PETER SCULLY. EL CASO DE DAISY’S DESTRUCTION #3
Uno de los primeros videos que No Limits Fun consiguió vender a buen precio y que obtuvo cierta popularidad en la dark web fue el de dos niñas siendo agredidas sexualmente frente a la cámara.
Estas serían identificadas como Daisy y Queenie, de diez y once años respectivamente.
Por fortuna, ambas consiguieron escapar tras cinco días de cautiverio, aprovechando un descuido de sus captores.
Las menores avisaron a sus padres de lo ocurrido y estos acudieron a la policía para realizar la denuncia.
Fue en una de estas grabaciones, que Scully estranguló a una de las menores hasta dejarla inconsciente.
Al parecer pensó que la había matado, por lo que dejó su cuerpo en una de las fosas.
Cuando la menor despertó, se dio cuenta de que sus captores no estaban en casa y pudo escapar junto a la otra chica.
Tras la denuncia, la policía allanó la vivienda, pero los sospechosos ya se habían dado a la fuga y resultó imposible seguirles la pista.
El incidente enfureció a Scully, pues no solo él y sus cómplices estuvieron a punto de ser arrestados, sino que el video de Daisy, la chica de diez años de la que abusó, había despertado el interés de varios de sus clientes en la dark web , quienes solicitaban más material.
Ante la imposibilidad de realizar una nueva grabación con la misma niña, ideó una forma de sacarle partido a la popularidad de la Daisy original.
Después de asentarse en un nuevo domicilio, y con la ayuda de Álvarez y Margallo, Scully consiguió tres nuevas víctimas: Liza, de doce años; Cindy, de once; y Barbie Obod, de solo dieciocho meses, a quien rebautizó como Daisy para su nueva serie de videos: Daisy’s Destruction.
Estos serían mucho más brutales que los anteriores y conseguirían llamar la atención de toda la dark web , tanto que puso tras su búsqueda a la Interpol y la policía de varios países.
Una vez que Scully fue arrestado, la policía pudo dar con el paradero de Barbie Obod, la misma niña que protagonizó el video de Daisy’s Destruction y que, por fortuna, sobrevivió a las espantosas torturas, aunque con varias secuelas físicas.
La segunda víctima, Liza, también fue localizada con vida.
De Cindy no se pudo averiguar nada y comenzó a temerse lo peor.
Carme Ann Álvarez sería detenida poco después.
Se mostró profundamente arrepentida y se ofreció a colaborar con la investigación.
Según Álvarez, junto a Margallo solían convencer a familias de escasos recursos para que les entregaran a sus hijas.
Les ofrecían estudios y un buen pasar económico, pero lejos de cumplir con su promesa, se las entregaban a Scully, quien abusó de ellas durante semanas antes de dejarlas en libertad.
Cuando la estrategia no daba resultado, Carme Ann Álvarez, Liezyl Margallo y María Dorothea Chi y Chia, salían en busca de niñas en condición de calle con la promesa de dinero, ropa o comida. Una vez que se ganaban su confianza, las invitaban a casa de Scully en donde eran sometidas.
La investigación reveló que, en ciertas ocasiones, el mismo Scully ofrecía sacos de comida a familias hambrientas para tener acceso a sus hijos y abusar de ellos, en un ejemplo horrendo de qué tan normalizada era la explotación sexual de menores en ciertas zonas empobrecidas.
Si bien Álvarez reconoció su participación en las torturas y abusos sexuales de niñas de entre uno y diecisiete años, afirmó que Scully la mantenía bajo amenaza y que le temía.
Aun así, se atrevió a liberar a las dos primas que escaparon de una de las propiedades de Scully en septiembre de 2014, arriesgando su vida.
La tercera persona detenida tras las pesquisas, Liezyl Margallo, también decidió colaborar con la policía y reveló la ubicación de una de las viviendas en donde afirmaba que Scully había estrangulado con una soga a Cindy, la menor de once años que también aparecía en la serie de videos de Daisy’s Destruction.
Los restos óseos de la pequeña fueron encontrados bajo el piso de la cocina y los investigadores confirmaron que su muerte quedó registrada en otra de las grabaciones halladas en el computador portátil de Peter Scully.
Este hallazgo afectó a los agentes a cargo del caso, pues aún tenían la esperanza de encontrarla con vida.
Poco después, Margallo sería dejada en libertad por falta de pruebas.
A pesar de que todo indicaba que era una de las mujeres que había participado en los videos de Daisy’s Destruction, afirmó ser otra víctima de Scully y que jamás realizó ningún tipo de delito, más allá de ser una testigo del crimen de Cindy.
El arresto de Peter Scully y Carme Ann Álvarez en febrero del 2015 permitió a las autoridades desbaratar una de las redes de pornografía infantil más nefastas de Internet, aunque varios agentes manifestaron su preocupación por la liberación de Liezyl Margallo.
La policía de Filipinas había recaudado cientos de pruebas contra Scully y enfrentaba setenta y cinco casos de tráfico de menores, posesión y distribución de pornografía infantil, abuso sexual, secuestro, violación, tortura y asesinato.
Cuando el horrendo caso salió a la luz en medios internacionales, Peter Scully sería bautizado como el peor pederasta de la historia y el programa australiano 60 Minutes lo entrevistó en exclusiva, pocos meses después de su arresto.
Scully reconoció todos sus crímenes y aseguró que estaba escribiendo un diario, en el cual explicaría sus verdaderas motivaciones.
Sin embargo, en octubre de ese mismo año, un enorme incendio arrasó con la sala de pruebas del tribunal de justicia de Cagayán de Oro, el cual contenía prácticamente toda la evidencia que había en su contra.
En el lugar se hallaba el computador de Scully, una cámara de video y un disco duro con docenas de videos producidos para No Limits Fun.
Tras este incidente, Scully se retractó de su confesión inicial y se declaró inocente de todos los cargos.
Varios detectives estaban seguros de que el mismo Scully había sobornado a uno de los guardias para provocar el incendio, pero demostrarlo resultó imposible. Aun así, contaban con evidencia suficiente para enviarlo a la cárcel de por vida.
A finales de 2016, las autoridades consiguieron levantar un total de dieciséis órdenes de arresto contra una de las principales cómplices de Scully, Liezyl Margallo, de veintitrés años, a quien habían dejado en libertad un año antes por falta de pruebas.
Se pudo probar que, incluso tras las rejas, Peter Scully continuó con su oscuro negocio en la dark web gracias a la ayuda de Margallo, con la cual mantenía contacto para engañar a jóvenes que eran violadas y torturadas por otros sujetos, contenido que luego era subido a la web.