Pucksicle (Pucksicle 1) CAPITULO 17
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CAPITULO 17

La ambulancia avanza con la sirena encendida, a la vez que el paramédico y el doctor controlan los signos vitales de Bradley, Stan y Dylan se mantienen sentados en silencio a un lado de la camilla, ambos se miran angustiados, a pesar de sus heridas y dolores, ellos están más preocupados por el estado de su amigo, por lo que durante todo el trayecto se mantuvieron tomándolo del brazo en un intento de reconfortarlo.

Al llegar al hospital, los tres jugadores aun uniformados ingresan a urgencias, Bradley en camilla, Stan en silla de ruedas y Dylan caminando con sus patines y presionando una toalla en su boca.

—Chicos voy directo a que le hagan la tomografía a Brad, ustedes acomódense en las camillas, Dylan mantén presionado el labio mientras un doctor te cose, eso es lo primero, después ordenaré unos rayos X para tu mano y para tu pierna Stan.

Si pueden vayan quitándose el uniforme —indica el doctor, antes de alejarse.

—¡Mierda! ¡Mierda! —exclama Dylan, frustrado.

Finalmente puede explotar sin la presencia de Bradley, luego se agacha y comienza a desatar sus patines, ahí es donde se da cuenta que Stan intenta sentarse en la camilla apoyándose solo en una pierna, pero debido a la altura le cuesta lograrlo.

—Aguarda —dice él, acercándose.

Stan se sujeta del hombro de Dylan y finalmente logra sentarse en la camilla.

—¡Mierda! —exclama adolorido.

—Tranquilo, hermano —añade Dylan, ayudándole a quitarse la cinta adhesiva de sus medias.

—Oye… gracias —murmura Stan frunciendo el ceño, aguantando el dolor.

—Ya cállate, si yo tuviera la pierna lesionada, tú también me ayudarías a desvestir —afirma Dylan, a la vez que escupe una mezcla de sangre y saliva en el piso.

—No bobo, no por eso. Gracias por defenderme en el hielo, ahora estás todo jodido por mi culpa —acota Stan—. Mira cómo te dejaron.

—¡Ya cállate! —repite Dylan—. Nos cuidamos entre todos, ahora lo único que importa es que Brad esté bien.

—¿Dylan no? —inquiere un doctor al acercarse.

Ese voltea y asiente, al mismo tiempo que termina de quitar el último trozo de cinta del uniforme de Stan.

—Ven y siéntate en la camilla, vamos a limpiarte y coserte esa herida —indica el doctor.

Por su parte, los padres de Bradley llegan al hospital, y al ingresar se acercan a toda prisa hacia la recepción.

—Hola disculpe… Necesitamos información sobre nuestro hijo, se llama Bradley Ruff, fue ingresado por emergencias en una ambulancia, no hace mucho tiempo —dice Carson, sosteniendo la mano de su esposa.

—Entiendo, déjeme revisar en el sistema —indica la recepcionista tecleando en su computador—. ¿Ruff con dos F, cierto?

—Sí, él es jugador profesional de Hockey, llegó con el doctor del equipo, se apellida Collins —explica Carson.

—¡Santo cielo! —exclama Raven, angustiada.

—Correcto, acá está, ahora mismo están haciéndole unos exámenes. Ya estoy ingresando sus datos al sistema, para que una de las enfermeras le informe al doctor que ustedes se encuentran aquí, en cualquier momento saldrá para darles más información. Pueden aguardar en la sala de espera.

—¡Qué! ¿No podemos ingresar a su habitación? —inquiere Raven, mortificada.

—Disculpe señora, es que su hijo no ha sido llevado a una habitación, ahora mismo están realizándole una tomografía —aclara la recepcionista.

En cuanto los padres de Bradley escuchan esa palabra, se miran entre sí aterrados.

—Ay por Dios… Ay por Dios… Mi hijo —murmura Raven soltando el brazo de Carson, y se aleja unos pasos para comenzar a llorar desconsolada.

Entre tanto, en el interior de urgencias, acaban de terminar de coser la herida de Dylan, por lo que finalmente puede sentarse y comenzar a quitarse el uniforme, evitando doblar su pulgar derecho ya que le causa dolor cada vez que lo mueve.

A medida que está retirando la cinta adhesiva de sus medias, escucha como Stan resopla adolorido, al voltear a verlo, observa como una enfermera le administra un medicamento a través de la vía que tiene en la vena.

—¿Cómo vamos acá? —pregunta el Doctor Collins, ingresando a la sala.

—¿Doc cómo está Brad? —cuestiona Stan, con rapidez.

—Sí… ¿qué pasó? Tengo el Jesús en la boca —agrega Dylan.

—Tranquilos, ya le hicieron la tomografía y por suerte no hay ninguna lesión cervical, aunque sí tiene fracturada la mandíbula.

—¡Mierda! —exclaman Stan y Dylan al unísono.

—Lo sé chicos es horrible, pero honestamente, dentro de todo lo malo que pudo pasarle al recibir ese golpe, esto que tenemos ahora, es el mejor escenario para Brad.

Asi que podemos decir que son buenas noticias —acota Collins, a la vez que se acerca a Dylan y le agarra la mano para examinarla—.

Ya se está inflamando mucho, en un momento haremos las placas, pero sin duda eso es fractura. ¿Qué tanto te duele?

—Pues... es que estaba tan angustiado por Brady, y acelerado por la pelea, que no he prestado atención al dolor. Ahora solo siento que me duele cuando me toco —aclara Dylan.

—Claro, es que todavía estás con la adrenalina del partido —afirma Collins, al mismo tiempo que ingresan dos enfermeras a la sala—. Bueno vamos, los dejaré en la sala de rayos X, mientras les toman las placas yo saldré a conversar con los padres de Ruff, me dijeron que ya llegaron.

Al cabo de unos minutos, Collins avanza por uno de los pasillos e ingresa a la sala de espera.

—Amor… ahí está el doctor —indica Carson levantándose de su asiento, con su esposa siguiéndolo.

—¿Cómo está? ¿Qué pasó? ¡Ay por Dios! ¡¿Cómo está mi hijo?! —inquiere Raven, llorando.

—Tranquila… —dice Collins, tomándola de la mano.

—Nos dijeron que le hicieron una tomografía —comenta Carson preocupado, cruzándose de brazos.

—Sí, lo subieron de inmediato apenas llegamos para que se la realizaran. Debido a la potencia del impacto que recibió, mi principal preocupación era una lesión cervical, por eso preferí ordenar una tomografía en vez de Rayos X —acota Collins.

Tanto Carson como Raven se mantienen en completo silencio, escuchando las palabras del doctor.

—Lo que pudimos ver en la tomografía es la presencia de una lesión a nivel de la mandíbula, y descartamos por completo cualquier daño cervical, así que esa es una gran noticia —comenta Collins apretando el agarre en Raven, quien solo asiente a la vez que se seca las lágrimas con la otra mano.

—¿Dices que no hay ninguna lesión? ¿Entonces su cuello está bien? —indaga Carson.

—Sí, su cuello está muy bien, por eso estén tranquilos, él se repondrá y no tendrá ninguna secuela física a largo plazo —afirma Collins con una pequeña sonrisa, para tranquilizarlos.

—¡Gracias Dios mío! —exclama Raven, abrazando a su esposo.

—Bien… eso es lo que no tiene. Ahora les voy a explicar lo que haremos con Brad y su lesión en la mandíbula. Actualmente tiene una fractura…

—¡Santo cielo! ¡Lo tienen que operar! —interviene Carson, agarrándose el cuello.

Raven nerviosa solo observa primero a su esposo y luego al doctor, sin emitir ninguna palabra.

—Existen diversos tipos de fracturas en la mandíbula, no todas requieren cirugía abierta, en el caso de Bradley, ya hablé con un especialista, es un cirujano maxilofacial, juntos revisamos las imágenes de la tomografía y en vista de que la lesión no es expuesta y el desplazamiento del segmento fracturado no es tan grande, concluimos que  el tratamiento consistirá en una fijación intermaxilar con una férula de Erich —indica Collins—.

Aunque este procedimiento sí se realiza en un quirófano, ya que tienen que sedarlo, no es una intervención quirúrgica abierta…

Para que me entiendan mejor, es como ir al dentista pero que te duerman durante el proceso.

—Okey, pero… ¿eso cómo es? ¿Qué significa exactamente lo que le harán? —cuestiona Raven, confundida.

—Dijiste fijación... eso suena a que le amarrarán la boca con algún artefacto —agrega Carson, tocándose el cuello de nuevo.

—No es un aparato en sí, pero sí se unen los dientes de arriba con los de abajo, lo cual mantendrá la mandíbula cerrada y firme. El objetivo es que el hueso sane en la posición correcta —explica Collins.

—¿Y cómo comerá? —inquieren ambos padres al unísono.

—Tendrá una dieta líquida, se alimentará a través de una pajita o inyectadora.

—¡Santo cielo! ¡Mi hijo morirá de hambre! —afirma Carson, llevándose las manos a la cintura.

—Doctor… él no puede comer todas las calorías que requiere al día solo con líquido —añade Raven—. Además de que… ¡Él odia comer sopa!

—Lo sé, esa es la parte más difícil de este proceso, pero tampoco crean que con una cirugía él podría salir del quirófano y seguir comiendo como lo hace normalmente, de hecho sería exactamente la misma dieta —acota Collins—.

La diferencia es que en una cirugía abierta, le colocarían placas metálicas y tornillos fijados al hueso, lo que ocasionaría que su recuperación sea más larga y dolorosa.

Sin contar con que Bradley tendría esos objetos dentro de su cuerpo para siempre.

—Doctor… ¿de cuánto tiempo estamos hablando? —indaga Carson, preocupado.

—Una fractura de este tipo requiere entre seis y ocho semanas para sanar —responde Collins, mirándolos a ambos.

—¡Dos meses comiendo sopas! —replica Raven, angustiada—. ¡Santo cielo! ¡Esto será una tortura! —añade viendo a su esposo.