CAPITULO 4
Dentro de una de las oficinas administrativas, se encuentran reunidos Ashley, Klaus y Bernard, quien es el gerente general del club de golf.
—Entonces Ashley, cuando te refieres a este programa completo para los golfistas, ¿me podrías especificar detalladamente que aspectos involucra?
—Sí claro señor Bernard, mi plan no solo incluiría el asesoramiento y trabajo directo con los chefs del club, para las comidas de pre y post entrenamientos en búsqueda de la recuperación muscular, sino que también cubriría un protocolo de hidratación y energía durante el recorrido de los dieciocho hoyos, además de la evaluación antropométrica de cada atleta —explica ella detalladamente, a la vez que Klaus sonríe sutilmente, sintiéndose orgulloso.
—¿Evaluación antropométrica? ¿Te refieres a medidas, o algo de eso? —inquiere Bernard.
—Exacto, yo tengo la capacidad de hacer mediciones de masa y grasa muscular, de esta manera con un plan adecuado, poder ajustar el peso a la movilidad y estabilidad que por ejemplo requiere el hacer swing en este deporte.
—Okey… eso se oye bastante interesante —comenta Bernard, sonriendo—.
Aunque no te mentiré, salvo los meses en que tenemos torneos ya sean nacionales o internacionales, durante el resto del año, nuestros golfistas no son profesionales de élite, son amateur, retirados o chicos que vienen a divertirse por hobby.
Lo que quiero decir, es que no es que se encuentren en óptimas condiciones físicas, ¿si tienes presente eso?
—Sí, por supuesto, yo soy consciente que no todos son atletas, pero como nutricionista, estoy perfectamente capacitada para ajustar estas medidas a cualquier rango de nivel físico y de edad —acota Ashley—.
Lo importante al final del día es la salud de cada deportista, con algunos cambios y sugerencias, hacerles tener una mejor calidad de vida, créame que con mejorar la hidratación mientras juegan, podrían notar una diferencia abismal al finalizar el último hoyo.
—En eso estoy de acuerdo, eso me pasa, por concentrarme en el juego, me olvido por completo de la hidratación y luego cuando estoy en los últimos hoyos, es cuando recuerdo que no he tomado nada —afirma Klaus.
—Lo haces cuando ya es tarde y te encuentras deshidratado, con fatiga e incluso tienes perdida de distancia en tu swing —agrega Ashley—.
Ahí lo correcto sería que dos horas antes del partido, ingieras por lo menos quinientos mililitros de agua isotónica, y luego durante el juego, debes beber ciento cincuenta mililitros cada veinte minutos.
Aún y cuando no sientas sed, alternando en cada toma agua con bebidas isotónicas.
—Bueno… ahora lo sé, es que como no soy profesional, no tenía esa información —comenta Klaus, con una sonrisa—.
Oye Bernard… ¿por qué no habíamos contratado antes a una nutricionista?
Me parece que estas son cosas que un club de golf de élite debería tener cubiertas, sin importar que los jugadores sean socios de setenta años, adolescentes o profesionales.
Todos deberíamos poder rendir lo mejor según nuestras capacidades físicas.
—Tienes toda la razón —afirma Bernard—. La verdad es que no sé porque no habíamos contratado antes a un nutricionista, solo los hemos tenido en los torneos como exigencias de algunos jugadores que los traen en su equipo.
Aunque eso ya es cosa del pasado, ahora estoy ansioso por comunicarles a los socios nuestro novedoso programa para el rendimiento, el cual estará a cargo de nuestra nueva nutricionista —declara con una enorme sonrisa.
En ese momento, la cara de Ashley se ilumina, a la vez que comparte por un instante una mirada cómplice con Klaus.
Mason continúa afuera sentado en la mesa, bebiendo un sorbo de su jugo cuando de pronto, observa a los lejos que Ashley y Klaus vienen de regreso.
—¡Mierda! —exclama levantándose a toda prisa—. ¡¿Ahora que carajos hago?! Esa fue una reunión fugaz… ¡Maldición! ¿Será que no le dieron el puesto?
Mason toma una de las pelotas de golf y la arroja hacia la mesa donde se encuentra Bradley, esta rebota sobre uno de los platos frente a los chicos, causando que todos volteen hacia los lados, para intentar averiguar de dónde vino.
—¡Aquí! ¡Aquí! —murmura Mason, a la vez que toma otra pelota y la tira con rapidez.
—¡Qué demonios! —exclama Bradley, al sentirla golpear su hombro y los chicos se ríen.
Finalmente Gracie se voltea y se da cuenta que Mason le está haciendo señales con la mano.
—Chicos… me llama mi sexy esposo, tengo que ver qué sucede, aunque quizás solo esté celoso —bromea ella levantándose, haciendo que los tres se vuelvan a reír.
En cuanto Gracie se aleja, Bradley agarra su teléfono y le toma rápidamente una fotografía cuando ella estaba de perfil.
—¡Qué demonios! En serio te gustó… —murmura Stan.
—¡Carajo! ¿Es que te gustan casadas? —inquiere Dylan, sorprendido, al mismo tiempo que Bradley solo observa la imagen, incluso le hace zoom a la pantalla.
—¡Eso! ¡Ahora te excita ser el amante joven que corre riesgos y esquiva la muerte de manos de esposos celosos! —bromea Stan, haciendo que los tres estallen en carcajadas.
Gracie comienza a caminar a paso apresurado de regreso a la mesa donde se encuentra su esposo.
—¡Qué demonios amor! ¡¿Ahora atacas a pelotazos a mis presas?! —exclama ella, sonriéndole.
—¡Shhh! —replica Mason, riéndose—.Ya siéntate boba, yo cumplí con mi parte de vigilar, allí vienen los chicos.
Gracie mira hacia un costado, notando que Ashley y Klaus se encuentran a tan solo unos metros de distancia, por lo que de inmediato toma asiento, intentando disimular la situación.
En la mesa de los chicos, Bradley se inclina hacia adelante y les muestra la foto de Gracie a sus amigos.
—Oigan chicos… necesito su ayuda. Díganme algo, ¿esa pancita que se le ve a ella, les parece de embarazada o solo de gordita? —murmura haciéndole zoom a la imagen.
—¡Qué demonios! —exclama Dylan, riéndose.
—¡Por Dios! ¡Ahora eres tú el que quiere sobrinos! —añade Stan, entre risas.
—¡Ya! ¡No sean idiotas! —refuta Bradley, sin poder dejar de reírse—. Solo díganme, ¿está embarazada o no?
Ellos tres comienzan a detallar la fotografía, a la vez que debaten sus teorías muy concentrados, entre bromas y más risas.
Finalmente Ashley y Klaus llegan a la mesa, y se quedan de pie a un costado.
—Se te ve contenta —comenta Mason, viéndolos.
—¡Hermana! ¡Ya dinos! —exclama Gracie, expectante.
Ashley se queda unos segundos inmóvil, hasta que asiente con una sonrisa en el rostro.
—¡Bravo cuñada! ¡Te amamos! —dice Mason, emocionado—. ¡Eres increíble! ¡Te mereces todo lo mejor de este jodido mundo!
—¡Eso Ash! ¡Es fantástico! ¡Tú primer trabajo como profesional! —agrega Gracie.
—Gracias chicos, yo también los amo a los dos. Saben que son todo lo que tengo y lo que más quiero en mi vida —afirma Ashley.
—En un rato celebramos —interviene Klaus—. Ahora tengo que llevármela a la oficina de recursos humanos, para hacer todo el papeleo, el contrato, le entreguen la credencial del club, entre otras cosas —explica tomándola del brazo.
—Sí, solo quise pasar primero para avisarles y que supieran las buenas nuevas, quizás nos demoremos un poco, pero después vengo por mis margaritas —declara Ashley, con una sonrisa.
—Anda tranquila hermana, y tú Klaus… encárgate de que le paguen muy bien, no le vayan a estar poniendo un sueldo paupérrimo —indica Gracie, con seriedad—. Mira que Ash tiene que terminar de pagar cuanto antes su nuevo auto, sino se la comerán los intereses, no quiero que esté endeudada con nada.
—No te preocupes que yo me encargo —dice Klaus, para luego alejarse con Ashley hacia el edificio administrativo del club.
—Amor... ya pasó un mes, ¿sigues en desacuerdo por lo del automóvil nuevo? —inquiere Mason, suavemente.
—Pues sí, es que… no era necesario que se comprara un coche del año y que se endeudara así —confiesa Gracie—.
Y no la defiendas mi vida, sé que la apoyas con eso y en verdad te lo agradezco —añade tomándole la mano—.
Es lindo que Ash sepa que tiene una figura masculina quien la respalde cuando lo necesita.
—Amor, yo siempre la apoyaré, sabes que la adoro desde que ella tenía once años, es la hermana que nunca tuve, y bueno…
no te mentiré, sí quería hacerla feliz porque se había graduado.
Así que mejor premio y regalo que pueda andar en el automóvil de sus sueños.
Y por lo de los intereses no te preocupes, sabes que no se los cobraré, es más, yo se lo hubiese regalado, pero ya sé que no estás de acuerdo, porque no queremos que crea que puede tenerlo todo fácil.
—Entiendo. Bueno… por lo menos lo pagaste tú, prefiero que te lo deba a ti, a que esté endeudada con el banco u otra institución —afirma Gracie.
—Claro mi vida, me conoces, sabes que no la dejaría que se endeudara así y menos cuando en ese momento, ni siquiera tenía un trabajo o una entrada de dinero estable —agrega Mason, dándole un beso en la mano—.
Tranquila, que Ash me lo pagará de a poco, mes a mes, ya eso lo acordamos, tú no te preocupes por nada.
—Okey —suspira Gracie y toma un sorbo de jugo—. Es que yo la entiendo, ella apenas tiene veintidós años, yo a su edad también tomé malas decisiones económicas.
De regreso en la mesa de los chicos, Bradley continúa con la vista fija en la pantalla de su teléfono, mientras que realiza una búsqueda,
—Entonces… ¿qué demonios? ¡Explícanos! ¿Es que ahora tienes fetiches con embarazadas o qué carajo? —inquiere Stan, haciendo reír a sus amigos.
—¡Maldición Brad! De verdad es que lo menos que me imaginé, es que tu predilección en el porno estaba encabezada por MILF’s y embarazadas —acota Dylan haciendo que los tres estallen de nuevo en carcajadas.
—¡Ya cállate idiota! ¡No soy un depravado y no tengo gustos tan raros! —aclara Bradley, para después regresar su mirada a su teléfono—. ¡Yo sabía! ¡Lo sabía! —afirma luego de unos segundos y levanta la vista hacia los chicos—. ¡Sí está embarazada!
—Espera… ¿cómo supiste? —pregunta Stan, frunciendo el ceño.