Pucksicle (Pucksicle 1) CAPITULO 19 #2
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CAPITULO 19 #2

Contrario a sus pensamientos, sus amigos sonríen genuinamente felices, y comienzan a comer, dejándolo sorprendido.

—Sabe muy bueno, ¿tiene queso? —inquiere Stan, tomando otro bocado del puré de papas.

—Sí, que bueno que lo notaste. Creo que queda más sabroso así —comenta Carson.

—¡Esta brutal! No sabía que el atún se podía preparar en puré, está sabroso —acota Dylan.

—Bueno cariño —interviene Raven, sentándose al otro lado de su hijo—. ¿Qué quieres probar primero?

—Mmm… las papas, necesito carbohidratos —responde Bradley entre dientes, sorbiendo la saliva acumulada.

Por su parte, Lola a su lado se cruza de brazos intentando mantener una cara neutral.

«Esto es una pesadilla… una horrible.» Piensa, para luego sutilmente voltear a verlos.

—Compré esta inyectadora grande, porque como no es líquido no lo podrás sorber con una pajita —explica Raven.

—Ya que más da —murmura Bradley encogiéndose de hombros.

«Esto es tan vergonzoso… ¡Por Dios! ¡Es todo muy incómodo!» Piensa Bradley sintiéndose miserable, al mismo tiempo que su madre introduce el extremo de la inyectadora por uno de los orificios entre sus dientes.

—Listo hijo, solo presiónala y prueba para ver si la comida sale fácilmente.

—Si necesitas que salga más puedo ampliar solo un poco el orifico de la punta de la jeringa —acota Carson, viendo como su hijo comienza a presionarla y asiente.

Todos se quedan atentos, detallando si el puré logra salir o no, en el momento que observan como el contenido de la inyectadora se mueve hacia la boca de Bradley, sonríen entusiasmados, a excepción de Lola, quien se levanta con rapidez y se aleja del sofá.

«¡No! ¡No puedo ver esto! Es que me da muchas nauseas.»

Stan se queda atónito al ver la reacción de ella, intenta no mostrar su frustración a la vez que piensa.

«¡Maldita hija de puta!»

—¡Eso! —exclama él, sonriéndole a Bradley—. Por cierto… ¿hay más puré?

—Claro, yo hice más —indica Raven.

—Ya te traigo —añade Carson—. ¿Dylan, quieres más?

—¡Por supuesto! Aunque mejor traigan la olla entera con tres envases iguales, para dividir bien las raciones, porque Brad cree que solo él está lesionado.

Bradley solo le sonríe y le muestra el dedo del medio, unos segundos más tarde termina con la comida que está dentro de la inyectadora y se la entrega a su madre.

—¿Y qué tal? —inquiere Raven.

—Bien, mucho mejor que la sopa. Gracias mamá —murmura él, asintiendo.

—De nada mi vida, entonces te dejo esta con el atún, mientras voy a servirles más a los tres —indica Raven levantándose y se aleja con su esposo hacia la cocina, ambos compartiendo una sonrisa de alivio.

—Oye… está bueno el atún, nunca lo había probado así parece un paté —comenta Stan, comiendo otro bocado.

—Veamos… —susurra Bradley, a la vez que con su dedo índice se toca los dientes, tratando de ubicar alguna rendija, seguidamente inserta la punta de la inyectadora.

En ese momento, Lola se encuentra a un costado del sofá mirándolo de reojo, pensando con desagrado.

«Es pescado… ¡Eso es pescado líquido! ¡Ay por Dios! ¡Vomitaré! ¡Necesito irme ya mismo!»

Ella dirige su mirada hacia al techo, tomando una larga respiración.

—Es cierto… pensé que jodías. Sí está bueno —afirma Bradley aun con la inyectadora entre sus dientes, luego sorbe su saliva y vuelve a presionarla para comer otro poco.

Lola no puede evitar volver a fijar la vista en él y de inmediato frunce el ceño, pensando.

«¡Por Dios! ¡Tendré pesadillas con el sonido que hace al chupar su saliva!»

—Sí, sabe súper bien, como para colocárselo a unos sándwiches —acota Dylan.

—Tienes razón —añade Stan, tomando un poco de agua.

Los minutos transcurren con los chicos mirando atentos el partido a la vez que siguen comiendo, hasta que son interrumpidos por la voz de Lola.

—Birdie… ya me voy, tengo que ir al salón para que me hagan las uñas.

—Okey… —responde Bradley presionando la inyectadora, sin prestarle mucha atención.

Lola se cruza de brazos por un instante, luego agarra su bolso de un costado del sofá y comienza a alejarse.

—Ah… me olvidaba de algo, toma te la devuelvo —indica ella girándose, mete la mano en el bolso y saca algo.

«Qué fastidio… solo quiero comer rápido hasta llenarme y terminar este suplicio sin tu presencia.»

Piensa Bradley sin voltear a verla, a la vez que no puede evitar poner los ojos en blanco, a diferencia de Dylan y Stan, quienes sí la observan.

—¡Mierda! —exclaman ambos chicos al unísono, al mismo tiempo que dejan de comer y comparten una mirada, para luego ver a su otro amigo, quien sin entender la reacción de ellos sigue comiendo el atún.

—¿Qué? —murmura Bradley, al darse cuenta del silencio incómodo.

Finalmente voltea a ver a los chicos, y es cuando nota la cara de preocupación de Stan, acompañada del enojo de Dylan, quien se agarra la cabeza con su mano buena.

Sintiéndose confundido, gira para mirar a Lola, observando que ella tiene el brazo extendido y que le está entregando la base de acrílico con la moneda dorada.

—¡Qué! —grita Bradley exaltado, sacando de inmediato la inyectadora de su boca haciendo que una mezcla entre saliva y atún, salga entre las rendijas de sus dientes.

Lola observa sorprendida como emana la comida y no puede evitar fruncir el ceño asqueada, al mismo tiempo que Bradley se levanta del sofá y le arranca la moneda de la mano.

—¡Que mierda pasa contigo! ¡¿Por qué me la quitas así?! —replica Lola, molesta.

Bradley emite un sonido que más que un grito de rabia, suena como un gruñido húmedo, a la vez que se aleja de ella, completamente iracundo.

—¡Lola mejor ya vete! —indica Stan, observando lo roja que se encuentra la cara de su amigo.

—¡¿Qué?! ¡¿Es que tú crees que puedes correrme?! ¡¿Qué pasa contigo?! —refuta Lola, cruzándose de brazos.

—¡Ya cállate y lárgate! —agrega Dylan, molesto.

—¡No me largo nada! ¡Son unos idiotas! —dice Lola, resoplando.

—¡No ves que le estás haciendo mal a Brad! ¡Vete a la mierda! —grita Dylan, levantándose enojado.

Bradley por su parte, apoya el antebrazo en una de las paredes mientras intenta controlar su rabia.

—¡No me grites imbécil! —replica Lola, frunciendo el ceño—. Brad, ¿qué demonios te pasa conmigo?

—¡¿Por qué tienes mi moneda de oro?! —increpa Bradley, dándose la vuelta para verla—. ¡No te lo voy a perdonar jamás!

Debido a que él está gritando entre dientes, no deja de caer saliva entre la comisura de sus labios, la cual moja y ensucia la sudadera gris que tiene puesta.

—Solo la tomé para limpiarla, porque mi papá tiene una máquina ultrasónica donde limpia las de su colección, pero resulta que la tuya no es de oro, es solo un chocolate —aclara Lola—. Mi papa se río de mí cuando le di el estuche.

—¡¿Qué?! —cuestiona Bradley atónito, llevándose las manos a la frente intentando respirar despacio—. ¡Tú te llevaste mí moneda! —añade agobiado.

—¡Le robaste su puta moneda! ¡O estás loca o en realidad eres idiota! —interviene Stan.

—¡Ya vete Lola! Te lo digo muy en serio… ¡Vete a la mierda de una vez!

—¡Dylan tú no puedes correrme! —refuta Lola.

—¿Qué demonios pasa aquí? —cuestiona Raven, entrando al living toda velocidad junto con Carson, ambos al escuchar los gritos desde la cocina fueron a ver lo que ocurría.

—¡Esta estúpida le robó la moneda de oro a Brad! —explica Stan, manteniéndose sentado con la pierna en alto—. ¡Mira todo lo que provocaste! ¡Imbécil!

En ese momento, Dylan al notar lo disgustado que se encuentra Bradley, se le acerca para acariciarle la espalda en un intento de tranquilizarlo.

—¡Genial! ¡Lo que me faltaba! ¡Ahora tú eres el que me grita y me insulta! ¡Los tres están locos! —refuta Lola, indignada.

—¿De qué rayos están hablando? —pregunta Carson, confundido—. ¿Cuál moneda de oro?

—¡No es nada de oro! ¡Es una estúpida moneda de chocolate! ¡Y no me la robé, ya se la devolví —aclara Lola—. ¿Para qué querría robarme un maldito chocolate?

—¡Vete! ¡Ya vete! —grita Bradley molesto, al mismo tiempo que camina en círculos con las manos en la cintura.

Lola está a punto de devolverle el grito, pero la presencia de los padres hace que se contenga, y no le quede más remedio que darse la vuelta y alejarse sin decir nada, a la vez que los demás se quedan en silencio viéndola. Una vez que ella cruza la puerta, Bradley comienza a llorar angustiado.

—¿Qué demonios pasa hijo? —pregunta Raven preocupada, acercándose.

—¡No puedo hablar! ¡Es una mierda! —responde él entre dientes sollozando, con una mezcla de frustración, enojo, tristeza, todo al mismo tiempo.

—Chicos… por los visto ustedes saben, ¿qué es lo que pasa con la moneda? —indaga Carson, mirándolos.

—Pues... que Brad tiene una moneda de oro de la suerte y ayer se perdió en los vestidores, al principio él pensó que alguno de nosotros la había tomado para escondérsela a modo de juego, pero no era así, realmente había desaparecido de su bolso.

Él la buscó desesperado antes del partido, incluso Keller y yo le pedimos a uno de los utileros que la buscara, y bueno…

ya saben toda la mierda que pasó anoche en el rink —explica Stan—.

Ahora aparece esta hija de las mil putas devolviéndole la moneda como si nada.

—¿Tienes una moneda de oro de la suerte? —pregunta Raven, acariciando el brazo de su hijo.

Bradley solo asiente al mismo tiempo que levanta su mano y se la muestra.

—Oh... mi vida… es preciosa —comenta Raven sonriendo, como jugadora de hockey entiende a la perfección lo de tener amuletos y rituales previos a un partido—. Mira amor… ¿no es linda?

—Sí… —afirma Carson, observando como su hijo sostiene la moneda de chocolate—. Es genial, incluso la pusiste en un estuche.

—Claro papá —interviene Dylan—. Es para que no se derritiera, pero Brady… creo que lo que hacía falta era ponerle un sensor y una alarma antirrobo. ¡Es una hija de puta! ¡Ladrona de mierda! —agrega molesto, volviéndose a sentar.