Psicópatas del mundo PETER SCULLY. EL CASO DE DAISY’S DESTRUCTION #2
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PETER SCULLY. EL CASO DE DAISY’S DESTRUCTION #2

Justamente en aquel año, Filipinas se posicionó como el epicentro mundial de la pederastia online , por delante de Tailandia y Turquía, según fuentes del FBI y un estudio realizado por Surfshark, empresa internacional dedicada a la producción de herramientas de seguridad informática.

Para las autoridades no era descabellado pensar que una red de pederastas actuara en el país; sin embargo, el caso de No Limits Fun era excepcional, pues no solo se trataba de abuso sexual, sino también de tortura y posible asesinato.

El principal foco de la investigación fue la ciudad de Cagayán de Oro, ubicada en la isla de Mindanao, lugar donde la policía holandesa registró la desaparición de más de una docena de chicas menores de edad.

No obstante, existía un caso en particular que despertó de inmediato las sospechas de varios agentes.

En septiembre del 2014, dos primas de nueve y doce años acudieron a la policía de Filipinas para realizar una grave denuncia.

Afirmaron haber conocido a una joven que se les acercó en plena calle para ofrecerles un plato de comida.

La acompañaron hasta su casa, en donde vivía junto a un hombre que las recibió de manera amable, pero que a los pocos minutos las forzó a beber alcohol y mantener relaciones sexuales entre ellas.

Fueron fotografiadas y grabadas con una cámara de video.

Luego, el sujeto les puso un collar de perro en el cuello, abusó de ellas y las obligó a cavar dos tumbas en el sótano de la casa, donde afirmó que serían enterradas vivas si no le obedecían.

Durante cinco días, las menores fueron víctimas de todo tipo de vejaciones, hasta que en cierto momento la misma joven que las había llevado hasta esa casa las liberó.

Tras la denuncia, la vivienda fue allanada por la policía, pero no había rastros de la pareja ni datos de los arrendatarios.

Según los testimonios entregados por las dos menores, el agresor era un hombre de acento extranjero, blanco, delgado y de alrededor de un metro noventa, descripción que coincidía con la del sujeto que aparecía en las infames grabaciones de Daisy’s Destruction.

La particular apariencia del sospechoso no pasó inadvertida por los vecinos de la zona.

Identificarlo no resultó difícil, pues varias personas afirmaban haberlo visto e incluso lo apodaban el Americano.

Solía presentarse como Peter Rusell o Peter Ridell, pero se pudo averiguar que su verdadero nombre era Peter Scully, un australiano de cincuenta y un años que vivía en Filipinas desde el 2011.

Tenía un extenso prontuario por numerosas estafas realizadas en su país natal, aunque ningún cargo relacionado con abuso infantil.

Esta vez, las autoridades filipinas contaban con seis cargos contra él por el secuestro, abuso sexual y tortura de las dos menores raptadas en septiembre del 2014, aunque Scully demostró ser escurridizo.

Compraba y arrendaba propiedades en distintos puntos de la ciudad y las abandonaba a los pocos meses, lo que desorientó a los detectives.

Se interrogó a cientos de personas con la esperanza de dar con su paradero, hasta que finalmente el 20 de febrero del 2015 un equipo formado por el Buró Nacional de Investigaciones de Filipinas, en colaboración con agentes de la Interpol, la policía holandesa y la policía australiana, rastrearon una de las quince viviendas que Scully había adquirido en el país y lo arrestaron sin incidentes.

Las imágenes de la captura incluso pudieron ser grabadas por las cámaras de los oficiales.

No prestó mayor resistencia y solo pidió que le dejaran llevar su cajetilla de cigarrillos.

En su computador se encontraron cientos de gigas de pornografía infantil y los videos de Daisy’s Destruction, además de otra docena de grabaciones similares en donde junto a dos mujeres filipinas abusaba de varias menores de edad.

Ante la abrumadora evidencia, Scully no tuvo más alternativa que confesar que era él quien estaba detrás de la nefasta organización No Limits Fun y que Daisy’s Destruction era uno de sus productos más populares y vendidos en la dark web .

Sin embargo negó haber asesinado a sus víctimas y aseguró que las había dejado en libertad.

Creer en las palabras de Scully resultaba difícil, pues se trataba de un astuto psicópata que parecía burlarse de la policía.

Peter Gerard Scully nació en Melbourne, Australia, el 13 de enero de 1963. No existe ningún documento que entregue detalles de su infancia y juventud, aunque se sabe que contrajo matrimonio con una joven llamada Jing, a la cual compró por catálogo desde Tailandia y con la que tuvo dos hijos.

Era un sujeto inteligente y carismático, y gracias a sus habilidades no tardó en convertirse en un empresario exitoso.

Sus compañeros de trabajo comentaban que estaba obsesionado con el dinero y que era capaz de cualquier cosa con tal de conseguir ingresos extras.

Aunque no existen denuncias formales, se sabe que Scully ofrecía los servicios sexuales de su propia esposa entre amigos y socios.

Incluso creó una página de Internet para prostituirla.

También protagonizó un par de incidentes en los cuales la humilló de forma pública, dejándola desnuda en plena calle.

En 2009, Scully sería investigado por la Comisión de Valores e Inversiones de Australia, tras descubrirse que había realizado múltiples estafas en el mercado inmobiliario por 2.

68 millones de dólares. Se declaró en banca rota, aunque se levantaron ciento diecisiete cargos en su contra por fraude.

En 2011 decidió huir a Filipinas, abandonando a su esposa y sus dos hijos.

Poco después de asentarse en la ciudad de Malaybalay, al norte de la isla de Mindanao, Scully descubrió que la población filipina era más vulnerable de lo que imaginaba.

Cientos de niños deambulaban por las calles en busca de ropa y comida, y ofrecían favores sexuales por apenas tres dólares.

Así, comenzó a contratar los servicios de chicas menores de edad para mantener relaciones sexuales, aunque la idea de fotografiar y grabar sus encuentros con una cámara de video vino poco después.

Scully estaba al tanto de que en la deep web existía un floreciente mercado de pornografía infantil y vio en él la oportunidad de establecer su propio negocio.

Su idea era grabar y fotografiar sus encuentros sexuales con menores y comercializar dicho contenido por Internet, aunque estaba dispuesto a llegar a extremos inimaginables para conseguirlo.

Decidió crear No Limits Fun para ocultar su identidad, no sin antes reclutar a un par de cómplices para que le ayudaran a conseguir víctimas.

Carme Ann Álvarez era una niña de catorce años que tras ser contratada por Scully terminó viviendo con él.

En una entrevista al programa 60 Minutes Australia , Álvarez sostuvo que en un principio desconocía cuáles eran las verdaderas intenciones de Scully, pero terminó involucrándose en el negocio, pues incluso fue amenazada de muerte si no colaboraba.

Scully la utilizó para atraer a otras menores hasta su vivienda en donde, tras emborracharlas y drogarlas, las grababa y fotografiaba mientras abusaba de ellas. También obligaba a Álvarez a participar en actos sexuales con las chicas, antes de dejarlas en libertad.

El material que Scully subía a la dark web bajo el nombre de No Limits Fun pronto comenzó a brindarle grandes beneficios y comprendió que aquello podía ser el inicio de un negocio exitoso.

Su clientela era gente millonaria de Estados Unidos, Reino Unido, Brasil y Alemania.

Estaban dispuestos a entregarle miles de dólares por la producción de fotografías y videos exclusivos que satisfacieran sus perversiones.

Poco después, Peter Scully conocería a otra chica de diecinueve años llamada Liezyl Margallo, con la cual entabló una relación amorosa.

Álvarez y Margallo, a quienes Scully apodó Honey Sweet y Lovely respectivamente se convirtieron en sus principales cómplices.

Ambas jóvenes habían sido explotadas sexualmente desde pequeñas y hasta cierto punto estaban malhabituadas al abuso y tráfico de menores.

Recorrían las calles de Mindanao en busca de niñas de entre uno y diecisiete años, para ofrecerles comida y llevarlas hasta la casa de Scully, en donde podían permanecer varios días secuestradas y sufriendo todo tipo de abusos.

Scully estaba dispuesto a llegar a niveles aún más extremos de crueldad con tal de satisfacer las necesidades de sus clientes.

A los abusos sexuales se sumaron humillaciones y torturas de todo tipo en los cuales Scully, Álvarez y Margallo participaban de forma activa.

Por medio de No Limits Fun, ofrecía servicios especiales para aquellos que dispusieran de más dinero, incluyendo transmisiones en vivo abusando de sus víctimas.

Scully no solo contaba con la ayuda de Álvarez y Margallo, también con la colaboración ocasional de María Dorothea Chi y Chia, una mujer que participó en la producción y edición de dichas grabaciones.