Psicópatas del mundo JAVED IQBAL. EL MONSTRUO DE LAHORE #4
77%

JAVED IQBAL. EL MONSTRUO DE LAHORE #4

El 16 de marzo del 2000, Javed Iqbal fue encontrado culpable de sodomía y cien asesinatos, y condenado a morir colgado cien veces frente a los padres de todas sus víctimas, con la misma cadena con la que las estranguló.

El juez indicó que, además, su cuerpo sería cortado en cien pedazos y disuelto en ácido, tal como había hecho con los chicos que asesinó, siguiendo la Ley de Talión, también conocida como la Ley Islámica del ojo por ojo, diente por diente.

Los crímenes cometidos por Iqbal no solo horrorizaron a la opinión pública, sino también a las autoridades, quienes deseaban imponer un castigo inédito, simbólico e impactante al asesino. A pesar de que se trataba de una condena exuberante, todo el pueblo pakistaní la celebró.

Sin embargo, la sentencia sería revocada poco después por el Consejo de Ideología Islámica, el cual indicó que profanar el cadáver del asesino iba en contra de sus enseñanzas sobre el respeto por el cuerpo de la persona. De todas formas, Javed Iqbal debía ser ejecutado, pero en la horca.

Sajid Ahmad fue encontrado culpable de haber participado de forma activa en los cien asesinatos y también fue condenado a la pena de muerte.

Se probó que Mohammad Nadeem participó en trece de los crímenes, mientras que Sabir lo hizo en cinco de ellos, por lo que fueron condenados a ciento ochenta y dos y sesenta y tres años de cárcel respectivamente.

Javed Iqbal era un sujeto complejo desde el punto de vista intelectual y psicológico. En una entrevista, concedida desde la cárcel de máxima seguridad de Kot Lakhpat, realizaría las siguientes declaraciones al psiquiatra Khalid Sohail:

Dr. Sohail: Ahora, dígame la verdad, Javed, ¿mató usted a un centenar de niños?

Javed Iqbal: ¿Cree usted que un hombre que ha sido desactivado, que apenas puede caminar, que tiene dificultades para ir al baño, es lo suficientemente fuerte como para matar un centenar de niños?

Dr. Sohail: ¿Sabía usted que lo acusan de abusar sexualmente de los niños?

Javed Iqbal: Me encantan los niños. Hice construir un centro de recreo especial con aire acondicionado para ellos, llamado Escolar de Sunnyside. He creado centros de videojuegos para ellos. Yo quería librarlos de todos los abusos que sufren en nuestro sistema corrupto.

Dr. Sohail: Si no mató ni abusó de esos niños, ¿por qué sus discípulos confesaron en contra de usted?

Javed Iqbal: Usted debe haber leído lo que le pasó a mi compañero, Ishaq Billa.

Mientras la policía investigaba el caso, se dieron cuenta de que él era un testigo clave para mi defensa y lo mataron.

Así que para proteger a mis amigos, les hice decir que sí a todo lo que les pedía la policía.

Fue para salvar sus vidas. Todas las confesiones acusatorias son falsas.

Dr. Sohail: Si no fue usted, ¿por qué fue a la prensa a darles la noticia falsa?

Javed Iqbal: Dr. Sohail, después de vivir en este país toda mi vida y ser parte del sistema corrupto, llegué a la conclusión de que el sistema solo puede cambiar desde el exterior.

Solo cuando esta corrupción es escrutada a nivel internacional, entonces aparece una cierta esperanza para su reforma.

Así que, para llamar la atención internacional, tuve que organizar un gran drama.

A mí me pueden matar, pero si esto no hace que cambie esta sociedad, habrá otro Javed Iqbal.

Mira entre mis cejas... verás una señal. La mayoría de las personas tienen un espacio en blanco o pelos que unen las cejas, pero yo tengo tres puntas. Es una estrella, una señal especial de Dios.

Iqbal insistió en que los cien niños estaban con vida, pero que era responsabilidad de la policía encontrarlos.

También añadió que todas las acusaciones en su contra eran falsas, incluso cuando fue arrestado en 1990 y 1998 por abuso de menores, y que las autoridades solo querían chantajearlo a él y a su familia para obtener dinero.

Poco después de las dos de la madrugada del martes 9 de octubre del 2001, uno de los guardias de la cárcel de Kot Lakhpat encontró a Javed Iqbal y a su cómplice, Sajid Ahmad, muertos al interior de sus respectivas celdas.

Varios reportes indicaban que Iqbal había intentado suicidarse en al menos doce ocasiones desde que estaba recluido, y si bien los primeros informes indicaron que se quitó la vida ingiriendo veneno, los exámenes forenses demostraron que tanto Iqbal como Ahmad presentaban señales de haber sido golpeados con un objeto contundente y que fallecieron por estrangulamiento.

Tras una breve investigación, se pudo probar que otro de los guardias había descubierto horas antes los cuerpos de Iqbal y Ahmad aquella noche, colgados del cuello con sábanas atadas a los barrotes de sus celdas.

Aparentemente se había quedado dormido durante su turno, y temiendo las represalias de su descuido, desató las sábanas y dejó los cadáveres tendidos en el suelo.

A pesar de todo, el informe final indicó que ambos se suicidaron.

La personalidad de Javed Iqbal era cambiante y compleja, pero lamentablemente las autoridades pakistaníes no realizaron ninguna evaluación psiquiátrica.

Es probable que los fuertes golpes que recibió en la cabeza influyeran en su comportamiento y produjeran algún tipo de trastorno, aunque todos los antecedentes indican que ya era un abusador de menores con rasgos psicopáticos desde mucho antes.

También mostró ciertos rasgos psicóticos y delirios mesiánicos, pues creía ser alguien especial y que tenía que entregar un mensaje al mundo.

Culpaba a las autoridades de ser corruptas, pero en el fondo se sentía frustrado por las consecuencias de sus propias acciones.

Iqbal estaba seguro de que la salud de sus padres comenzó a deteriorarse cuando fue acusado de sodomía, cargos que se negaba a reconocer.

Sus crímenes, llevados a cabo con espeluznante sangre fría, lo convierten en un asesino en serie organizado, obsesivo y calculador, que incluso se entregó a las autoridades cuando cumplió la macabra meta que se había fijado.

A pesar de que existen algunas dudas con respecto al verdadero número de víctimas de Iqbal y que sus propios alegatos durante el juicio buscaban desacreditar la investigación realizada por la policía, lo cierto es que no existen pruebas de que ninguno de estos niños siga con vida.

Tras la muerte de Javed Iqbal, el fiscal Burhan Moazzan declararía al respecto: «Muéstreme un solo niño que haya sido encontrado. No conozco a ninguno que haya regresado con sus padres. Iqbal era un monstruo y creo que mató a más de cien niños».