Psicópatas del mundo JUAN FERNANDO HERMOSA. EL NIÑO DEL TERROR #3
82%

JUAN FERNANDO HERMOSA. EL NIÑO DEL TERROR #3

Las leyes de Ecuador no estaban preparadas para afrontar dicha situación.

Ninguna autoridad tenía la potestad de enviarlo a una cárcel convencional ni tampoco de encerrarlo de por vida.

Se trataba del asesino en serie más joven de la historia del país, y por ser menor de edad solo fue condenado a cuatro años de internamiento en el sector de máxima seguridad del Centro Correccional Virgilio Guerrero junto a su cómplice, Luis Aníbal Quishpe.

El resto de la pandilla sería derivada a otras instituciones para cumplir condena.

Mientras estuvo tras las rejas, Hermosa supo sacarle partido a su popularidad.

Muchos de los jóvenes del penal lo admiraban, algunas chicas lo visitaban e ingresaban a su celda para conocerlo y cobraba considerables sumas de dinero por entrevista.

Aunque parecía tener buena relación con los guardias, muchos de ellos le temían.

De hecho, le regalaban botellas de alcohol para mantenerlo a gusto y tranquilo.

Cerca de la una y media de la madrugada del 18 de junio de 1993, el mayor Fausto Terán se encontraba durmiendo en su domicilio.

De pronto, se despertó al escuchar varios disparos que provenían de la calle.

En ese mismo instante, recibió una llamada telefónica en donde lo alertaban de la fuga de Juan Fernando Hermosa y se coordinó rápidamente un operativo, pues Terán recordó que el joven lo había amenazado de muerte y sospechaba que se encontraba a las afueras de su vivenda, disparando un arma de fuego.

Aunque varias patrullas llegaron al lugar, no lograron dar con el paradero del prófugo.

Según consta en la investigación policial, días antes Hermosa consiguió una guía telefónica en donde marcó con una cruz el número de teléfono y la dirección del mayor Fausto Terán.

El 17 de junio recibió una pistola de plástico dentro del penal, facilitada por una de las enamoradas que lo visitaban a diario, identificada como Yadira Vargas Fernández.

Esperó a que oscureciera y con la ayuda de otros diez menores encañonó al sargento Ángel Sailema, el único guardia que resguardaba el lugar durante la noche.

Luego le quitó su arma de servicio y lo asesinó de cinco tiros.

Con la sangre del cadáver escribió un amenazador mensaje en una de las paredes, en donde advertía que asesinaría a Terán y a las familias y los miembros de la OID.

Cuando Terán fue informado por teléfono, Hermosa se encontraba disparando fuera de su domicilio.

La fuga de Juan Fernando Hermosa dejó conmocionada a la opinión pública y el gobierno ecuatoriano solicitó la ayuda de los países vecinos para recapturarlo, pues existían antecedentes de que podría haber emigrado a Perú o Colombia.

Pasarían tres largos meses, hasta que la policía colombiana se comunicó con las autoridades ecuatorianas para informarles que por fin habían atrapado al fugitivo en la localidad fronteriza de Orito, en donde intentaba subsistir por medio del robo.

Fue extraditado a Ecuador y volvió a ingresar al Centro de Orientación Virgilio Guerrero, desde donde ya se había fugado dos veces. Por insólito que parezca, no se formularon más cargos en su contra por el asesinato del guardia Ángel Sailema y quedó a la espera de que se cumpliera su sentencia.

Hermosa, quien a esas alturas había sido acusado formalmente de veintidós asesinatos, afirmaba que deseaba reformarse y no meterse más en problemas, hasta que fue puesto en libertad en enero de 1996, en medio de un operativo dirigido por una organización de derechos humanos que temía que el chico fuese víctima de un linchamiento por parte de la población.

Incluso se corría el rumor de que Fausto Terán estaba inquieto por su liberación y que podría conspirar para hacerlo desaparecer.

Tras ser liberado, Hermosa abandonó la capital y se fue a vivir con Rafael, su padre, en la provincia de Sucumbíos.

Según relataría el hombre en una entrevista años más tarde, en el documental Tras las sombras del niño del terror , el joven consiguió un empleo de medio tiempo, aunque la mayor parte de los pobladores preferían evitarlo.

Sabían de su oscuro pasado e incluso llegaron a confrontarlo en un par de ocasiones.

Cerca de la medianoche del 26 de febrero de 1996, Juan Fernando Hermosa se encontraba en un bar junto a un par de amigos cuando fue visto por última vez.

Dos días más tarde, un grupo de campesinos encontraron su cadáver enrollado con alambre de púas a las orillas del río Aguarico.

Los exámenes forenses confirmaron que había sido torturado, atacado con machetes y que le dieron un par de tiros antes de aplastarle el rostro con la llanta de un vehículo, dejándolo desfigurado.

Al interior de su billetera se encontraron sus documentos, la boleta de libertad emitida por el tribunal de menores y un recorte de prensa que hablaba sobre sus crímenes, titulado El síndrome Hermosa en todo el país .

Versiones extraoficiales afirmaban que la noche del 26 de febrero había sido secuestrado por cinco encapuchados que conducían una camioneta. Su cuerpo sería hallado el 28 de febrero, el mismo día que cumplía los veinte años. Jamás se pudo dar con los responsables y su asesinato quedó impune.

El controversial caso de El niño del terror sigue teniendo repercusiones en la actualidad.

Grupos de derechos humanos cuestionan el actuar de la policía, el COI y la OID en el operativo donde la madre de Hermosa fue acribillada.

Se les acusó de negligencia y de haber llevado a cabo una ejecución extraoficial.

Sin embargo, el gobierno los condecoró por haber atrapado al asesino y resolver el caso.

En 2015, la fiscalía general del Estado abrió una investigación en contra del comandante general de la policía de la época, además de otros doce miembros del Grupo de Intervención y Rescate.

La Dirección de la Comisión de la Verdad y los Derechos Humanos de la fiscalía inculpó como autor material del asesinato de Zoila Amada Suárez a un agente identificado como Francisco C.

, el cual fue sobreseído en octubre del 2016.