CAPITULO 10
Ashley se queda frente a los elevadores para pedirles una fotografía a los dos bomberos, quienes de manera amable aceptan entre risas. Ella posa en medio de ambos, luego de tomarse la selfie, se las envía a su hermana para que se quede tranquila.
Ashley
Hermana estoy indecisa...
¿Con cuál debería quedarme? Jajaja
Gracie
¡Por Dios! ¡Son hermosos! ¡Ambos se ven rudos!
Creo que con ninguno, porque ahora te gustan los niños lindos, de esos que no rompen un plato.
Ashley
¡Ay boba!
¡Claro que me siguen gustando rudos!
Después de mandar ese último mensaje, Ashley avanza hacia las escaleras para comenzar a bajarlas.
—Bien… vamos y salgamos de esto de una vez —murmura ella para sí misma, soltando un suspiro largo.
En cuanto llega al primer piso, se detiene y observa todo con detalle, a la vez que piensa.
«Okey… Allá en el medio está la mesa redonda, entonces… sí debe ser por acá.»
—Ahora… ¿cuál de los dos pasillos era? —inquiere intentando recordar las indicaciones.
Justo en ese momento, Ashley se voltea y observa a un chico saliendo por una de las puertas, con algunas carpetas en la mano.
—Oye… disculpa, me podría indicar dónde queda la oficina de recursos humanos.
—Claro, ¿busca H o B? —inquiere él, amablemente.
—B —responde Ashley, sonriendo.
—Le queda por este pasillo de la izquierda, camina hasta el final, es la tercera puerta a mano derecha, allí verás a los demás —indica el chico, señalando el camino.
—¿Los demás quiénes? —indaga Ashley, extrañada.
—Vienes por la entrevista, ¿no?
—Sí, por supuesto.
—Bueno… los otros aspirantes —aclara el chico.
—Ah… okey —murmura Ashley—. Te lo agradezco —agrega asintiendo y el chico sigue su rumbo.
«Pero qué demonios... ¿aspirantes a que puesto?» Piensa frunciendo el ceño. «Bueno… veamos qué pasa.»
Ella camina por el pasillo hasta que llega a la oficina indicada, donde hay una pequeña sala de espera con ocho sillas, de las cuales seis se encuentran ocupadas, con cuatro mujeres y dos hombres, todos vestidos de manera formal, con carpetas en sus manos.
En la sala hay un silencio total, tímidamente, Ashley toma asiento junto a una de las aspirantes, al mismo tiempo que presta atención a cada mínimo detalle, intentando despejar sus preguntas, ella observa la carpeta del joven a su lado, pero no tienen ningún escrito afuera.
De pronto, suena el teléfono de la mujer que se encuentra a su lado, quien de inmediato se levanta y sale de oficina para atender el llamado afuera, por lo que Ashley aprovecha y se corre un asiento para acercarse a uno de los chicos.
—Buenas tardes —murmura ella, un poco incómoda.
—Buenas tardes.
—Oye... perdona la molestia, ¿tú vienes para la entrevista de que puesto? Es que no se si estoy en el sitio correcto —comenta ella, con discreción.
—Para asistente administrativo de redes sociales.
—Pues… entonces te deseo la mayor de las suertes, esa no es mi rama —añade ella levantándose y camina hacia la salida—.
¿Qué carajos hago ahora? Obviamente me van a rechazar de inmediato…
es que no puedo presentarme mientras entrevistan para un puesto de redes sociales —murmura alejándose—.
Sería completamente fuera de lugar y parecería desesperada.
¡Carajo! ¡Perdí el viaje! ¡Y perdí la encerrada en el elevador! Tendré que venir otro día.
Ashley se regresa por el pasillo y en el momento que se acerca a las escaleras, observa que en un costado, están un par de chicos que venían desde el otro extremo, quienes aguardan frente al elevador. Ella desciende un par de escalones, pero se detiene y luego gira el rostro hacia ellos.
—Yo que ustedes… utilizo las escaleras, porque hay un noventa por ciento de posibilidades, de que se queden atrapados en el elevador —indica Ashley con seriedad, haciendo que ellos volteen a verla.
«¡Carajo! Ellos son los chicos que estaban en el club el otro día, ese es el que deja a la chicas sin caminar y ese otro… es el de la barba sexy.» Piensa ella, con una media sonrisa.
—Pues, noventa por ciento no suena como cien. Así que yo me aferro a ese diez por ciento, y creo que no se detendrá —bromea Stan.
—¡Yo estoy molido! ¡No subiré seis pisos por las escaleras, a menos que me cargues! —acota Dylan mirando a Ashley, justo cuando se abren las puertas del elevador.
—¿Yo? Sí claro… —replica Ashley con ironía, a la vez que le sonríe, mientras que ambos chicos se ríen y se suben.
—¡Espérenme hijos de puta! —exclama Bradley, quien aparece corriendo por el pasillo y los alcanza, subiendo con rapidez.
«¡Mierda! ¡Mierda! ¡Ay por Dios!» Piensa Ashley, al mismo tiempo que un escalofrío le recorre el cuerpo.
Ella se muerde el labio inferior mientras que observa a este chico atlético, sus labios gruesos, el hermoso cabello castaño claro, al bajar la mirada, contempla sus enormes y definidas piernas, gracias al short que tiene puesto.
—¡Ay! ¡Es hermoso! ¡Se ve tan sexy con la gorra hacia atrás! Por Dios… es que me encanta —murmura ella, aferrándose al pasamanos de la escalera.
Una vez dentro, Bradley empuja con el hombro a Dylan y comienzan a forcejear, mientras que Ashley desde afuera los escucha.
—¡Basta Brad! ¡O te denunciaré por abuso! —exclama Dylan entre risas, justo cuando el elevador se cierra por completo.
—¡Brad! ¡Se llama Brad! ¡Ay Dios! ¡Me fascina! ¿Serán atletas? —inquiere ella, frunciendo el ceño—. Sí… deben serlo, porque él tiene unas jodidas piernas de acero, además de un trasero grande y perfecto.
Ashley saca su teléfono y realiza una búsqueda en internet: “Brad jugador baloncesto Demons” y se queda unos segundos observando los resultados.
—No… no aparece, solo me muestra un tal Brad Jonas y es moreno.
Ella continúa bajando las escaleras, en cuanto llega a la mezzanina, ve dos enormes gigantografías en la pared, una con la plantilla completa del equipo de baloncesto, mientras que la otra, tiene a los jugadores de hockey. De inmediato los ojos de Ashley se abren a más no poder, asombrada.
—¡Carajo! ¿Será que juega hockey? —dice ella, acercándose a la pared para poder detallar mejor la imagen, y empieza a examinar la veintena de chicos que aparecen—.
¡Allí está barba sexy! ¡Entonces sí debe ser un jugador de hockey!
—afirma emocionada—. ¡Maldición sí es! ¡Acá está!
¡Me encanta! ¡Me provoca comérmelo a besos!
Es tan precioso… me fascina demasiado —susurra tomándole una foto a la gigantografía.
Ashley decide realizar una nueva búsqueda en internet utilizando la imagen nueva, colocando las palabras: Brad jugador hockey Demons.
—¡Sí! ¡Es él! ¡Aquí está! Santo cielo… Se llama Bradley Ruff —murmura dando pequeños saltos emocionada.
En ese momento, cayendo en cuenta de donde se encuentra, ella mira hacia los costados apenada, verificando que nadie la estuviera observando.
—Bradley… Es un nombre lindo y él es hermoso…
¡Es que me caso ya mismo contigo! —declara Ashley entusiasmada, sin apartar la vista de las fotografías en su teléfono—.
¡Bradley y Ashley! ¡Amo como se escucha!
Es que combinan tan bien nuestros nombres —añade buscando el número de su hermana en la agenda y decide llamarla.
Por su parte, Gracie y Mason se encuentran en la cocina de su casa, ambos están lavando y organizando las frutas en el refrigerador.
—Hola Ash —dice Gracie colocando el teléfono en altavoz, a la vez que se seca las manos.
—Oye hermana… ¡Ya lo decidí! ¡Me cambiaré el apellido!
—¿Qué tiene de malo Roy? —replica Gracie, riéndose.
—¡Nada! Sabes que lo amo y no me lo quitaré nunca, pero tú solo escucha esto, ¿no se oye mejor Ashley Roy Ruff?
De inmediato, Mason abre los ojos como dos platos viendo a su esposa, quien también está sorprendida.
—¿Cómo supo su nombre? —susurra él sosteniendo unas manzanas, al mismo tiempo que Gracie se encoge de hombros—. ¿Se lo dijiste? —inquiere nuevamente en voz baja y ella indignada niega con la cabeza.
—Escucha hermana… ¿no suena lindo? Nutricionista Ashley Roy Ruff. ¡Por Dios! Sí… sé que estoy delirando, pero sin duda se oye mejor que solo Roy.
—Okey… Ash no entiendo nada de nada —dice Gracie llevándose una mano al cuello, haciéndose la desentendida.
—¡Hermana! Es que el papá de mis futuros hijos, es jugador de hockey, y uno profesional, se llama Bradley Ruff.
—¡Qué! Espera… ¿estás segura? ¿Cómo supiste? —inquiere Gracie.
—Claro, muy segura. De hecho, estoy viendo en este momento una gigantografía con toda la plantilla de jugadores y allí esta él, todo sexy y tierno. ¡Maldición! ¡Se ve más hermoso uniformado! ¡Quiero llorar! En verdad me gusta… —reprocha Ashley, haciendo puchero.
—¡Ay por Dios! —exclama Gracie, a la vez que su esposo se queda atento a su lado escuchando toda la conversación.
—Es que te lo juro… mi útero quiere a sus hijos dentro de mí —afirma Ashley, riéndose.
En el instante que Mason oye esas palabras de su cuñada, se lleva una mano a la boca para intentar no estallar de risa, al mismo tiempo que Gracie si se ríe a carcajadas y le lanza una toalla a él, indicándole que haga silencio y disimule.
—Es en serio… —añade Ashley, soltando un suspiro—.
Creo que se me saldrá del vientre y buscará esos jodidos espermas por sus propios medios.
Así que… cuando veas que informan en las noticias sobre una mujer corriendo detrás de su útero, porque este está descontrolado persiguiendo a un jugador de hockey de los Demons, ya sabrás que se trata de mí.
—Eso es imposible, porque tu útero no tiene un GPS pegado al tal Bradley, o un mapa, así que aunque se salga de tu cuerpo… dudo que pueda conseguirlo, entre los miles de millones de hombres que hay en el mundo —comenta Gracie, entre risas.
—¡Te equivocas! Es que mi útero ya sabe muy bien donde está tu cuñado en este momento —indica Ashley—. ¡Maldición! ¡En serio siento que lo necesito! —confiesa riéndose tontamente.
—¡¿Qué?! ¿Y dónde está? —pregunta Gracie compartiendo una mirada con Mason, quien se come una banana mientras escucha casi sin parpadear.