Pruébame y Sedúceme Capítulo 22
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Capítulo 22

—A hí estaría, solo trate de no mover tanto la mano.

Asiento y sonrío a una de las chicas de primeros auxilios. La mujer se va y me deja sola en la habitación de espera. Tomo una botella de agua a mi lado y la llevo a mi boca justo en el momento en que la puerta vuelve a abrirse.

Lorenzo cierra la puerta tras de sí y camina hasta sentarse a mi lado. Sus ojos están puestos en las vendas que envuelven mis manos. Noto la preocupación en su rostro.

—¿Qué te dijo el médico?

—Me dijo que no fue tan grave y debo tener cuidado —contesto, cerrando la botella de agua.

Lorenzo frunce el ceño y suelta una bocanada de aire.

—Giovanna, no puedes cocinar con la mano así —comienza a decir—. ¿No crees que sería mejor si paras aquí?

—No —exclamo cuando sus ojos vuelven a mí—, no sigas. No si vas a decir que abandone la competencia. No ahora.

—No quiero que salgas lastimada.

—Y no pasará, solo es una quemadura. Algo que pasa muy seguido en este trabajo, así que no debes preocuparte. —Tomo su mano y la entrelazo con la mía—. ¿Qué haces aquí? ¿No será muy sospechoso con los jurados?

Lorenzo suelta una carcajada y lleva mi mano hacia sus labios, dejando un beso.

—Ahora mismo lo único que me importa es que estés bien, nada más.

Muerdo mis labios, sintiendo mis mejillas volver a arder. Lorenzo se acerca y deja un beso en mi cachete.

—Solo prométeme que no te lastimarás otra vez —ladea la cabeza, llevando tras mi oreja un mechón de mi pelo—. No soporto verte sufrir, Giovanna. Entiéndeme.

Suelto un suspiro.

—Está bien, lo prometo.

Me acerco a él, no sin antes mirar hacia la puerta, y le doy un beso en los labios. Uno rápido, pero no por ello carente de sentimiento. Cuando me aparto, Lorenzo mira la hora en su reloj y luego se levanta.

—Debo irme, vendrán a por ti en poco —asiento y este camina hasta la puerta, deteniéndose antes de irse—. Lo harás genial, Giovanna. Lo has hecho genial.

En cuanto el rubio desaparece y la puerta se cierra, me permito sonreír. Sin reservas, sin nada que me lo evite. Respiro y suelto el aire dentro de mí. Joder, estoy feliz. Y hace mucho que no me había sentido así.

Lo has hecho genial.

Lo harás genial.

—¿Giovanna Greco? —Dos toques en la puerta me sobresaltan—. Es momento de salir.

—Sí, ahí voy.

Me levanto y, antes de salir, me recuerdo a mí misma todo lo que ha pasado antes de llegar aquí. Las cosas que he aprendido, las personas que he conocido.

Y todo lo que me queda por delante.

Al salir, el primero a quien me encuentro es a Rodolfo y juntos caminamos hasta el salón de rodaje, donde todos esperan en sus respectivas estaciones.

Marco y Kevin me sonríen al verme llegar, aunque sus ceños se fruncen al ver la venda en mi mano. Sé que están preocupados, no los culpo. Veo hacia las cámaras; faltan pocos minutos para que la competencia comience, por lo que no puedo perder más tiempo.

—Reunión de equipo, chicos —espeto.

Formamos un círculo mientras trato de que los nervios no dominen por completo mi cuerpo. Nunca, pero nunca, he sido buena con las palabras.

—Sé que son conscientes de que el día de hoy supone todo para nosotros, y no hablo solo del Monroe —digo, y todos me prestan atención—, hablo de nuestros sueños.

La cocina es nuestra vida entera, y soy testigo de la pasión con la que trabajaron todos estos años a mi lado.

Incluso ahora. Es por eso que quiero que confíen en ustedes mismos, porque sin ustedes no hubiera sido posible nada de esto.

Son… increíbles, así que cocinemos como siempre lo hemos hecho: con el corazón.

No importa si perdemos, porque estar hoy en este lugar junto a ustedes es el mejor trofeo de todos.

Ninguno dice nada. En cambio, nos fundimos en un abrazo.

—¡Damas y caballeros que nos miran tras la pantalla!

Hemos llegado al último desafío de la noche.

—Las pantallas muestran el marcador y nuestros respectivos puntos—.

Todo se decidirá aquí. Y para anunciar el último plato, le damos con placer la palabra a uno de nuestros mejores jurados.

El crítico más intachable, con ustedes, público y chefs, Lorenzo Moretti.

Lorenzo sonríe y las cámaras lo enfocan.

—Durante toda esta competencia hemos visto platos impecables, innovadores y muy complejos.

Pero en esta ronda final, busco algo diferente —hace una pausa—: historia.

La cocina no solo se trata de preparar un plato perfecto, sino también de que ese plato cuente una historia.

Es por ello que, como plato final, prepararán un maritozzo.

Maritozzo.

Recuerdo la primera vez que Lorenzo lo probó, la manera en que cerró los ojos después del primer bocado. La felicidad que había en su rostro…

Pero ahora, el reto es diferente. Ahora no estoy cocinando para Lorenzo en Florencia. El cronómetro aparece detrás de nosotros y, antes de lo previsto, empieza a restar los segundos. Durante varios minutos no escucho las preguntas que me hacen los chicos; estoy concentrada pensando.

Quizás podríamos cambiar el pan y hacer una masa de cacao y agregar un poco de frutas, presentarlo de una forma distinta. Algo que pudiera sorprender al jurado. Suspiro y cierro los ojos.

Contar una historia.

Y si…

Abro los ojos y sonrío.

—No vamos a cambiar nada, haremos un maritozzo clásico como el de siempre.

Los tres asienten.

—Entendido, chef.

Mientras Rodolfo comienza la masa, Marco y Kevin preparan la crema.

Yo los ayudo lo más que puedo, aunque cada movimiento que hago duele.

Intento amasar, pero el ardor atraviesa la venda y me hace soltar un quejido que guardo para mí misma.

No puedo verme débil y preocuparlos, por lo que aprieto la mandíbula y sigo.

Dejo de prestarle atención al dolor, porque ahora mismo estoy cocinando para recordar quién soy.

Recordar dónde ha empezado todo. Recordar a mamá y las tardes después del colegio.

El olor a pan recién hecho, la mermelada de fresas y nuestras risas.

Dejo que los minutos pasen sin preocupaciones, concentrándome en dejar el plato perfecto.

La crema que sobresalga del pan y azúcar glas por encima.

Cuando el presentador da la orden de manos arriba, el estudio estalla en aplausos. Hemos terminado. Hemos llegado al punto final de todo este recorrido y no puedo estar más orgullosa.

Valery es la primera en presentar su plato. Desde la distancia, parece una auténtica obra de arte.

—Maritozzo con tinta de calamar, vainilla y cítricos.

Los jueces escuchan con atención la explicación de su plato, agradeciendo varias veces antes de volver a su sitio y que estos digan mi nombre.

—Chef Giovanna, ¿podría hablarnos más de este plato?

Miro el postre y luego levanto la cabeza.

—Frente a ustedes tienen un maritozzo clásico relleno con crema —vocifero—, y la palabra que lo define es la más sencilla de todas: hogar.

Muchas veces pensamos que los mejores recuerdos nacen de grandes acontecimientos, pero estamos equivocados, nacen de las cosas más pequeñas.

Volver del colegio y encontrar a mamá esperándonos, sentarte y comer junto a tus hermanos, tomar un trozo de pan antes de la cena o esperar los domingos para desayunar todos juntos.

—Esbozo una sonrisa—. Con este maritozzo, quise que cada mordisco recordara eso.

Que, aunque parezca imposible, durante unos segundos cualquiera puede volver al lugar donde fue feliz. A su hogar.

Guardo silencio mientras los jueces prueban.

Cuando los minutos de deliberación posteriores finalizan, ambas somos llamadas ante ellos. Las cámaras nos enfocan sin disimulo, por lo que tengo que disimular los temblores de mis manos. El presentador hace un breve saludo y luego le da la palabra a Dylan.

—Chef Valery, chef Giovanna. Antes de anunciar el resultado, queremos agradecerles.

He estado muchos años dentro y fuera de la cocina, y soy testigo de que resulta difícil encontrar platos que vayan más allá de una buena ejecución, y ustedes, ambas, lo lograron.

—Posa su mirada en la rubia—. Chef Valery, usted nos mostró innovación con cada uno de sus platos.

Valentía y una propuesta que muestra un dominio técnico extraordinario —cambia su enfoque de ella hacia mí—.

Chef Giovanna, cada uno de sus platos fue un homenaje a la tradición, pero nunca dejó de evolucionarla.

Logró unir técnicas actuales con sabores que parecían querer abrazarnos desde el primer bocado.

Siento que mi respiración desaparece en cuanto veo al juez abrir el sobre. Todo el estudio contiene el aliento.

—Sin embargo, solo una de ustedes puede convertirse en la ganadora de esta noche, y esa persona es… —Mi corazón se estremece. Dylan sonríe antes de dar el resultado—. La chef Giovanna Greco.

El estudio explota en aplausos y gritos. Todo ocurre al mismo tiempo. Ni siquiera alcanzo a reaccionar cuando Rodolfo, Marco y Kevin corren hasta mí, seguidos segundos más tarde de Stephannie, y me abrazan los tres al mismo tiempo. Yo no escucho nada, no puedo.

—Cada uno de sus platos fue como un abrazo al alma, y nos recordó algo que muchas veces olvidamos mientras perseguimos la excelencia. —Dylan vuelve a hablar—. Que la comida también puede hacernos volver a casa. Felicidades, chef. Eres la ganadora.

Ganadora.

¿Es real?

¿Yo en verdad he ganado?

Las lágrimas comienzan a caer por mis mejillas en el mismo instante en que mis piernas dejan de responder.

Caigo de cuclillas y me cubro el rostro con la mano.

Dejo que las lágrimas caigan y lloro. Lloro como hacía años que no lloraba.

Rodolfo se arrodilla frente a mí y me toma de ambos hombros.

Él también tiene los ojos llenos de lágrimas.

—Lo logramos, chef.

Lo miro y, por fin, consigo asentir.

—Sí… —Mi voz sale en un susurro debido a las lágrimas—. Lo logramos.

Levanto la vista entre las luces del estudio y me detengo al encontrar a Lorenzo.

Permanece de pie junto al resto del jurado.

Y aunque no puede abrazarme ni acercarse, sé que aquello no hace falta.

Porque, en el momento en que nuestros ojos se encuentran, este mueve apenas los labios, sin emitir sonido.

— Te lo dije —susurra en cuanto siento otra lágrima recorrer mi mejilla—, eres maravillosa .