CAPITULO 3 #2
—Pues… yo soy su hermana mayor, y al lado de ella…
yo soy como un seis. Sin duda de las dos, ella es la hermosa y la más inteligente.
Se acaba de graduar de una prestigiosa universidad, y ahora mismo está en una entrevista de trabajo, así que por eso no se las puedo presentar —explica Gracie—.
Pero antes de pensar en presentaciones, Brad…
primero necesito saber si tendrás el privilegio de conocerla, así que…
—comenta halando la cuarta silla en la mesa y tomando asiento—.
¿Estás listo para empezar con la entrevista?
Te aclaro, esto no es para ser novio, ni nada de eso, yo solo busco buen material de cuñado, si eres bueno para uno y no para lo otro…
entonces tienes que estar claro que yo de igual forma te descartaré, así —truena los dedos de su mano—. En un santiamén.
Los tres chicos comparten miradas entre ellos, al mismo tiempo que se rien.
—Sí… estamos listos —responde Stan, a lo que Bradley nuevamente le saca el dedo del medio entre risas.
—En ese caso, aunque ya se tu nombre, hay que ser formales. ¿Cómo es tu apellido? —inquiere Gracie.
—Espera… ¿no sabes mi apellido? —replica Bradley, incrédulo.
—No… ¿es que acaso viste un letrero de vidente sobre mi frente? —bromea Gracie.
—¿En serio no lo sabes? —reitera Dylan, sorprendido.
—Pues no, repito que no soy vidente —recalca Gracie, riéndose.
—Bueno... en ese caso, mi apellido es Ruff —dice Bradley.
—Bien Señor Ruff, ahora dime, ¿qué estudias? ¿O ya te graduaste?
Tras esas preguntas, los tres chicos se miran nuevamente entre ellos, a la vez que se vuelven a reír al unísono.
—¿Cuál es el chiste? —indaga Gracie, confundida.
—Oye… —murmura Bradley, entrecerrando los ojos—. ¿No sabes qué hago? Es decir, no quiero sonar engreído, pero... es que pensé que te habías acercado porque nos reconociste. ¿De verdad no me habías visto antes o a alguno de ellos?
—¡Ay por Dios! ¡Claro que no los había visto antes! ¡Maldición! ¡No me digan que son influencers o nepo babies! Porque sí es así… terminaremos la entrevista, lo siento, pero no quiero un cuñado así de pretencioso —afirma Gracie en voz baja, causando que los tres chicos continúen riéndose.
—No, claro que no los somos —responde Bradley entre risas, al mismo tiempo que toma la moneda de la mesa y la gira entre sus dedos.
—Aunque pensándolo bien… tú sí eres un poquito nepo baby —agrega Dylan, quien junto a Stan se ríe.
—¡Que hijo de puta! ¡No lo soy! —aclara Bradley, indignado.
—La verdad es que… yo también creo que sí. Al menos, eres como la mitad nepo baby —recalca Stan.
—¡Ay por Dios! ¿De quién eres hijo? —inquiere Gracie, intrigada.
—Eso no cuenta como nepo baby —refuta Bradley—.
Mi mamá fue atleta profesional cuando joven, y aunque sí, fue muy talentosa, pues...
ya sabes cómo la sociedad, no apoya los deportes femeninos de la misma manera que los masculinos, ella ganó una medalla olímpica en los noventa, pero no es como si hubiese vivido de esa fama, ojala lo hubiese podido disfrutar más y que más gente la reconociera, pero no es la realidad.
—¿Una medallista olímpica? —inquiere Gracie, asombrada—. ¡Eso es genial! ¿En qué deporte? ¿Voleibol? ¿Baloncesto?
—No, en el mismo que el mío —responde Bradley.
—Ah… ¿es que eres deportista? —replica Gracie, frunciendo un poco el ceño.
—Espera, pensé que bromeabas. ¿En realidad no sabes que somos jugadores profesionales? —indaga Bradley.
—No —afirma Gracie, con tranquilidad—. Claro… ustedes son golfistas, por eso están acá —deduce y los tres chicos se ríen.
—Pues sí, y yo soy el mejor —declara Stan.
—¡En tus sueños! —refuta Dylan—. Si nos inscribimos en un torneo ahora mismo, apuesto lo que sea a que yo te gano.
—Entonces... ¿no son golfistas? —pregunta Gracie.
—No, aunque sí nos gusta el golf. En realidad somos jugadores profesionales de hockey —acota Bradley.
—¡Ay por Dios! ¡Tu madre jugaba hockey! ¡Eso es tan, pero tan genial! —exclama Gracie, emocionada—. Nunca conocí a una chica que jugara un deporte tan rudo. Es fantástico. Te daré dos puntos extras solo gracias al talento de tu madre, así que agradécele mucho la próxima vez que la veas.
—Perfecto —murmura Bradley, riéndose—. ¿Y te entusiasma más la idea que mi mamá sea jugadora de hockey al hecho de que nosotros lo seamos?
—Mmm… tienes razón Brad, solo me dejé llevar por el momento —comenta Gracie, sonriendo—.
Honestamente, lo primero que pensaron mis neuronas, fue en lo increíble que sería para un niño tener una abuela jugadora de hockey, y no en lo genial que sería para mis sobrinos, tener a un padre que sea jugador profesional de hockey.
Los chicos vuelven a verse entre ellos mientras que se ríen una vez más.
—Entonces… ¿te gustan los niños? —inquiere Bradley.
—¡Aguarda! —interrumpe Gracie—. Las preguntas acá las hago yo, no tú, ¿si lo recuerdas? Pero sí, me gustan los niños. ¿Y a ti? ¿Cuántos sobrinos estás dispuesto a darme? ¿Engendraras niños o niñas?
Ellos no pueden evitar estallar en carcajadas al escucharla hablar con tanta seriedad.
—La verdad es que sí me gustan, pero no quiero niños ahora —acota Bradley—. Aunque si lo que buscas es tener sobrinos con rapidez, pues te aconsejo que los entrevistes a cualquiera de ellos dos —añade señalando a sus amigos.
—No hay apuro —aclara Gracie, sonriéndole—. ¿Tienes un padre? De ser así… ¿a qué se dedica?
—Sí tengo un padre presente, es abogado y socio en un bufete —responde Bradley.
—Siguiente pregunta, ¿si tuvieras que elegir entre ser feliz o ser exitoso, que elegirías?
—Espera… ¿es capciosa? —inquiere Bradley entrecerrando los ojos, a la vez que piensa por un segundo—. Elegiría ser feliz y exitoso claro.
—Aunque a veces, se es exitoso e infeliz —acota Gracie.
—Es cierto, yo creo que ahora mismo soy exitoso y me siento feliz. Asi que no me imagino siendo lo uno sin lo otro, no lo veo muy compatible —comenta Bradley, encogiéndose de hombros.
—Okey... entonces en ese caso, eres uno de los pocos afortunados —afirma Gracie.
—¿De los pocos? —indaga Bradley, extrañado.
—Sí Brad, conozco un montón de gente que entrarían en la definición de exitoso, porque tienen fortuna, influencia, lujos y aun así, son infelices. Es como dicen por ahí, no todo lo compras con dinero, fama o prestigio —comenta Gracie, con seriedad.