DAVID PARKER RAY. EL AMO DE LA CAJA DE JUGUETES #5
Si encontrar un cuerpo en mitad del desierto era difícil, hacerlo en Elephant Butte resultaba prácticamente imposible.
No solo se trata del lago artificial más grande de Nuevo México, sino que es el hábitat de enormes peces que pueden medir casi dos metros de largo, pesar hasta ochenta kilos y devorar restos humanos.
Fue entonces, que comenzó a barajarse la posibilidad de que Parker Ray en realidad se deshiciera de los cadáveres descuartizándolos y lanzándolos desde su bote.
Los primeros condenados por el caso fueron Glenda Jean y Dennis Yancy, acusados de conspiración en el asesinato de la novia de este último.
Según Yancy, Parker Ray lo había obligado a estrangularla, a punta de pistola, tras haber abusado de ella.
Sin embargo no pudo explicar por qué siguió relacionándose con él y no avisó a la policía.
Ambos fueron condenados a treinta y seis años de prisión, aunque Glenda fue dejada en libertad el año 2017 y Yancy en 2021.
Cynthia Lee Hendy colaboró con la investigación y entregó pruebas que acusaban a Parker Ray de otros dos asesinatos, el cual incluía a un exsocio del acusado, Billy Bay Bowers, de quien finalmente sí se pudo hallar el cuerpo sumergido en el lago Elephant Butte.
Según las confesiones de Cindy, Parker Ray procuraba torturar durante semanas a las víctimas antes de matarlas.
Por medio de picanas eléctricas, ganchos, correas, cuerdas, látigos y cuchillos podía ejercer todo tipo de suplicios.
Además de encadenarlas y aporrearlas, las introducía durante varias horas en un sarcófago que fue encontrado en la propiedad durante el allanamiento, con el fin de desorientarlas y asustarlas.
También ocupaba una caja con candado que ponía sobre sus cabezas, causando el mismo efecto, además de producir un mayor grado de sofocación.
Aquellas jóvenes asesinadas eran estranguladas o apuñaladas mientras Parker Ray las violaba, pues este aseguraba que las contracciones del ano o la vagina, mientras una chica moría, lo excitaban aún más.
Por su parte, Parker Ray se enfrentaba a doce cargos de abuso sexual, secuestro, asesinato y conspiración.
A las acusaciones de Kelly Barret, se sumaron las de otras chicas que parecían haber recobrado la memoria y lo señalaban como un violador y torturador.
Por desgracia, y a pesar de todas las evidencias, el jurado no se puso de acuerdo y el juicio se declaró nulo.
Aquello significó una terrible derrota para la fiscalía, pues, aunque el caso era estremecedor, lo cierto era que muchas de las pruebas continuaban siendo circunstanciales.
Las autoridades estaban de acuerdo en que todo indicaba que se trataba de un asesino serial, pero aquello no era suficiente y David Parker Ray lo sabía.
Aunque su depravado mundo y hábitos sexuales habían quedado expuestos al escrutinio público, y tanto Cindy Hendy como Dennis Yancy lo acusaban de varios asesinatos, no había evidencia que lo incriminara de forma directa.
Una agenda, en la que anotaba las fechas de los raptos, tampoco resultó ser una prueba sólida.
Las principales testigos que declararon en su contra eran mujeres con antecedentes penales que se exponían a un constante juicio moral, debido a que ejercían como prostitutas y eran alcohólicas y drogadictas.
El jurado consideró, a raíz de las declaraciones de estas mismas mujeres, que asistieron de manera voluntaria a las orgías que Parker Ray organizaba, pues no existía evidencia de que hubiesen sido secuestradas.
Al mismo tiempo, la defensa planteaba que si bien Parker Ray tenía un interés por prácticas sexuales poco convencionales, aquello no lo convertía necesariamente en un asesino.
El caso tuvo un nuevo juicio en noviembre de 2000, sin embargo, la muerte repentina del juez encargado retrasó el proceso.
El 9 de abril de 2001 el juicio fue reabierto, presentando una cantidad mayor de pruebas incriminatorias.
Ante este nuevo escenario, Parker Ray modificó su estrategia legal y llegó a un acuerdo con la fiscalía: se declararía culpable de todos los cargos a cambio de que su hija recibiera una pena reducida de cinco años de libertad condicional, lo que fue aceptado.
David Parker Ray sería condenado a doscientos veintitrés años de cárcel por cargos criminales de secuestro, agresión sexual y tortura, aunque poco después intentó retractarse de sus confesiones, asegurando que estaba enfermo y que el consumo de medicamentos lo había hecho sentir desorientado el día del acuerdo, alegato que fue desestimado por el juez.
Sin embargo, durante una de las últimas audiencias, el acusado sí parecía mostrar un delicado estado de salud.
Ya no sonreía de forma irónica ni lucía relajado, sino que se le veía sudoroso, se tocaba el pecho de manera constante y tenía los ojos vidriosos.
No estaba fingiendo. Estaba sufriendo de una grave enfermedad al corazón.
David Parker Ray fallecería de un paro cardíaco el 28 de mayo de 2002, a la edad de sesenta y dos años, justo antes de ser enviado a la Correccional del Condado de Lea.
Cynthia Vigil, la joven que consiguió huir y lo denunció a la policía, ha concedido varias entrevistas expresando su preocupación por diversas desapariciones de mujeres a lo largo de todo Nuevo México, ya que está segura de que Parker Ray podría estar involucrado.
El FBI decidió difundir cientos de fotografías relacionadas al caso, en donde se mostraba una enorme cantidad joyas y ropa femenina halladas en la casa de Parker Ray, con la esperanza de que familiares de las víctimas pudieran reconocerlas, aunque de momento la iniciativa no ha dado resultados.
Hoy la policía sigue realizando búsquedas en el desierto de Nuevo México, principalmente en el lago Elephant Butte, donde se han hallado pequeños fragmentos de huesos humanos, pero ha sido imposible identificarlos y asociarlos a las víctimas.