Psicópatas del mundo TED BUNDY. EL ASESINO DE UNIVERSITARIAS #4
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TED BUNDY. EL ASESINO DE UNIVERSITARIAS #4

El 21 de octubre de 1976, mientras Bundy se encontraba en la cárcel, él y su abogado fueron notificados de que se le acusaba de manera formal del asesinato de Caryn Campbell en Colorado.

Los investigadores no solo contaban con el folleto hallado en su habitación en Salt Lake City, sino que también consiguieron los recibos de recarga de combustible que lo ubicaban a pocos kilómetros del lugar en donde la víctima fue vista por última vez y a un testigo que afirmaba haberlo visto en el mismo hotel el día de la desaparición.

Además, un grupo de forenses halló un cabello en el interior del Volkswagen de Bundy, el cual tras ser analizado se comprobó que correspondía a Campbell.

Sería extraditado a Colorado, en donde corría el riesgo de ser condenado a muerte, pero lejos de mostrarse preocupado declaró que estaba seguro de que podría ganar el juicio.

De hecho, en un movimiento sorpresivo, despidió a sus abogados y decidió representarse a sí mismo.

Cada vez que enfrentaba una cámara, saludaba y sonreía con confianza.

Incluso accedió a comparecer ante las autoridades del estado de Colorado sin presentar queja alguna, porque insistía en que era inocente de los cargos que se le imputaban.

El 17 de marzo de 1977, Bundy cedió una entrevista televisada en la prisión de Aspen, en la que se refirió a las graves acusaciones en su contra.

Y aunque jugó al misterio y respondió de forma ambigua algunas de las preguntas, parecía ser un sujeto inteligente y simpático, que incluso arrancó un par de sonrisas a sus entrevistadores.

Afirmó que estaba decidido a demostrar su inocencia y dijo que la experiencia lo ayudaría a convertirse en un excelente abogado.

El día 2 de marzo de 1977, comenzó la audiencia preliminar por el caso del asesinato en primer grado de Caryn Campbell, en el juzgado del condado de Pitkin, Colorado.

Bundy confirmó su petición de representarse a sí mismo y tuvo completo acceso a la biblioteca de leyes, la cual se ubicaba en la parte posterior de la sala de tribunales y estaba abierta a cualquier abogado que trabajara en el lugar.

Y a pesar de que un guardia lo vigilaba mientras consultaba los textos de derecho, la mañana del 7 de junio se lanzó desde la ventana del segundo piso y se dio a la fuga.

El oficial que debía cuidarlo lo dejó a solas en la biblioteca por un par de minutos...

jamás imaginó que Bundy se atrevería a saltar desde una altura de casi ocho metros.

Cuando se dieron cuenta de su ausencia, ya era demasiado tarde.

Se establecieron bloqueos en las carreteras de Aspen y cientos de policías salieron a la calle en su búsqueda.

Los noticieros alertaron a la ciudadanía de la fuga, lo que desató un desconcierto total.

Incluso varios cazadores de la zona salieron a recorrer los bosques, cargando rifles y escopetas con la intención de encontrarlo.

Las autoridades ya habían advertido que se trataba de un criminal peligroso, aunque estaban seguros de que difícilmente podría haber salido de Aspen.

Los únicos accesos a la ciudad eran vigilados y su fotografía estaba en todos los periódicos del país.

Sin embargo, los días pasaban y la situación comenzó a ser preocupante.

Bundy era más astuto de lo que parecía y el FBI tuvo que intervenir, aunque tampoco pudieron hacer demasiado.

Seis días más tarde, el agente Floyd Flatt, quien había estado toda la jornada en busca del fugitivo cerca de las montañas de Aspen, divisó un vehículo que, al notar su presencia, apagó todas las luces.

Aquello le pareció sospechoso y le ordenó que se detuviera.

Se acercó al conductor, el cual llevaba gafas y una gorra con que cubría parte de su cara.

El oficial Flatt sacó su revólver y le apuntó a la cabeza, pues reconoció a Bundy, quien fue arrestado sin prestar mayor resistencia.

La recaptura de Ted Bundy supuso un torbellino periodístico.

Había conseguido evadir a la policía y al FBI durante casi una semana, tras huir desde la sala de tribunales de Aspen sin la ayuda de terceros.

En aquel momento no estaba esposado y era vigilado por un guardia que lo había perdido de vista por un par de minutos, mientras se encontraba en la biblioteca.

Esto acarreó una oleada de críticas hacia las autoridades: se trataba de un acusado de asesinato en primer grado y las medidas de seguridad debían ser absolutas.

Cuando las cámaras de televisión lo grabaron por primera vez después de su fuga, el día 13 de junio de 1977, Bundy había perdido varios kilos, pero saludó de forma amistosa a los periodistas y afirmó que se encontraba bien.

Ese mismo día sería notificado de nuevos cargos en su contra: escape, robo en segundo grado, delito menor de robo y delito grave de robo, por los cuales arriesgaba una pena de hasta noventa años de cárcel.

Lejos de mostrarse abatido por su captura, Bundy abandonó los tribunales con una amplia sonrisa y aire triunfal.

Era evidente que disfrutaba de la atención mediática.

Según declararía más tarde, había estado planeando su escape durante varias semanas.

Acudía a la biblioteca a diario para consultar textos, sacar fotocopias y articular su defensa.

Tras evaluar varias opciones, decidió que saltar desde la ventana de la biblioteca de tribunales era su mejor alternativa.

Lanzarse desde casi ocho metros de altura podría haberle provocado una lesión grave, pero solo se torció un tobillo.

El mismo Bundy confesaría que llevaba semanas saltando desde la parte superior del camarote de su celda, una y otra vez, para fortalecer sus piernas.

También trotaba varios minutos al día para mejorar su condición física y aumentar su resistencia, pues sabía que tendría que escapar a pie hacia las montañas para ocultarse.

Era consciente de que Aspen tenía solo dos accesos y que intentar abandonar la ciudad cruzando la carretera sería inútil.

La mañana del 7 de junio, y tras un receso en la sala de tribunales, Bundy se dirigió a la biblioteca y aprovechó la distracción de uno de los guardias que salió a fumar a uno de los pasillos. Abrió la ventana y saltó.

Tras su fuga encontró una cabaña abandonada en mitad del bosque y pasó allí un par de noches. Sin embargo, el hambre y el frío lo obligaron a bajar a la ciudad, en donde robó un vehículo. Pocas horas más tarde, sería detenido por la policía.

Según Bundy, decidió huir de prisión porque estaba cansado de estar tras las rejas por un delito que no había cometido e intentó romantizar su escape afirmando que se trató de una experiencia maravillosa, en donde puso a prueba su astucia y su voluntad.

Y a pesar de que regresó a la cárcel y fue encerrado en una celda de alta seguridad en el condado de Garfield, Colorado, era evidente que se sentía orgulloso de lo que había conseguido.

Su caso cobró gran repercusión no solo por las graves acusaciones en su contra, los rumores de que había matado a varias mujeres y su espectacular fuga, sino porque él mismo se transformó en un personaje atractivo para los medios de comunicación.

Teodore Robert Bundy nació en un hogar para madres solteras en Vermont, Estados Unidos, el 24 de noviembre de 1946.

Su madre, Eleanor Louise Cowell, de veintidós años, fue enviada allí por sus padres tras quedar embarazada de un hombre que se decía pertenecía a la Fuerza Aérea y que la abandonó luego de enterarse de que esperaba un hijo.

La familia Cowell quería evitar el estigma social de que su hija fuese una madre soltera y su nieto un niño ilegítimo, por lo que decidieron hacerse pasar por sus padres.

Sería bautizado como Teodore Cowell y Eleanor fingió ser su hermana mayor, aunque cuatro años más tarde se mudaría con el pequeño Ted hasta Tacoma, en el estado de Washington.

Varios testimonios afirman que el padre de Eleanor, Samuel Cowell, era un hombre racista, agresivo y adicto a la pornografía, que maltrataba a su esposa y a sus hijas, y es muy probable que la joven decidiera marcharse de casa por estos motivos.

En varios libros sobre criminología se ha mencionado que el abuelo de Ted, Samuel Cowell, abusaba física y psicológicamente de él, sin embargo, esto no ha sido probado.

Incluso la doctora Dorothy Lewis, psiquiatra especialista en personalidades violentas, sostuvo que Bundy podría haber nacido fruto del incesto entre Samuel y su hija, pero por medio de pruebas de ADN esta hipótesis también quedó descartada, como queda en evidencia en el documental de 2020 Crazy, not insane .

Ted y su madre vivieron durante un tiempo en la casa de un tío abuelo, el cual era profesor de música de la Universidad de Puget Sound en Washington. Se trataba de un hombre culto, elegante y con una buena situación económica, al que el chico admiraba.

En 1951, Eleanor contrajo matrimonio con un cocinero del Ejército llamado John Bundy y con el cual tendría otros cuatro hijos.

Y a pesar de que parecían ser una familia unida, Ted mostró grandes dificultades para adaptarse.

Era tartamudo, tímido y retraído. Aún creía que Eleanor era su hermana y no entendía por qué se habían marchado del lado de sus supuestos padres.

Según varios especialistas, esa incertidumbre que lo abrumó durante la niñez terminaría afectando su autoestima.

En la miniserie de Netflix Conversaciones con asesinos: las cintas de Ted Bundy , él mismo asegura que tuvo una infancia normal, rodeada de amigos.

Sin embargo, es probable que idealizara su vida para no mostrarse como una persona vulnerable o desadaptada.

Insistía en que era popular y uno de los primeros de su clase, pero en el fondo era un chico solitario y con calificaciones promedio, a pesar de que poseía un CI de 136.