Pucksicle (Pucksicle 1) CAPITULO 7
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CAPITULO 7

Tras la discusión con Lola, Bradley opta por ir a un restaurante para comer, luego se detiene en un supermercado para comprar algunos productos, aproximadamente dos horas después de abandonar el club de golf, finalmente llega a su residencia.

En el instante en el que entra al sótano, nota al chico del vallet parking en su cubículo y no puede evitar negar con la cabeza.

—Maldito idiota —murmura para sí mismo, sintiéndose frustrado.

Él continúa manejando y al aproximarse hacia su lugar en el estacionamiento, resopla molesto cuando se da cuenta que en uno de sus puestos, se encuentra aparcada la camioneta blanca Ford Explorer Platinum de Lola.

—¡Pero qué demonios! —exclama enojado, al mismo tiempo que apaga su automóvil y coloca ambas manos sobre el volante.

Bradley resopla varias veces con la mirada fija en el techo durante unos segundos.

—Dame paciencia… Por favor dame paciencia —murmura él, moviendo el cuello de un lado al otro—. Le dije que se fuera, es que le di, dos putas horas para irse.

Él extiende su brazo hacia el asiento trasero, toma su mochila, seguidamente agarra la figura de la paleta 3D y la moneda de chocolate del asiento del copiloto, se baja del automóvil y se dirige hacia el elevador para subir a su apartamento.

En cuanto llega a su piso, el avanza por el pasillo con las llaves en la mano, se detiene frente a la puerta de su casa y se queda inmóvil y en silencio, ya que le pareció escuchar voces.

Con el ceño fruncido, acerca el oído al mismo tiempo que niega con la cabeza y finalmente abre, lo primero que ve es a una mujer joven pelirroja, la cual no conoce caminando por el living hacia el pasillo que lleva a las habitaciones.

Bradley da un paso y observa a Lola, quien aparece en la cocina acercándose a hablarle a otra mujer, está parece de mediana edad, morena y con un hermoso cabello negro ondulado. Él no puede acreditar lo que está sucediendo y nuevamente se queda inmóvil.

—¡No! ¿Por qué lo guardas? Es mejor que lo tires —ordena Lola.

—Pero... parece nuevo —responde la mujer de pie frente al refrigerador, sosteniendo en su mano la jarra de la licuadora—. Huele bien.

—Mejor deséchalo —reitera Lola.

En ese momento, Bradley en silencio, ve como la desconocida se acerca al fregadero y vierte por el desagüe el batido de fresa que se preparó antes de irse al club de golf.

—Lola… —dice él reaccionando, a la vez que levanta una de las palmas de su mano hacia arriba—.

—¡Holaaa mi hermoso Birdie! ¡Sorpresa! —exclama Lola.

Bradley de inmediato se le acerca, la toma por el brazo y se aleja con ella hacia el living, a pesar de que él intenta disimular su descontento, la señora que se encuentra en la cocina observa incómoda y de manera discreta la escena.

—Qué demonios te pasa… Saca a esta gente de mi casa ya mismo… —murmura él, sin soltar su mochila y los objetos que tiene en su mano.

—No… es que aún no han terminado, pero ya avanzaron bastante, todo está quedando impecable —afirma Lola, sonriéndole.

—Saca a esta gente ya mismo de mi casa —reitera Bradley con voz suave, pero visiblemente disgustado.

—¡No! ¿Qué demonios? Tú querías que limpiara el apartamento y eso hago —aclara Lola.

Bradley respira profundo y se aleja de ella, camina hacia la cocina, acercándose a la señora que se encuentra en el fregadero lavando la jarra de la licuadora.

—Disculpe… Hola, ¿cuánto es lo que se le debe pagar por el trabajo que está haciendo?

—Hola, pues… la tarifa por el servicio de limpieza profunda incluyendo los electrodomésticos, es de doscientos dólares.

—Okey, bien —murmura Bradley, a la vez que apoya su mochila, la paleta 3D y la moneda de chocolate sobre el mesón de la isla, luego saca del bolsillo trasero de su pantalón su cartera y toma tres billetes—.

Tenga, gracias por su servicio, pero ya no lo requerimos, allí tiene cincuenta dólares extras, por la molestia de hacerlas venir —indica entregándole el dinero.

—¡Birdie! —exclama Lola indignada desde el living, cruzándose de brazos.

Bradley al escucharla, voltea a verla por un instante lanzándole una mirada de molestia, para luego volver su atención hacia la cocina.

—Perdone… ¿no está conforme con el trabajo que estamos haciendo? —pregunta la señora, mortificada.

—No, no es eso. De hecho, me parece que está muy bien el trabajo que hicieron, lo que sucede es que en cinco minutos recibiré visitas y no puedo tener a nadie en la casa.

¡Es que ni ella puede estar acá! —aclara Bradley, a la vez que señala a Lola con su dedo índice—.

Necesito estar solo para recibirlos, así que le pido perdone las molestias y quédese con el dinero adicional.

—Es que no hemos terminado… así que me parece que no es correcto que me pague todo el servicio, cuando recién tenemos media hora trabajando —confiesa la señora, entregándole de regreso el dinero.

—No, no se preocupe —reitera Bradley, sin recibir el dinero de vuelta—.

Lo que no es correcto, es que las haya hecho venir cuando solamente tenía media hora para aprontar el apartamento, así que me disculpo y por favor, le pido que se retiren muy amablemente, pero tranquila, no hay ningún problema con el trabajo que hicieron, está todo muy bien.

—Entiendo… entonces gracias —añade la señora secándose las manos con una toalla de papel, para luego sacar una tarjeta de presentación del bolsillo de su pantalón y se la entrega—.

Acá tiene mis datos de contacto, mi nombre es Martha, por si necesita que termine el servicio de limpieza en otro momento.

Permiso… iré un momento a buscar a mi compañera, que está en la habitación principal —agrega avergonzada, alejándose de la cocina.

Bradley asiente, suelta un suspiro largo mientras que deja sobre el mesón la tarjeta que le acaban de entregar.

—¡Qué demonios! —exclama Lola furiosa, acercándose—. ¡Ya deja de mentirme! ¡Solo querías que te dejara el apartamento limpio para luego sacarme, y así poder recibir a la idiota esa que viene en camino y cogértela!

—¡Shhhh! —refuta él molesto, cruzándose de brazos y viendo hacia el pasillo avergonzado—. ¡Basta Lola!

Bradley se aleja de ella y camina hacia el otro extremo del living, justo cuando aparecen ambas mujeres por el pasillo, con todos sus implementos en las manos.

—Hasta luego —dice la pelirroja mirando a Lola, quien solo le voltea los ojos.

—Que tengan feliz tarde, nos vemos luego —añade Marta viendo a Bradley.

—Muchas gracias, hasta luego —responde él de manera amable, avanzando hacia la puerta para abrírselas hasta que ambas salen del apartamento.

Bradley no ha terminado de cerrarla, cuando Lola grita de manera histérica, a la vez que toma la figura 3D de la paleta y la lanza en su dirección, golpeándole el hombro.

—¡No! —exclama él, furioso.

Las mujeres avanzan por el pasillo hacia el ascensor, a la vez que escuchan la discusión dentro del apartamento.

—Por Dios… De verdad que Lola es toda una diva melodramática —murmura Danielle, en cuanto ambas se suben al elevador.

—Cariño… no sé qué pasó allí —comenta Martha mirándose al espejo y se peina sus rizos negros con las manos—, pero apuesto todo, a que él estaba muy enojado por algo.

—Sí. Por cierto… el chico es súper lindo —agrega Danielle, sonriendo—. Es muy atlético, pero suegra, no te pongas celosa, sabes que no cambio a tu hijo por nada del mundo.

—¡Obvio que no lo cambiarás! Mira el hermoso hijo que te dio —bromea Martha y ambas se ríen—. Cariño, ahora como “terminamos” temprano —indica haciendo comillas con sus dedos—, y nos pagaron completo hasta con propina…

—Espera —interrumpe Danielle—. ¿Nos dieron propina? Pero si no hicimos casi nada… ¡Qué rayos! ¡Eso es raro!

—Mira, doscientos cincuenta en total —afirma Martha, sacándose el dinero del bolsillo del pantalón—. Podemos pasar de una vez a comprar el pastel de cumpleaños y quiero comprarle la piscina de pelotas al bebé.

—¡Santo cielo! ¡Eres la abuela más consentidora del mundo y eso me encanta! —exclama Danielle y ambas se vuelven a reír.

De regreso en el partamento, Bradley termina de cerrar la puerta y luego se agacha para recoger la paleta 3D que Lola le lanzó, él comienza a detallarla mientras que ella continúa reclamándole completamente histérica.

—¡¿Quién demonios viene?! ¡¿Qué sucede contigo?! ¡¿Me mandas a limpiar el apartamento y ahora me corres para quedarte con otra?! —refuta ella exasperada, casi sin respirar.

Bradley por su parte, solo la ignora y sigue viendo la figura en su mano, asegurándose de que no sufriera daños.

—¡Maldita sea! ¡Ya mírame y responde! —grita Lola, furiosa—. ¡Deja ese juguete de mierda!

—¡No es ningún juguete! —replica él, indignado—. Lola… que sea la última vez que lo tocas, y que esta sea la primera y última vez que me arrojes algo. Me estás cansando —confiesa avanzando hacia el mueble aéreo donde se encuentra el televisor.

Con mucho cuidado, Bradley reacomoda algunos de los pucks memorables que tiene ahí y coloca la figura de paleta azul en el medio de todos ellos.

—¿Pero cómo demonios quieres que me ponga? Te hablo y me ignoras, solo me tratas como a una servicio. ¡No soy tu empleada doméstica!

—Ay por Dios —murmura él, resoplando—. ¡Qué absurdo!

¡Obviamente no lo eres! —exclama con desdén—.

Porque si lo fueras, este apartamento quedaría limpio cada vez que vienes y no tendrías que meter personas a mi casa a limpiar.

¡Yo no te di permiso de contratar a nadie!

¡No quiero a ningún desconocido en mi casa!

¡Eso fue un maldito abuso de tu parte! Ahora mismo, no tengo tiempo, ni ganas de discutirte eso —recalca mirando la hora en su teléfono—.

¡Maldita sea! ¡Ya vete! ¡Es jodidamente tarde!

—indica dándose cuenta que solo tiene una hora para descansar antes de irse al partido.

—¡Claro! ¡Córreme rápido porque ya llega la hija de puta con la que te estás acostando! ¡Y que te está poniendo en mi contra!

—¡Por Dios Lola! Tú misma me estás sacando de quicio, no le des el crédito a más nadie de ponerme en tu contra, tú solita tienes todo el mérito.

—Entonces... ¿quién es? ¡Ya dime! ¡Es lo mínimo que me debes!

—¡No te importa con quien salga! —acota Bradley, sacándose la camiseta y tirándola al sofá—.

¡Yo no te diré nada! Y te aclaro esto porque veo que no lo comprendes del todo, yo no te debo nada, así como tú tampoco a mí.

¿O es que acaso te hice problema cuando te fuiste en año nuevo a esquiar por tres días con Jaw y su séquito de idiotas llenos de anabólicos?

—¡Solo estuve haciendo contenido y esquiando! —refuta Lola resoplando y cruzándose de brazos—. Sabes que me invitan a esos eventos de influencers, yo no estaba solo con Jaw, éramos varios en el hotel.

—¡Sí claro! ¡Esquiando entre sus bolas! —comenta Bradley, con ironía—.

¡Por Dios Lola! ¡Tendré cara de niño ingenuo, pero no lo soy!

¡Así que no me veas la cara de imbécil! ¿O es que no sabías que varias personas me escribieron diciendo que los vieron a ustedes dos juntos a los besos en un jacuzzi?

Si hicieron eso en público... obviamente y sin lugar a dudas, te lo esquiaste varias veces de arriba a abajo en privado.

Ante esa aseveración, los ojos de Lola se abren de par en par, a la vez que se queda congelada de brazos cruzados, sin decir ni una palabra.

—Así que… ¡listo! —exclama Bradley, sacudiéndose las manos.

Él se acerca hasta la isla de la cocina, toma la moneda de chocolate del mesón y se aleja por el pasillo.

—¡Cierra la puerta cuando salgas! —exclama con fuerza, antes de encerrarse en su habitación.

Lola por su parte, se queda inmóvil en el medio del living, con los brazos cruzados, intentando procesar lo sucedido.

—Maldita sea —susurra para sí misma, a la vez que se da la vuelta y camina hacia el sofá para buscar su bolso—. ¿Quién sería el soplón de mierda? Tengo que hablar con Jaw… de seguro fue una de sus estúpidas garrapatas con músculos.

Ella camina hacia la entrada y sale furiosa del apartamento, cierra la puerta con tanta fuerza, que desde su habitación, Bradley escucha el golpe.