Psicópatas del mundo DENNIS RADER. EL ASESINO BTK #4
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DENNIS RADER. EL ASESINO BTK #4

Bill Wegerle, el esposo de Vicki, lo vio pasar antes de llegar a su casa ese día, pero como era un hombre quien lo conducía pensó que no era el suyo.

También le dijo a la policía que cuando entró a la vivienda y vio a su hijo solo, pensó que Vicki había salido de compras.

Miró en la habitación, aunque como el cuerpo estaba a un costado de la cama no lo pudo notar de inmediato.

Pasarían cuarenta y cinco minutos antes de que lo descubriera.

Todo aquello sonaba demasiado extraño para la policía.

El caso Wegerle fue polémico. Bill pasó a ser el principal sospechoso y fue sometido a interrogatorios cada vez más duros. A pesar de que varios detectives creían que había asesinado a su esposa, ninguna prueba lo inculpaba. Por otro lado, el grupo destinado al caso BTK sabía que Bill era inocente.

El jefe de policía Richard Lamunyon dejaría su cargo en 1988. A pesar de todos sus esfuerzos, el caso BTK representaba su peor fracaso, al igual que para el resto de los agentes involucrados.

El 19 de enero de 1991, una mujer de sesenta y dos años llamada Dolores Davis desapareció de su casa, cerca de Park City.

Las autoridades prestaron especial atención a este caso, pues cuando registraron la vivienda descubrieron que la línea telefónica había sido cortada.

La mañana del 1 de febrero, casi dos semanas después, un adolescente que paseaba con su perro encontró el cadáver de Davis debajo de un puente, en la calle 117 Norte, parcialmente congelado y devorado por los animales.

Junto al cuerpo, atado de pies y manos y con una media anudada al cuello, la policía encontró una máscara.

El macabro crimen alertó a todos los detectives vinculados al caso del asesino BTK, aunque a esas alturas la investigación estaba en un punto muerto.

Se parecía mucho al asesinato de Marine Hedge, cometido en 1985, aunque esta vez el cuerpo sí tenía ataduras.

De pronto, los asesinatos se detuvieron.

El temor de la comunidad con respecto a BTK se desvaneció poco a poco y su nombre fue quedando en el olvido.

Varios de los policías y detectives que trataron de resolver el caso terminaron sus carreras con la impotencia de jamás haber estado siquiera cerca de descubrir quién era el asesino.

Para el año 2004, algunos de los nuevos agentes del Departamento de Policía de Wichita ni siquiera habían nacido cuando se cometió el asesinato de la familia Otero.

La sigla BTK no les decía absolutamente nada.

Tampoco a los jóvenes columnistas del Wichita Eagle .

Sin embargo, Hurst Laviana, un periodista que siguió de cerca el caso a partir de 1984, lo recordaba a la perfección.

El 17 de enero de ese año, Laviana publicó una nota conmemorativa sobre la familia Otero.

El día 15 de ese mismo mes se cumplían treinta años del cuádruple crimen y el responsable nunca fue atrapado.

En el artículo, además de explicar que BTK había cometido muchos otros asesinatos, entrevistaba a un abogado que llevaba años escribiendo un libro sobre el tema.

Al mismo tiempo, Laviana reflexionaba sobre cómo BTK ya no despertaba miedo ni interés a nivel local.

Muchos de los ciudadanos ni siquiera sabían que había existido un asesino en serie en Wichita, cuando se les preguntaba.

El 19 de marzo, el Wichita Eagle recibió un sobre.

En su interior se incluía la fotocopia de tres fotografías en donde aparecía el cadáver de una mujer y un carné de conducir perteneciente a Vicki Wegerle.

En la parte inferior derecha, había un extraño grafiti que parecía decir BTK, con la B simulando un par de senos y las letras T K formando unas piernas abiertas.

Glenda Elliot, la ayudante del editor, fue la primera en ver la carta.

Llevaba varios años trabajando allí y recordaba el caso BTK. De inmediato avisó a sus superiores.

Todos quedaron sorprendidos. Por lo visto, el artículo de Laviana motivó al asesino a dar señales de vida. Después de un par de días, Laviana acudió a la policía y les entregó la carta, no sin antes sacar una copia.

Los agentes más veteranos acudieron al llamado de inmediato.

El carné de conducir de Vicki Wegerle era verdadero.

En los informes del caso constaba que nadie tomó fotografías en la escena del crimen de Wegerle pues, cuando llegó la ambulancia, lo primero que hicieron fue trasladarla hasta el salón principal para intentar reanimarla, ya que la habitación donde la encontraron era demasiado pequeña para realizar las maniobras.

Aquellas fotos solo podía haberlas tomado el asesino antes de marcharse aquel día.

El remitente de la carta decía Bill Tomas Killman 1684 s.

Oldmanor, Wichita, KS. 67218. Tanto el nombre como la dirección eran falsas, aunque claramente tenían una intención.

Bill Tomas Killman era un nombre inventado, pero sus iniciales formaban la sigla BTK.

El apellido Killman hacía referencia al asesinato, y la dirección, Oldmanor, a un hombre mayor, si se rescatan las palabras oldman .

Era evidente que BTK se estaba burlando de ellos.

El jefe de la Brigada de Homicidios, Ken Landwehr, al igual que algunos de los agentes más veteranos, conocían muy bien el caso. Sabían lo escurridizo que era el asesino y esa carta podía ser la clave para atraparlo.

Estudios del FBI sobre asesinos en serie aseguraban que estos eran incapaces de dejar de matar una vez que comenzaban.

La policía estaba bastante segura de que BTK llevaba inactivo más de una década.

La pregunta era por qué se había detenido.

Tal vez había estado en la cárcel por algún otro delito.

Quizá era un anciano, estaba enfermo o en silla de ruedas.

Landwehr armó un equipo especial en tiempo récord para retomar el caso, antes de que la noticia de la reaparición de BTK se filtrara a la prensa.

El periodista del Wichita Eagle , Hurst Laviana, estaba dispuesto a colaborar con la policía, pero a cambio pidió la exclusividad.

Landwehr sabía que tenía una copia de la carta y esta podía aparecer en la primera plana del Wichita Eagle en cualquier momento, así que accedió.

La condición de Landwehr era que no se publicaran la carta ni las fotos, pues aquello arruinaría la investigación.

Por lo demás, los medios de comunicación eran —justamente— la herramienta que tenían previsto utilizar para desenmascarar a BTK.

Landwehr reunió a varios de los detectives que llevaron a cabo la investigación del caso BTK entre los años setenta, ochenta y noventa, quienes habían sido apodados Los cazafantasmas.

También contó con la ayuda de algunos agentes del FBI, como Bob Morton, especialista en perfilamiento de asesinos en serie.

Todos coincidían en que los medios de comunicación podían ser su punto débil.

Era un asesino en busca de notoriedad. Realizar ruedas de prensa, publicar su caso en la televisión y en los periódicos podía animarlo a escribir una nueva carta y cometer algún error que lo delatara.

Pero, aunque todos estaban de acuerdo, existían riesgos. Tal vez aquello lo alentara a matar otra vez para reafirmar su poder. Los rostros visibles de la investigación también podían correr peligro. Ken Landwehr asumió la responsabilidad.

Finalmente, el 24 de marzo todo el país se enteró a través de la página web del Wichita Eagle de que un asesino en serie, que había cometido su primer crimen hacía treinta años, estaba libre y había dado señales de vida.

Se sospechaba que era responsable de al menos siete u ocho asesinatos.

Todos los medios de comunicación se hicieron eco de la noticia.

Landwehr apareció en televisión confirmando el comunicado en una rueda de prensa y pidiéndole a la población que tomara los resguardos necesarios.

Como estaba previsto, la ciudad entró en pánico y reporteros de todo Estados Unidos viajaron para cubrir la historia.

El 4 de mayo, BTK enviaría un nuevo sobre con pistas.

Fue recepcionado por la KAKE y de inmediato derivado a la policía.

Este incluía una sopa de letras con las palabras «artimaña», «militar», «seguros» e «inmobiliaria» marcadas.

También había fotocopias de unos carnés de identidad, una placa con la palabra «agente especial» y trece títulos de capítulos para un texto llamado La historia de BTK .

Exámenes forenses indicaron que no se encontraron huellas dactilares, cabellos ni gotas de sudor en los documentos.

El Departamento de Policía de Wichita recibía a diario cientos de correos y llamados de personas que intentaban colaborar con la captura de BTK, pero la mayoría fueron rápidamente descartados.

El 9 de junio, un sujeto encontró un extraño paquete pegado en la parte trasera de una señal de tránsito y lo llevó de inmediato a la policía.

Este contenía un sobre con un título que decía Campograma de BTK .

En su interior había una nota en la que se describía con lujo de detalles el asesinato de la familia Otero.

Este solo sería el primero de varios hallazgos.

En otra carta, encontrada en una biblioteca de Wichita el 17 de julio, BTK advirtió que se estaba preparando para matar.

Sugería que podía atacar a algún menor de edad que estuviera solo en casa.

El 22 de julio, Ken Landwehr ofreció una nueva conferencia de prensa en la que pidió a la comunidad que extremara sus medidas de seguridad. Para aquel entonces, los investigadores contaban con evidencia biológica de BTK, pero sin otra muestra con la cual compararla no serviría de mucho.