Psicópatas del mundo DENNIS RADER. EL ASESINO BTK #2
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DENNIS RADER. EL ASESINO BTK #2

Lamento que en nuestra sociedad pasen cosas así.

Hay quien se lleva la peor parte. Me resulta difícil controlarme.

Probablemente digan que soy un psicótico fetichista de las escenas de ahogamiento.

Nunca sabré cuándo entró este monstruo en mi cerebro.

Pero no se irá. ¿Cómo busca uno cura para esto?

Si pidiera ayuda, si dijera haber matado a cuatro personas, la gente se reiría o pulsaría el botón de alarma y llamaría a la policía .

No puedo detenerlo, así que el monstruo sigue su camino, dañándome a mí y a la sociedad.

La sociedad puede dar las gracias de que personas como yo a veces hallen alivio fantaseando con torturar a una víctima de mi propiedad.

Mi amigo, el monstruo, juega un juego complicadísimo.

Anota el domicilio de las víctimas, las sigue, hace averiguaciones, las acecha en la oscuridad, las acecha, las acecha...

La presión es enorme y a veces hace lo que se le da la gana.

Tal vez ustedes puedan pararlo. Yo soy incapaz .

Ya ha elegido a su próxima víctima o a sus próximas víctimas, aunque todavía no sé quiénes son. Lo sabré al día siguiente, cuando lea el periódico, pero será demasiado tarde. Buena suerte en la búsqueda .

Atentamente, el verdadero culpable. Posdata: Como los delincuentes sexuales no cambian su modus operandi o su propia naturaleza se lo impide, yo no voy a cambiar el mío.

Mi contraseña será «Bind them, Torture them, Kill them», o sea BTK (atarlas, torturarlas, matarlas).

BTK volverá a hacerlo, ya lo verán. Encontrarán estas letras en la próxima víctima .

La nota tenía tantas faltas de ortografía, que los investigadores se preguntaban si el autor había escrito así a propósito. De todas formas resultaba espeluznante y decidieron mantenerla oculta porque sabían que, si se difundía, causaría pánico en la población.

Se comunicaron con el columnista Don Granger, quien se había mostrado prudente y no corrió a buscar la carta a la biblioteca para publicarla en el periódico.

Le propusieron trabajar juntos para intentar desenmascarar a BTK y este aceptó.

Granger quería colaborar con las autoridades, por lo que ideó una forma de enviarle un mensaje al asesino a través de las mismas páginas del periódico.

Publicó escuetos artículos en los cuales le pedía a un tal BTK que lo llamase y que podrían ayudarle, pero estos no obtuvieron respuesta.

Pasaron un par de meses antes de que el 11 de diciembre de 1974 el diario Wichita Sun publicara una nota en la que aseguraba que la policía había recibido una carta del asesino de la familia Otero.

Este se hacía llamar BTK y había amenazado con volver a matar.

La información se había filtrado y una periodista del Wichita Sun , que incluso accedió a una copia de la carta de BTK, decidió que la noticia debía hacerse pública para que los residentes tomaran los resguardos pertinentes, a pesar de que esto interfería con los planes de la policía.

Y si bien esto acarreó una serie de controversias y desató una ola de terror en la población, el asesino no volvió a dar señales de vida durante casi tres años.

El 17 de marzo de 1977, cerca de la una de la tarde, la policía fue alertada de un nuevo asesinato.

Shirley Vian, una madre soltera de veintiséis años, fue estrangulada con una soga y una bolsa plástica en el interior de su propia casa, en el 1311 de South Hydraulic.

Sus tres hijos, de ocho, seis y cuatro años, habían sido encerrados en el baño de la vivienda por el asesino.

Cuando rompieron una de las ventanas y corrieron por ayuda, la mujer ya estaba muerta.

A pesar de que la policía llegó rápidamente al lugar e intentaron reanimarla, resultó inútil.

La casa se llenó de detectives, pues algunos agentes comenzaron a correr la voz de que el caso tenía similitudes con el de la familia Otero.

Las enrevesadas ataduras con las que maniataron a la víctima y la bolsa en la cabeza así lo confirmaban.

Sin embargo, en la escena del crimen no se encontraron manchas de semen.

El atacante no cortó los cables telefónicos y tampoco dañó a los hijos de la mujer, a diferencia del caso Otero.

De hecho, estaban encerrados en el cuarto de baño, en donde los dejó sobre una manta con varios juguetes mientras estrangulaba a su madre.

Aunque los detectives declararon a los medios de comunicación que no había similitud entre ambos casos, nadie de la prensa se lo creyó.

Al día siguiente, otro columnista del Wichita Eagle publicó una nota comparando el asesinato de los Otero con el de Shirley Vian, exponiendo la posibilidad de que la ciudad estuviese a merced de un peligroso criminal.

El nombre de BTK volvió a resonar en los noticieros y muchos ciudadanos comenzaron a instalar sistemas de seguridad en sus viviendas.

Al mismo tiempo, el jefe de policía Richard Lamunyon y Bill Cornwell de la Brigada de Homicidios comenzaron a sospechar que ambos casos podían estar ligados al asesinato de Kathryn Bright.

Si bien las similitudes no eran evidentes y recibirían algunas críticas por parte de sus colegas, algo les hacía pensar que se trataba del mismo sujeto, aunque no podían probarlo.

Steven, de seis años, uno de los hijos de Shirley, declaró que ese día había salido a comprar cuando un hombre vestido de traje y con un maletín se le acercó.

Le dijo que era policía y que estaba buscando a unas personas.

Le mostró una fotografía en donde se podía ver una mujer y un niño, pero Steven señaló que no los había visto.

Poco después llegó a su casa con su madre y sus dos hermanos, cuando comenzaron a golpear la puerta.

Corrió a abrirla y pudo ver que se trataba del mismo hombre.

Cuando su madre se acercó a ver de quién se trataba, el extraño extrajo una pistola y comenzó a amenazarla.

Metió a los niños al baño, en donde los encerró, y luego comenzó a someter a la mujer hasta matarla.

Ninguno de los tres menores fue capaz de describir de forma exacta al asesino, lo que produjo gran frustración entre los investigadores.

La mañana del 9 de diciembre de ese mismo año, la policía recibió un perturbador llamado: «Encontrarán un homicidio en el 843 de South Pershing. Nancy Fox».

Mientras la llamada era rastreada hasta una cabina telefónica, varios agentes se dirigieron a la dirección, y aunque golpearon la puerta nadie salió a abrir.

Se asomaron por la parte trasera y notaron que la línea telefónica había sido cortada y una de las ventanas estaba rota.

Al ingresar a la vivienda se encontraron con el cuerpo de Nancy Fox, de veinticinco años, sobre la cama, semidesnuda, atada y estrangulada.

Cerca de su rostro había un camisón manchado con lo que parecía ser semen.

No había duda de que los investigadores se enfrentaban a un asesino en serie que además se volvía cada vez más perverso.

Esta vez, incluso se había atrevido a llamar a la policía para alertarlos de su nuevo crimen.

Al igual que en las otras escenas, no pudieron encontrar ninguna pista que los ayudara a identificar a un culpable.

Para aquel entonces, el Departamento de Policía de Wichita era asistido por el FBI.

Sin embargo, el estudio del comportamiento de los asesinos en serie, encabezado por Robert Ressler y John Douglas en Quantico, estaba en pañales.

Sabían que el criminal buscaba atención, pero nadie quería hacerse cargo de otorgársela.

Anunciar ante la comunidad que estaban detrás de un asesino en serie, además de causar el pánico, podía animarlo a cometer más crímenes.

Si bien la ciudadanía, gracias a las especulaciones de la prensa, tenía nociones de que BTK rondaba las calles, no había un anuncio formal por parte de las autoridades.

El 31 de enero de 1978, el Wichita Eagle recibió un escueto poema titulado «Shirley Lock, Shirley Lock»:

¿ Serás mía? No debes gritar, ni someterte aún, sino reposar en un almohadón, y pensar en mí y en la muerte, y en cómo será. BTK .

El próximo, sobre Fox .

Es posible que resultara demasiado críptico para que los redactores lo tomaran en cuenta y, sumado a que la firma de BTK no era muy legible, al final fue despachado al departamento de anuncios clasificados.

Como nadie había pagado por su publicación, pasó al archivo de cartas no reclamadas.

Nadie sospechó que en la nota se referían a Shirley Vain y que se anunciaba otro poema dedicado a Nancy Fox, dos de las víctimas de BTK.

El 10 de febrero de 1978, un sobre llegó hasta la cadena de televisión KAKE firmado cuatro veces con el remitente BTK, acompañado de varias ilustraciones de pequeñas sogas de verdugo.

Adentro venía un poema titulado «Oh, que Nancy muera», haciendo referencia al asesinato de Nancy Fox, junto a un explícito dibujo de ella tendida en la cama.

Además, incluía una nota que señalaba lo siguiente:

He visto que el periódico no ha publicado nada del poema sobre la pobre Vain.

Habría bastado con unas líneas. Sé que la culpa no es suya.

El jefe de policía les manda guardar silencio para que el público no sepa que anda suelto un psicópata que casi siempre estrangula mujeres. Ya van siete. ¿Quién será la próxima ?

¿ A cuántas tengo que matar para salir en los periódicos o para que en este país se me preste atención? ¿Acaso cree la policía que no hay relación entre todos estos crímenes ?

Colgar a Josephine fue muy excitante. Me rogaba por su vida. Luego, la soga se deslizó. Estaba indefensa. Me miró aterrorizada, mientras la soga estaba cada vez más apretada .