Psicópatas del mundo JOSÉ RABADÁN. EL ASESINO DE LA CATANA #3
72%

JOSÉ RABADÁN. EL ASESINO DE LA CATANA #3

Las polémicas en torno al caso continuaban.

Poco después, se supo que Rabadán se convertiría en el heredero del dinero y los bienes de su familia, y que además recibiría una pensión por orfandad.

Tras pasar solo nueve meses tras las rejas, José Rabadán fue considerado inimputable por enajenación mental y dejado en libertad, con la recomendación de que fuese internado en un centro para menores, ante el estupor de la sociedad española.

En vista de que sus otros familiares no quisieron hacerse cargo de él, sus abogados tuvieron que pasar un par de días acompañándole en un hotel.

Incluso se cortó el cabello, se maquilló y se puso un par de gafas para salir a la calle y pasar desapercibido.

La situación era insostenible y lo convencieron de que ingresara voluntariamente a una casa de acogida.

Allí, podría estar tranquilo y acceder a un tratamiento psicológico con especialistas.

Tras un intento de fuga, se estipuló que Rabadán debería cumplir un mínimo de seis años en un centro psiquiátrico para menores y otros dos en libertad vigilada.

Fue trasladado a un centro en Cantabria llamado Nueva Vida, en donde se convirtió en evangélico, tuvo una novia y se relacionó estrechamente con la comunidad religiosa.

El primero de enero de 2008, José Rabadán recobró su libertad, pero decidió quedarse en Cantabria con su pareja. Años más tarde, tuvieron una hija a quien bautizaron Mercedes, el mismo nombre de la madre y la hermana de José: Mercedes Pardo y María Mercedes Rabadán.

El caso del Asesino de la catana volvería a salir a la palestra en 2018, gracias al documental Yo fui un asesino , en el cual Rabadán aseguró haberse rehabilitado.

Se le ve sereno ante las cámaras, explicando cómo gracias a la religión, una vida estructurada y las terapias recibidas en los centros en los que estuvo internado, ha podido reinsertarse en la sociedad, conseguir un buen trabajo y formar una familia.

Al referirse al crimen, afirmaría lo siguiente: «Yo no tenía la intención, fue mi cuerpo. Levanté la espada, pero ahí sentí que ya estaba consumado. La espada bajó con mi brazo, pero bajó solo».

No es extraño que un psicópata intente eludir la responsabilidad de sus actos.

Por lo general, aseguran haber sido poseídos por una fuerza maligna, escuchar voces que los incitan a matar, dicen que no son ellos mismos durante el crimen o que observaban desde fuera de su cuerpo los acontecimientos, como si fueran meros espectadores de lo que está ocurriendo.

Aun así, existen otros elementos que también apoyan la idea de que Rabadán se encontraba, en efecto, en un estado de psicosis antes, durante y después del triple asesinato.

Algunos chicos que lo conocía, lo habían escuchado decir días antes que quería asesinar a sus padres, aunque ninguno le creyó.

Tras cometer el crimen, su comportamiento fue más bien errático.

Se fue del inmueble con quince mil pesetas para dirigirse a Barcelona, pero aún llevaba la ropa manchada de sangre.

Llamó a la policía para avisar del asesinato y le confesó a todo el que se le cruzó que era un asesino.

Aquello no encaja con la conducta de alguien que quiere huir y pasar inadvertido.

¿Es posible la rehabilitación para un asesino de estas características?

La respuesta es compleja. Rabadán cumple al mismo tiempo con varios rasgos que lo perfilan como un psicópata, según indican los especialistas que lo trataron.

Resulta imposible predecir con certeza su comportamiento futuro, pero desde un punto de vista criminológico es claro que existe un riesgo de reincidencia.

En una de las entrevistas que dio tras su liberación, explicó:

No sé si la sociedad está preparada para mí. Muchos pensarán que sigo siendo un monstruo, pero ya no estoy enfermo [...] Si yo estaba enfermo, a día de hoy ya no lo estoy. Y si era un psicópata, mis hechos demuestran que tampoco lo soy.

Sigmund Freud analiza la figura metafórica de «matar al padre» asociada al complejo de Edipo para explicar uno de los procesos trascendentales del ser humano, cuando se independiza y deja de depender de sus progenitores.

Es probable que José Rabadán anhelara esa independencia y pensara que aniquilando a su familia conseguiría esa libertad.

En el mismo documental Yo fui un asesino , su discurso parece estructurado y coherente en términos generales. Existen afirmaciones interesantes, por ejemplo, cuando asegura:

Puedo ser un psicópata bueno. Un psicópata que mira por los demás y que intenta ayudar al prójimo.

O un psicópata que se apoya en la religión.

O un psicópata que se apoya en la familia.

Después de que sucediese todo aquello, me he cuestionado si realmente era el monstruo que la gente decía que yo era.

Parece claro que Rabadán es consciente de sus rasgos psicopáticos, esos que indican que personas con sus características no aprenden de sus errores, no sienten remordimientos, no se arrepienten y una vez que asesinan es prácticamente seguro que reincidirán.

Así, asoma una última interrogante: ¿tiene derecho José Rabadán a una segunda oportunidad y a rehacer su vida?