DESCONOCIDO. EL ASESINO DEL ZODÍACO #4
A las 22.00 todas las patrullas de la zona fueron alertadas. El operador de radio del Departamento de Policía de San Francisco informó a las unidades de un posible tiroteo y señaló que estaban tras la búsqueda de un varón afroamericano, robusto, cercano al metro ochenta de estatura.
Los agentes Donald Foukes y Eric Zelms se encontraban a solo un par de calles y se dirigieron de inmediato al lugar de los hechos.
Cuando se acercaban a la intersección entre las calles Washington y Cherry, vieron a un sujeto caucásico que caminaba lentamente en la oscuridad.
Detuvieron el coche y le preguntaron si había visto algo sospechoso.
El testigo afirmó que, minutos antes, un hombre, con un revólver en la mano, salió corriendo por la calle Washington, hacia el este.
La patrulla se dirigió en esa dirección, aunque no pudieron encontrarle.
Al mismo tiempo, otras unidades y un par de ambulancias se presentaron en la escena del crimen, certificando el fallecimiento de la víctima. Se trataba del taxista Paul Lee Stine, de veintinueve años, asesinado de un tiro en la cabeza.
Los jóvenes que llamaron aquella noche serían interrogados por la policía para entregar más detalles de lo sucedido.
Afirmaban que el atacante era un hombre de entre veinticinco y treinta años, de cabello corto y castaño.
Llevaba gafas, ropa oscura... y era caucásico, no afroamericano.
Por lo visto, el operador de radio del Departamento de Policía de San Francisco que recibió la llamada había cometido un grave error al confundir las siglas de «adulto blanco» con las de «adulto negro» en el momento de redactar su informe.
Aunque la información se rectificó y se avisó a los agentes que recorrían las calles en busca del asesino, no sirvió de nada.
Se interrogó a los vecinos del sector y se organizó una enorme búsqueda en la zona, que incluyó docenas de agentes y un par de unidades con perros policiales.
Por desgracia, no se pudo dar con el sospechoso y el operativo fue cancelado a las dos de la madrugada.
Los investigadores averiguaron que la compañía de taxis Yellow Cab había contactado a Paul Stine cerca de las 21.
45 para que fuera al número 500 de la Novena Avenida.
En aquel momento, Stine se encontraba en la parada de taxis de la zona de teatros del hotel Saint Francis, en el centro de San Francisco, pero canceló el viaje.
Un minuto más tarde, a las 21.46 puso en marcha el taxímetro, pues había recogido a otro pasajero, quien debía ser su asesino.
La última dirección apuntada por el conductor fue Washington con Maple, muy cerca de la escena del crimen.
Un detalle que llamó la atención de los oficiales presentes durante el levantamiento del cadáver fue que faltaba un trozo de la camisa de la víctima.
Aun así, el crimen no parecía tener nada de particular.
La billetera de Stine y las llaves del taxi habían desaparecido, por lo que la policía pensó que se trataba de un ladrón inexperto que actuó de forma desmedida durante un intento de robo.
Al interior del taxi se encontró un casquillo de bala de 9 milímetros y los técnicos forenses pudieron rescatar la huella de una mano derecha impresa en sangre.
La autopsia confirmó que Paul Stine había fallecido de un disparo a quemarropa sobre la sien derecha y que la bala todavía se encontraba alojada en su cerebro.
A la mañana siguiente, la policía ya contaba con un retrato hablado del asesino, el cual fue difundido entre los agentes y entregado a todas las compañías de taxis de la ciudad.
Pocos días antes, se habían denunciado un par de asaltos a taxistas en el centro de San Francisco.
Existía la sospecha de que se tratara de una banda de ladrones que podría estar involucrada en el asesinato de Stine.
También se probó que la huella de la mano ensangrentada encontrada en el interior del vehículo no correspondía a la de la víctima y se identificaron dos dedos, el anular y el cordial.
La policía identificó a un tercio de los pasajeros que cogieron el taxi de Stine el día del crimen y recogieron muestras de sus huellas dactilares, pero ninguna coincidía.
La mañana del 14 de octubre, una de las editoras de las cartas al director del San Francisco Chronicle , Carol Fisher, recibió un sobre con el título de urgente.
En el remitente, solo aparecía un círculo con una cruz en el centro.
Al abrirlo, un trozo de tela ensangrentado cayó sobre su escritorio. El mensaje decía lo siguiente:
Zodiaco al habla. Soy el asesino del taxista en la esquina de Washington con Maple ayer por la noche.
Para demostrarlo, aquí está un trozo de su camisa manchada de sangre.
Soy el mismo hombre que mató a las personas de la zona norte de la bahía.
La policía de San Francisco me podría haber cogido anoche, si hubiera registrado bien el parque en vez de hacer carreras con sus motos a ver quién hacía más ruido.
Los conductores de los coches tendrían que haber aparcado y haberse quedado esperando en silencio a que yo saliera de mi escondite .
La nota finalizaba con una amenaza espeluznante:
Los escolares son buenos blancos. Creo que una mañana me voy a cargar un autobús escolar. Dispararé a la rueda delantera y luego liquidaré a los niños cuando salgan dando saltitos .
El inspector de homicidios, David Toschi, era el encargado de la investigación en el asesinato del taxista Paul Stine.
Ese mismo día, uno de los periodistas del San Francisco Chronicle le llevó la carta.
Toschi de inmediato reconoció el trozo de tela ensangrentado: pertenecía a la camisa de la víctima, lo cual sería corroborado por la oficina forense.
Hasta entonces, el caso no se había relacionado con los crímenes perpetrados por el Zodiaco. Tras esta nueva evidencia, los departamentos de policía de Vallejo, Napa y San Francisco se prestaron a colaborar y formaron un grupo especial para detener al asesino.
Tanto la noticia de que Paul Stine se había transformado en la quinta víctima fatal del Zodiaco como la intimidante carta y la descripción del sospechoso fueron difundidas por la prensa, la radio y la televisión el 17 de octubre de 1969, causando pánico en la población.
El hecho de que el asesino amenazara con atacar un autobús escolar hizo que se tomaran una serie de medidas en toda la costa oeste de California.
Los conductores fueron capacitados para enfrentar una situación de riesgo, se asignó un supervisor en cada autobús y escoltas con patrullas policiales con agentes armados.
Además, los trayectos circundantes a las escuelas eran sobrevolados por avionetas y toda la comunidad estaba alerta.
Cuando el contenido de la carta se hizo público, los agentes de policía Donald Foukes y Eric Zelms manifestaron a los investigadores que tenían serias sospechas de que el hombre que vieron caminando cerca de la escena del crimen de Paul Stine la noche del 11 de octubre podía ser el Zodiaco.
Lo describieron como un sujeto caucásico, con anteojos, cabello corto, de alrededor de un metro ochenta y de unos cien kilos.
En ese momento, la instrucción había sido buscar a un afroamericano, por lo que no intentaron detenerle.
Por aquel entonces, no existía el concepto de «asesino en serie» y las autoridades ignoraban a lo que se estaban enfrentando.
Las técnicas de identificación por ADN se encontraban en sus inicios y las huellas dactilares rescatadas desde las cartas, la cabina telefónica en el crimen de Vallejo y la mancha ensangrentada hallada en el taxi en San Francisco no resultaron de mucha utilidad, pues estaban incompletas.
Pero lo que más complicaba a los especialistas era que el comportamiento del Zodiaco era impredecible.
Se sabía que era un sujeto inteligente y astuto, con conocimiento en lenguaje cifrado, el que utilizó para elaborar los criptogramas y burlarse de la policía.
En un principio, se caracterizó por atacar a parejas jóvenes que se encontraban en zonas oscuras y alejadas, sin embargo, el asesinato de Paul Stine era diferente.
Utilizó armas de fuego de distinto calibre en varios de sus crímenes, aunque también un cuchillo en el caso de Cecelia Ann Shepard y Bryan Hartwell.
Dos de sus víctimas masculinas habían sobrevivido, en parte, porque parecía ensañarse más con las mujeres.
Los investigadores pensaban que en el fondo el Zodiaco era un misógino, hasta que Paul Stine se convirtió en la quinta víctima, echando por tierra dicha hipótesis.
El hecho de que amenazara con atacar un autobús de niños resultaba todavía más desconcertante, ya que cambiaba por completo el perfil de víctima.
Mientras la investigación avanzaba a paso lento, a las dos de la madrugada del 22 de octubre, el Departamento de Policía de Oakland recibió un nuevo llamado del Zodiaco.
Esta vez, afirmaba que se pondría en contacto esa misma mañana con un programa de entrevistas de Channel Seven, presentado por Jim Dunbar, donde exigiría la presencia de los experimentados abogados F.
Lee Bailey o Melvin Belli. Este último pudo ser contactado en horas de la madrugada y se ofreció a colaborar.
En tanto, la policía en coordinación con la cadena televisiva realizó una operación para recibir el llamado del supuesto asesino.
Esa mañana, y mientras Jim Dunbar y Melvin Belli se encontraban frente a las cámaras, solicitaron a los telespectadores que no realizaran ningún llamado telefónico, pues el Zodiaco se comunicaría con ellos. A las 07.10 recibieron el primero de varios telefonazos.