CAPITULO 9 #3
—Pues… no me vas a creer, no te pongas nerviosas, ni nada porque yo estoy bien, deja a los bebes descansar tranquilitos en ese vientre calentito, resulta que esta tía…
se encuentra encerrada en el elevador del edificio de los Demons.
Pero tranquila, ya los bomberos están acá, solo es un desperfecto de las puertas, en unos minutos nos sacan —explica Ashley.
—¡Santo cielo Ash!, ¿pero si estás bien, verdad? —inquiere Gracie, angustiada.
—Sí, no te preocupes, por eso no te llamé, porque es algo que ya me dijeron que pasa por acá siempre, no es una emergencia, ni nada similar.
—¿Y cuántas personas están atrapadas contigo?
—Estoy con mi amigo Rupert, tiene una nieta hermosa que se llama igual que yo y su fiesta de cumpleaños fue de capibaras, ¿no es eso fantástico?
—Okey… se oye como que la estás pasando bien.
—Claro que sí, No te mortifiques por nada, apenas me baje, te llamo, ¿te parece? Es más, le tomaré una foto al bombero que nos saque, esperemos que sea lindo —bromea Ashley, causando que ambas se rían.
—Está bien… te amo Ash.
—Yo también te amo, hablamos más tarde —afirma Ashley finalizando la llamada, para luego voltear a ver a Rupert—. Lo siento por parecer tan entusiasmada por estar acá… es solo que no quería preocuparla, ella está embarazada.
—Está bien. ¿Dijiste bebes? ¿Son gemelos? —inquiere él, sonriendo.
—Sí, son gemelos —responde Ashley, orgullosa.
—¿Ya saben el sexo?
—Aun no, solo el obstetra, lo que sí sabemos es que ambos son del mismo sexo, de hecho haremos la revelación en las próximas semanas. Espero que sean niños, yo siento que lo son.
—Bomberos de New Jersey, ¿me escuchan? —dice una voz por el intercomunicador, interrumpiéndolos.
—Sí, le escucho —indica Rupert, después de levantarse y apretar el botón.
—Caballero, ¿cuántas personas hay atrapadas? Indíqueme edades y género —ordena el bombero.
—Somos dos, yo tengo sesenta y un años, estoy con una chica que tiene...
—Veintidós —comenta Ashley, aun sentada en el piso.
—La chica tiene veintidós años —agrega Rupert.
—¿Se encuentran bien? ¿Tienen alguna dificultad médica o para respirar? ¿Alguno presenta falta de aire?
—No, ambos estamos bien, el ventilador del aire funciona con normalidad.
—Perfecto, mantengan la calma, ya estamos efectuando el protocolo para sacarlos.
—¿Cuánto tiempo más demoraran? —inquiere Rupert.
—Acabamos de llegar, así que alrededor de unos treinta minutos —indica el bombero.
—Mierda… —murmura Rupert, llevándose una mano a la frente—. Okey… Ashley, ¿me darías un poco más de agua? —añade sentándose de nuevo en el piso.
—Claro, beba cuanto quiera, yo no tengo sed —afirma ella, entregándole el termo.
En ese momento, Ashley se da cuenta que Rupert no deja de apretar el malvavisco que tiene en la mano.
—Gracias —dice él, devolviéndole la botella.
—¿Le gustan los malvaviscos? —pregunta ella, señalando con la cabeza el dulce.
—Pues... sí —responde Rupert suspirando y negando—. Estoy tratando de dejarlos, pero es muy difícil. Y sí, ya sé que sueno como un fumador dejando el cigarro, lo que pasa es que básicamente me fascinan, y ya no debo comerlos.
—Entiendo... ¿es por lo dulce?
—Sí, es que… puedo sentarme y comerme un paquete entero, son como un vicio —confiesa Rupert.
—¿Me permite el malvavisco? Es solo para leer el contenido, ya se lo devuelvo.
Rupert sin pensarlo estira la mano para entregárselo, ella lo toma, lee la composición y tras varios segundos se lo regresa.
—Es que el azúcar genera adicción, aunque no nos demos cuenta de eso, nuestro cuerpo nos lo pide. Por lo que comprendo esa ansiedad —comenta Ashley, asintiendo.
En ese momento, Rupert recibe una llamada y la atiende enseguida.
—Ya estoy acá en el club, pero atrapado en el jodido elevador. ¿No ves a los bomberos por allí? Más bien, ve al piso cinco, has presión para que se apuren y nos saquen.
Transcurren algunos minutos mientras que Rupert sigue en la llamada telefónica, conversando acerca de nombres de atletas, a la vez que Ashley comienza a revisar su móvil, esperando. Finalmente las puertas se abren y ellos observan a los bomberos afuera.
—¡Ehhh! ¡Gracias! —grita ella, aplaudiendo—. ¡Al fin somos libres! —añade a la vez que ambos salen con ayuda de los funcionarios.
—Gracias —dice Rupert, quien estira su saco y se lo abotona, para luego comenzar a caminar por el pasillo en compañía de otro hombre vestido con traje, que lo estaba esperando junto con los bomberos.
—¡Rupert! ¡Chao! —exclama Ashley, al notar que se aleja.
—Chao Ashley —responde él, volteando a verla—. Que te vaya bien en B —agrega sonriéndole, para luego subir las escaleras.
—¿Cómo que Rupert? ¿Qué falta de respeto es esa? —inquiere indignado, el hombre a su lado.
—¿Qué demonios dices, Gio? ¿Cuál falta de respeto?
Ese es mi nombre, además… ella fue muy amable, incluso me dio agua mientras que yo me estaba asfixiando dentro de ese maldito elevador —refuta Rupert—.
Y te aviso de una vez, no pienso subirme más a ese artefacto, hasta que no venga la compañía a revisarlo.
O mejor aún, hasta poner uno nuevo —recalca con seriedad.