Psicópatas del mundo ADOLFO DE JESÚS CONSTANZO. Y SARA ALDRETE LOS NARCOSATÁNICOS
49%

ADOLFO DE JESÚS CONSTANZO. Y SARA ALDRETE LOS NARCOSATÁNICOS

ADOLFO DE JESÚS CONSTANZO

Y SARA ALDRETE

LOS NARCOSATÁNICOS

México

El 16 de marzo de 1989, George Gavito, el sheriffdel condado de Cameron en Brownsville, Texas, recibió en su oficina a tres jóvenes que se presentaron para realizar una denuncia.

Estos afirmaban que el día anterior uno de sus amigos, identificado como Mark Kilroy, de veintiún años, había desaparecido de manera misteriosa mientras visitaba la ciudad mexicana de Matamoros en Tamaulipas.

Durante las vacaciones, miles de jóvenes estadounidenses (principalmente universitarios) atravesaban el puente internacional Brownsville-Matamoros, que conecta la frontera entre Estados Unidos y México.

Para muchos resultaba un destino atractivo, pues no necesitaban una visa para cruzar al país vecino.

Había docenas de restaurantes, tabernas, discotecas y locales nocturnos, el cambio del dólar les favorecía, los precios eran convenientes y durante el día podían visitar la costa mexicana para disfrutar de sus cálidas playas.

Otro factor importante era que en Estados Unidos la edad legal para comprar y consumir alcohol es de veintiún años, mientras que en México es de dieciocho. Por estos motivos, muchos cruzaban la frontera para ir a bares en Matamoros y evitar problemas con la ley.

Sin embargo, en los últimos años el ambiente se había enrarecido.

Las prostitutas, los asaltantes y los traficantes de droga rondaban por todas las esquinas, lo que mantenía en alerta a las autoridades mexicanas.

Por su parte, los veraneantes sabían que interactuar más de la cuenta con los locales no era buena idea, ya que algunos no sentían simpatía por los estadounidenses.

Mark Kilroy era un estudiante de tercer año de medicina de la Universidad de Texas que vivía en la ciudad de Santa Fe, a las afueras de Houston.

Cerca de las dos de la madrugada del miércoles 15 de marzo, él y sus tres amigos, identificados como Bradley Moore, Bill Huddleston y Brent Martin, salieron de un bar de Matamoros en estado de ebriedad.

Llevaban un par de días vacacionando en un centro turístico de South Padre, justo en la frontera entre México y Estados Unidos, y aquella noche habían decidido pasar a beber unas copas antes de regresar al hotel.

Los cuatro jóvenes caminaron en dirección al puente internacional Brownsville-Matamoros junto a una enorme muchedumbre cuando la fiesta terminó, pero en cierto momento se separaron y perdieron de vista a Kilroy.

Pensaron que lo encontrarían atravesando la frontera o que llegaría poco después, sin embargo, aquello no ocurriría.

Bill Huddleston aseguró que mientras caminaban en dirección al puente tuvo que pararse a orinar en un callejón y le pareció ver a Kilroy cruzando palabras con un sujeto que, al parecer, era mexicano.

Como el lugar estaba repleto de gente no le dio mayor importancia; jamás imaginó que podría ocurrirle algo malo.

Poco después, alcanzó a sus amigos Bradley Moore y Brent Martin, quienes seguían caminando un poco más adelante, hasta que cruzaron el puente y se detuvieron a la espera de Kilroy.

Pero los minutos pasaron y el joven no apareció.

Comenzaron a interrogar a las personas que transitaban por el lugar y solo una creyó reconocerlo tras escuchar su descripción. No estaba seguro, pero le parecía haberlo visto subiendo a una furgoneta blanca junto a otros dos sujetos.

Los tres jóvenes volvieron a Matamoros para continuar con la búsqueda de su amigo.

Visitaron todos los bares y centros nocturnos de la ciudad, sin éxito.

Varias horas más tarde, cruzaron la frontera y se dirigieron a su hotel en South Padre, en donde pasaron la noche después de llamar a los padres de Kilroy para informarles de su desaparición.

A la mañana siguiente se dirigieron a Brownsville a realizar la denuncia.

El sheriffdel condado de Cameron, George Gavito, no podía hacer demasiado.

Por aquel entonces la relación entre México y Estados Unidos era sumamente tensa debido a conflictos ligados al narcotráfico, la migración ilegal y ciertas políticas económicas que afectaron las relaciones diplomáticas entre ambos países.

Intervenir en un caso de desaparición ocurrido en México sin autorización tenía una serie de implicancias y lo recomendable era que la misma policía de Matamoros se hiciera cargo.

Sin embargo, mientras Gavito interrogaba a los tres muchachos, recibió una llamada telefónica de Oran Neck, el jefe del Servicio de Aduanas de Brownsville.

Este le informó que necesitaba de su ayuda de manera urgente, pues el sobrino de uno de sus colegas del Departamento de Aduanas de Los Ángeles había desaparecido en la ciudad de Matamoros. El nombre del joven era Mark Kilroy.

George Gavito y Oran Neck se comunicaron con el comandante de la Policía Federal de Matamoros, Juan Benítez Ayala, para informarle del caso.

Benítez había llevado a cabo varias redadas para detener a bandas narcotraficantes locales.

Tenía fama de ser un tipo duro, era respetado tanto por sus compañeros como por los delincuentes de la zona y había colaborado con Gavito y Neck en otras ocasiones, por lo que de inmediato se sumó a la investigación.

Las primeras diligencias se llevaron a cabo en cárceles, hospitales y morgues de Tamaulipas y Texas, pero no se obtuvo resultados.

Jim y Helen Kilroy, los padres del joven desaparecido, llevaron a cabo su propia cruzada comunicacional.

Difundieron miles de folletos con su imagen en Matamoros y en Brownsville, solicitaron la colaboración del público en diversos medios y ofrecieron una recompensa de quince mil dólares para cualquier persona que los ayudara a dar con el paradero de su hijo.

No pasó demasiado tiempo antes de que las autoridades mexicanas comenzaran a sentir la presión que se estaba ejerciendo desde el otro lado de la frontera.

Una docena de periodistas estadounidenses se apostó en la ciudad para informar de la extraña desaparición, la fotografía del joven estaba pegada en todas las esquinas y los departamentos de policía de ambas ciudades estaban trabajando en conjunto para encontrarlo.

La noticia fue dada a conocer por diversos medios tanto en Estados Unidos como México, y el 26 de marzo el reconocido programa America’s Most Wanted presentó el caso, lo que aumentó su difusión de manera considerable.

Fue entonces que surgieron los primeros rumores sobre qué podía haberle ocurrido a Mark Kilroy.

Si bien Matamoros era un lugar turístico, en donde miles de jóvenes mexicanos y estadounidenses se juntaban a beber cerveza, fumar marihuana y pasar el rato, la presencia de narcotraficantes en el área significaba un riesgo latente y era posible que Kilroy se hubiese relacionado con la gente equivocada.

También existía la posibilidad de que estuviese en manos de un grupo de secuestradores, pero de momento nadie se había comunicado con sus padres para exigirles dinero a cambio de su liberación.

La teoría más macabra la entregó un psíquico que colaboraba de manera ocasional con la policía, pues aseguraba haber tenido una visión en la que los restos de Kilroy estaban al costado de un enorme caldero de bruja y que había sido víctima de un ritual satánico.

Pocos días más tarde, un joven satanista de Brownsville sería detenido, pues al parecer había comentado a un par de amigos que había sacrificado a Kilroy en un rito y enterrado su cadáver en una playa.

Sin embargo, tras una breve investigación se pudo probar que todo era mentira y fue puesto en libertad.

En los días siguientes, la ciudad de Matamoros se vio invadida por diversas agencias federales estadounidenses, incluyendo el FBI, las cuales se unieron a la búsqueda del joven y ejercieron todavía más presión a las autoridades mexicanas.

A principios de la década de los ochenta, en Estados Unidos había surgido un fenómeno social denominado «pánico satánico», que se caracterizaba por un temor generalizado y desmedido ante la existencia de sectas que realizaban rituales y sacrificios humanos.

Algunos medios de comunicación amarillistas explotaron ese miedo y crearon publicaciones y programas de televisión que tocaban el tema hasta el hartazgo y que alcanzaban a una gran audiencia.

Quizá la primera sospecha relacionada a supuestos crímenes de índole satánico en el país se dio con el caso del Zodiaco, quien entre diciembre de 1968 y octubre de 1969 terminó con la vida de al menos cinco personas en California.

Las enigmáticas cartas encriptadas que enviaba a los medios de comunicación tenían una serie de signos que varios interpretaron erróneamente como mensajes satánicos.

También se podría decir que uno de los casos más emblemáticos, y que sentó un precedente, fue el de Charles Manson y La Familia, ocurrido en 1969.

Si bien no se trataba de crímenes rituales, la población asociaba los componentes ocultistas, las creencias esotéricas y apocalípticas de Manson con el satanismo.

Entre 1976 y 1977, David Berkowitz aterrorizó a toda la nación tras realizar una serie de tiroteos en Nueva York, dejando un total de seis personas muertas y varias heridas.

Berkowitz, más conocido como «El hijo de Sam», aseguró que el perro de su vecino había sido poseído por un demonio y que le ordenó cometer los ataques, aunque luego se retractó y reconoció haber formado parte de una secta satánica cuyos miembros estaban involucrados en los asesinatos.

Otro caso que despertó terror e indignación a finales de 1983, fue el de la escuela preescolar McMartin, en Los Ángeles.

En el lugar, supuestamente se habrían cometido cientos de abusos sexuales a menores de edad en el marco de aberrantes rituales satánicos.

Aunque el juicio duró siete años, convirtiéndose en el más largo y costoso de la historia legal de Estados Unidos, nadie resultó condenado.