Psicópatas del mundo DENNIS RADER. EL ASESINO BTK #7
48%

DENNIS RADER. EL ASESINO BTK #7

Conoció a una chica llamada Paula Dietz, con la cual contrajo matrimonio el 22 de mayo de 1971.

Tuvieron dos hijos y se mudaron a Park City, en Wichita, Kansas.

Entre 1972 y 1988 trabajó como ensamblador en la Coleman Company, en Cessna y en la compañía de seguridad privada ADT.

Al mismo tiempo, se había graduado de la Universidad Estatal de Wichita como funcionario de Justicia (funcionario de Cumplimiento de Códigos o Code Enforcement Officer).

Para aquel entonces, también se había convertido en un asesino en serie.

Durante el juicio, Dennis Rader detalló cada uno de sus crímenes con una frialdad espeluznante.

Además, hizo gala de sus conocimientos sobre asesinos en serie y su comportamiento.

Habló de forma técnica sobre las distintas fases que experimentan y explicó sus motivaciones sexuales, orientadas al bondage y al sometimiento.

Poco antes de que se entregara el veredicto del juez, Rader hizo una sorpresiva declaración, en la cual manifestó arrepentimiento por los crímenes que había cometido.

Nombró a cada una de sus víctimas y comenzó a hablar sobre sus virtudes.

Incluso se llegó a comparar con ellas, como cuando dijo que Josephine Otero amaba la poesía al igual que él.

Se le veía emocionado por primera vez en todo el proceso, con lágrimas en los ojos.

Sin embargo, es posible que solo sintiera lástima por sí mismo.

A pesar de que hablaba de sus víctimas, en el fondo seguía siendo autorreferente.

El 18 de agosto de 2005 sería condenado a diez cadenas perpetuas y enviado a la Cárcel del Dorado, en donde continúa recluido hasta hoy.

Dennis Rader confesó a los psiquiatras que lo entrevistaron que en realidad no había ningún suceso realmente traumático en su infancia, más allá de haber presenciado a sus abuelos matando gallinas, y él mismo reconoció que tampoco era suficiente para que alguien decidiera convertirse en un asesino en serie.

Se crio en una buena familia y nunca sufrió ningún tipo de abuso.

Aseguró que tampoco se golpeó la cabeza, como es el caso de otros asesinos seriales.

Hacía referencia a lo que él llamaba «el monstruo» o «el factor X», que era lo que lo impulsaba a salir a la calle y buscar una nueva víctima.

Lo único que detuvo a Rader, fue el tiempo. Trabajaba, estudiaba y se había convertido en padre. Siempre estuvo atento a su familia, y sus hijos lo recuerdan como un hombre estricto y autoritario, pero también correcto y cariñoso. Cuando hablaba de su esposa, su tono de voz incluso se suavizaba.

Por otro lado, Rader estaba absorto en sus planes homicidas. Confesaría que tras el crimen de Kathryn Bright se sintió frustrado, pues no pudo estrangularla y tuvo que asesinarla con un cuchillo. A partir de entonces, comenzó a apretar bolas de goma todos los días para fortalecer sus manos.

Sin embargo —hasta cierto punto—, se volvió descuidado y estaba cansado.

Aseguró que asesinar a una persona era menos interesante que lo que ocurría antes y después.

Seguir a su potencial víctima durante semanas, conocer sus costumbres y horarios, ponerles un nombre de proyecto y seguir las noticias del crimen era lo que en realidad le fascinaba.

En pocas palabras, el control absoluto. Jugar con la policía desde el anonimato y enviar cartas para jactarse de sus crímenes le resultaba placentero, pero también laborioso.

Debía preocuparse de no dejar ninguna huella, fotocopiar las cartas, recortar los bordes y entregarlas sin que nadie lo viera de cerca.

Incluso sus últimos crímenes los cometió cerca de casa, porque estaba seguro de que la policía no lo detendría. Finalmente, su arrogancia lo condenó.

Tras ser detenido aseguró que tenía planeado retirarse, aunque luego confesó que estaba realizando los preparativos para cometer un último asesinato y así demostrarles a todos que aún era capaz de matar.

A pesar de que estuvo inactivo durante años, nunca dejó de lado sus fantasías más perversas.

Guardaba trofeos de todos los asesinatos y se masturbaba con ellos, reviviendo los crímenes.

En el caso de la familia Otero, llegó a fantasear con esclavizar sus almas.

Fiel a su estilo, en algunos de sus escritos utilizó la sigla AFLV, que significaba afterlive concept of victim o «concepto de la víctima en la otra vida».

Joseph Otero sería su guardaespaldas. Julie lo bañaría y le haría masajes.

Joey sería su sirviente y juguete sexual.

Josephine sería su doncella. Con ella se sentiría pleno para instruirla en el sexo, el bondage y el sadomasoquismo.

El teniente Ken Landwehr, que incluso sería apodado «el Dick Tracy de Wichita», fue una pieza fundamental para atrapar a BTK.

Supo sacarle partido a su evidente narcisismo y lo llevó a cometer los errores que lo condujeron a la cárcel.

Tuvo la paciencia suficiente para armar el caso, lo convenció de confesar y le endosó diez cargos de asesinato en primer grado.

Landwehr fallecería en enero de 2014, a la edad de cincuenta y nueve años, por un cáncer de riñón. Pero él y su equipo pasaron a la historia por detener a uno de los más escurridizos y retorcidos asesinos en serie de Estados Unidos.