CAPITULO 2
Cinco meses antes.
En el exclusivo Club de Golf Oasis, ubicado en New York, Bradley se acerca conduciendo un carrito de golf acompañado de Stan y Dylan, ellos al bajarse caminan hasta el área externa del restaurante, donde se quedan de pie a un costado de las mesas, conversando entre risas.
—Ay por Dios —murmura Ashley, captando la atención de su hermana sentada a su lado.
—Okey… —dice Gracie pausadamente, notando que está mirando a los tres chicos a la distancia—. Ya dime… ¿cuál? —susurra acercándose más a ella y apoyando los brazos sobre la mesa.
—Pues…
—¡No! —interrumpe Gracie, tomándola del brazo—. Espera… te conozco bien, mejor yo adivino cuál de esas bellezas te cautivó.
Ambas se ríen con complicidad mientras que Mason y Klaus se encuentran conversando en la misma mesa.
—Eso es cierto, pero... dudo que aciertes esta vez —afirma Ashley, sonriéndole.
—Uhhh… ¡Claro que acertaré! —declara Gracie, observando detalladamente los chicos que se encuentran a un par de mesas de distancia—.
Aquel, la preciosidad de cabello negro ondulado, ese que está a la derecha, que es alto y grandote, y tiene cara de que te deja sin caminar al día siguiente —comenta Gracie causando que ambas estallen en carcajadas y que los chicos en su mesa volteen a verlas.
—¡Hey! ¡Ya cuenten el chiste! —replica Mason.
—No es nada cuñado… solo cosas de chicas —responde Ashley, entre risas.
—Sí amor, top secret —dice Gracie.
—¿Chismeando? No pensé que fueses así —acota Klaus dejando escapar un deje de risa, que intenta ocultar rápidamente tomando un sorbo de su bebida.
—Mmm... Pues sí lo soy o no, eso a ti no te afecta absolutamente en nada —refuta Ashley, con seriedad.
—Claro que nos afecta, con tener a una chismosa en nuestro grupo era suficiente —bromea Klaus mirando a Gracie, quien toma una pelota de golf que esta sobre la mesa y se la tira, haciendo reír a los demás—.
¿Pero por qué me extraña? Son hermanas… obviamente serías igual que Gracie, aunque hayas estudiado en “la mejor y más prestigiosa universidad de nutrición del país” —añade esto último en tono sarcástico.
—¡Qué decepción! —exclama Ashley, con ironía—. ¡Bienvenido al mundo real! —agrega asintiendo con la cabeza, a la vez que apoya sus brazos cruzados sobre la mesa y lo mira fijamente—. ¡Donde nada es lo que parece!
—¡Auch! —replica Gracie y Mason al mismo tiempo, para luego reírse.
—Tienes razón en eso, vivimos en un espejismo —afirma Klaus—. Aunque… quizás en una realidad alterna, tú no solo hayas pasado por la universidad, sino que… la universidad de prestigio sí pasó por ti —agrega con una sonrisa.
—¿Sabes qué? —cuestiona Ashley, viéndolo—. Coincido cuando dices que en otra realidad alterna, todo sería diferente... quizás en esa, no tuvieras una niñera a tus treinta años.
Tras ese comentario, Gracie y Mason no pueden evitar estallar en carcajadas.
—¡¿Qué?! ¡Dirás veinticinco! ¡Y recién cumplidos! —aclara Klaus, indignado.
—Okey bro, te defiendes por lo de la edad, pero no por lo de la niñera —comenta Mason aun riéndose, en compañía de las chicas.
—Pues sí… es que no tengo treinta —acota Klaus—. Además, yo adoro a Rose, ¿por qué me desharía de ella? No puedo vivir sin tenerla, por cierto, tú también la adoras, así que deja de hablar mal a sus espaldas o te acusaré.
—Yo no estoy hablando mal de Rose, solo me reí —refuta Mason, entre risas.
—Es que parece que Klaus, no tuvo algún objeto de apego emocional de niño.
Espero que Dios le de mucha salud a Rose, para que viva por siempre con él, pero sobre todo que la colme de mucha paciencia —afirma Gracie, con seriedad—.
Porque ahí donde lo ves todo inversionista, bien vestido, poliglota supremo mater class del universo, dueño de la gemas del infinito y futuro heredero de los Cavendish, etc, etc, etc… ¡Es muy quisquilloso!
—¡No soy quisquilloso! —replica Mason, indignado.
—¡Rose el café está muy frio! ¡Rose la piscina tiene mucho cloro!
¡Rose estas flores me dan alergia! ¡Rose las sabanas están duras!
¡Rose es que me están saliendo espinillas!
¡Rose mi cortisol está elevado! ¡Rose pídeme otras vitaminas, pero que sean de gomitas, porque no me gustan en forma de capsulas!
—bromea Gracie, causando que todos se rían.
—Eso sí es cierto, esas capsulas son horribles, muy duras y como si fuera poco, parece que las hacen cada vez más grandes, es como tragar una jodida piedra —afirma Klaus.
—Espero que por lo menos le pagues muy bien, porque parece que está obligada a permanecer contigo por los siglos de los siglos.
Sabes... deberías casarte con alguna hija de Rose, ese sería un plan perfecto.
Si lo piensas bien, ya sería parte oficial de tu familia y ella parece soportarte lo suficiente —comenta Ashley.
—Pues sí, eso sería genial, el detalle está… en que Rose no tiene hijos —explica Mason, entre risas.
—¡Claro que sí tiene hijos! ¡Me tiene a mí!
—exclama Klaus—. ¡Qué soy genial! ¡Soy el mejor hijo que la vida le puso en el camino!
Y para tú tranquilidad —añade mirando a Ashley—, le pagamos muy, pero muy bien en casa, ella no tiene ningún mísero sueldo de niñera, después de mi madre, ella es la señora de la casa, se hace todo lo que ella quiera, como ella diga.
Además, le doy todo lo que me pide, está muy consentida, y por si fuera poco...
—Caballeros... Buen día —interrumpe uno de los socios del club, acercándose a la mesa.
Tanto Klaus como Mason lo saludan y comienzan a charlar con él, al mismo tiempo que las hermanas, se acercan más para seguir con su conversación anterior en susurros, observando a los tres chicos en la distancia.
—Pues… te confirmo que ese, el que deja paralítica a las chicas, no es el que me gustó —aclara Ashley.
—¿Qué? ¡¿Cómo que no?! —cuestiona Gracie, totalmente incrédula—. Es precioso, es tu tipo, míralo bien. ¿Acaso estás borracha? —bromea y ambas se rien discretamente.
—Hermana… obvio que es muy guapo, sí se ve muy rudo, pero... es el chico del medio el que me dejo impresionada —confiesa Ashley.
—Es que tiene cara de bebé —replica Gracie, frunciendo el ceño—. Es decir... sí, sin duda es precioso, pero no es tu tipo, parece sacado de una serie juvenil, es que ni rastro de barba tiene.
—Ya sé, pero… ¡Míralo! ¡Santo cielo! ¡Es súper precioso, para comérselo a besos! Por Dios… me encanta, se ve adorable, con un buen cuerpo —agrega Ashley, sonriendo—. De hecho, fíjate, los tres se ven bien físicamente.
—Claro que me di cuenta, se ven atléticos, pero de los tres… ¿justo te gustó el que parece un niñito mimado de mamá? ¿Qué rayos? ¿Cuándo pasó esto? —pregunta Gracie, confundida.
—¿Cuándo pasó qué? —replica Ashley, entre risas.
—¿Cómo y cuándo cambiaste de gustos? Ese tiene cara de todo, menos de tener una moto, de estar tatuado, y de irrumpir en la casa y raptarte para un plan sexy a mitad de la noche.
—Ya sé —afirma Ashley, aun entre risas—. Tiene más cara de pedirle permiso a mamá para llevar a alguien a casa, pero Gracie… te juro que es hermoso.
—Ash es que… obviamente eso lo sé, no cuestiono su belleza, sin duda el chico es hermoso, no soy ciega.
La cosa acá es que… no se parece en nada a tu tipo, o mejor dicho, a lo que tú has definido como tu tipo desde la adolescencia —explica Gracie—.
Es que míralo, parece sacado de una boy band de los noventa.
—Pues no sé, es cierto que me gustan más rudos, pero me encanta él —dice Ashley tomando la mano de su hermana y colocándola en su pecho—. ¿Sientes cómo me late? Te juro que me lo comería a besos ya mismo, le diría que sí a todo sin dudarlo, incluso le daría cuatro hijos ya mismo.
—¡Santo cielo! ¡Parece que hubieras corrido! —comenta Gracie apartando la mano, tras sentir lo acelerado que está el corazón de su hermana —. Bueno… entonces sin duda el niño de mamá te enamoró a primera vista, si ya estás pensando en darle cuatrillizos.
—¡Pues sí! ¡Gracieeee! —exclama Ashley, alargando las vocales como niña pequeña—.
Es que míralo… es demasiado hermoso, tierno, ve esos labios…
ese cabello castaño semi largo. ¡Ay por Dios!
¡Me encanta todo de él! —suspira con una sonrisa que dura poco segundos—.
¡Carajo! ¡Es un idiota! ¡De seguro debe tener novia, o novias en plural!
Yo no estoy tan desesperada, no seré la segunda opción de nadie, ni siquiera del chico más hermoso del mundo. ¡Que se joda!
—¡Espera! ¡¿Qué demonios?! —exclama Gracie choqueada, entre risas y confusión—. ¿Ahora dices que se joda? ¿Ya están peleando y aún ni lo conoces? Ay… mírate Ash, tu primera pelea de pareja —ambas se rien tras ese comentario—. ¡Por Dios! ¡Esto es genial!
—¿Estás loca? ¡Eso no es genial! —refuta Ashley, frunciendo el ceño—. Gracie… genial hubiese sido conocerlo antes de que estuviera así de bueno y tan precioso, no ahora con el harén de chicas que debe traer detrás. ¡Qué mala suerte! Hermana, necesito más suerte.
—No la necesitas, ya la tienes.
—Claro que no, pero tú sí y eso es perfecto. Mírate… Mason es el mejor chico que existe y está felizmente casada con el combo completo —acota Ashley, sonriendo.
—¡Ash! ¡Que linda! ¡Te amo! Pues... en ese caso, si la suerte la traigo yo, entonces…
decreto ahora mismo que ese chico —dice Gracie, señalando discretamente a Bradley con un dedo—.
Ese hermoso niño de mamá, será el padre de mis futuros sobrinos.
Es que míralo, sin duda tiene cara de que será un gran padre.