MIGUEL CORTÉS. EL FEMINICIDA DE IZTACALCO #2
Odiaba a las mujeres. Según afirmó ante los investigadores tras ser detenido, aquello se debía a que de pequeño había sido abusado sexualmente por su padre y que ni su madre ni su hermana intervinieron para ayudarlo.
Claudia, la hermana de Miguel, concedió una entrevista a Telediario poco después de enterarse de dichas declaraciones y aseguró que aquello era falso, aunque sí reconoció que su padre era un hombre autoritario y que fueron víctimas de maltrato físico y psicológico cuando eran niños.
También expresó que en su familia jamás sospecharon que su hermano podía ser un asesino, pues nunca tuvo conductas violentas y había progresado bastante rápido en el ámbito profesional.
Tenía dinero, tres propiedades y viajaba con frecuencia.
Además de inteligente, Miguel era un joven culto.
Le gustaba el teatro, la música y era un asiduo lector de poesía y novelas clásicas.
Una de sus favoritas era El perfume , del alemán Patrick Suskind, la cual narra la historia de un asesino que mata a sus víctimas para robarles el aroma y crear así la fragancia perfecta.
También solía leer libros sobre psicología, criminología, asesinos en serie y estaba obsesionado con psicópatas como Ted Bundy o Jeffrey Dahmer, a quienes admiraba.
Es probable que sus fantasías asesinas surgieran durante la preadolescencia y resulta evidente que su fascinación por la muerte fue algo que él mismo cultivó a lo largo de su vida.
Ahora que era independiente, vivía solo y tenía su propio departamento, se sentía con la libertad de hacer lo que se le antojara.
La idea de convertirse en uno de los asesinos que tanto admiraba le pareció cada vez más atractiva.
Se ignora si su primer crimen fue planificado o más bien impulsivo, pero la idea de matar siempre estuvo ahí.
La madrugada del 2 de agosto de 2012, una joven de dieciocho años identificada como Amairany Roblero González fue denunciada como desaparecida en la ciudad de Iztapalapa.
Se trataba de una chica responsable, que siempre avisaba a su familia a donde iba, pero aquella vez ni siquiera respondía su teléfono celular.
A pesar de que sus padres insistieron en que el caso fuera investigado, las autoridades tuvieron un trato displicente e irrespetuoso con ellos, y según la madre de la chica les aconsejaron que esperaran un par de meses, porque aseguraban que posiblemente se había dado a la fuga con algún muchacho y regresaría embarazada.
La familia de Amairany utilizó sus propios recursos para buscarla y descubrieron que, durante las últimas semanas, se había enviado varios mensajes de texto con un sujeto mayor identificado como Miguel Cortés, de veintisiete años.
Este se presentó de manera voluntaria a declarar ante la policía, y si bien reconoció haberla visto el día de la desaparición, aseguró que no tenía idea de dónde podía estar.
Según Miguel, el 1 de agosto la chica le pidió que la acompañara a retirar unas fotos de su graduación a su antigua escuela, pero tuvieron una leve discusión y tardó tanto en salir del establecimiento, que al final se marchó.
El testimonio de Miguel despertó desconfianza en la madre de Amairany, Cecilia González, porque dichas fotos habían sido recogidas días antes y ella misma las tenía en su poder.
Aun así, no existía ninguna prueba de que Miguel estuviese involucrado en la desaparición.
La policía no siguió investigándolo porque no tenía antecedentes penales y era un profesional respetado, aunque la familia de la chica manifestó sus sospechas.
Cuatro meses más tarde, el 2 de diciembre, una joven de veintiún años identificada como Karen Ornelas Baltazar desapareció tras reunirse con unos amigos. Dos días después, su cadáver sería encontrado cerca de la estación Coyuya del metro de Iztacalco, en Ciudad de México.
Karen trabajaba como laboratorista en Orthin Laboratorios.
La noche anterior había celebrado su cumpleaños en el departamento de Miguel Cortés, su compañero de trabajo.
Según declaraciones de Blanca Salas —una de sus amigas—, aquella noche Karen, otra chica no identificada y ella misma se quedaron a dormir en el departamento una vez que terminó la fiesta, pues se les había hecho tarde.
Sin embargo, cuando despertaron, cerca de las seis y media de la mañana, notaron que Karen y Miguel no estaban en el lugar.
Miguel regresó poco después del mediodía y aseguró que había acompañado a la joven hasta la estación de metro Coyuya y que supuso que se dirigía a su casa.
El mismo Miguel volvió a entregar su testimonio a la policía para ayudar con la investigación.
Sin embargo, tras el hallazgo del cuerpo, los resultados de la autopsia fueron poco concluyentes.
A pesar de que tenía algunos moretones en el rostro y el cuello, los médicos creían que podía haber fallecido a causa de un consumo excesivo de alcohol y que las contusiones se debieron a una caída.
Un detalle que hizo pensar a sus familiares que alguien más podía estar involucrado fue el hecho de que su teléfono celular jamás fue encontrado.
Blanca Salas, la amiga de la víctima, declaró en una entrevista cedida a Foro TV que nadie sospechó de Miguel, el cual incluso estuvo presente en el velorio de la joven y parecía afectado por su repentina muerte.
Se desconocen los verdaderos motivos, pero ese mismo año Miguel abandonó su trabajo en Orthin Laboratorios. Mientras que algunas fuentes señalan que él mismo presentó su renuncia, otras indican que en realidad fue despedido. Aun así, encontrar un nuevo empleo no le supuso mayores inconvenientes.
Varios meses antes, a principios del 2012, Miguel había conocido a otra chica de veinte años identificada como Frida Sofía Lima Rivera, la cual provenía del estado de Morelos y se había mudado a Iztacalco, justamente a la colonia La Cruz, para ingresar al Instituto Politécnico Nacional.
La joven arrendaba un cuarto a pocas cuadras del departamento de Miguel y se volvieron amigos a pesar de la diferencia de edad.
Frida incluso publicó un par de fotografías junto al hombre en su perfil de Facebook, al cual agradecía su amistad y apoyo incondicional, refiriéndose a él como un mentor y figura paterna.
Frida había demostrado adaptarse bien a la vida citadina.
Era una chica de carácter fuerte, independiente y con claras convicciones.
Sin embargo, en diciembre del 2014 dejó de comunicarse con sus padres y desapareció sin dejar rastro.
La denuncia solo sería realizada el 7 de febrero del 2015, cuando su familia viajó hasta Ciudad de México para alertar a las autoridades.
En una de las últimas fotografías que había subido a sus redes sociales, Frida aparecía en compañía de su amigo, Miguel Cortés, el cual fue interrogado por la policía.
Y si bien este se mostró afectado por la desaparición de la joven e incluso colaboró en su búsqueda, aseguró que no sabía dónde estaba y los investigadores lo descartaron como sospechoso.
Para aquel entonces, Miguel había sido interrogado por la muerte de una compañera de trabajo y la desaparición de dos chicas que habían sido sus amigas, una coincidencia que resultaba extraña.
Que las autoridades no ordenaran ninguna investigación en su contra, pronto sería catalogado de insólito y vergonzoso.
De hecho, en octubre de 2015 Miguel publicó en sus redes sociales un extenso y macabro escrito titulado «Te extrañaré», en el cual parecía estar relatando un crimen con tintes necrófilos que tampoco llamó mayormente la atención de sus contactos. Parte de este decía lo siguiente:
Hace tiempo te vi morir, moriste sepultada por pequeños cristales.
Tu piel se manchó de sangre y tu cuerpo cambió de tonalidad a rojo escarlata.
Cubierta de sangre te puse en un altar y lloré a tus pies.
Decidí quedarme contigo, mejor dicho, con tu cuerpo inerte; esperaría que en cualquier momento abrieras los ojos, o simplemente moriría a tus pies.
No tardé mucho en darme cuenta de que tus manos no se movieron. Descubrí que tu cuerpo era duro y me asusté cuando noté que estabas fría. Toqué tu espalda y no era otra cosa más que tu ropa. Toqué tu cuello y no era más que piedra.
Pasó algún tiempo para que la sangre de tu cuerpo comenzara a acercarse, se formaron grietas que cortaron tu piel, tus dedos comenzaron a partirse y todo tu cuerpo se fragmentaba, te transformabas en polvo.
Y la brisa ligera del lugar se llevaba tu cuerpo, pequeñas partículas suspendidas en el aire que volaban a mi alrededor, partículas que alguna vez aspiré y otras tantas penetraban mis ojos.
Fue difícil, pues, aunque yo no quería te fuiste, yo deseaba morir a tu lado, pero se volvió imposible.
Aferrado a un cuerpo inerte, quiero besarte, pero cuando lo hago ya no es lo mismo, no puedo saber si lo deseas o lo rechazas, no me gusta esta sensación, dije que moriría a tu lado, pero esto es diferente.
Era un hecho que Miguel solía realizar publicaciones un tanto oscuras, casi siempre relacionadas con la muerte o la decepción amorosa, lo que hasta cierto punto podría indicar que además atravesaba una profunda depresión.
Sin embargo, en este caso, queda en evidencia que estaba haciendo referencia a uno de sus crímenes, quizá al de Frida Sofía Lima, romantizándolo de manera repugnante.