CAPITULO 6
Enciende el automóvil, pero antes de arrancar, revisa su teléfono, dándose cuenta que tiene tres llamadas perdidas, las cuales son una de Raven, su madre y las otras son de Lola, de inmediato decide marcarle a la primera.
—Mamá hola, vi la llamada perdida.
—Hola mi vida, ¿dónde estás que no me atendiste?
—En el club de golf, estaba distraído con los chicos y no lo escuché —explica él, quitándose los lentes de sol de la cabeza para luego peinarse el cabello con los dedos.
—Okey… ¿y ya vas para el apartamento?
—Claro que no, porque en mi refrigerador solo hay luz y agua —acota él, riéndose—. No tengo nada de comida hecha, creo que tengo que pasar a comprar algo primero y luego sí voy para allá a descansar.
—¿Pero no estás en el club? ¿Por qué no comiste allí en el restaurante? —inquiere Raven, extrañada.
—Es que se nos fue el tiempo jugando y luego conversando, además de que los chicos no planeaban comer acá, así que no me iba a quedar yo solo en una mesa almorzando como un alienado. Prefiero comprar algo para llevar y comer en el apartamento, alienado, pero en privado —bromea él, entre risas.
—¡Mi vida! ¡Tienes que tener comida hecha! No puedes andar comiendo en la calle todo el tiempo, te enfermarás.
—Es que mamá...
—Es que nada Bradley —interrumpe Raven, en tono muy serio—. Ya habíamos contratado a una cocinera y Reggie me contó que le dijiste que no la querías, que no fuera más.
—Porque es absurdo contratar a una cocinera cuando estoy tres o cuatro días de la semana fuera de casa, es innecesario.
—¡Claro! —exclama ella, con ironía—. Tan innecesario como la empleada de limpieza. Hijo… tenías una montaña de ropa sucia más grande que el lavaropa.
—¡Mamá! ¡Sabes que no me gusta tener a extraños en mi casa, menos cuando no estoy!
Y es peor aun cuando estoy ahí, porque me siento invadido, yo quiero hacer lo que quiera, estar solo sin nadie, de lo contrario no puedo ser yo mismo, es como estar con una visita indeseada —confiesa él, soltando un suspiro.
—¿Entonces tengo que ir yo a lavarte la ropa una vez a la semana? Ah… y sin olvidar la mugre de la cocina, ese refrigerador estaba del asco, hijo es que no lo limpiaste nunca desde que lo compraste. Estuve a punto de pensar que era mejor tirarlo y comprar un nuevo.
—¡Ay mamá! ¡Tampoco así! ¡No exageres! —replica él indignado, al mismo tiempo que toma la moneda de chocolate y comienza a moverla entre sus dedos.
—Hijo, aunque quisiera ayudarte, sabes que no tengo tiempo, porque estamos en temporada —acota Raven—. Solo puedo ayudarte en verano, así que, o dejas que Reggie consiga a alguien, o limpias tú o que lo haga Lola.
—¡Qué! ¡¿Qué demonios tiene que ver Lola?! —cuestiona Bradley, riéndose—. No, olvídalo, yo me arreglo solo, no quiero a nadie tocando mis cosas, ni en mi casa.
—Bueno… después no digas que estás muy cansado porque tuviste que llegar lavando ropa o limpiando luego de tus entrenamientos.
—No te preocupes mamá, yo me las arreglo.
—Si tan solo fueras más ordenado, y no llegaras desnudándote y tirando la ropa sucia en el sofá apenas entras al departamento —comenta Raven, resoplando—. Si la colocaras directo en la lavadora, ya con eso ya tendrías al menos la mitad del problema resuelto.
—¡Mamá! —exclama él, riéndose—. Yo no me desnudo al llegar a casa, exageras todo.
—Recuerda que también debes lavar las sábanas, las fundas de las almohadas, las mantas, las toallas. Por cierto… hablando de toallas, espero que el baño esté limpio para poder usarlo la próxima vez que vaya, ya que no me pondré a lavarlo. Así que organízate o déjate ayudar —recalca Raven.
—Está bien mamá —responde él, poniendo los ojos en blanco.
—Ahora que lo pienso… solo me imagino el foco de infección que debes tener en la cocina. ¡Porque tengo quince días que no voy! —exclama ella,
—¡Basta Crowven! ¡Controla tu temperamento! Estás ensañada con tu único, adorable y preferido hijo.
—¡Bradley! ¡No me digas Crowven! —replica Raven, indignada.
—Bueno mami, no me atosigues, la verdad es que estás modo Crowven y me tienes contra las tablas.
Dame un respiro. Hoy fue un día súper perfecto para mí, por cierto, hace un rato me hiciste ganar dos puntos en un juego —comenta él, sonriendo—.
Así que no estés de enojona conmigo, porque te amo, aunque… seas un cuervo.
Bradley finaliza la llamada con su madre antes de que ella pueda contestarle algo, luego revisa sus mensajes, dándose cuenta que tiene cuatro sin leer de Lola.
Lola
¿Piensas atender mis llamadas o no?
Hola????
Ya te llamé veinte veces y no me atiendes, ¿es que estás cogiendo con otra? ¡Eres un idiota! ¡Puedo estar muriéndome y a ti no te importa!
¡Okey! ¡No respondas! Ya mismo me voy al apartamento porque tienes que bañarte antes de ir al arena. No me vas a ignorar.
—¡Por Dios! —exclama Bradley, exasperado—. ¿Qué le pasa a esta mujer hoy? Está como desquiciada.
Bradley
¡Estaba con mi mamá! ¿Cuál es la jodida urgencia?
Ah sí, ya sé. ¡Estás muriéndote sin mi polla!
Te la meteré a la boca a ver si te calmas un rato.
Oye, no puedo cogerte hoy, voy retrasado, así que iré
a dormir y me voy al arena. No vayas al apartamento.
Bradley envía los mensajes y no ha terminado de soltar el teléfono, cuando Lola de inmediato lo llama.
—¿Para qué carajos me llama? —refuta él molesto, desviando la llamada y dejando el móvil a un lado—. ¡Acabo de escribirle!
Unos segundos más tarde, el teléfono nuevamente vuelve a sonar, por lo que Bradley voltea hacia el asiento del copiloto, leyendo el nombre de Lola en la pantalla.
—¡Pero qué demonios! —resopla él, a la vez que niega con la cabeza—. Sabe que no me gusta que me llamen, ¿para qué me molesta si no es una emergencia?
Él una vez más desvía la llamada, al mismo tiempo que estira su cuello de un lado al otro colocando sus manos sobre el volante, en cuanto se dispone a retroceder, su teléfono vuelve a sonar.
—¡Maldita sea! —exclama con vehemencia y toma su móvil, atendiendo la llamada—. ¡¿Qué demonios pasa?! ¡¿Estás desangrándote o algo así?!
—¡¿Dónde rayos andas metido?! ¡Acabo de entrar al apartamento y aquí no estás!
—¡Lola maldita sea! ¡Te dije que no fueras! —replica él, furioso—. ¿Es que no entendiste?
—Ya estaba llegando, me estacioné en el sótano y el valet me dijo que tú no habías venido en todo el día.
¡¿Dónde demonios estás metido?! ¡Y no me mientas más!
¡No estás con Raven porque sé que ella se encuentra en New York, no acá en New Jersey!
¡Así que la próxima vez invéntate otra historia más creíble!
—¿Sabes qué? Solo avísame cuando te vayas de mi casa, yo necesito estar tranquilo, tengo un puto juego en unas horas. ¡No tengo cabeza para esta estupidez! ¡No me hagas perder el tiempo!
—Pues yo no me iré, acá te espero —enfatiza ella, con un resoplido.
—¡Maldita sea Lola! ¡¿Qué demonios es lo que quieres?! En serio, no tengo tiempo para tus dramas sin sentido, me estás cansando.
—¡Si claro! ¡Yo te estoy cansando! —exclama ella, con sarcasmo—. ¡Será que estás cansado pero de venir de coger con otra!
—¡Pues sí! ¡Adivinaste! ¡Acabo de cogerme tres veces al puto amor de mi vida!
—afirma Bradley—. ¿Cuál es tu maldito drama con eso?
¡Cógete a tus seguidores! ¡A tu amigos influencers!
¡O al puto valet de mierda! ¡Al cual es evidente que traes como embobado, para estar dándote información sobre mis horarios de entrada y salida de mi puta casa!
—¡No seas idiota!
—Lola, en serio, ya vete, yo iré a bañarme y a dormir, no quiero verte hoy —dice Bradley bajando la voz, intentando controlar su enfado.
—¡Ah! ¡¿No quieres verme hoy?! ¡Pues no me iré a ningún lado! —replica Lola—. Y para que te quede claro, nos vamos juntos al arena.
—¡No! —indica Bradley, poniendo los ojos en blanco y agarrándose la frente—.
No me iré contigo, no te quedarás en mi casa, no quiero verte hoy y mucho menos quiero cogerte.
Asi que no pierdas el tiempo quedándote allí.
¡Es más! ¡Si estás ahí cuando llegue, será mejor que hayas estado lavando los dos baños y limpiado la puta cocina!
¡Ya que cada vez que vas para allá, mi casa solo queda más sucia que antes!
—declara enojado—. Ni siquiera lavas un maldito vaso, es que ni eres capaz de botar la basura en su lugar, dejas todos los empaque de comida, bolsas y paquetes abiertos sobre la mesa, como si yo tuviera una sirvienta que recogiera tu desastre.
Así solo vayas una hora a visitarme, no sé cómo lo haces, pero mágicamente llenas toda mi habitación de tazas y vasos sucios, ni hablar de las malditas pestañas falsas que dejas por todos lados.
¡Y no olvidemos que las fundas de mis almohadas parecen un puto carnaval impregnadas de maquillaje!
¡Ya no tengo ni una funda blanca decente!
¡Todas están manchadas! Así que… ¡O te vas de una vez, o te quedas solo para limpiar todo el cochinero en el que conviertes mi maldito departamento! —exclama él terminando la llamada.
Entre tanto en el Club de Golf, Ashley y Klaus al terminar todos los trámites en recursos humanos, regresan a la mesa donde se encuentran Mason y Gracie comiendo.
—¡Listo! —exclama Ashley, sentándose junto a su hermana—. ¡Por Dios! Eso se ve rico.
—Sí, está divino, pide una, es la pasta pomodoro —comenta Gracie, al terminar de masticar un bocado.
—¡Eso cuñada! ¿Entonces ya podemos celebrar? —inquiere Mason, al mismo tiempo que Klaus toma asiento.
—Pues sí, ya tengo trabajo —afirma Ashley sonriendo, agarra un cubierto de la mesa y toma una de las albóndigas del plato de su hermana—. Por algún lado tenía que empezar —añade con resignación, comiendo el bocado—. ¡Gracie! —exclama con la boca llena quitándole el cubierto de la mano.
—¡Que! —replica Gracie confundida, mientras que los chicos las observan extrañados.
—¡No puedes comer esto! —dice Ashley—. ¡Tiene queso azul!
—¡Ay por Dios! Ash… lo olvidé, simplemente no me di cuenta —aclara Gracie preocupada, tocándose el vientre.