Psicópatas del mundo TED BUNDY. EL ASESINO DE UNIVERSITARIAS
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TED BUNDY. EL ASESINO DE UNIVERSITARIAS

TED BUNDY

EL ASESINO DE UNIVERSITARIAS

Estados Unidos

Los agentes llegaron a la conclusión de que alguien había ingresado por una de las puertas laterales de la vivienda y atacado a la chica durante la madrugada, antes de raptarla.

Aunque se interrogó a varias personas del círculo de la víctima, ninguna pudo aportar información relevante para el caso y la investigación se estancó.

El 18 de marzo 1974, en el condado de Turston, otra desaparición sería denunciada a la policía.

Donna Manson, de diecinueve años, fue vista por última vez en los alrededores del campus del Evergreen State College, en Olympia, seis días antes, el martes 12 de marzo.

Según dos de sus compañeras de residencia, la chica tenía planes de asistir a un concierto de jazz que se iba a realizar en la biblioteca universitaria, ubicada a unos doscientos metros de distancia.

Cuando Manson no regresó aquella noche nadie se inquietó, pues solía quedarse en casa de amigos y hacía autostop con regularidad.

A medida que los días pasaban y no tenían noticias de ella comenzaron a preocuparse, hasta que decidieron realizar la denuncia.

Pese a que la noticia se difundió por varios periódicos y a que se realizó una enorme búsqueda, la policía no pudo dar con la joven.

Algunos medios insinuaron que incluso podía tratarse de una red de esclavitud operando en el estado de Washington, pero no existía ninguna prueba que avalara esta hipótesis, que pronto fue desmentida.

El 17 de abril de ese mismo año, Susan Rancourt, una joven de dieciocho años, asistió a una reunión vespertina en uno de los salones de la universidad central de Washington, en Ellensburg.

Vivía en uno de los dormitorios del campus, y cuando esa noche no regresó sus compañeros llamaron inmediatamente a la policía.

Rancourt era una chica responsable y predecible; jamás se ausentaba sin avisar a sus compañeras de cuarto o a sus padres.

Una vez que se realizó la denuncia, los oficiales interrogaron a varios estudiantes y algunos recordaron haber visto a un sujeto joven, con el brazo en cabestrillo, rondando la zona e intentando entablar conversación con un par de chicas.

Esta pista cobraría relevancia cuando, cuatro días más tarde, otra universitaria denunció a la policía que un hombre con el brazo enyesado trató de obligarla a subir a un vehículo Volkswagen escarabajo, estacionado en el mismo campus.

Cuando la noticia se comunicó por medio de la prensa, al menos otras tres denuncias similares fueron recibidas por la policía.

En todas ellas se describía a un sujeto de entre veinticinco y treinta años, educado y atractivo, que pedía ayuda para cargar un montón de libros y que se habría presentado bajo el nombre de Ted.

A partir de entonces, entre los agentes se comenzó a correr el rumor de que este misterioso «Ted» podría estar involucrado en las desapariciones, sin embargo, aquella información no formaba parte de un comunicado oficial por parte de las autoridades.

La tarde del 6 de mayo, Roberta Parks, una estudiante de veinte años de la universidad estatal de Oregon, fue vista por última vez por una amiga.

Habían cruzado un par de palabras en una de las áreas verdes del campus.

Sus compañeros de cuarto, quienes estaban al tanto de que varias chicas jóvenes estaban desapareciendo en la zona de Seattle, se preocuparon cuando Parks no regresó a su habitación aquella noche y llamaron a la policía al día siguiente.

Los investigadores se tomaron en serio su desaparición, pese a que en un inicio evitaron vincular este caso con el de las otras chicas, pues les parecía extraño que el supuesto secuestrador se tomara la molestia de viajar desde Seattle a Oregon para dar un nuevo golpe.

Poco después, la policía fue alertada de una nueva desaparición.

Esta vez se trataba de una muchacha de veintidós años llamada Brenda Ball.

Aparentemente la chica se encontraba a las afueras de un bar llamado Flame Tavern, en el condado de King, cuando fue vista por última vez conversando con un sujeto con el brazo enyesado, cerca de la una de la madrugada del día primero de junio.

Ball vivía en un apartamento de Normandy Park junto a un par de amigas, quienes se comunicaron con los padres de la chica cuando esta no regresó.

Once días más tarde, el 12 de junio, Georgann Hawkins, una universitaria de dieciocho años perteneciente a la fraternidad Alpha Teta de la Universidad de Washington, en Seattle, sería reportada como desaparecida.

La joven había sido vista la noche anterior en las inmediaciones del campus y a la mañana siguiente debía presentarse a rendir un importante examen.

Hawkins era una alumna responsable y su ausencia llamó la atención tanto de sus compañeros como de sus profesores.

La policía interrogó a todo su círculo y dio con un testimonio que les llamó la atención.

Phyllis Armstrong, amiga y compañera de Hawkins, afirmó que cerca de las once de la noche del 31 de mayo, casi dos semanas antes, se topó con un sujeto a las afueras de la residencia universitaria donde ambas se alojaban.

Se trataba de un hombre joven que llevaba muletas, una pierna enyesada y cargaba un bidón de gasolina.

Este le dijo que se había quedado sin combustible y le solicitó ayuda para llevarlo hasta su vehículo.

La chica lo acompañó hasta el sector de los estacionamientos, en donde se encontraba aparcado un Volkswagen escarabajo color beige.

En cierto momento, el sujeto le pidió por favor que activara un botón ubicado bajo el volante del coche, pues era la única forma de que el motor encendiera.

La joven ingresó al vehículo, pero comenzó a sospechar que algo no iba bien.

Salió con rapidez del interior y le dijo al extraño que debía marcharse, pues tenía otras cosas que hacer.

Aquello, que solo parecía tratarse de una curiosa anécdota, se transformó en algo mucho más inquietante tras la desaparición de su amiga.

Según Phyllis Armstrong, se trataba de un hombre de entre veinticinco y treinta años, delgado, de cabello castaño y ojos azules, que parecía simpático, educado y en ningún momento se mostró amenazador. Aun así, algo la hizo desconfiar.

Para la policía, el testimonio de la chica resultó preocupante.

De inmediato sospecharon que podía tratarse del misterioso «Ted» sobre el cual los agentes llevaban rumoreando durante semanas.

La posibilidad de que estuviese relacionado con la desaparición de Georgann Hawkins encendió todas las alertas.

Los medios de comunicación se hicieron eco de todas estas desapariciones y la presión de la ciudadanía se hizo evidente.

A pesar de que se realizaron varias búsquedas en las zonas aledañas, no se dio con ningún cadáver, por lo que tampoco se podía afirmar que las jóvenes estuvieran muertas.

Sin embargo, a medida que pasaban las semanas, los mismos familiares de las víctimas comenzaron a perder las esperanzas de que fuesen encontradas con vida.

El 3 de julio de 1974, las autoridades del estado de Washington se reunieron para discutir el asunto.

Los investigadores habían planteado varias hipótesis: desde la participación de uno o dos sujetos que estaban raptando mujeres, hasta que se tratara de una secta satánica que las secuestraba para realizar sacrificios humanos.

Se realizó una rueda de prensa encabezada por el jefe de policía de Seattle, Robert Hanson, quien confirmó las sospechas de que todas estas desapariciones estaban relacionadas y que lo más probable fuese que implicaran actos criminales.

También advirtió a la población, y sobre todo a las chicas más jóvenes, de que estuvieran alerta, pues era probable que el secuestrador continuara buscando víctimas.

El mensaje era claro y aterrador. Pese a que el término «asesino en serie» aún no era utilizado de forma masiva, lo que días más tarde ocurriría en las orillas del lago Sammamish marcaría el curso de la investigación y pondría el caso en todos los noticieros del país.

El Sammamish forma parte de un parque estatal ubicado a unos trece kilómetros de Seattle. El domingo 14 de julio, concurrieron al lugar más de cuarenta mil personas para aprovechar el buen clima durante esa jornada que, aunque nadie sabía, tendría un final dramático.

La policía se presentó en el parque tras recibir la denuncia de la desaparición de Denise Naslund, de diecinueve años.

La joven, que se encontraba junto a su novio y unos amigos, fue vista por última vez cerca de las cuatro y media, cuando supuestamente se dirigía al baño.

Poco después, las autoridades se enteraron de que otra chica que se encontraba en el lugar también había desaparecido, Janice Ott, de veintitrés años.

Algunos testigos afirmaron haber visto a un sujeto con el brazo en cabestrillo que intentó entablar conversación con varias mujeres durante toda la jornada, incluyendo las dos chicas perdidas.

Cuando algunas jóvenes pudieron brindar su testimonio a la policía, confirmaron que aquel hombre que les pedía ayuda para cargar una pequeña canoa en su automóvil se presentó con el nombre de Ted.