CAPITULO 3
Las chicas continúan durante un rato cuchicheando en la mesa, entre risas y miradas furtivas hacia donde se encuentra el trio de hombres en la distancia.
—Bueno… ¿estás lista? —interrumpe Klaus mirando a Ashley.
—Sí, vamos —responde ella, tomando su bolso del respaldar de la silla—. Salgamos de eso, si me van a rechazar… pues que me lo digan de una vez. Así vengo y mato mi despecho laboral con unas margaritas sin alcohol —añade levantándose.
—¿Cual rechazar? —inquiere Klaus, indignado—. ¡Ashley! Mi familia es de las fundadoras de este club de golf, nadie te dirá que no, ese cargo ya es tuyo.
—Gracias por tu optimismo, aunque te recuerdo que “ese cargo” —dice ella haciendo comillas—.No existe, porque no tienen ningún nutricionista en el club.
—¡Exacto! —interviene Mason—. Ahora sí la tendrán, Ash mira a tu alrededor, todas estas personas en su mayoría, tienen chefs o cocineros personales en sus casas, ¿no crees que les parecerá fantástico tener una estupenda nutricionista disponible para ellos acá en el club?
—Eso es cierto Ash, mientras más servicios tengan para ofrecerles a los socios, pues es mejor para ellos. Así tienen contentos a todos. ¡Animo mi vida! —agrega Gracie, sonriéndole.
—Okey... entonces vamos. Necesito concretar al menos una cosa hoy —comenta Ashley, compartiendo una mirada de complicidad con su hermana, para luego voltear a ver por un instante a Bradley, quien se encuentra sentado a dos mesas de distancia.
Una vez que Klaus y Ashley se alejan, Gracie estira el brazo hacia el arreglo de dulces que se encuentra en el medio de la mesa y toma una moneda de chocolate dorada.
—Amor... deséame buena suerte.
—Okey… —murmura Mason entre risas, para luego beber un sorbo de su té—. ¡Buena suerte! Pero… ¿para que la necesitas?
—Es que voy a encarar a un guapo chico, quizás… el más hermoso que hay, luego de ti claro —acota esto último guiñándole el ojo.
—¿Te vas de cacería frente a tu guapísimo esposo? ¿Qué clase de fetiche raro es ese? ¿Acaso es algo hormonal? Avísame cuando dura esa etapa —bromea Mason, y ambos se ríen.
—Pues sí, aunque creas que estoy jugando, la verdad es que me voy de cacería ya mismo —declara Gracie, sonriéndole.
—¡Amor! ¡Deja de estar inventando! ¡No voy a hacer ningún trio con nadie! ¡Y menos con otro hombre!
—Ahhh... ¿no con otro hombre? ¿Pero sí con otra mujer?
—Bueno… eso no fue lo que quise decir —aclara Mason, entre risas—. Mejor dicho, no hare tríos con nadie. No te compartiré con ningún género, ni de este planeta, ni de ningún otro.
—Perfecto, eso me parece genial, porque la verdad es que yo tampoco dejaré que ningún hombre, mujer o extraterrestre, le meta mano a mi chico —afirma ella y ambos se rien—. Nadie te va abducir a ningún lado.
—¡Ay por Dios! —exclama Mason, entre risas—. Ahora lograste que cada vez que escuche las palabras “extraterrestre" o “abducir” me acuerde de esta conversación, y me estaré riendo solo.
—Pues ojala que en ninguna de tus juntas, nadie diga esas palabras. Es más… yo que tú, iría redactando un memo, para pedir eliminarlas de la jerga cotidiana desde ya, antes que te descompongas de risa un día de estos, en el momento menos oportuno —declara Gracie, levantándose.
—¡Hey! ¿A dónde crees que vas? —cuestiona Mason, rojo de tanto reírse.
—Ya te dije… me voy de cacería —repite Gracie, sonriéndole—. Voy por un hermoso, alto y atlético chico.
—Okey… en serio enloqueciste. No hay duda alguna. ¡Ya! ¡No seas mala! ¿Me dejaras solo mientras te vas a coquetear con otro? —inquiere él, haciendo puchero.
—¿Quién hablo de coquetear? ¡No coquetearé con mi futuro cuñado! —aclara Gracie—. ¿Qué clase de mente retorcida tienes?
—¿Ahhh? ¿Con tu cuñado? —pregunta Mason, confundido.
—Claro. Iré a arreglar ya mismo el matrimonio de Ash.
—¡Ay por Dios! ¡Que no te escuche Klaus! Ya dime… ¿quién es el afortunado?
—En primer lugar, él ya perdió su oportunidad, ¿quién lo manda a ser tan idiota? —acota Gracie—. Y en segundo lugar, es el hermoso chico que está sentado allá, a dos mesas a mi derecha. ¡Sé disimulado! —añade esto último apresuradamente.
—Okey… lo seré —susurra él, a la vez que gira su rostro hacia ese lugar—. Amor, pero… hay tres chicos. ¿Cuál es?
—El de blanco
—¡Boba! Todos tienen camisetas blancas.
—Ya sé, solo bromeaba. Es el chico lindo, el que tiene los lentes oscuros en el cabello.
—¿Qué?! ¡Pensé que nombrarías al de barba perfilada! ¡O incluso al otro tiene cara de fuck boy! —exclama Mason, sorprendido.
—Ya sé… —afirma Gracie, entre risas—. Pero resulta que Ash se enamoró de ese, del niño de mamá.
—¿Se enamoró? —pregunta él, riéndose.
—Sí, está flechada, aunque… justo en este momento lo odia, porque seguro tiene a tres millones de novias o algo así. Entonces… necesito saber ya mismo, si es material de cuñado o no. Amor… tú vigila que Ash no me vea, en caso de que ella aparezca, te encargas de distraerla.
Gracie se da la vuelta y se aleja, mientras que Mason no deja de reírse por lo bizarro de la situación, y presta especial atención a todo lo que hace su esposa.
—Buenas tardes chicos —dice Gracie con una sonrisa, al llegar a la mesa.
En cuanto la escuchan, los tres hombres dejan de conversar, levantan la mirada y es cuando la observan allí de pie, con su vestido azul, bohemio y holgado, de estampado floral.
—Hola —saludan ellos, al unísono.
—Pues... sé que esto les sonará raro, pero es que tengo una pregunta para ustedes.
—Okey… Una pregunta rara, por una respuesta rara. Me parece justo —bromea Stan y los demás se rien.
—Bueno, es que… solo quiero saber si tienes novia —pregunta Gracie, mirando fijamente a Bradley, quien por estar detallando el estampado floral del vestido, no se percató que era con él.
—¡Qué gran pregunta! —exclama Dylan, dándole un codazo a su amigo.
En ese instante, Bradley se da cuenta que Gracie lo está mirando a él.
—¡Sí! ¡Ya cuéntanos! —añade Stan, a la vez que come unas papas fritas—. ¿Cuántas novias tenemos actualmente?
—¿Novia? —repite Bradley con una tonta sonrisa.
—Sí, novia... ¿tienes o no? —indaga Gracie.
—¿Por qué quieres saber? —cuestiona Bradley.
—¡Ay por Dios! ¿Te encaran y respondes así? —interviene Stan.
—¡Que viva el feminismo! ¡Amo las mujeres empoderadas que van tras lo que quieren! —exclama Dylan, riéndose—. Lamentablemente, muchos idiotas no ven las señales.
—No es eso —aclara Gracie entre risas, al mismo tiempo que extiende la mano y muestra su anillo de bodas.
—¿Entonces? —inquiere Bradley confundido, con las risas de sus compañeros de fondo.
—Solo intento saber si serías un buen cuñado, pero no voy a entrevistarte si ya tienes novia —explica Gracie—. ¡Eso te descartaría y serías pésimo material para cuñado! ¡Te descalificaría de inmediato!
—Ah… ¿me entrevistarás? —pregunta Bradley con timidez, para luego unirse a las risas de sus amigos.
Los chicos están encantados con Gracie, quien con su carisma y su gran personalidad extrovertida, logró capturar la atención de ellos.
Desde la otra mesa, Mason disfruta ver a su esposa en el papel de casamentera, arreglando el futuro matrimonio de Ashley, escuchando solo las risas.
—¿Cuánto será el dote que tendremos que pagarle a la familia del novio en este arreglo? —bromea él, para sí mismo—. Santo cielo… Ash va a enloquecer cuando sepa lo que está haciendo su hermana.
De vuelta en la mesa de los chicos.
—Sí, pero antes de continuar, tienes que responder... ¿tienes novia o no? —repite Gracie con seriedad, a la vez que extiende su brazo derecho, con la palma hacia arriba y el puño cerrado.
—¡Ay Brad! ¡Ya respóndele! ¡Mira que te vas a ganar un puño! —bromea Stan y los demás se rien.
—¡No lo golpearé! ¿Acaso creen que estoy loca? —replica ella, entre risas—. Entonces… así te llamas, por cierto mi nombre es Gracie. Brad, te daré esto que está dentro de mi mano, pero solo después que respondas.
—Okey… estás comprándolo, buena estrategia —agrega Dylan, riéndose—. ¡Brad! ¡Ya responde! ¡Yo no me pienso ir de acá hasta ver que tiene allí dentro! —declara señalando el puño cerrado de ella.
—Pues —murmura Bradley sonriendo tontamente, a la vez que vuelve a detallar una vez más el vestido de Gracie—. Yo no tengo —dice viéndola a los ojos.
—¡Uhhhh! —exclaman Stan y Dylan al unísono, dando pequeños golpes a la mesa con sus manos.
—Perfecto, eso quiere decir que podemos proseguir con la entrevista —comenta Gracie, cruzándose de brazos.
—Espera... realmente quiero ver que tienes allí —acota Bradley intrigado, señalándole su mano.
—Okey, ten —dice ella, entregándole una moneda dorada de chocolate, causando que los tres chicos se rían.
—¡Por Dios! ¡Es la primera vez que presencio el pago de una dote! —agrega Dylan, provocando otro ataque de risa.
—¡Un momento! ¡Jamás me habían pagado por salir con una chica! ¡Y menos con una moneda de oro! —añade Bradley.
—¡No! ¡Ni creas que te voy a pagar por salir con mi hermana!
—aclara Gracie—. Es más… a decir verdad, tú deberías pagarme a mí, y mucho, solo para que yo te dé permiso de salir con ella.
Esto es solo una muestra de amabilidad. Chicos…
¿acaso no saben que es de mala educación llegar a un sitio con las manos vacías?
—En ese caso, gracias —dice Bradley, apoyando la moneda en la mesa.
—Todo bien, pero… acá lo importante es saber, ¿quién es tu hermana? —pregunta Stan, viendo hacia los lados.
—¡Cierto! ¡Hablemos de negocios! ¡Ya tu hermana vio a nuestro producto en cuestión! —comenta Dylan señalando a Bradley, quien se ríe y le muestra el dedo del medio—. Si quieres nuestro visto bueno, nosotros también debemos ver tu producto. Lo que es igual, no es trampa —afirma cruzándose de brazos.