Psicópatas del mundo DESCONOCIDO. EL ASESINO DEL ZODÍACO #5
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DESCONOCIDO. EL ASESINO DEL ZODÍACO #5

Aunque toda la nación quedó estupefacta cuando el asesino amenazó con cometer otros crímenes, finalmente se pudieron rastrear las llamadas, las cuales provenían del Hospital Estatal de Napa.

La policía no tardó en averiguar que se trataba de un paciente que llevaba tiempo recluido.

Las operadoras que recibieron los llamados del Zodiaco con anterioridad afirmaron en forma unánime ante los investigadores que la voz de este sujeto no coincidía.

El incidente sería catalogado como un show mediático, que solo evidenciaba cuán lejos estaban las autoridades de detener al verdadero asesino.

El 10 de noviembre de 1969, el San Francisco Chronicle recibió un nuevo sobre del Zodiaco, en cuyo interior se hallaba otro pedazo de la camisa de Paul Stine.

Esta vez, incluyó un complejo criptograma de trescientos cuarenta símbolos ordenados en una cuadrícula de veinte líneas que en su momento no pudo ser descifrado, además del recuento de siete víctimas fatales y un listado de cinco meses: diciembre, julio, agosto, septiembre y octubre.

En teoría, esto significaba que en agosto había matado a otras dos personas a las cuales nunca se había referido.

Los únicos asesinatos registrados en aquel mes eran los de dos chicas de San José, identificadas como Deborah Gay Furlong, de catorce años, y Kathy Snoozy, de quince.

Ambas fueron encontradas muertas en un pequeño bosque.

Se trató de un crimen horrendo, pues fueron apuñaladas más de ciento cincuenta veces en la espalda, el pecho y el cuello.

Ninguna de las dos fue abusada sexualmente.

El trozo de la camisa de Paul Stine confirmaba que era una carta verídica del Zodiaco, pero la duda era por qué se estaba adjudicando tardíamente los asesinatos de Furlong y Snoozy.

Para los especialistas, estaba claro que se encontraban frente a un sujeto narcisista, desesperado por llamar la atención.

Tras los crímenes del lago Herman y Blue Rock Springs, realizó una llamada telefónica y entregó varios detalles que solo conocían los investigadores.

En la escena del crimen del lago Berryessa, dejó un mensaje escrito en la puerta del vehículo de las víctimas.

Por último, tras asesinar al taxista de San Francisco, le arrancó un trozo de camisa, la cual fue enviando por partes a la policía para garantizar la autenticidad de las cartas.

La duda era por qué no había hecho nada de eso en los asesinatos de las dos adolescentes de San José.

Además, resultaba difícil creer que tardara tanto tiempo en confesar aquel doble crimen, considerando que era evidente que disfrutaba de toda la publicidad otorgada por los medios de comunicación.

Pasarían dos años hasta que, a finales de 1971, un sujeto con trastornos mentales, llamado Karl Francis Werner, fue detenido y acusado de los asesinatos de Deborah Furlong y Kathy Snoozy, además de una tercera muchacha identificada como Kathy Bilek, apuñalada cuarenta y nueve veces el 11 de abril de ese mismo año.

En otra de las cartas enviadas después del arresto de Werner, el Zodiaco insistió en que él era el responsable de la muerte de Furlong y Snoozy.

Los investigadores no creían que estuviese involucrado y estaban seguros de la culpabilidad de Werner, pero el 26 de agosto de 1971, otra joven de San José llamada Janet Mallicoat, de veintiún años, fue asesinada tras recibir ciento treinta puñaladas en la cabeza, el cuello y el pecho.

El atacante también le había clavado una tijera en el cráneo e intentó prenderle fuego con líquido inflamable, aunque no abusó sexualmente de ella.

Los encargados de la investigación estaban desconcertados.

El crimen guardaba ciertas similitudes con los casos por los cuales Karl Werner había sido apresado pocos meses antes.

Se llegó a insinuar que podía ser obra del Zodiaco, en un intento por confundir todavía más a las autoridades y atribuirse otra serie de asesinatos.

El caso del asesino del Zodiaco había alcanzado enorme notoriedad.

No faltaban los bromistas que enviaban cartas a los medios de comunicación o llamaban a la policía para sembrar pistas falsas.

A diario, se recibían cientos de llamadas telefónicas de personas que sospechaban que su compañero de trabajo, su vecino o su marido eran el Zodiaco.

Incluso algunos afirmaban haber sobrevivido a sus ataques.

La cantidad de información que llegó a manejar la policía fue abrumadora. Se interrogó a más de dos mil quinientos sospechosos e incluso las autoridades accedieron a recibir la ayuda del afamado psíquico Joseph DeLouise, pero la investigación no avanzaba.

Paul Avery, un columnista del San Francisco Chronicle , había escrito varias notas en donde se burlaba e insultaba al Zodiaco de forma pública, hasta que se convirtió en el blanco de las amenazas.

La decimoquinta carta del Zodiaco, recibida por el San Francisco Chronicle el 28 de octubre de 1970, era una tarjeta de Halloween que iba dirigida a él y decía lo siguiente:

De parte de tu amigo invisible. Tengo un presentimiento. Mueres por saber mi nombre, así que te daré una pista... Pero para qué vamos a arruinar el juego. Feliz Halloween .

En la parte posterior de la tarjeta, adornada con ojos y esqueletos, agregó un mensaje que decía: Esclavos, con fuego, con pistola, con cuchillo, con soga .

Avery tomó la misiva como una amenaza directa y se obsesionó con la idea de que se convertiría en la próxima víctima del Zodiaco, por lo que compró un revólver para defenderse. La tensión lo afectó psicológicamente y comenzó a abusar del alcohol, arruinando así su carrera y su matrimonio.