Pucksicle (Pucksicle 1) CAPITULO 9
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CAPITULO 9

La semana transcurre, y en la casa de los Roy, Ashley se encuentra en una de las habitaciones de huéspedes terminando de alistarse, en cuanto baja las escaleras, se encuentra con Gracie en el comedor, quien está armando el libro de recuerdo de su embarazo, también en ese momento se acerca Kate, con una bandeja llena de galletas y tazas de té.

—¡Ash! ¡Te ves súper hot con el cabello así recogido! —afirma Gracie, sonriéndole.

—Sí, pareces otra. Así te ves súper profesional —añade Kate, sentándose—. Ven, tomate un poco de té antes de irte.

—Gracias chicas —murmura Ashley agarrando la taza y bebiendo un sorbo—. Está muy rico, ¿de qué es?

—Es de matricaria —responde Kate.

—De todos los tés naturales, ese es el que más le ayuda con las migrañas —acota Gracie, a la vez que pega las fotografías de su última ecografía en el álbum.

—Entiendo... ¿y siempre tienes migrañas o solo algunas veces? —inquiere Ashley, comiendo una galleta.

—Ya lo mío desde hace algunos años es crónico, pero hay cosas que me disparan el dolor, como los sonidos muy agudos, el estrés, el desorden, también cuando hay como mucho caos que no puedo controlar —explica Kate frunciendo el ceño y niega con la cabeza—.

Por eso es que soy un poco obsesiva con el orden, solo para evitar las migrañas.

—Okey... Entonces es genial que tu preciosa casa esté tan retirada. Es muy tranquilo por acá —comenta Ashley, tomando un sorbo de la bebida.

—Sí, aunque cuando mi ex esposo y yo elegimos comprar esta casa, lo cual fue antes de que Mason naciera, yo no tenía estos dolores, lo menos que me iba a imaginar, es que al final estar tan alejada de todo me vendría tan bien —aclara Kate—. Es solitario, pero está bien para mí.

—Eso es cierto, ahora que lo dices… no recuerdo ver casi autos de vecinos, pero sí noté muchas camionetas de jardineros y de mantenimiento de piscinas —dice Ashley, pensativa—.

¿Si viven personas en las otras enormes mansiones?

¿Están vacías o embrujadas? —murmura esto último, haciendo que las tres se rían.

—¡Embrujadas! ¡Embrujadas! —exclama Kate, entre risas.

—¿Se imaginan? Sería genial para un reality show… “Las mansiones más costosas de toda New York habitadas por fantasmas de famosos” —añade Gracie, al mismo tiempo que escribe las letras M y C en el álbum, provocando que ellas se vuelvan a reír.

—Bueno… ya fuera de joda. Yo podría jurar que están vacías —afirma Ashley, tras tomar un sorbo de su té.

—Pues hermana, en todos estos años viniendo, incluso desde antes de vivir acá, cuando solo salía con Mason, yo no conocí a nadie. Los únicos vecinos que para mí existen, son Klaus, su madre Mily y Rose —agrega Gracie y Kate se ríe ante ese comentario.

—No por nada le dicen el bunker de New York —acota Kate, encogiéndose de hombros—.

La verdad no es como que compartamos con los vecinos, sí sabemos a qué familias pertenece cada mansión, pero…

honestamente podemos pasar años sin vernos.

De hecho hay famosos que solo vienen en verano, así que esas casas se pueden decir que están vacías.

—Entonces tienes mucha suerte de que tu vecina de al lado sí esté, y además que sean así de amigas —afirma Ashley—.

Ya quiero conocer a Mily, porque todas las veces que he venido, ella siempre está de viaje.

También he oído mucho de Rose, suena como alguien genial y sobre todo…

con mucha paciencia —añade mirando a Gracie con complicidad, a la vez que ambas sonríen.

—Ah sí, es que Mily se la pasa viajando. Yo la adoro, ella es mi mejor amiga y la verdad es que Rose es un amor, Klaus y Mason la aman —comenta Kate, bebiendo un sorbo de té.

Ashley va manejando su BMW rumbo a las oficinas del equipo profesional de baloncesto de los Gigantes, en cuanto llega al edificio, se estaciona y al salir del automóvil, se mira en el reflejo de la ventana, se acomoda su blazer azul marino, respira profundo un par de veces y decidida, avanza a las instalaciones llena de esperanza, positividad y entusiasmo.

Pasados treinta minutos, ella sale de las oficinas y camina de regreso a su coche, a la vez que suspira y niega con la cabeza, intentando mantenerse enfocada.

—¡Maldita sea! —exclama ella, sentándose dentro del automóvil y cerrando la puerta—.

¡Maldita sea! ¡Es el cuarto no de esta semana!

¡¿Cómo demonios voy a obtener mi certificado de élite si nadie me da la oportunidad de trabajar con atletas profesionales?

! ¡No puedo obtener la puta experiencia que necesito, si nadie me acepta!

Sintiéndose frustrada, Ashley se lleva una mano a la cabeza al mismo tiempo que resopla varias veces.

—¡Qué demonios! ¡No es justo! ¡¿Qué se supone que deba hacer?! Ya ofrecí trabajar de gratis y es que ni así me dan la oportunidad —murmura clavando su frente sobre el volante—. Solo necesito que alguien confíe en mí y me dé una oportunidad, aunque sea una muy pequeña.

Justo en ese momento, es interrumpida por el sonido de una llamada entrante en su teléfono, ella lo saca de su bolso y lee el nombre de su cuñado en la pantalla.

—Mase, hola —responde en voz baja.

—¡Hola Ash! ¿Puedes hablar?

—Sí, dime.

—Bien, te llamaba para avisarte que ya cambié lo del seguro del automóvil, tengo los papeles conmigo, te los doy en la noche.

—Okey… gracias, eres muy amable —dice ella, desanimada.

—Hey… ¿y ese tono? ¿Qué pasa? —inquiere Mason, preocupado.

—Nada... Es que… ¡Qué estos idiotas también me dijeron que no! —exclama ella, frustrada.

—¿Los Demons? —pregunta él, tragando grueso.

—¡No! ¡Los Gigantes! —aclara ella, resoplando.

—¡Entonces son unos idiotas gigantescos! Ash cariño, lo mejor siempre es lo que pasa, ese no era el sitio para ti.

—Bueno... Oye, mejor deséame suerte, solo me queda probar con los Demons, ya voy para allá —indica ella, soltando un suspiro largo.

—¡Animo y suerte! ¡Tengo mucha fe en los Demons! ¡Son mi equipo favorito! —afirma Mason, entusiasmado.

—¿Sí? Es que nunca he notado que veas baloncesto —acota Ashley, confundida—. Solo lo dices por decir.

—Bueno, aun así —replica Mason, riéndose—. Por cierto… te tengo otra noticia, le cambiaremos los rines al BMW, vi varios geniales, te los muestro ahora en la noche.

—Gracias. Mase, sabes que te amo, pero… Gracie se enojará, mejor no le hagamos nada al auto por ahora.

—¿Ya no quieres? ¿Cambiaste de opinión?

—No, claro que quiero, obvio que me gustan más los rines decorativos, pero… mejor esperamos a que nazcan los bebes. Es que no quiero que Gracie agarre una rabia conmigo, por hacerte gastar dinero.

—Tú no me estás haciendo gastar nada, sabes que yo disfruto esto, amo modificar los autos para que se vean más geniales.

—Sí, sé que disfrutas hacerlo, son como tus proyectos con los que te diviertes y es genial —afirma Ashley, riéndose.

—Está bien… esperemos entonces unos meses, pero apenas nazcan nuestros bebes, cambiamos los rines, ¿sí?

—Perfecto, ese me parece un buen plan.

—Nos vemos en la noche, éxito en tu entrevista.

—Gracias —dice Ashley, finalizando la llamada con una sonrisa en el rostro.

Una hora más tarde, Ashley conduce por el interior del estacionamiento en la sede del Club de los Demons.

Ella mira varias hileras de automóviles aparcados y decide avanzar hacia el extremo, justo donde colinda con las áreas verdes.

Finalmente se estaciona frente a un árbol, al bajarse del coche, se acomoda el blazer una vez más, revisa su peinado y hace un par de respiraciones para mentalizarse.

Luego desvía su mirada hacia el árbol, camina un par de pasos en esa dirección y nota como este se encuentra en un desnivel más bajo que el estacionamiento. Desde allí, se queda detallando todo, desde la raíz subiendo la mirada por todo el tronco, haciendo un paneo visual.

—¡Hola! —dice suavemente, con la vista enfocada en una de las ramas superiores—. Hola señorita, ¿este es tu árbol? Es muy lindo y grande.

Ashley baja la mirada, abre su bolso y saca una pequeña barra de cereales, luego la parte en varios pedazos y los deja sobre el césped, para después girarse y caminar en dirección hacia la entrada del edificio, en cuanto ingresa, se detiene frente a la recepción.

—Bienvenida, ¿en qué puedo ayudarle? —pregunta la chica que se encuentra detrás del mostrador, tecleando en su computadora.

—Buenas tardes, Quisiera por favor ir a recursos humanos.

—¿Tiene una cita?

Ashley se queda unos segundos en silencio, a la vez que piensa con el ceño fruncido.

«¿Cita? ¿Cómo que cita? ¡Maldición! ¡Ni siquiera podré hablar con nadie! ¡En los otros clubes no me pedían cita para hablar con recursos humanos!»

—¿Y bien? —inquiere la chica, al no obtener una respuesta.

«¡Miente Ash! Es que si me van a decir que no… al menos que me rechace alguien de ese departamento, y no una recepcionista.»

—Sí —afirma ella, tomándose ambas manos.

—Okey… ¿vienes por B o por H? —cuestiona la chica, tecleando nuevamente en su ordenador.

—¿Por B o por H? —repite Ashley confundida, arrugando la frente.

—Sí, por cual departamento viene —aclara la chica observándola.

—Pues... por recursos humanos —reitera Ashley, una vez más.

—Eso ya me quedó claro, ¿pero vienes por baloncesto o hockey?

En ese momento, Ashley suelta un resoplido a la vez que piensa humedeciéndose los labios.

«Ahhh… eso es lo que significa B o H… no sabía que había un equipo de hockey con ese mismo nombre.»

—Por B —responde Ashley, finalmente.

—Perfecto, camina por el pasillo, luego giras a la izquierda, donde encontrarás los elevadores, sube al primer piso y allí verás una mesa redonda grande, vuelves a girar a la derecha, tomas el pasillo del lado izquierdo, y avanza hasta la tercera puerta a mano derecha, toma asiento ahí con los demás.

—Okey… —murmura Ashley pensando, confundida.

«¿Con los demás?¿Cuáles demás?»

—¿Comprendiste? —cuestiona la recepcionista.

—Sí claro, muchas gracias —responde Ashley, para luego darse la vuelta y alejarse.