TED BUNDY. EL ASESINO DE UNIVERSITARIAS #10
La selección de las víctimas de Bundy no fue al azar y encajaban en un perfil en extremo específico: jóvenes universitarias, bellas, de cabello oscuro y raya al medio.
Estas coinciden con las características físicas de su primera novia, Diane Edwards, por la cual Bundy sentía un enorme resentimiento, y algunos criminólogos creen que allí radicaría su misoginia.
Por otro lado, él mismo reconoció que sentía un odio inconsciente hacia su madre y que cada vez que asesinaba, imaginaba que la mataba a ella.
Pero Bundy no solo era un simple asesino, sino también un maestro del engaño.
Sabía que era un sujeto inteligente, atractivo y carismático, y utilizó a su favor todas estas características: por lo general hablaba en voz baja a las mujeres que le interesaban para que estas se le aproximaran si querían escucharlo, lo que le permitía tenerlas cerca, dentro de su espacio personal, para cualquier cosa que se propusiera.
Engañarlas y conseguir que confiaran en él era una parte importante de su fantasía, pues se trataba de un narcisista obsesionado con el control.
Se sentía orgulloso de que sus víctimas fueran universitarias de clase media ya que, como depredador y bajo su punto de vista, asesinar prostitutas no tenía demasiado mérito.
Si bien Bundy tenía conductas impulsivas, por lo general planificaba sus crímenes y era bastante astuto.
Acechaba a aquellas jóvenes que le parecían atractivas y que cumplían con su perfil, y elaboraba distintos planes para acercarse a ellas sin despertar sospechas.
Aprovechándose de su fachada —y otras tácticas ya mencionadas, como la pierna enyesada o el brazo en cabestrillo— se victimizaba y apelaba a la buena voluntad de las víctimas, las cuales jamás sospecharon que se enfrentaban a un despiadado asesino en serie.
Su vehículo, el Volkswagen escarabajo, tenía varias modificaciones que le permitieron facilitar los raptos.
Quitó la manilla interna de la puerta del copiloto para evitar que las chicas huyeran una vez que subían a su coche.
También sacó los asientos posteriores para acomodar a sus víctimas cuando iban inconscientes o atadas.
Y es que otra parte primordial de las fantasías sádicas de Bundy era que las jóvenes estuvieran aterrorizadas antes de morir.
Golpeaba a sus víctimas con una palanca de hierro hasta dejarlas indefensas.
Las violaba, las mordía, las sodomizaba con diversos objetos y las estrangulaba hasta matarlas.
Abusaba sexualmente de los cadáveres y los mutilaba con un cuchillo para después lanzarlos en lugares de difícil acceso.
Se pensaba que decapitó a sus víctimas solo para dificultar la identificación de los cuerpos y entorpecer las labores de investigación, pero más tarde confesó que guardó sus cabezas durante días con otros propósitos.
A pesar de que se encontraban descompuestas, las veía como un objeto sexual.
Les lavaba el cabello, les maquillaba el rostro y luego eyaculaba dentro de sus bocas.
A pesar de estas espantosas declaraciones, Bundy jamás contó todos los detalles de sus crímenes.
De hecho, en una de sus entrevistas con el detective Robert Keppel, reconoció que había hecho cosas horribles y que prefería no recordarlas.
También confesó que el total de víctimas superaba las cien y que no solo había matado mujeres.
Por lo visto, Bundy no padecía de ninguna enfermedad mental.
Tenía un CI de 136, era inteligente, coherente, articulado y consciente de la gravedad de sus actos.
Compatible con sus rasgos psicopáticos, se mostraba como un sujeto encantador, con un poder de manipulación excepcional y osado, aunque carente de empatía.
Con respecto a este último punto, el mismo Bundy declararía lo siguiente:
No me siento culpable. Me siento menos culpable ahora de lo que me sentía antes.
En serio, de nada. Y no es que me haya olvidado de algo...
que haya cerrado parte de mi mente o la haya dividido.
Creo que entiendo todo lo que hice. Estoy en la posición envidiable de no tener que sentir culpa.
Eso es todo. La culpa es el mecanismo que usamos para controlar a la gente.
Es una ilusión. Es un mecanismo de control social y no es saludable.
La capacidad de Bundy para despertar incluso la simpatía de sus captores resultaba alarmante, aunque al mismo tiempo explicaba cómo fue capaz de engañar a sus víctimas.
Comprender que un asesino necrófilo puede lucir como alguien normal —e incluso encantador— resulta desconcertante, sobre todo en una sociedad que se deja llevar por las apariencias.
El ex agente del FBI, Robert Ressler, se referiría a las entrevistas que realizó a Bundy en el documental Te man who lives with serial killers , afirmando lo siguiente: «Si es que ha habido un hombre que me asustara de verdad, ese fue Ted Bundy...
Y todavía no sé si realmente he descubierto cómo era.
Siempre me asustó que él se metiera en mi cabeza, más que yo en la suya.
Todavía sigo sin saber con exactitud quién llevaba el control en nuestras conversaciones, y eso sigue molestándome hasta el día de hoy. Bundy era un maestro en su juego».