Psicópatas del mundo DENNIS RADER. EL ASESINO BTK #3
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DENNIS RADER. EL ASESINO BTK #3

El asesino además hizo referencia al crimen de Shirley Vain y explicó que sus hijos se habían salvado porque se apresuró a huir cuando el teléfono de la casa comenzó a sonar: «Tuvieron mucha suerte.

Los salvó la llamada telefónica. Pensaba inmovilizarlos y ponerles una bolsa en la cabeza, como a Joseph y Shirley.

Luego, colgaría a la chica. Dios mío, cómo lo habría disfrutado».

Aquí se refiere a la hija menor de Shirley Vain, Stephanie, de cuatro años. La carta continúa:

Lo que hago no me hace perder el sueño. Después de lo de Fox, me fui a casa y seguí con mi vida como si nada .

Sí, el modus operandi va variando, pero la pauta básica es la misma: inmovilizo a las víctimas, casi todas son mujeres, corto el teléfono, manifiesto ciertas tendencias sádicas, demuestro mi dominio a través del bondage .

Ustedes no comprenden estas cosas, porque no están bajo la influencia del factor X, a diferencia del Hijo de Sam, Jack el destripador, Harvey Glatman, El estrangulador de Boston, el Dr. H.H.

Holmes, El estrangulador de las medias de Florida, El estrangulador de Hillside, Ted de la Costa Oeste y muchos otros asesinos tristemente célebres.

Parece absurdo, pero no podemos evitarlo.

No hay ayuda posible, no hay cura, solo la muerte o la captura y el encierro .

Ya es hora de que yo también tenga un nombre: Ya he matado a siete y todavía quedan muchas más. Me gustan estos, ¿y a ustedes ?

El estrangulador BTK, El estrangulador de Wichita,

El estrangulador poeta, El estrangulador del bondage .

El director de la KAKE, Ron Loewen, fue llamado de urgencia cuando la carta fue recibida.

Aquella podía ser una exclusiva sin precedentes en caso de publicarla en el noticiero de la tarde, pero decidió acudir a la policía.

El jefe de policía, Richard Lamunyon, leyó la carta y después de unos minutos le dijo a Loewen que tenían que conversar.

Le confesó que la policía ya estaba al tanto de la situación, pero que no sabían cómo podía reaccionar el asesino si sus cartas eran publicadas en los medios de comunicación.

No querían alentarlo a seguir matando. Aun así, comprendió que la situación seguiría escalando y lo autorizó para dar la noticia por televisión, además de ofrecerse para enviar un mensaje a la comunidad.

Ese día, en el noticiero de las seis de la tarde, Ron Loewen y Richard Lamunyon aparecieron frente a las cámaras anunciando que un peligroso asesino estaba suelto en la ciudad, y que era posible que ya hubiese cobrado siete víctimas.

Después, Lamunyon ofreció una rueda de prensa en donde reconoció que la identidad del criminal aún era un misterio.

La ciudadanía estaba aterrada. Algunas personas aseguraban haber recibido llamadas de alguien que decía ser BTK y los amenazaba de muerte, pero resultaron ser bromas de mal gusto.

Que las autoridades reconocieran la existencia de un asesino de estas características, que atacaba casas en apariencia al azar, llevó a que miles de familias comenzaran a utilizar sistemas de seguridad, además de comprar perros guardianes y armas de fuego para defenderse.

La desesperación de las autoridades por dar con el asesino comenzó a ser evidente.

En las cartas, BTK nombró varias veces la ubicación de las gafas de sus víctimas.

También aparecían situadas sobre un velador, en el dibujo de la escena del crimen de Nancy Fox, y los agentes pensaron que podía tratarse de una pista.

Durante una entrevista cedida a la KAKE por el jefe de policía Richard Lamunyon, mientras hablaba de BTK, apareció, por una fracción de segundo, el dibujo de unas gafas y el texto: «Llame ahora mismo al jefe de policía».

Muchos bromistas llamaron asegurando que eran BTK, por lo que el mensaje subliminal no sirvió de nada.

El 28 de abril de 1979, una viuda de setenta y tres años llamada Anna Williams llegó a su casa cerca de las once de la noche, después de pasar la velada con unos amigos.

Encontró su habitación desordenada, le habían robado algunas joyas, ropa y treinta y cinco dólares.

Intentó llamar a la policía, pero cuando levantó el teléfono se dio cuenta de que alguien había cortado el cable.

De inmediato recordó las noticias sobre BTK y salió corriendo en busca de ayuda.

Los agentes a cargo del caso consideraron que se había tratado de un robo común y corriente y no le prestaron mayor atención.

Sin embargo, pocas semanas después, Williams recibiría una carta.

Dentro del sobre venía uno de sus pañuelos y sus joyas, además del dibujo de una mujer desnuda y atada en una cama.

También incluía un poema en el cual, básicamente, el sujeto que lo había escrito le preguntaba por qué no había llegado a casa esa noche, asegurando que él la había estado esperando.

La cadena de televisión KAKE recibió una copia de la misma carta y una de las encargadas de la oficina de correos pudo dar una descripción del sujeto que la entregó.

Era un hombre blanco, de unos cuarenta años, bien afeitado.

Medía aproximadamente un metro setenta y cinco, iba con chaqueta vaquera y guantes.

De inmediato KAKE se puso en contacto con la policía.

Varias cosas llamaron la atención de los investigadores.

Williams era una mujer mayor y no coincidía con el perfil de víctimas, mucho más jóvenes.

Pronto, descubrieron que la anciana recibía constantes visitas de una nieta de veinticuatro años y quizá era a ella a quien buscaba el asesino.

También notaron que el sospechoso había firmado las cartas con su sigla característica, sin embargo, había una variación.

La letra B estaba inclinada, y las letras T y K juntas.

Algo que seguía inquietando a los agentes era la cantidad de faltas de ortografía que presentaban las cartas de BTK.

Se suponía que era alguien inteligente y meticuloso.

La duda era si escribía así para despistarlos, si padecía de algún problema cognitivo o solo era un ignorante. Quizá se trataba de un mensaje cifrado.

Para 1985 ya se había cumplido más de una década del asesinato de la familia Otero, pero la sombra de BTK seguía acosando al Departamento de Policía de Wichita y a su población.

Los estadounidenses comenzaban a familiarizarse con el término serial killer y ya habían sido testigos de los controversiales casos de Ted Bundy, John Wayne Gacy y Richard Ramírez.

El hecho de que BTK no diera señales de vida desde 1979 despertó diversas teorías.

Una de ellas era que el asesino había muerto.

Los investigadores se negaban a aceptarlo.

Estaban decididos a detenerlo con vida y meterlo tras las rejas.

Solo un año antes, el Departamento de Policía pudo acceder a una computadora para filtrar datos y se ahorraron miles de horas en clasificación de archivos.

Además, se formó un grupo especial enfocado cien por ciento en el caso de BTK.

También entrevistaron a decenas de miles de sospechosos.

No solo los interrogaron, sino que, gracias a los avances de la genética, existía la opción de recolectar muestras de sangre y saliva para compararlas con las huellas de semen halladas en las escenas de los crímenes.

Incluso el FBI, que presentaba nuevas teorías sobre el comportamiento criminal, ayudó prestando asesoría para perfilar al asesino.

Luego, también colaboraría con su base de datos VICAP (Violent Criminal Apprehension Program o Programa de Aprehensión de Delincuentes Violentos). Pero todo fue en vano.

El grupo especial que había sido formado para la detención de BTK, pronto fue apodado por el resto del Departamento de Policía como Los cazafantasmas, en alusión al largometraje que fue un éxito de taquilla en 1984.

De hecho, cierto día encontraron un cartel de la película pegado en una de sus puertas.

Ese es el clásico humor negro de los policías.

En mayo de 1985, el cadáver de una mujer de cincuenta y tres años llamada Marine Hedge fue encontrado junto a una acequia, en la calle 53 Norte, al noreste de Wichita.

El cuerpo se encontraba en avanzado estado de descomposición y había sido parcialmente devorado por los animales de la zona.

Estaba desnuda y la autopsia reveló que había sido estrangulada.

Hedge había desaparecido nueve días antes, el 27 de abril, y desde entonces la policía estaba intentando rastrearla.

Su vehículo fue encontrado en un centro comercial, pero al parecer había sido atacada al llegar a casa.

Varios agentes dieron la alarma cuando se descubrió que, en ella, la línea telefónica había sido cortada.

El caso era extraño. A pesar de que sospecharon que podía tratarse de BTK, este nunca había atacado a una mujer y la había dejado al aire libre. Además, no tenía ninguna ligadura. Aquello no concordaba con su perfil ni su modus operandi .

El 16 de septiembre de 1986, el cadáver de Vicki Wegerle, de veintiocho años, fue encontrado por su esposo en la habitación matrimonial cuando este regresaba de su trabajo.

Su hijo de dos años también se encontraba en casa, pero no le habían hecho daño.

El cuerpo estaba semidesnudo, al costado de la cama, atado de pies y manos.

Había sido estrangulada con unas medias.

Tenía varios moretones en el rostro. El vehículo de la familia había sido sustraído del domicilio, un Monte Carlo dorado de 1978, aunque fue encontrado pocas horas más tarde en una calle aledaña.