Pucksicle (Pucksicle 1) CAPITULO 16
39%

CAPITULO 16

Al caer al hielo, Bradley se lleva ambas manos a la cara, por lo que a simple vista no se aprecia la gravedad del golpe, de inmediato sus compañeros en el hielo se le acercan, a la vez que Keller empuja a Hopkins, pero uno de los árbitros los separa con rapidez.

Dentro de los vestidores, el cuerpo técnico se encuentra con Stan en el área médica quitándole los protectores para poder chequear sus contusiones correctamente.

—¡Carajo! —dice el doctor al ver en uno de los televisores lo sucedido—. ¡Stan no te muevas! ¡Eso es grave! —indica señalando la pantalla—. Tú solo quédate ahí acostado. ¡Vamos Wilson! —agrega mirando al fisiatra.

—¡Mierda! ¡Mierda! ¡Maldita sea! —exclama Stan embargado entre la frustración y la preocupación al ver a su amigo tirado en el hielo—. ¡Hopkins! ¡Maldito hijo de puta! —grita tirando al suelo uno de sus protectores.

Entre tanto en la caja de castigo de los Demons, sus cinco compañeros observan la entrada sucia de Hopkins e iracundos golpean sin parar sus palos contra el cristal, maldiciendo y gritando indignados.

—¡Mierda! ¡Mierda! ¡Maldita sea! —exclama Dylan—. ¡Es un maldito hijo de puta!

—Hey… ten —dice Kyle estirando su mano, tocándole el brazo.

—¿Que? —replica este volteando y viendo que le entrega una toalla—. ¡Por Dios! ¡No me des esa mierda! ¡Es que mira a Brady!—añade indignado, negando con la cabeza.

—¡Ya sé idiota! ¡Pero te desangraras! —acota Kyle, insistiendo con la toalla—. ¡Mira como tienes el piso!

—¡Mierda! —murmura Dylan al bajar la mirada y luego se la acepta—. ¿De dónde sale tanta sangre? —inquiere limpiándose la cara rápidamente.

—De tu boca.

En cuanto Hansen escucha la respuesta de Kyle, se voltea hacia Dylan, se saca sus guantes y le agarra la mandíbula.

—¡Abre! ¡Abre! ¡Déjame verte!

Dylan obedece y en seguida Hansen toma la toalla, envuelve su dedo índice y le limpia la saliva y la sangre del interior, para después recorrer internamente la boca, examinándolo rápido.

—¡Ay! ¡Ay! ¡Allí! ¡Eso dolió! —indica Dylan, frunciendo el ceño.

—Sí ya vi, tienes un corte interno en el labio inferior. Ten, presiónate hasta que salgamos de acá —indica Hansen.

Dylan sostiene la toalla y al intentar envolverla sobre su dedo, no puede evitar quejarse.

—¡Mierda! ¡Duele!

Decide utilizar mejor la mano izquierda para intentar detener el sangrado de su labio.

Entre tanto en la banca, todos miran en la pantalla del arena la repetición del choque entre Bradley y Hopkins, atónitos e indignados.

—¡Mierda! —comenta el entrenador, preocupado.

En ese momento voltea a ver al resto de su equipo y justo aparecen el doctor y fisiatra corriendo por el túnel, ambos dirigiéndose hacia el rink.

—¡No te muevas! ¡No te muevas! —ordena el doctor, arrodillándose a un lado de Bradley, sosteniéndole el cuello.

—¡Me duele! ¡Me duele! —intenta decir angustiado, pero de sus labios solo sale un sonido gutural.

Su mandíbula late con un dolor agudo tan punzante que le llega hasta los oídos haciéndolo retorcerse del dolor, al escuchar el balbuceo que emite entiende de inmediato que no puede hablar, ni explicar nada, por lo que solo se queda tumbado allí con la mirada hacia arriba, viendo al cuerpo médico y a los paramédicos rodearlo.

En ese instante sus ojos se llenan de lágrimas, no por el dolor que está sintiendo, sino también por el miedo que lo embarga.

—Lo sé Brad… tranquilo que todo estará bien hijo, pero solo no te muevas —dice Collins, tomándole la mano para calmarlo.

Luego mira a Wilson y asiente, por lo que este comienza a colocarle un collarín para inmovilizarlo, a la vez que el doctor le sostiene la cabeza.

Entre tanto en casa de los Roy, todos observan en el televisor como Bradley es sacado del rink en camilla, con ayuda de un par de paramédicos, ellos notan que lleva puesta una mascarilla con óxido nitroso, lo cual es un analgésico de rápida acción.

—¡No! ¡No puedo ver esto! ¡Es horrible! —exclama Ashley angustiada, caminando alrededor del sofá.

—Tranquila Ash… él estará bien —comenta Mason, para reconfortarla.

—Pero es que... yo lo vi hace unas horas, corría, estaba riéndose y  tonteando con sus amigos. ¿Cómo puede ser que ahora le pase esto?

—¡No es justo! ¿Por qué le metió el codo así? ¡Eso no está bien! —añade Gracie, entre lágrimas.

—Hey, tranquila amor —susurra Mason, acercándose a ella para abrazarla—. No te hace bien estresarte, quédate tranquila.

—¡Amor!¡Es que es Bradley! ¡Ay por Dios! ¡Pobrecito Brad! ¡Él no se merece esto! Es un chico tan amoroso y fácil de querer —acota Gracie, secándose las lágrimas.

Ante ese comentario, Ashley no dice nada pero sintiéndose confundida entrecierra los ojos.

«Son solo las hormonas, la tienen descontrolada y por eso está tan sensible.» Piensa y luego vuelve su mirada a la pantalla para escuchar al comentarista.

—Con el aplauso y apoyo del público es acompañada la salida de Ruff del hielo, esperemos su pronta recuperación.

Y como era de esperarse tras lo ocurrido, allí vemos el árbitro expulsando del rink a Hopkins, quien sale directo a los vestidores.

Veremos por cuantos partidos lo suspenderán y además cual será la multa económica que tendrá que pagar tras esa infracción contra Ruff.

Bradley finalmente llega a la sala médica en la camilla, donde todos comienzan a conversar rápidamente sobre los pasos a seguir.

—Tenemos que hacerle una placa, así que es mejor llevarlos de una vez al hospital —comenta el doctor, al mismo tiempo que uno de los paramédicos le suministra un calmante a Bradley vía intravenosa—. Oye Stan… te vienes de una vez con nosotros, necesitamos hacerte una radiografía en la pierna.

Stan solo asiente preocupado, observando a su compañero de equipo acostado en la camilla a un par de metros de él, siendo tratado por los paramédicos.

De vuelta en el rink, los árbitros siguen hablando entre ellos con el partido detenido.

—¡Mierda! ¡Ya estoy tragando mucha sangre! ¡No me puedo quedar acá más tiempo! —comenta Dylan desde la caja de castigos, sosteniendo la toalla contra su boca—. ¡Necesito que me cosan!

En ese momento, Hansen decide abrir la puerta llamando la atención del oficial que se encuentra parado afuera.

—¿Qué haces?

—¡Hey! ¡Déjalo ir al vestidor! ¡Mira! —indica él señalando la toalla de Dylan, la cual está casi por completa teñida de rojo—. Se está desangrando por un corte en el labio.

—Okey, ve —dice el oficial, tomando nota del número del jugador en su tablet.

Dylan de inmediato salta al hielo y patina a toda velocidad hacia la banca manteniendo la presión sobre su boca.

—¡Carajo! —exclama el asistente, al verlo venir con la toalla bañada en sangre.

Al oír esa expresión, el entrenador se voltea y es cuando se da cuenta de lo que ocurre con Dylan.

—¡Ve! ¡Ve! ¡Anda de una vez con el doctor! ¡Antes de que se vaya con Ruff! ¡Corre! —ordena el entrenador.

—¡Mierda! —exclama Dylan, atravesando el túnel a toda prisa.

Al llegar a los vestidores, deja caer su palo a la vez que mantiene la presión en su boca con la toalla y camina hacia la sala médica.

—¡Carajo! —murmura al encontrarla vacía, al mismo tiempo que escupe un poco de sangre en el piso—. ¡Oye Richie! —grita al verlo en otra de las salas—. ¿Dónde está el Doc?

—Ya se fue con Brad y Stan —responde este acercándose.

—Mierda… ¿Con Stan también? —inquiere Dylan, escupiendo de nuevo en el piso.

—Sí, escuché que necesitan hacerle unas placas. Oye… estás botando mucha sangre —comenta Richie, preocupado—. ¡Vamos! ¡Acaban de salir hace menos de un minuto! —añade señalando el pasillo que da hacia la salida, al mismo tiempo que le recibe el casco y los guantes.

Ambos corren a toda velocidad para intentar alcanzarlos, Dylan hace lo posible por avanzar más rápido aun cuando tiene los patines puestos, mientras que Richie al llevar zapatos deportivos, logra adelantarse un par de metros, lo que le permite observar como cierran las puertas de la ambulancia segundos antes de que llegue.

—¡Esperen! ¡Esperen! —grita Richie, golpeándolas sin parar—. ¡Abran!

—¡Qué rayos! —replica unos de los paramédicos, asomándose en la ventana.

—¿Quién es? —inquiere el doctor, sentado junto a Stan.

—Me parece que es alguien de su equipo, porque tiene el mismo uniforme que usted —comenta el chico, abriendo las puertas.

—¡Doc espere! ¡Falta Dylan! ¡Está sangrando mucho! ¡Ya viene detrás de mí! —explica Richie recuperando el aliento, y atropellando las palabras.

—¿Dylan? —preguntan Stan y el doctor al unísono.

—Sí, él está bañando en sangre, ahí viene lo que pasa es que aún carga los patines puestos —acota Richie.

—¡Carajo! —exclama el paramédico en cuanto se asoma afuera y lo ve llegar con una toalla y la camiseta empapada en sangre.

Al escuchar el tono de alarma, el doctor de inmediato se levanta y se acerca a la puerta.

—¡Doc! ¡Que alguien me cosa! ¡Necesito volver! —dice Dylan.

—¡Mierda! —añade Stan sorprendido al verlo.

Una serie de gritos despejan un poco la niebla que rodea la mente de Bradley producto de los analgésicos que le suministraron, son voces conocidas que se alzan sobre el bullicio en su cabeza.

En cuanto abre los ojos, ve a Stan sentado a su lado pero este tiene la vista fija hacia afuera, el oír como mencionan el nombre de su otro amigo actúa como un disparador químico en su cerebro.

El instinto prevalece sobre la lógica y la sedación causando que Bradley intente incorporarse, queriendo ver y asegurarse de que Dylan se encuentre bien, pero su cuerpo no responde como él esperaba.

En cuanto eleva la cabeza, el plástico del collarín cervical que tiene puesto se clava con brutalidad contra su mandíbula, provocando que suelte un quejido visceral y sienta un disparo de agonía tan intenso, que su mundo se pone en negro por unos instantes.

—¡No! ¡No! ¡Brady no te muevas! —interviene Stan, agarrándole el hombro—. Tranquilo, solo le tumbaron un diente a Dylan. No te preocupes, él está bien.

Al notar lo que sucede, el paramédico de inmediato coloca ambas manos sobre los hombros de Bradley para inmovilizarlo contra la camilla.

—Quédate quieto, no te muevas, tienes un collarín —le indica, al mismo tiempo que le asegura una mascarilla sobre su rostro.

Bradley frunce el ceño y cierra los ojos enseguida, ya que la voz del paramédico sonó dentro de su cabeza como si fuera un trueno en una caja metálica, se siente como en un sueño extraño.

—¡No! ¡Claro que no me tumbaron un diente! —refuta Dylan—. Brady, tranquilo hermano, estoy bien, muy bien, tú relájate.

—¿No fue un diente? —inquiere el doctor, colocándose unos guantes quirúrgicos—. Eso es demasiada sangre.

—No, es que tengo una herida en el labio, tuve que salirme de la caja de castigo, porque todo el piso estaba cubierto de sangre. Doc… no sé si alguien se puede desangrar por la boca, pero creo que perdí como un litro de sangre —acota Dylan.

El doctor se baja de la ambulancia y comienza a revisarle la herida.

—Es un corte grande. Recibiste un fuerte golpe y los mismos dientes de abajo te cortaron la piel, quizás necesites unos ocho puntos —explica mirándolo a los ojos.

—Okey… ¿entonces voy con el dentista o con otros de los paramédicos para que me cosa?

—Sí, con el dentista. Richie, ve con él, no lo dejes solo, ya perdió mucha sangre por lo que puede marearse, consíguele una bebida isotónica y tiene que tomarla toda.

Después de dar las indicaciones el doctor toma la toalla de manos de Dylan para limpiarle un poco el rostro y es ahí cuando le observa el pulgar derecho, frunce el ceño y se lo roza.

—¡Auch! —grita Dylan, quejándose—. ¡Doc! ¡¿Por qué me tocó esa mano?! ¡No ves que me duele!

—¡Dylan ya súbete a la ambulancia! —ordena el doctor—. Richie, dile al cuerpo técnico que me lo llevo a él también.

—¡¿Qué?! ¡¿Por qué?! —refuta Dylan frunciendo el ceño, indignado.

—¿Cómo que por qué? Mírate el pulgar, ese dedo muy probablemente esté  fracturado. No podrás jugar así, y si lo haces terminarás lastimándote más —explica el doctor subiendo a la ambulancia rápido—. ¡Ya móntate! —agrega tomándolo de un brazo y halándolo hacia arriba.

—¡Carajo! —murmura Dylan sentándose junto a Stan, ambos se miran por un instante para luego voltear hacia la camilla donde se encuentra Bradley acostado con sus ojos cerrados.

Segundos más tarde las puertas de la ambulancia se cierran y arrancan, mientras que Richie se regresa corriendo al arena para informar al cuerpo técnico sobre los lesionados.