Psicópatas del mundo PETER SCULLY. EL CASO DE DAISY’S DESTRUCTION
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PETER SCULLY. EL CASO DE DAISY’S DESTRUCTION

PETER SCULLY

EL CASO DE DAISY’S DESTRUCTION

Filipinas

Muchos creen, aun hoy en día, que el video Daisy’s Destruction es solo una oscura leyenda urbana que circulaba en diversos foros de Internet relacionados al misterio, el gore y la pornografía extrema.

Los rumores señalaban que se trataba de un metraje alojado en la deep web , en el cual se mostraba la tortura y el abuso sexual de una menor de solo un año y medio, y sería catalogado como lo más infame, repulsivo y perverso subido a la plataforma.

Si bien la historia se difundió rápidamente por las redes y contaba con el testimonio de cientos de cibernautas que aseguraban haber visto dicha grabación, dar con ella parecía imposible, lo que despertó el escepticismo y puso en duda su existencia.

En 2015 —y de manera inesperada —, diversos medios de comunicación internacionales dieron a conocer el caso, confirmando que el video de Daisy’s Destruction era real y que Peter Scully, un australiano de cincuenta y un años que vivía en Filipinas, era quien lo había producido.

Lo que saldría a la luz tras este descubrimiento fue espeluznante.

A finales de 2012, autoridades de diversos países, principalmente asiáticos y europeos, comenzaron a recibir denuncias sobre la existencia de este video, el cual estaba dando vueltas por Internet.

En él se mostraba a dos mujeres y un hombre torturando y abusando salvajemente de una niña de poco más de un año.

Se trataba de acusaciones sumamente graves, y aunque varios expertos en cibercrimen comenzaron a investigar el caso y lograron rastrear diversos foros en donde cientos de usuarios hablaban del tema, la grabación no parecía estar disponible en ningún sitio.

A mediados de la primera década del 2000, en grandes comunidades como Reddit o 4Chan, se acuñó el término de creepypasta para referirse a una serie de historias de terror cortas y perturbadoras que se viralizaban a través de la web, entre las que se pueden destacar las protagonizadas por personajes ficticios como Jeffthe killer, Smile dog o el afamado Slenderman.

Estas adquirieron una enorme popularidad, y algunos investigadores creyeron que Daisy’s Destruction podía tratarse de una simple leyenda urbana.

Pero la oscura reputación del supuesto video no solo era comentada entre los cibernautas más morbosos, sino también en círculos de pedófilos y pederastas de diversos países, cuyas conversaciones respecto al tema fueron intervenidas por las autoridades.

Gracias a ellas, se pudo averiguar que al parecer dicho contenido sí existía, que estaba alojado en algún sitio de Internet no indexado a los motores de búsqueda convencionales y que su acceso era limitado.

A principios de 2013, y tras una minuciosa búsqueda, la Brigada de Investigación Tecnológica de la Policía de España dio con el primer clip, comprobando que todos los rumores eran ciertos.

Este se encontraba en un lugar de la dark web llamado Lolita City, un sitio de pornografía infantil que utilizaba sus servicios ocultos a través de la red Tor.

Tras este hallazgo se avisó a la Interpol y en pocos días los cuerpos de policía de varios países se unieron a la investigación, encontrando otros tres videos bajo el nombre de Daisy’s Destruction.

En ellos, se podía ver a una pequeña niña de rasgos asiáticos siendo sometida a todo tipo de humillaciones y torturas.

Otras dos chicas, de aproximadamente doce años, también aparecían en dichos metrajes siendo ultrajadas.

Los agresores eran dos mujeres jóvenes con antifaces y un hombre, al cual se le había borrado el rostro por medio de un efecto de edición, y no pudieron ser identificados.

Se probó que la serie de cuatro videos de Daisy’s Destruction, fue difundida en la infame página de la dark web llamada Hurt2Core, en donde se almacenaba pornografía infantil.

Los videos de Daisy’s Destruction eran presentados por una supuesta organización autodenominada No Limits Fun (Diversión sin límites), la que anunciaba su enfermizo producto con el siguiente mensaje:

L A INTRODUCCIÓN DE LA DESTRUCCIÓN

D E LA MARGARITA (DAISY)...

V EN A VER LA RUINA MENTAL DE UNA NIÑA

Q UE PERDIÓ SU INOCENCIA...

Q UE SE UTILIZA COMO UNA HERRAMIENTA...

E LLA VA A APRENDER A COMPLACER A SU SEÑORA...

S U CUERPO SERÁ DEVASTADO...

S U DIGNIDAD ROBADA...

I NDEFENSA

ELLA VA A DEJAR TODO PARA SU DIVERSIÓN...

I MPLACABLE

S U SEÑORA LA DESTRUIRÁ...

¿T E ATREVES A PRESENCIAR LA DESTRUCCIÓN DE DAISY?

No Limits Fun ofrecía material pornográfico para pederastas, incluyendo el acceso a transmisiones privadas en vivo, donde el administrador recibía peticiones especiales de clientes de todo el mundo, a los cuales se les podía cobrar desde cien hasta diez mil dólares por perpetrar actos aberrantes contra menores delante de la cámara.

Estos sitios de la dark web son conocidos como las Red Rooms, salas virtuales donde usuarios pagan grandes cantidades de dinero por presenciar violaciones, torturas y asesinatos reales, además de participar a través de un chat en directo.

Hasta entonces, existían muchas dudas con respecto a la existencia de estas salas.

De hecho, se probó que muchas de ellas eran simples estafas.

Sin embargo, este caso dejaba en evidencia que, al menos la organización No Limits Fun, iba en serio.

Los expertos en cibercrimen pudieron comprobar que No Limits Fun operaba a nivel internacional y que sus principales clientes eran de Reino Unido, Brasil, Alemania y Estados Unidos.

El impactante hallazgo hizo que agencias y organizaciones de diversos países se reunieran de manera excepcional para resolver el caso.

La policía federal australiana, la policía holandesa, alemana, brasileña e Interpol unieron fuerzas para encontrar a las víctimas y dar con el paradero de los creadores de No Limits Fun y los videos de Daisy’s Destruction, aunque se trataba de una tarea extremadamente difícil.

De momento, con lo único que contaban era con las horrendas grabaciones que debieron ser vistas una y otra vez por los detectives, con la esperanza de hallar alguna pista.

El lugar donde se grabó el video aparentaba ser el ático de una casa, y si bien se podían apreciar algunos detalles estructurales, no existían otros elementos que ayudaran a establecer el país de origen.

Las dos mujeres que aparecían en el metraje sometiendo a las niñas llevaban un antifaz para ocultar sus identidades.

Aun así, los expertos llegaron a la conclusión de que podía tratarse de jóvenes de origen asiático, al igual que las tres víctimas menores de edad.

El hombre que las acompañaba era un sujeto alto, delgado y de tez blanca.

Su rostro había sido pixelado en un trabajo de edición, pero, en cierto momento se le escuchó dar un par de instrucciones en inglés.

En un principio, la policía holandesa sospechó que su particular entonación sonaba muy similar al neerlandés, pero el oficial de la policía federal australiana, Paul Hopkins, aseguró que en realidad su acento era australiano.

Si bien la intuición de los detectives involucrados resultó ser bastante certera, mientras no se identificara el país de origen de las grabaciones, todo intento por resolver el caso sería en vano.

Durante los meses siguientes, los especialistas en cibercrimen intentaron rastrear en la dark web un posible quinto video, en el cual supuestamente la menor de las víctimas era asesinada ante la cámara.

La pista había surgido en los mismos foros donde se hablaba del tema, pero la búsqueda no dio resultado.

En noviembre del 2014, un estudiante de nanotecnología de la universidad de La Trobe, en Melbourne, Australia, sería arrestado y acusado de ser el propietario de la red clandestina Hurt2Core, en donde los videos de Daisy’s Destruction fueron difundidos por primera vez de forma gratuita.

Matthew David Graham, de veintidós años, había creado varios sitios en la dark web para alojar todo tipo de contenido para pederastas y pedófilos.

Su vínculo con Hurt2Core fue investigado por la policía canadiense, el FBI y el Europol, antes de que la policía australiana lo detuviera.

Aquello permitió a los especialistas realizar un rastreo de direcciones IP, y se pudo determinar que los cuatro videos fueron subidos desde algún lugar de Filipinas y luego difundidos en Hurt2Core.

Aparentemente, uno de estos se filtró en un par de foros del Internet convencional, aunque fue rápidamente eliminado.

Fue entonces, que se comenzó a hablar de su existencia y surgieron las primeras denuncias.

De inmediato se avisó a las autoridades filipinas, lo que involucró al Buró Nacional de Investigaciones de dicho país, quienes además recibieron el apoyo de los oficiales que llevaban casi dos años tras la pista de la autodenominada organización No Limits Fun.

Por aquel entonces, la República de Filipinas, ubicada en el sudeste asiático, contaba con 108 millones de habitantes y más del 27 por ciento de su población se situaba bajo el umbral de la pobreza.

La desaparición de menores no es nada extraño en este país, pues muchos prefieren huir de casa ante la escasez de oportunidades, los malos tratos e incluso la explotación laboral y sexual a la que a veces son sometidos por sus propias familias.

En 2015, la edad legal para el consentimiento sexual en Filipinas era de apenas doce años, lo que dificultaba la condena de personas por abuso de menores.

Al mismo tiempo, muchos de estos jóvenes, al verse sumidos en la más profunda pobreza y desamparo, accedían a ser explotados sexualmente para sobrevivir.