Pucksicle (Pucksicle 1) CAPITULO 15
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CAPITULO 15

En el arena, los jugadores de los Demons se acercan a Bradley y comienzan a festejar con él por anotar el primer gol del partido.

—¡Sí! ¡Sí! —celebra Stan solo, desde el arco—. Okey... Okey… Todo está bien —repite varias veces, a la vez que toma agua y se rocía un poco sobre el cabello—. Todo va a estar muy bien, así que ya deja de preocuparte —añade colocándose de nuevo la máscara.

Por su parte en las tribunas, en el área de los asientos para los familiares de los jugadores, Raven y Carson se abrazan y celebran eufóricos el gol de su hijo, al mismo tiempo que Lola, quien se encuentra a un lado de ellos, también festeja manteniendo siempre su móvil en la mano, transmitiendo en vivo, ella enfoca la algarabía del público durante unos segundos, para luego seguirle hablando a la cámara.

Bradley patina frente a la banca, a la vez que choca los puños con sus compañeros, justo cuando Dylan salta al hielo, no sin antes sonreírle y ambos se golpean con los cascos.

—¡Bien Brady! ¡Así se hace! —grita Dylan eufórico, patinando hacia el centro del hielo.

Bradley toma asiento con una sonrisa, al mismo tiempo que piensa e intenta mantenerse enfocado en el partido.

«Okey… ahora sí. ¡Ya cálmate! Todo está bien, todo saldrá bien... la moneda no se perdió, quizás… solo no la busqué bien en el bolso. No por eso dejará de darme suerte.»

Al volver su mirada al rink, se da cuenta el momento exacto en el que un atacante rival se escapa peligrosamente en solitario, todos los jugadores que se encuentran a su lado en la banca, se ponen de pie y detallan como su portero aguarda plantado en el arco, a la vez que el atacante remata al ras del hielo, por lo que Stan deja caer sus piernas juntando sus rodillas, logrando así detener la trayectoria del puck.

Durante un instante todos los Demons festejan, pero no pasan más de dos segundos cuando aparecen dos atacantes rivales, dispuestos a intentar mandar el disco al fondo de la red.

En ese proceso, uno de ellos entra con tanta fuerza, que sus patines chocan con las piernas de Stan, derribándolo de espaldas, ocasionando que debajo del arco se cree un amasijo de cuerpos, con el puck aun en juego y dos atacantes sobre el portero, inmediatamente la plantilla de los Demons que se encuentra sobe el hielo patinan a toda velocidad para defender a uno de los suyos.

Por su parte en el banquillo, al resto de los jugadores los embarga la indignación, al mismo tiempo que no dejan de maldecir y gritar improperios a la banca rival.

El ambiente se encuentra tan caldeado en el arena, que todos los árbitros intentan apartar la pila de jugadores que están peleando unos contra otros, creando una montaña humana frente al arco.

En cuanto Dylan notó como barrieron a su amigo, soltó el palo, se sacó los guantes y en el acto saltó sobre el atacante que derribó a Stan, comenzó a golpearlo sin parar, hasta que sintió como otros jugadores caían sobre él, golpes iban y venían sin claridad.

En casa de Mason, todos se quedan atónitos mirando la pelea campal que sucede en el partido.

—¡Ay por Dios! ¡¿Oigan donde está Brad?! ¿Cuál es Brad? —inquiere Ashley levantándose, y se acerca a la pantalla—. Es que todos se ven iguales.

—Él no estaba en el hielo, no puede estar peleando —acota Mason.

—¿Cómo estás tan seguro? Es que…. Mira —replica Ashley, señalando el televisor con su mano—. ¡Todos pelean!

—Porque él estaba en la banca, solo pueden pelear los que están en el hielo. Aunque Brad quiera, no puede entrar a defender a los demás —explica Mason.

—Ah… bueno —murmura Ashley, tocándose el pecho.

—¡Ay mírenla! Ya se preocupa y todo por el cuñado en potencia —bromea Gracie, haciendo que Kate se ría.

—¡Idiota! —refuta Ashley, volteando a ver a su hermana con una mueca tonta—. Es que... ¡Santo cielo! ¡Eso es una locura! Yo nunca antes le había prestado atención al hockey, pero… de verdad es todo tan rudo. Es una cosa de otro mundo, pasan muchas cosas muy rápido.

—¡Sí! ¡Es genial! ¡Ahora me gusta más! —comenta Mason, comiendo algunas uvas—. No había visto una pelea de todos contra todos, es que hasta el portero llevó. Esta tirado ahí todo nockeado. ¡Es fantástico!

—¡Hijo por favor! —interviene Kate, entre risas.

—Mamá, pero es genial, ¿no te parece?

—Pues sí, está mucho más entretenido que el golf, de eso no hay ninguna duda —afirma ella, tomando un sorbo de su jugo.

—¡Eso Kate! —exclama Gracie, celebrando y aplaudiendo—. ¡Bienvenida al Team Hockey! Ya no volveremos más al club, que aburrido ver a los chicos jugando golf, ahora queremos ver solo hombres rudos, grandotes, sexys, sudando y golpeándose en el hielo.

Las tres chicas se ríen después de ese comentario, mientras que Mason finge indignación y le arroja un par de uvas a su esposa.

Durante el transcurso de la pelea, la preocupación por parte del equipo técnico de los Demons solo aumentaba, ya que no lograban ver a Stan, quien se había quedado dentro del arco mientras que los jugadores se peleaban amontonados frente a él.

—¡Vayan! ¡Vayan! —ordena el entrenador al doctor y al fisiatra, los cuales ingresan al hielo a toda prisa.

Por su parte, los árbitros intentan separar las peleas, pero las mismas se vuelven a iniciar una y otra vez en otro sector del rink, cuando logran finalmente despejar un poco el arco, Stan logra sentarse.

—¿Estás bien? ¿Estás bien? —inquiere el doctor, agachándose a un costado.

—¡Maldición! —se queja Stan frustrado, quintándose la máscara—. ¡La pierna Doc! ¡La pierna! ¡El maldito abductor de mierda!

—¡Carajo! —exclama el fisiatra, preocupado—. Espera, no te muevas más de la cuenta.

Entre tanto en la banca, todos observan como Stan se pone de pie sujetándose de los hombros de los dos hombres, apoyando solo el patín izquierdo en el hielo, al mismo tiempo que lo empujan.

—¡Mierda!

—¡Maldición!

—¡Carajo!

Varios jugadores y miembros del cuerpo técnico de los Demons exclaman al unísono desde la banca, cuando notan lo delicada de la lesión de Stan.

—¡Erickson! ¡Alístate! —indica el entrenador, al segundo portero.

—¡Carajo! ¡Maldición! ¡Maldición! Esto es malo… muy malo —murmura Bradley frustrado, para luego girarse y golpear con su palo la pared frente a la banca, hasta romperlo en pedazos.

Finalmente después de dos eternos minutos, logran acabar con todas las peleas en el rink, Dylan se levanta del hielo con rastros de sangre corriendo por su boca y mano, él escupe y luego se limpia el rostro con la manga de su jersey.

Al mismo tiempo que el árbitro desde el centro de la pista, termina de notificar las penalizaciones, dando como resultado que todos los jugadores, a excepción de los porteros, sean enviados a las cajas de castigo.

Mason se ríe a más no poder al ver la escena de todos los jugadores entrando a sus respectivas cajas de castigo.

—¡Parecen sardinas en lata! —exclama rojo de tanto reírse—. ¡Esto es demasiado genial! ¡Ash! ¡Tenemos que empezar a ir a ver esto en directo! ¡Compraré entradas!

Ashley solo sonríe y asiente emocionada sin apartar la vista de la pantalla del televisor.

—¡Santo cristo! Oigan… ¿se imagina el calor que debe hacer dentro de ese cubículo ahora mismo? —comenta Kate.

—¡Y el olor! —agrega Gracie, riéndose—. Aunque mi hermanita estaría dichosa ahí metida, con todos esos hombres rudos y llenos de testosterona —bromea causando que Ashley se ría.

—No, a ella solo métanla si está Brad. ¡No queremos que le sea infiel a mi cuñado platónico! —acota Mason.

—Ja-ja-ja —replica Ashley, mostrándole el dedo del medio.

Los jugadores de los Demons ven desde la banca como Stan ingresa y se lo llevan de inmediato a los vestidores, al mismo tiempo que Erikson, el segundo portero termina de alistarse y salta al rink para comenzar a entrar en calor.

—¡Vamos! —indica el entrenador, llamando la atención de los chicos, quienes se agrupan junto a él—.

Perdimos a toda nuestra segunda línea, así que necesitamos movernos rápido, debemos presionar los próximos cinco minutos pero dosifiquen los pulmones.

Eso sí, ojo con las faltas, no quiero ver a más nadie en la caja por los momentos.

—¡Y cuiden a Erik! —interviene Keller—. ¡Estos hijos de puta están tirando a matar!

Todos sus compañeros asienten y gritan al unísono: ¡Uno, dos, tres! ¡Demons!

El juego se reanuda, esta vez con Erikson en el arco además de diez jugadores en las cajas de castigo, por lo que el partido se encuentra en su momento más álgido, ocasionando que los siguientes dos minutos, transcurran con pases inconclusos por ambas partes y muchos roces.

Con Erickson manejando el disco con seguridad, los Demons cambian rápidamente de línea, Bradley se levanta de la banca al ver acercarse a Smith, quien es el atacante de cuarta línea, en cuanto este llega, él ingresa al hielo, patinando a toda velocidad.

En el palco de prensa de la transmisión televisada, los comentaristas siguen narrando las incidencias del partido.

—Atención con Ruff, acaba de entrar al rink, saltó revolucionado de la banca y está escapándose por el costado izquierdo sin ningún defensor cuidándolo, Erikson capta la escapada y le envía un pase largo por la barda.

Ruff se hace con el disco. Y allí viene Hopkins a toda velocidad.

¡VAYA! ¡Hopkins estrella contra la barda a Brad!

¡Ruff cae al hielo con evidente dolor, llevándose los brazos a la cara!

¡Esto es grave! ¡Se ve muy mal! La entrada de Hopkins fue prohibida, esperemos la repetición, pero por lo que pude apreciar, me parece que entró con el codo derecho en alto.

De ser así, esto sin duda sería una gran infracción para Hopkins.

En el instante que Bradley cae al hielo, sus compañeros se acercan con rapidez a él, al mismo tiempo que en la pantalla del arena colocan la repetición de la jugada, en la cual se observa como Hopkins lo estrella con el costado de su cuerpo, pero con su brazo derecho en alto, incluso se aprecia como su codo impacta directamente contra la mandíbula de Bradley.

Hasta hace un momento todo eran risas y bromas en casa de Mason, pero ahora solo existe un silencio sepulcral, a la vez que todos observan anonadados la repetición de la jugada y la entrada violenta de Hopkins.

Ashley se queda sentada en el sofá boquiabierta, con un cojín entre sus brazos sin parpadear ni apartar la vista de la pantalla.

Gracie se acaricia suavemente el vientre mirando a su hermana, luego se fija en la paleta 3D que está sobre la mesa del living, una de las que usarán para la revelación del sexo de sus bebes y de inmediato sus ojos se llenan de lágrimas.

—¡Ay por Dios! ¡Brad! ¡Pobrecito! —exclama ella angustiada, llorando.

Mason se queda perplejo al escucharla y voltea a verla, luego gira el rostro rápidamente para mirar a Ashley, quien aún está en shock, procesado la bestialidad de lo sucedido en el partido.

En las tribunas, los padres de Bradley junto con Lola, observan cuando Hopkins embiste a Bradley, al mismo tiempo que escuchan un unísono “Ohh” proveniente de las personas alrededor, de inmediato todos se ponen de pie, viendo fijamente la pantalla del arena, en donde reproducen la repetición de la jugada.

—¡Mi hijo! ¡Ay por Dios! ¡Hijo! —grita Raven angustiada, tomando el brazo de su esposo.

—¡Vamos! ¡Ya vámonos! —indica Carson halándola, preocupado—. ¡Amor ya vamos! —repite para sacarla de su estado de angustia.

Raven finalmente aparta la vista del hielo y asiente, por lo que ambos se dan la vuelta y se alejan rápidamente, mientras que Lola se queda en el lugar, sin ni siquiera prestar la más mínima atención a la reacción de ellos.

—¡Oh mi Dios! —exclama pausadamente Lola mirando hacia su teléfono, ya que como es habitual en su contenido, muestra sus reacciones a todos los lugares a los cuales va, por lo que sigue transmitiendo en vivo sin interrupción—.

Chicos… esto fue difícil de presenciar. Esperen...

necesito tomar un poco de aire —añade subiendo la vista hacia arriba y respirando un par de veces, luego vuelve a mirar hacia la cámara acomodándose un mechón de su cabello—.

Honestamente… no había visto una entrada tan fuerte antes, pero estamos hablando de Bradley Ruff, así que no tengo dudas de que él se levantará, se limpiará la sangre y seguirá jugando.

Por lo que seamos positivos y mandemos muchos corazoncitos en su nombre, porque todo estará bien, no ha pasado nada —afirma con una pequeña sonrisa, al mismo tiempo que vuelve a tomar asiento y bebe un poco de su té helado.