CAPITULO 19
Kate se encuentra en la cocina de su casa, organizando los platos cuando ve a Gracie bajar las escaleras llevando una cesta llena de ropa nueva para los bebes.
—¿La lavarás?
—Sí, quiero dejarla lista, limpia y guardada en el armario.
—Okey, me parece bien. Ya quiero saber el sexo, así podremos comprar otros conjuntos lindos y no solo en colores neutros —comenta Kate, emocionada.
—Yo también estoy ansiosa por la revelación, aunque no te mentiré… estoy un noventa y nueve por ciento segura de que son niños.
—Bueno el instinto materno casi nunca falla, estaré muy contenta con cualquier género, pero… amo a los niños —murmura Kate, haciéndolas reír.
Gracie apoya la cesta sobre la isla de la cocina y comienza a quitarle las etiquetas a la ropa.
—Cariño... ¿ya sabes algo de Brad?
—¡Uhhh! ¡Qué emoción! ¡Ya eres toda una fanática! —bromea Gracie, sonriendo.
—Sí, la verdad es que no he dejado de pensar en eso. Ese golpe estuvo muy feo —comenta Kate, frunciendo el ceño.
—Aun no sale nada oficial en las redes sociales, ni en las noticias, lo único que sabemos es que sancionaron con una suspensión por ocho partidos al idiota que lo golpeó —comenta Gracie, resoplando—. Tranquila, apenas Ash sepa algo, me llamará enseguida para contarme.
—De eso estoy segura —añade Kate, ambas riéndose.
Por su parte, en casa de los Ruff, los tres chicos están sentados en el living viendo la repetición del partido de la noche anterior.
—Oye mi vida… tengo una idea —comenta Carson acercándose a ellos con una bolsa en la mano.
—Dime papá —dice Bradley tomando el control y pausando el juego, al mismo tiempo que sus amigos también prestan atención.
—Ten… pruébalas, compré las que creo son más espesas y de varios sabores, para que veas cual te gusta —indica Carson mostrándole varias compotas, en presentación de bolsitas.
—¡Gracias papá Carson! —exclama Dylan levantándose y toma uno.
Carson no puede evitar reírse, a la vez que toma una pajita y le entrega una de las compotas a Bradley, quien le sonríe con su nueva dentadura metálica.
—¡Aja ¡¿Y para mí?! ¿O es que acaso en esta casa hay preferencia? —cuestiona Stan estirando la mano, a lo que Carson le entrega una compota.
—¡Esta la apruebo! ¡Pueden comprar una caja completa de esta! —comenta Dylan, chupando la bolsita entre sus labios—. Es que si está bien fría debe saber a gloria, esta es la de plátano y fresa.
Bradley abre la compota, le coloca la pajita y luego la introduce en su boca a través de una de la pequeña rendijas.
—¿Y? ¿Está buena? —inquiere Carson sonriendo, al verlo comer.
—Sí… Gracias pá, está mejor que la sopa.
—Está me gusta, es de frutas tropicales, pruébala —dice Stan pasándosela a Bradley, quien al tomarla le coloca la pajita.
—Mmm… sí, la verdad es que está buena —afirma Bradley, asintiendo.
—Perfecto, entonces puedo pedir varias cajas de estos sabores y meterlas al refrigerador, ¿eso suena bien para ti hijo?
—¡Claro! —exclama Dylan entusiasmado, haciendo reir a todos.
—Sí papá, gracias, esto puedo comerlo sin sufrir —agrega Bradley entre dientes, para luego limpiarse con el dorso de la mano un poco de la saliva que cae por la comisura de sus labios.
Transcurren un par de horas y cerca del mediodía, Raven llega a la casa con varias bolsas, se dirige de inmediato a la cocina, donde se encuentra con su esposo preparando café.
—Hola mi vida, ¿cómo está todo? Me tardé porque tuve que pasar por el club y luego fui a la tienda —comenta ella, colocando las compras sobre el mesón.
—Bien —murmura él, dándole un beso—. Los chicos están mirando el partido de anoche. Brad no se ha quejado de dolor.
—Eso es bueno… ¡Santo cielo! —exclama ella al abrir el refrigerador y ver cerca de doscientas compotas—. ¿Y esto? —cuestiona señalándolas.
—Pues… nuestro bebé no se morirá de hambre —responde Carson, entre risas—. Resulta que a Brad le gustan las compotas y a sus amiguitos también —añade haciéndola reír—. Asi que compré varias cajas.
—¿Se las comió? —inquiere ella, incrédula.
—Sí amor, ya se ha comido como seis.
—Son buenas noticias. Sabes… yo estuve pensándolo mucho, así que aparte del puré de papas que le haré, traje varias latas de atún, voy a probar meterlas en la procesadora y convertirlas en algo parecido a un puré —comenta ella, guardando unos jugos—.
También conseguí una inyectadora grande, porque Brad no podrá sorber algo tan espeso por pajita.
Por cierto, le traje un par de cepillos de dientes quirúrgicos, los que el doctor indicó para limpiar la férula.
—Perfecto amor, yo ya pedí el irrigador bucal, la solución salina y la cera de ortodoncia, deben estar por llegar —agrega Carson.
—Excelente. Honestamente cariño… Estaba preocupada con que no hubiera comido nada más, pero lo de las compotas fue una buena idea.
—Sí, aparte de que sería estupendo si logramos darle el puré de papas y ese de atún que intentarás hacer, se llenará más rápido que con compotas de frutas.
—¡Por Dios! Amor… que irónico, a estás alturas de nuestra vida estamos haciendo papillas y comprando dos mil compotas de bebes —puntualiza ella jocosamente y ambos se ríen.
—Eso es porque están entrenando para ser unos súper abuelos —interviene Lola, entrando a la cocina.
—Hola —dice Raven, volteando a verla.
—¿Cómo están? Traje algo de fruta y unas avellanas de las que le gustan a Brad —comenta Lola, acercándose al mesón.
—Gracias… —murmura Raven.
—¡Por Dios! ¡Su casa es hermosa! No imaginé que fuera tan grande.
—Sí… gracias Lola —reitera Raven.
—Bueno… voy a subir a su habitación a verlo —indica Lola, sonriendo.
—Es que él no está arriba, se encuentra en el living con los chicos —aclara Carson, a la vez que sirve un par de tazas de café.
—Okey… —murmura Lola, saliendo de la cocina.
—¿Cómo demoños piensa ella que Brad comerá avellanas o melocotones? Por Dios… ¿en que está pensando? —cuestiona Carson, negando con la cabeza.
—Bueno... es que no lo ha visto —responde Raven, en voz baja.
—Pero ya sabe que tiene los dientes atados de arriba a abajo, que a duras penas puede hablar y sobre su dieta líquida. Honestamente… le falta materia gris a esta chica —afirma él tomando una taza y entregándole la otra a su esposa.
—No es como si se fuera a graduar en Harvard… eso yo lo sé —agrega Raven, bebiendo un sorbo de café.
—Ni en Harvard, ni en ningún lado cariño, ¿cómo puede ser que siendo joven y teniendo todos los recursos, no esté estudiando? —inquiere él frunciendo el ceño, a lo que Raven se encoje de hombros.
Entre tanto en el living, los chicos continúan sentados en el sofá debatiendo sobre el partido.
—Hola mi precioso Birdie —dice Lola, caminando hacia ellos.
En el instante que la escuchan, los tres se giran y se quedan en silencio, a la vez que Stan y Dylan comparten una mirada entre sí, ya que no la soportan.
—¿Estás bien? —pregunta ella sentándose junto a Bradley y abrazándolo, en el proceso obliga a Dylan a moverse—. ¿Cómo te sientes?
—Ahora, algo mejor —murmura Bradley, viéndola a la cara.
Justo en ese momento, un poco de la saliva que tenía acumulada se le cae por la comisura de sus labios, por lo que él sorbe y luego se limpia con el dorso de la mano, al mismo tiempo que Lola se queda completamente inmóvil, sin pestañear.
Disimuladamente, ella observa su boca, detalla el metal y los alambres entrelazando los dientes de Bradley, incluso nota restos amarillentos de algo sobre las ligas.
Una mezcla de horror y repulsión la embargan, por más que intenta suavizar su reacción, no lo logra del todo, ya que frunce su nariz con desagrado, dicho gesto no pasa desapercibido para ninguno, pero en especial para Dylan y Stan.
Ellos mismo entienden que verlo por primera vez causa impresión, porque sintieron ese impacto horas antes, pero de ahí a mostrar desagrado, en vez de ser empático con la situación de mierda que afronta Bradley, ese hecho solo les hace hervir la sangre a ambos.
«Yo intentando besarlo apenas lo vi y viene esta maldita idiota a mirarlo con esa cara de asco.» Piensa Dylan, a la vez que niega con la cabeza.
«¡Maldita idiota superficial de mierda! ¡¿Es que no tiene ni un gramo de empatía?! Si fuera ella la que tuviera un cerco eléctrico en los dientes… Brad sería incapaz de mirarla así, como acaba de hacerlo ella.» Piensa Stan, frustrado.
Bradley por su parte, se hunde en el sofá con los brazos cruzados mientras que sus pensamientos van a toda velocidad.
«¡Genial! ¡Vaya manera de preocuparse por mí! ¡Viéndome como a un horrible bicho asqueroso! ¡¿Para qué mierda vino?! Ahora me siento peor… ¡Maldita sea! No quiero que nadie me vea así, ni que sepan lo que me hicieron… Es muy humillante toda esta puta mierda.»
Lola se agarra las manos y desvía la mirada hacia el televisor, al mismo tiempo que en su mente visualiza de nuevo los restos de compota que acaba de ver en las ligas de Bradley.
«¡¿Pero qué carajos le hicieron?! Pensé que tendría puesto unos retenedores transparentes o algo así…
Esto es un horror, no puedo besarlo teniendo eso, es que ni siquiera puede dejarse ver estando así, esas fotos jamás saldrían de internet.
¡Serán como un meme persiguiéndolo toda la vida!
¡Ay por Dios! ¡Lo horrible que empezará a oler su boca! »
Con todos viendo la pantalla del televisor, el silencio se hace realmente incómodo, ya que antes de que ella llegará, estaban felices comentando las jugadas, pero ahora prefieren callarse.
A medida que transcurren los minutos, Lola se concentra en su teléfono, ignorando por completo a Bradley, sentado a su lado.
—Chicos… les traje la comida, está caliente así que coman de una vez —dice Raven apareciendo con Carson en el living, llevando un par de bandejas en sus manos.
—¡Sí! —exclaman Stan y Dylan entusiasmados, acomodándose en el sofá.
Carson le entrega a cada uno de los chicos un plato lleno con puré de papas y atún, al mismo tiempo que Bradley voltea a ver y niega con la cabeza.
«Ellos no querrán comer eso.»