Psicópatas del mundo JEFFREY DAHMER. EL CANÍBAL DE MILWAUKEE #6
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JEFFREY DAHMER. EL CANÍBAL DE MILWAUKEE #6

Rita Isbell, hermana de Errol Lindsey de diecinueve años, asesinado por Dahmer en marzo de 1991, no se pudo controlar.

Una vez que subió al estrado, comenzó a gritar: «¡Estoy furiosa!

¡Así es como uno se pone cuando pierde el control!

¡No quiero ver a mi madre teniendo que pasar por esto otra vez!

¡Nunca, Jeffrey! ¡Te odio! ¡Te odio!». Isbell avanzó amenazante para encarar a Dahmer, pero este permaneció inmóvil.

La mujer sería detenida por los guardias, protagonizando uno de los momentos más tensos de todo el proceso.

El acusado leyó una carta en donde manifestaba su arrepentimiento por los crímenes, pero no consiguió conmover a nadie.

Su tono de voz monótono tampoco demostraba que estuviese afectado.

Finalmente, sería sentenciado a quince cadenas perpetuas consecutivas, que comprendían novecientos cincuenta y siete años de prisión.

Dahmer sería enviado al Instituto Correccional de Columbia, en donde pasó gran parte de su estancia aislado del resto de la población penal por su propia seguridad, aunque al poco tiempo solicitó permiso para compartir con otros internos.

El aislamiento absoluto podía resultar contraproducente para su salud mental, aunque el problema era que varios presos lo querían muerto, sobre todo los afroamericanos.

Dahmer tenía un sentido del humor macabro y despertó la antipatía de los reclusos, en especial cuando moldeó su comida y la hizo pasar como partes humanas o cuando bromeaba con los guardias y amenazaba con morderlos.

Dahmer sobrevivió a un ataque de navaja en agosto de 1994 y solo resultó con heridas leves.

Pero el 28 de noviembre de ese mismo año no tuvo tanta suerte.

Christopher Scarver, un reo que sufría esquizofrenia, lo atacó con una mancuerna de la sala de pesas, golpeándolo dos veces en la cabeza.

Dahmer murió camino al hospital, a la edad de treinta y cuatro años.

La muerte de Dahmer despertó sentimientos encontrados en los estadounidenses.

Para algunos, suponía un alivio que un criminal de dichas características dejara de existir.

Sin embargo, también existía una sensación de que no había pagado por sus crímenes y que no pasó el tiempo suficiente tras las rejas.

El cerebro de Jeffrey Dahmer fue conservado —al menos por un tiempo— para realizar estudios, pero luego sería entregado a su padre, Lionel, quien decidió cremarlo.

El hombre estaba afectado por la muerte de su hijo y escribió un libro conmovedor, titulado A father´s story , en donde quedó al descubierto el sufrimiento de otra víctima colateral de los crímenes de Dahmer.

Debido a la mala fama que se ganaron los apartamentos Oxford tras los hallazgos, nadie quería vivir allí. Después de un tiempo fueron demolidos, en un esfuerzo por borrar de la memoria colectiva cualquier vestigio de esta espantosa historia.

Diversos estudios demostraron que Dahmer poseía un CI alto, de 145.

Sin embargo, queda en evidencia que su inteligencia emocional era nula.

Sus obsesiones y retorcidas fantasías tal vez eran el reflejo de una mente enferma.

En el libro Dentro del monstruo, Robert Ressler reflexiona en profundidad sobre la personalidad de este asesino e incluye parte de sus entrevistas.

Ressler asegura que Dahmer hacía intentos por ser coherente, pero que cada cierto tiempo se desorientaba.

A veces ni siquiera podía hablar sin hacer largas pausas en las que, según el especialista, entraba en estados catatónicos.

Jeffrey Dahmer no solo alcanzó el dudoso estatus de ser uno de los peores asesinos en serie de la historia moderna, sino que se ha convertido en uno de los perfiles más intrigantes del mundo de la criminología.

Anne Schwartz, periodista y autora del libro El hombre que no mató lo suficiente.

Los macabros secretos del carnicero de Milwaukee , aseguró que, por más que intentó ahondar en su infancia, no consiguió encontrar ningún evento particularmente traumático que pudiera explicar su comportamiento violento.

Pese a que tuvo que atravesar una ruptura familiar, aquello no se trataba de nada extraordinario.

Tampoco fue víctima de abusos ni sufrió ningún golpe en la cabeza que dañara su cerebro.

Si bien demostró una llamativa fascinación por experimentar con restos de animales muertos, era incapaz de hacerles daño cuando estaban vivos.

Durante su juventud tuvo que enfrentar un difícil proceso para aceptar su homosexualidad, y si bien su padre no sabía cómo enfrentar la situación, en ningún momento se lo recriminó e incluso trató de apoyarlo.

Si bien Dahmer era un sujeto frío, emocionalmente distante y que trataba a sus víctimas como si fueran objetos, se despreciaba a sí mismo y sufría de un profundo miedo al abandono, algo que lo diferencia de otros psicópatas como, por ejemplo, Ted Bundy.

El enigma en torno a la figura de Dahmer y sus verdaderas motivaciones continúa hasta hoy.

Él mismo confesó, en una entrevista cedida en febrero de 1993 para el programa de televisión Inside Edition , que mataba a sus víctimas debido a sus deseos obsesivos de control y posesión absoluta.

También reconoció que sabía que lo que estaba haciendo estaba mal, pero que fue incapaz de evadirse de sus fantasías más oscuras, aquellas en donde matar, abusar, mutilar y canibalizar a un ser humano le proporcionaban un enorme placer sexual.