Pucksicle (Pucksicle 1) CAPITULO 14
36%

CAPITULO 14

Ashley se encuentra sentada en el sofá del living de su casa, acaba de sintonizar la previa al inicio del partido de los Demons en el enorme televisor, justo cuando Mason baja las escaleras vistiendo una camiseta del equipo.

—¡Ay por Dios! —exclama Ashley, sorprendida—. ¡Aguarda! ¡Puedo jurar que no te la había visto antes! ¡Santo cielo! ¡Te la robaré ahora mismo!

Mason camina pavoneándose con una sonrisa pícara en el rostro a medida que se acerca a ella. Gracie, quien se encuentra en uno de los sofás, con los pies sumergidos en una pequeña tina de hidromasajes, también se ríe.

—Y eso que no has visto su dorsal —acota ella, entre risas.

—¡Qué! —replica Ashley, levantándose a toda prisa y avanza hacia él intentando rodearlo.

Mason logra esquivarla, al mismo tiempo que se va girando, viéndola siempre de frente para evitar que Ashley logre mirar su espalda, parecen dos niños pequeños forcejeando el uno con el otro.

—¡Ay por Dios! —comenta Kate llegando al living, tras oír el escandalo—. Están locos —añade riéndose.

—¡Kate! ¡Kate! ¡Dime! ¿Cuál es el número tiene tu hijo en la espalda? —indaga Ashley.

—Es el trein...

—¡No mamá! —grita Mason, interrumpiéndola—. ¡No le digas! —añade privado de la risa.

—¡No puede ser! ¡Sí es el treinta y uno! ¡Mase! ¡Ya dámela! ¡Dámela ahora mismo! —exige Ashley, forcejeando con él.

—¡No boba! ¡Es mía!

—Santo cielo… ¿es que acaso ese es el número de la suerte o qué? —pregunta Kate sentándose junto a Gracie.

—Pues.... es que ese es el número de la camiseta de su amor platónico —aclara Mason, entre risas.

—¡Gracie! —exclama Ashley, fingiendo estar indignada—. ¡Eres una soplona! ¡No se te puede contar nada!

—En mi defensa… estoy doblemente embarazada y no puedo irme corriendo a esconder cada vez que me llamas —acota Gracie, encogiéndose de hombros—. Además, no es mi culpa que Mase estuviera en la cocina cuando recibí tu llamada, y que justo escuchara toda nuestra conversación.

—Sí, pero tranquila cuñada... no le diré a nadie que tu útero está planificando secuestrar a mi cuñado platónico —agrega Mason, causando que todos estallen en carcajadas.

Entre tanto en el arena, los jugadores se encuentran en el hielo escuchando las notas del himno nacional, algunos están cantan y otros solo miran la bandera, mientras que Bradley, tiene la cabeza gacha con la frente apoyada sobre su palo de hockey, pensando.

«Esto no puede ser cierto, no puede estar pasando…

yo la tenía en el estuche. Recuerdo que la tomé del mueble del televisor y la metí dentro de la mochila antes de salir del apartamento.

¡¿Cómo demonios perdí mi moneda?! Esto no tiene sentido…

no puedo creerlo. ¡Esto es una mierda! ¡¿Dónde carajo está mi jodida moneda de oro? !»

Tras finalizar el himno, el público comienza a aplaudir y en ese instante, él sale de sus pensamientos y empieza a patinar por el rink con la mirada perdida, en cuanto Dylan lo nota retraído no duda en acercarse.

—Hey... —murmura a la vez que lo empuja con su hombro en tono de broma.

Bradley al sentir el golpe, voltea a verlo pero se mantiene en completo silencio, sin responderle nada.

—Oye… cambia esa cara.

—¿Qué cara quieres que tenga? —replica Bradley frustrado, tapándose la boca con el guante—. ¡Maldición! No quiero jugar.

—Ya no seas idiota, todo estará bien —afirma Dylan, tratando de alentarlo.

Por su parte, Stan se encuentra en el arco realizando movimientos repetitivos, observando a sus amigos conversando muy cerca el uno del otro.

Después de unos segundos, gira el rostro hacia un costado del rink, notando que en el área de prensa se encuentra una chica vestida con un blazer, provocando de inmediato que sus ojos se abran sorprendidos.

—¡Carajo! ¡Mierda! —murmura para sí mismo—. ¡Maldición! —repite una y otra vez frustrado, golpeando el arco con su palo.

Este acto no pasa desapercibido por el capitán del equipo, quien patina con rapidez desde el centro del rink, acercándose a Stan antes de que comience el partido.

—¡Hey! ¡Hey! ¿Qué pasó? —cuestiona Keller—. ¿Estás bien?

—¡Maldita sea Capi! ¡Maldita sea! —exclama Stan, resoplando.

—¿Qué pasa? —indaga Keller, tapándose la boca con el guante.

—¡Es mi culpa! ¡La moneda de Brady se perdió fue por mi culpa! —responde Stan, negando con la cabeza.

—¿Tú la tomaste?

—¡No! ¡Claro que no!

—¿Entonces? —pregunta Keller, frunciendo el ceño.

—Es que nosotros no debimos montarnos en ese elevador, algo malo pasaría y yo debí anticiparme, tengo un sexto sentido de mierda y ahora la moneda de Brad misteriosamente desapareció. ¿Cómo carajo no le hice caso a blazer? ¡Soy un idiota!

—¿De qué demonios estás hablando? —refuta Keller completamente confundido y preocupado—.

Sabes que… mejor concéntrate, la moneda va a aparecer, eso no es importante ahora Stan.

Enfócate en parar todos los pucks, respira y deja de pensar en otra mierda.

¡Concéntrate! —repite notando que los árbitros están tomando sus lugares—.

¡Vamos! ¡Vamos! —exclama a la vez que comienza a patinar de reversa hacia el centro del hielo.

—Sí... vamos, vamos, enfócate —dice Stan para sí mismo, al mismo tiempo que se ajusta la máscara.

Unos segundos más tarde, el árbitro da inicio al partido, la primera línea de los Demons comienza a moverse en el rink, pasando el disco de jugador en jugador.

De regreso en casa de Mason, todos aplauden tras el inicio del juego.

—¡Ay por Dios! ¡Ahí está! ¡Ahí está! —exclama Ashley, emocionada—. ¡Mírenlo patinar! ¡Dios mío! ¡Es tan lindo! Kate míralo… ¿es hermoso verdad? —inquiere sin apartar la vista del televisor.

—Sí, aunque con ese casco, no es como que se le vea mucho la cara —confiesa Kate, riéndose.

—Ah pero tranquila mamá… solo revisa la galería del teléfono de Ash, sin duda alguna ya debe tener más de cien mil fotos de Brad —comenta Mason, causando que todos se rían.

—¡Tonto! —replica Ashley, sonrojándose.

—Te apuesto ahora mismo lo que sea, a que sí tienes fotos de mi potencial cuñado.

—Mase… no apostaré —murmura ella, con la vista fija en la pantalla.

—¡Entonces sí tienes! —afirma Mason, sonriendo.

—Claro que tengo, porque tomé varias fotos de él hoy en el club —aclara Ashley.

—Eso sin contar las que yo ya le pasé. Es que conseguí varias de Brad sin camisa —añade su hermana, entre risas.

—¡Gracie! —exclama Ashley, fingiendo indignación, a la vez que se le queda viendo fijamente con los ojos entrecerrados.

—¡Miren! ¡Miren! —interrumpe Mason, señalando el televisor.

De vuelta al rink, Keller recibe un pase directo de Bradley, luego remata con fuerza al arco pero el disco es bloqueado por el portero rival, tras el rebote, durante algunos segundos se crea una lucha de cuatro jugadores, entre amasijos y forcejeos, buscando hacerse nuevamente con el control del puck.

Entre ellos se encuentra Bradley, quien logra recuperarlo, y de inmediato dispara hacia el arco, haciendo sonar la sirena, marcando el primer gol para los Demons, el resto de los jugadores celebra, al mismo tiempo que él levanta los brazos y patina con una enorme sonrisa dibujada en el rostro.

En casa de Ashley, todos gritan y aplauden, al mismo tiempo que ella se levanta del sofá y salta emocionada como una adolescente enamorada, a la vez que abraza un cojín sin apartar la vista del televisor.

Observa la repetición y escucha a los comentaristas del arena, mientras que detalla la sonrisa de Bradley tras su festejo, nota su aura y todo lo que irradia, lo cual la cautiva aún más.

—Y por eso, Ruff es el chico del momento, con una medalla olímpica en el cuello, este jugador sin duda está rompiendo la liga.

No cabe duda que los Demons están felices, cuarenta y cinco puntos llevan y aún no hemos llegado a los play-off.

En hora buena para los fanáticos de los Demons y para la familia Ruff, Raven debe estar muy feliz ahora mismo.

—Oh sí, de eso no cabe ninguna duda, de hecho Raven debe estar ahí apoyándolo como siempre —agrega el otro narrador.

Tras ese comentario, Ashley frunce el ceño sintiéndose confundida.

—¡¿Qué?! ¡¿Quién es Raven?! ¡Ay por Dios! ¿Brad está casado? —inquiere preocupada—. ¡Gracie! —exclama con evidente angustia, a la vez que las comisuras de sus labios descienden—. ¿Quién es Raven? ¿Él tiene novia?

—¡No! ¡No! Tranquila cariño, Raven es su mamá —aclara Gracie, sonriéndole.

—Sí, el cuervo —añade Mason, entre risas.

Al no entender la acotación de su cuñado, Ashley decide ignorarlo y por el contrario observar a su hermana con los ojos entrecerrados.

—Pero... ¿cómo sabes que es su madre?

Justo en ese momento, Mason acababa de tomar un sorbo de su bebida y no puede evitar toser.

—Pues... —murmura Gracie, a la vez que piensa a toda prisa una respuesta, para intentar disimular que ella y su esposo hicieron una investigación exhaustiva en redes luego de conocerlo en el club de golf—.

Porque ella es medallista olímpica, fue algo muy mediático, todo mundo conoce a Raven Ruff —afirma encogiéndose de hombros, restándole importancia.

—¡Aguarda! ¡Todo el mundo no! ¡Yo no sabía! —replica Ashley—. ¿Kate, tú habías oído hablar de ella?

—Pues no… —responde comiendo una galleta—, pero la verdad es que nunca he estado muy pendiente de las noticias del deporte.

—¿Y tú, Mase? —inquiere Ashley, viéndolo fijamente.

—¡Claro! Es tremenda jugadora, ganó una medalla de oro cuando tenía como veintitantos años, era la capitana, una mujer muy ruda, por eso le dicen el cuervo.

—¿El cuervo? —cuestiona Ashley, extrañada—. Ay por Dios…

—Sí, y como se llama Raven, por eso es que también la apodan Crowven —comenta Mason—. En un apodo súper genial para una jugadora.

—¡Gracie! —exclama Ashley, angustiada—. ¿Por qué no me contaste eso antes?

—Es que no hubo mucho tiempo, además de que no pensé que fuera un dato relevante.

—¡¿Cómo no va a ser relevante?! —refuta Ashley, resoplando—.

Yo ni siquiera sabía que Brad había jugado en las olimpiadas, tampoco que era medallista olímpico y menos que su madre, mi futura suegra…

también es medallista olímpica. ¡Maldición!

Es que debe tener la vara muy alta… Me verá como que no soy suficiente buena para su hijo… —confiesa en voz baja.

—¡Qué dices boba! ¡Eres perfecta! —interviene Gracie, con seriedad.

—Es que no tengo ningún logro —añade Ashley, preocupada.

—¿Cómo qué no? Ash… te acabas de graduar de una de las más prestigiosas universidades, eso es un gran logro personal y profesional.

—Coincido por completo —añade Kate, asintiendo.

—Ay por Dios… —murmura Ashley frustrada, cruzándose de brazos—. Ahora más que nunca necesito conseguir mi certificado internación de élite y cuanto antes. ¡Maldita sea!