Psicópatas del mundo ADOLFO DE JESÚS CONSTANZO. Y SARA ALDRETE LOS NARCOSATÁNICOS #3
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ADOLFO DE JESÚS CONSTANZO. Y SARA ALDRETE LOS NARCOSATÁNICOS #3

Aproximadamente a un metro de profundidad apareció el cadáver del joven. Tenía el rostro cubierto con cinta adhesiva, le habían amputado ambas piernas a la altura de las rodillas, le faltaba la columna vertebral, la parte superior del cráneo y su cerebro había sido removido.

En un período de cuarenta y ocho horas, otros doce cuerpos masculinos fueron desenterrados del fangoso terreno.

La gran mayoría tenían el pecho y las costillas abiertas, y les faltaban varios órganos.

También mostraban signos de tortura y mutilaciones horrendas en el rostro, además de la extracción de los ojos y los genitales.

Las crudas imágenes fueron transmitidas por diversas cadenas de televisión de todo el mundo. Las excavaciones concluyeron a avanzadas horas de la noche del 13 de abril, aunque se temía que pudiera haber más cadáveres enterrados en los alrededores.

David Serna, Sergio Martínez y Serafín y Elio Hernández fueron presentados ante los medios de comunicación en un balcón del patio trasero de la sede federal.

El comandante Juan Benítez Ayala enseñó a los más de doscientos cincuenta periodistas presentes varias cicatrices rituales que los sospechosos tenían grabadas en el cuerpo, las cuales habrían sido realizadas por el padrino para protegerlos.

Elio Hernández confesó haber asesinado a un par de víctimas, pues Constanzo le había autorizado convertirse en uno de sus verdugos.

El resto también habría participado de los raptos, torturas y rituales.

Los periodistas decidieron bautizar a la secta como Los Narcosatánicos, un apodo tan intimidante como sensacionalista.

Y es que lo cierto era que los rituales que se realizaban en el rancho Santa Elena no tenían nada que ver con satanismo, sino que eran prácticas ligadas a la santería, el vudú y principalmente al palo mayombe.

La situación comenzó a complicarse aún más cuando los agentes realizaron un allanamiento en la casa de Constanzo, en el número 47 de la calle Papagallos, en Atizapán, Ciudad de México.

En el lugar se halló un enorme caldero rodeado de velas, inciensos, manzanas, habanos y aguardiente, y en su interior había veintiún machetes, varias dagas, trozos de madera y un esqueleto humano sumergido en sangre.

También se encontró una pared con un enorme espejo, tras el cual había una habitación oculta.

Al interior había millones de dólares en efectivo, lingotes de oro, joyas y un par de libretas de contabilidad en donde no solo aparecían los nombres de los más grandes narcotraficantes de Matamoros y sus alrededores, sino también el de policías, empresarios, políticos, abogados, jueces y reconocidos artistas de ambos lados de la frontera.

De hecho, varios de los clientes de Constanzo tenían altos cargos y solicitaban constantemente sus servicios, como los jefes de la Dirección Federal de Seguridad, Miguel Nazar Haro y José Antonio Zorrilla, además del comandante de la Dirección Federal de Seguridad, Florentino Ventura.

Entre las figuras del espectáculo más destacadas, que aparecían en fotografías junto a Constanzo, se encontraban artistas de renombre como Yuri, Lucía Méndez, Irma Serrano e incluso Juan Gabriel, para quienes habría realizado ciertos trabajos de santería.

Además, se encontraron varias cintas de grabación de un circuito cerrado de seguridad, en donde podían verse algunos jefes de la Policía Judicial Federal visitando la casa de Constanzo. Aquello dejó en evidencia que su influencia era mucho mayor de la que imaginaban.

El departamento de su cómplice, Sara Aldrete, también sería allanado.

En el lugar se encontró un altar rodeado de velas dedicadas a Changó y Santa Bárbara, figuras importantes del sincretismo religioso entre la santería y el catolicismo.

En uno de los rincones también se halló un montón de ropa de niño untada en sangre.

Las autoridades cedieron una rueda de prensa solicitando la ayuda de toda la comunidad.

Debían detener a Adolfo de Jesús Constanzo y a Sara María Aldrete a como diera lugar.

Los investigadores estaban al tanto de que la pareja se había dado a la fuga con al menos otros dos integrantes de la secta, los cuales serían identificados como Martín Quintana y Alvaro de León.

El problema era que no sabían si intentarían cruzar hacia Estados Unidos o permanecerían en México.

Adolfo de Jesús Constanzo González nació en Miami, Florida, el 1 de noviembre de 1962.

Era hijo de una pareja de inmigrantes cubanos/norteamericanos que había huido de la Revolución castrista en Cuba, pero un año más tarde su padre se marchó sin dar explicaciones y quedó bajo los cuidados de su madre y su abuela, quienes practicaban santería, vudú y palo mayombe, cultos afrocaribeños que mezclan tradiciones africanas, creencias cristianas y la adoración de los espíritus.

Si bien fue bautizado católico, su madre, Delia González, estaba tan convencida de que Constanzo estaba predestinado a convertirse en un poderoso brujo, que a la edad de dos años lo llevó a Haití para que fuese nombrado príncipe de palo mayombe, una religión que fue difundida en Cuba por esclavos provenientes de África Central, específicamente del Congo.

Poco después, la familia se mudó a Puerto Rico. Delia tuvo un segundo hijo y contrajo matrimonio con un empresario local, lo que les aseguró una vida acomodada.

Constanzo demostró ser un chico inteligente y metódico, pero arrogante, egoísta y en extremo serio. Tanto su madre como su abuela le inculcaron sus creencias religiosas desde pequeño y fue testigo de diversos ritos que incluían el sacrificio de animales.

En 1972 volvieron a mudarse a Miami, pero Delia enviudaría meses más tarde y recibiría una pequeña herencia.

Volvió a casarse y tuvo un tercer hijo con un narcotraficante que quedó impresionado con los extraños rituales que llevaban a cabo Delia y su madre.

De hecho, ambas mujeres adquirieron bastante reconocimiento como brujas en la comunidad latina de Miami y varias personas recurrieron a ellas para sanar a sus familiares enfermos o procurarles el mal a sus enemigos.

Por su parte, Constanzo se convirtió en aprendiz de un hechicero de la zona que practicaba el palo mayombe.

Uno de los elementos esenciales de esta religión es la nganga , un caldero en el cual se deben introducir palos, sangre, huesos y órganos tanto de animales como humanos, para invocar a los muertos y conseguir que estos cumplan todo tipo de favores.

La nganga se convertiría en uno de los objetos de adoración de Constanzo, quien comenzó a realizar pequeños rituales de sangre que en un principio solo incluían el sacrificio de gallinas.

La vida sexual de Constanzo fue bastante precoz.

Se convirtió en padre a la edad de catorce años, pero jamás formalizó la relación con la madre de su hijo.

Le gustaba mantener sexo con chicas de su edad esporádicamente, pero prefería a los hombres.

Aquello se transformó en un problema, pues la homosexualidad no era vista con buenos ojos por la sociedad de la época.

A la edad de dieciocho años, Constanzo no solo se ocupaba de conseguir nuevos clientes para su madre y su abuela, sino que él mismo comenzó a mostrar habilidades como médium y brujo.

Supuestamente era capaz de comunicarse con los muertos y predecir eventos futuros de forma tan exacta, que incluso su propia familia estaba impresionada.

De hecho, predijo pocos días antes que Ronald Reagan sería víctima de un intento de asesinato, el cual ocurriría el 30 de marzo de 1981.

Con el tiempo, Constanzo y su madre se vieron envueltos en varios problemas con la ley. Fueron arrestados en un par de ocasiones por hurto, robo, estafa y vandalismo, y en 1983 se mudaron a México.

Constanzo era un joven bastante atractivo, y si bien terminó sus estudios y tuvo la oportunidad de ingresar a la universidad, deseaba convertirse en actor y modelo.

Fue así como ingresó a una agencia y consiguió un par de empleos, pero más allá de su apariencia, su misteriosa y carismática personalidad comenzó a llamar la atención de su entorno.

Solía estar rodeado de amigos que lo seguían a todas partes y asistía a fiestas en donde leía el tarot a los invitados, causando gran impresión.

La fama de Constanzo creció rápido. Por lo visto, muchas personas que estuvieron con él afirmaban que no se trataba de un simple embaucador y que poseía habilidades extraordinarias, como leer la mente, invocar espíritus y predecir el futuro con exactitud asombrosa.

No solo era un tipo astuto, sino también alguien sumamente manipulador y ambicioso.

Para 1984, su magnética personalidad le abrió las puertas a círculos de personas influyentes, incluyendo agentes de la Policía Judicial Federal.

Identificó, en estas conexiones, una valiosa oportunidad para obtener favores y beneficios que potenciaran su posición.

Si bien le hacían algunos encargos de brujería y comenzó a lucrar con este tipo de actividades, su plan era realizar trabajos para narcotraficantes, pues estaba convencido de que movían cantidades de dinero mucho mayores.

Él mismo se presentó ante algunos sujetos ligados al narcotráfico como sacerdote de santería, brujo, curandero y profeta, para ofrecer sus servicios de protección mágica y limpias, sin embargo, en un principio no fue tomado demasiado en serio y solo consiguió un par de clientes.