunque quisiéramos, es un círculo como de dos metros de diámetro.
—Okey, bueno… Stan sí puede meter la pierna en agua caliente, eso está bien, pero sin agitarla, ni apoyar el peso en ella, solo que se quede sentado.
Obviamente tú no puedes mojar el yeso y que Brad se mantenga tranquilo, sin mover mucho la cabeza y sobre todo que no le entre agua en los oídos, no queremos ninguna complicación extra, o una infección en este momento. ¿Entendiste?
—Sí Doc, entendido, le pasaré una foto para que vea que solo estamos sentados portándonos bien. De igual manera, el cuervo está por acá, vigilándonos de cerca, así que despreocúpese —bromea Dylan, haciéndolos reír a todos.
—Está bien, y por cierto… aunque te pongas una bolsa en el brazo, no sumerjas el yeso —recalca Collins.
—Tranquilo, ya estoy haciendo un aditamento flotador de yeso, adiós —dice Dylan finalizando la llamada, a la vez que coloca su teléfono a un lado—. Bueno listo. Brady, ahora amárrame estos dos pedazos de flotador a los lados del brazo.
—Okey pero… te pareces un hot-dog con salchicha de yeso —murmura Bradley, atándole los fideos con un trozo de cuerda.
—Tú no eres el único con una gran salchicha —replica Dylan, haciéndolos reír a todos.
—Hoy estás súper gay —acota Stan, doblándose de risa—. Primero querías besarlo y ahora hablas de su chorizo —añade sacándose la camiseta.
—¡Ahora jódete! —exclama Dylan, mostrándole el dedo del medio—. ¡No pienso ayudarte a quitarte los pantalones! —añade dándole un puñetazo en el hombro.
—¡No! ¡Ni más faltaba! Brad, ayúdame tú mejor, no quiero a Dylan cerca de mi poderosa salchicha —bromea Stan, provocando carcajadas entre los tres.
Al cabo de unos minutos, ellos finalmente ingresan al jacuzzi y se quedan sentados en silencio, relajándose.
—Niños —dice Jonás acercándose, llevando tres batidos de piña—. ¡Carajo! ¡Qué puto frío hace hoy!
—Hola papá, ¿cómo te fue? —inquiere Stan, agarrando uno de los vasos.
—Bien hijo, fui a una inspección en New York. Ten Brad, este es el tuyo.
—¡Ahh! ¡Qué no se note la preferencia que existe en esta casa! —interviene Dylan tomando uno, manteniendo su otro brazo flotando sobre el agua.
—¿Que dices? —cuestiona Bradley, tomando su vaso.
—¡Mira! ¡Tú tienes una súper pajita de titanio y nosotros unas plásticas! —acota Dylan.
—Eso es porque soy especial —añade Bradley, sonriéndole.
—Esas te las conseguí hoy —indica Jonás.
—Gracias —murmura Bradley, tomando un poco del jugo.
—Aunque si vas a hacer mucho berrinche, te puedo pedir unas para ti también Dylan, así no peleas —bromea Jonás, para luego darse la vuelta y regresar con prisa adentro.
—Increíble… —susurra Dylan, causando la risa de Stan y Bradley.
—¡Qué puto frio! —exclama Jonás, entrando en la cocina cruzado de brazos.
—¿Brad te lo recibió? —pregunta Carson, abriendo varias latas de atún.
—Sí, allá los dejé a los tres tomándoselo —responde Jonás, sirviéndose una taza de café.
—Qué bueno —agrega Raven, a la vez que pela unas papas.
—Oigan... recuerdo que cuando Stan estaba pequeño, su madre le preparaba una comida que era con cereal de arroz y quedaba como una papilla. Como Brad no puede comer arroz directamente, quizás eso sea una alternativa —comenta Jonás.
—¿Y si sabe a arroz? —inquiere Carson.
—Pues… la verdad es que no me acuerdo a lo que sabía, pero sí recuerdo la consistencia.
—Cuando él estaba pequeño nunca se las hice —acota Raven mirándolos a ambos, luego se seca las manos con una toalla y toma su teléfono para entrar a la aplicación de la tienda —. Okey... hoy en día existe más variedad de cereales para bebes, demasiada diría yo.
—Cariño puedes comprar tres o cuatro diferentes, así probamos si saben bien —indica Carson.
—¿Será? —cuestiona ella, frunciendo el ceño.
—Sí, claro. Solo hay que evitar decirle que es papilla de bebes, para que eso no lo haga sentir peor o miserable —aclara Carson.
—Eso es cierto —afirma Raven, metiendo al carrito de compras varios cereales diferentes—.
Saben que me enoja... que ellos son atletas profesionales de élite, ¿y ustedes creen que el nutricionista del equipo ha llamado al menos una vez para ayudarnos o asesorarnos?
¡Pues no! ¡Es que ni siquiera un mensaje!
Yo le pregunté a Brad y me dijo que solo lo ha llamado el doctor, el fisiatra, el entrenador y Gio.
Tanto Carson como Jonás niegan con la cabeza frustrados, al mismo tiempo que la escuchan atentos.
—A mí solo me han llamado Rupert y Gio, pero ni rastros de vida del nutricionista. Si no es porque nosotros estamos abocados intentando resolver el tema de su alimentación, Brad perdería peso, ellos solo pretenden que sobreviva a base de suero —comenta Raven, indignada .