DENNIS RADER. EL ASESINO BTK #6
Cuando las muestras de ADN de Kerri Rader confirmaron su parentesco con BTK, Landwehr organizó el operativo para la detención.
Dennis Rader sería arrestado por un equipo especial el 24 de febrero de 2005, mientras conducía su vehículo y volvía a casa para almorzar con su familia.
El sospechoso no prestó resistencia. Fue esposado y lo introdujeron dentro de un coche de la policía.
A su lado iba un hombre moreno de grandes anteojos.
«Hola, señor Landwehr», saludó Rader. «Hola, señor Rader», respondió Landwehr.
Ken Landwehr y el especialista en perfiles del FBI, Bob Morton, interrogaron a Dennis Rader durante tres horas, sin conseguir una confesión.
No era que este se negara a colaborar, sino que la entrevista tenía una estructura bien definida.
Primero querían ganarse su confianza. Finalmente, cuando le preguntaron si sabía por qué estaba allí, asintió con la cabeza.
Reconoció que él era BTK y confesó un total de diez asesinatos.
Durante los siguientes días, varios agentes desfilaron frente a Rader para interrogarlo en detalle sobre los distintos crímenes.
En cierto momento, se puso de pie con las manos en la espalda y comenzó a gritar «¡mamá!
» cuando describió el asesinato de Josephine Otero, de once años, para luego sentarse en su silla riendo de forma burlesca. No demostraba arrepentimiento alguno.
La casa del asesino fue allanada en busca de pruebas.
Rader dibujó un mapa de su vivienda e indicó en dónde podían encontrarlas, con la condición de que no la demolieran.
La policía pudo dar con una bolsa llena de anuncios de ropa de mujer e infantil y revistas de crímenes antiguas, en donde aparecían mujeres maniatadas en las portadas.
También hallaron el anillo de compromiso de Marine Hedge, a quien asesinó el 27 de abril de 1985, y varias polaroid de su cadáver en el interior del sótano de una iglesia.
Los detectives quedaron atónitos al darse cuenta de que había llevado su cuerpo a ese lugar para tomarle fotos eróticas, antes de dejarlo al costado de la carretera.
De fondo se podía apreciar la ropa de los integrantes del coro.
También se encontraron fotografías del cadáver de Dolores Davis y otras que resultaron igual de impactantes: las del mismo Rader posando con la ropa interior de algunas de sus víctimas, atado y con una máscara.
En algunas aparecía suspendido de un árbol, colgando boca abajo, con un elaborado sistema de cuerdas y poleas.
En otras incluso estaba semienterrado, en lo que parecían ser tumbas improvisadas.
Dichas fotografías, que realizaba utilizando un trípode y un control remoto, las usaba para masturbarse, al igual que las que había tomado a sus víctimas.
El resto de evidencia que incluía un bolso con sogas, cintas, un cuchillo y una pistola calibre 25, serían encontradas en un despacho del ayuntamiento, al cual llamaba la veta madre.
También se hallaron dibujos de mujeres siendo sometidas, diversas pruebas de la creación de la firma de BTK, recortes de periódicos sobre sus propios crímenes, libros sobre asesinos en serie y criminología, y varias carpetas anilladas que contenían la historia de sus aberraciones.
Además llevaba un detallado historial con todas las cartas, poemas y pistas que había enviado a la policía.
Se comprobó que durante todos esos años había seguido a cientos de mujeres durante semanas e incluso meses, fantaseando con asesinarlas.
Era un sujeto en extremo meticuloso y registró todos sus movimientos —como BTK— de manera obsesiva.
Cada uno de sus crímenes tenía un nombre clave y los definía como «Proyectos».
Por ejemplo, el asesinato de la familia Otero pasó a llamarse «Proyecto Pequeño México», una forma despectiva de referirse especialmente a Josephine, debido a su origen latino.
El asesinato de Kathryn Bright se llamaba «Proyecto Luces apagadas».
Shirley Vian había recibido el nombre de «Proyecto Apagón» y a Marine Edge, que vivía a pocos metros de su casa, la llamó «Proyecto Galletita».
Dolores Davis fue el «Proyecto Perrera», porque vivía frente a una, y Vicki Wegerle era «Proyecto Piano», ya que Rader la escuchaba tocar dicho instrumento cuando la espiaba.
Para los especialistas del FBI no había dudas de que Rader era un asesino en serie psicópata, voyerista, sádico, organizado y obsesivo.
Parecía increíble que alguien con empleo y familia se hiciera el tiempo para seguir a cientos de personas y documentar sus elaborados crímenes sin despertar ninguna sospecha.
Dennis Lynn Rader nació el 9 de marzo de 1945, en Pittsburg, Kansas.
Era el mayor de cuatro hermanos y nunca destacó demasiado en la escuela.
Era un chico reservado, a pesar de que le gustaba participar en todas las actividades.
Posteriormente, recordaría que a la edad de ocho años vio a sus abuelos matar gallinas para consumo en una granja.
En una de sus entrevistas, Rader aseguró que aquella experiencia lo había traumatizado.
Al entrar en la adolescencia, comprendió que algo no marchaba bien.
Mientras sus compañeros de escuela bromeaban con besar o tener sexo con otras chicas, él fantaseaba con atarlas y estrangularlas.
Llegó a matar perros y gatos con sogas para satisfacer sus impulsos, pero anhelaba hacerlo con un ser humano.
Una de las prácticas preferidas de Rader era la de seguir y espiar a chicas jóvenes. Lo había hecho desde que era un adolescente. Incluso se podía colar en sus habitaciones para robarles la ropa interior. Sin embargo, la idea de matar ya se había asentado en su cabeza varios años antes.
En cierta ocasión, una profesora lo reprendió en clases y se sintió humillado. Esa noche visitó su casa y la espió por una de sus ventanas. Llevaba una soga amarrada en la cintura, la cual comenzó a apretar para intensificar su placer, hasta que eyaculó.
Se graduó de la secundaria y asistió a la universidad para luego ingresar a la Fuerza Aérea de Estados Unidos, en donde se desempeñó como técnico. Pasó varios años en Texas y Alabama, e incluso viajó a Corea del Sur, Grecia y Turquía.