Pruébame y Sedúceme Capítulo 21
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Capítulo 21

L o primero que hago al terminar de colocarme el uniforme que nos entregan los asistentes es mirarme al espejo. Me quedo ahí; ni siquiera me doy cuenta de cuántos minutos pasan. Estoy en un trance y parece que no puedo salir de él.

He pasado la noche anterior en vela. Incluso después de que Lorenzo fuera a mi habitación y me diera las buenas noches tras un sutil beso, me fue imposible conciliar el sueño.

Tengo los nervios a flor de piel, y lo único que parece calmarme es una buena taza de café caliente.

Katherine Monroe me ha llamado a primera hora del día, lo cual se siente como un suspiro directo al alma.

Porque, aunque aquella mujer no haya dicho demasiado, sus pocas palabras han servido para recordarme lo lejos que he llegado.

Toc, toc.

—Señorita Giovanna, ya debe salir.

La voz del asistente se escucha tras la puerta y suelto un último suspiro antes de caminar en dirección a ella. Afuera, los chicos permanecen quietos, esperándome. Aunque los hombres frente a mí tratan de disimular los nervios, sus rostros los delatan por completo.

—Rodolfo, Kevin y Marco, acérquense.

Nos abrazamos entre todos y formamos un círculo.

—Saben que no soy muy buena con las palabras, menos con las de aliento. Pero solo quiero que sepan que, pase lo que pase el día de hoy, estoy orgullosa de tener un equipo como el de ustedes. —Todos sonríen—. Demos lo mejor de nosotros y todo saldrá bien. ¿Entendido?

—¡Sí, chef!

Nos damos un último abrazo antes de seguir a los asistentes y luego a nuestras estaciones. El público permanece callado por el momento, aunque muchas personas llevan consigo letreros de ánimo. Uno de ellos llama mi atención.

«SOY AMIGA DE LA MEJOR CHEF».

Sonrío al ver a Stephannie mover el cartel con emoción. Aprieto mis manos y tomo un poco de aire antes de mirar hacia los jurados.

—¡Bienvenidos a la final! No puedo estar más feliz de haber estado con ustedes en todo este camino lleno de emociones y buena comida.

—El presentador hace su entrada y parpadeo varias veces mientras vuelvo a la realidad—.

Desde nuestra organización, felicitamos a todos los concursantes.

Pero como toda competencia, solo puede haber un ganador.

La pantalla frente a nosotros muestra recortes de las últimas rondas. Puedo verme en varias imágenes, incluso a los eliminados.

—La final constará de tres rondas: entrada, principal y postre, todas diferentes a lo que estuvieron viendo hasta ahora.

Los platos dejarán de ser libres. —Arrugo el entrecejo, esperando sus siguientes palabras—.

Y ahora los finalistas deberán cocinar los platillos que elijan los jurados.

Y por ello, les pido que le den un aplauso a nuestro jurado referente por Michelín.

Todos aplauden y, con ello, el presentador le pasa el micrófono a uno de los jueces.

Dylan Rodríguez, el chef de élite brasilero que encabeza la lista de los chefs retirados con mayor influencia en la gastronomía latinoamericana. Hablar de él, incluso ver cada uno de los platillos que alguna vez llegó a preparar, es como ver a un fantasma en acción.

—Mi elección para esta primera ronda será… —anuncia y siento los nervios llegar hasta la punta de mis dedos—: empanadas.

¿Empanadas? ¿Eso puede considerarse una entrada gourmet?

—Por mis raíces, y en gran parte de Latinoamérica, la empanada puede comerse no solo como una entrada, incluso como almuerzo o cena. Por eso, quiero que jueguen con su versatilidad y creen algo impresionante.

Dylan asiente y el presentador señala el reloj.

30:00.

—Participantes —vocifera—, tendrán treinta minutos para preparar tres empanadas con rellenos diferentes. Y su tiempo empieza… ¡Ahora!

Me vuelvo a los chicos y preparo lo necesario para empezar. Las empanadas no son comunes en Europa, por lo que debo seguir un poco de influencia de otros países para poder crearlas sin errores.

—Marco, ¿no habías dicho una vez que tu papá es argentino? Allá comen empanadas, ¿no?

Este asiente y su rostro se ilumina, como si hubiera recordado algo importante.

—No recuerdo muy bien todos los ingredientes de los rellenos, pero podemos recrearlos.

Asiento y, junto a la ayuda de Marco, anoto los ingredientes necesarios.

Lo primero es la masa, que, por supuesto, debe ser casera y a mano.

Luego viene el relleno. Una vez listo y dejando la masa en manos de Rodolfo y Marco, junto a Kevin me concentro en preparar los diferentes rellenos.

Cuando tengo la carne lista, voy por las verduras y condimentos.

14:45.

Miro el reloj y, en cuanto la masa está lista, armo las empanadas y las mando al horno. A mi lado, Valery cocina con calma. Sus movimientos son precisos y medidos. No parece estar compitiendo en una final. Casi como si supiera cuánto tiempo necesita cada preparación.

Intento no prestarle atención y centrarme en mi cocina. No puedo distraerme. No ahora. No hoy. Observo el reloj a los minutos, y vaya que estos pasan con rapidez. Reviso las empanadas una vez más, fijándome en la superficie dorada que quiero lograr.

Confío en mí y en que nada haya quedado crudo o pasado de cocción. Los segundos siguen corriendo y, cuando el reloj marca menos de tres minutos, retiro las empanadas del horno.

Perfectas.

Emplato tres empanadas con los distintos sabores y, cuando termino, doy un paso atrás.

—¡Manos arriba! —El reloj llega a cero y suelto el aire que llevo contenido durante minutos—. La primera en presentar su plato será Giovanna Greco.

Asiento, tomo el plato y camino hacia el frente de todo. Las luces golpean tenuemente mi rostro, y siento las cámaras cerca registrando cada una de mis muecas cuando coloco el plato frente a los jurados.

—Buenas tardes a todos. En esta oportunidad decidí junto a mi equipo inspirarnos en Argentina.

—Señalo hacia el plato con delicadeza—. La primera empanada a su derecha es una empanada tradicional de carne cortada a cuchillo, con una reducción de vino Malbec y cebolla caramelizada.

La del medio está rellena de pollo marinado con limón y diversas especias, acompañado de maíz asado y queso ahumado —y finalmente, la última—.

La de su izquierda combina un sabor ligado a mi país, Italia.

Esta tiene de relleno hongos, queso de cabra y nueces tostadas.

Todos asienten y cada uno prueba un trozo.

—Muchas gracias, Giovanna —enuncia Dylan luego de varios minutos de espera.

Regreso a mi estación y, en cuanto escucho el nombre de Valery, la miro avanzar hasta el jurado hasta dejar su plato.

—Para este desafío decidí tomar la palabra del chef Dylan y explorar cómo la empanada evolucionó en distintas culturas.

Frente a ustedes tienen tres empanadas con estilos y rellenos diferentes que representan un país diferente, no solo en sabor, sino que también en tradición —toma un poco de aire antes de seguir—.

Primero, realicé una empanada venezolana de pabellón con carne mechada, frijoles negros, plátano maduro de la región y queso blanco.

Como segunda opción, fatay árabe con cordero especiado, tomate y un toque de limón.

Y, por último, pero no menos importante, pastel brasileño de camarones, queso cremoso y palmitos cortados —muestra el plato—.

Pueden untarlas con las salsas que deseen.

Ají, yogur especiado o vinagreta tropical.

Los jurados parecen fascinados, incluso Dylan sonríe varias veces mientras prueba. Valery se despide y luego las deliberaciones comienzan. Los equipos esperamos en silencio, nadie habla, ni siquiera Kevin. Cuando finalmente el presentador recibe el sobre…

—La ganadora de la primera ronda es… —Mi corazón se acelera—. Valery Meier.

Cierro los ojos mientras los aplausos estallan. Aprieto la mandíbula mientras los chicos me hablan, aunque ahora mismo parece que no puedo escucharlos.

Abro los ojos y mi mirada se encuentra con la de Valery, quien me dedica una pequeña inclinación de cabeza. Una que parece decir exactamente lo mismo que yo estoy pensando.

Esto aún no termina.

Entonces sonrío, porque tengo razón.

Aún quedan dos rondas y no pienso rendirme.

El receso hacia la segunda ronda es tan breve como un suspiro. Luego de tomar algo de agua, replantearme un par de cosas y volver junto a los chicos, las cámaras vuelven a encenderse.

No tiene sentido lamentarme por la ronda anterior. Valery ha sido mejor, y punto.

—Para esta segunda ronda, la cosa comienza a calentarse. Ahora, tenemos el honor de escuchar a nuestra siguiente jurado invitada. —Los aplausos llenan el lugar cuando la mujer de cabello oscuro toma el micrófono.

—Desde siempre he sido fanática de Italia, es por eso que, como plato principal, quiero que fusionen la técnica con la tradición personal de cada uno de ustedes —explica con una sonrisa—. El segundo plato de esta ronda de eliminación es… pasta.

Sonrío al escuchar aquello y, en cuanto el reloj digital empieza a correr, miro a los chicos y sabemos perfectamente qué hacer.

Aquel plato lo he preparado demasiadas veces en el Monroe, por lo que se puede decir que es nuestro plato estrella.

Mezclo la harina junto a las yemas de huevo y visualizo el plato en sí.

Debo preparar un platillo que sea cálido a la vez que elegante.

Algo que recuerde a casa.

Cuando la pasta está lista, frunzo el ceño.

Siento que falta algo, pero ¿qué…?

—¿Chef?

—Pan —espeto—. Necesitamos pan.

Rodolfo sonríe al comprender y toma la masa que hemos preparado hasta hacer unos pequeños panes de masa madre con aceite de oliva y romero.

Dorados y lo suficientemente crujientes para absorber hasta la última gota de salsa.

—Último minuto, participantes.

No me detengo y acelero el emplatado. Siento mis manos temblar apenas, pero no puedo distinguir si por los nervios o la adrenalina.

—Kevin, necesito los panes.

—¡Aquí!

Tomo uno de ellos y lo acomodo en la cesta que irá junto al plato. Después llevo mi atención a la salsa. Tomo la sartén para agregarla a la pasta. Calculo mal y parte de la salsa caliente termina en el dorso de mi mano izquierda.

Siento el dolor al instante, como si cientos de agujas atravesaran mi piel al mismo tiempo.

—¡Giovanna! ¿Estás bien?

Todos parecen atentos a mi persona, inclusive Lorenzo se ha puesto de pie. Pero yo solo puedo dejar de ver el reloj sobre nuestras cabezas.

Treinta segundos.

Si no presentamos el plato, perderemos esta ronda, y si eso pasa…

—Sí.

Miro la zona enrojecida y aprieto los dientes.

—Giovanna, no cre…

—Estoy bien.

No espero una respuesta. Tomo otro plato y comienzo todo desde cero. El dolor sigue ahí, ardiendo y pulsando bajo mi piel, pero llevo demasiados años en una cocina para detenerme por una quemadura.

—Diez segundos.

Acomodo el plato escuchando al presentador decir la cuenta regresiva y luego alzo las manos.

Cierro los ojos y siento cómo mi respiración se agita mientras observo el plato frente a mí.

La pasta reposa sobre una salsa cremosa de parmesano y mantequilla avellanada.

Entre varios de los pliegues se esconden láminas finas de hongos, espárragos salteados y pequeños trozos de panceta crocante.

Por momentos, olvido el dolor de mi mano.

—Chef, su mano… necesita que la revisen.

La voz de Marco me hace mirar de vuelta a esta y… mierda. Mi piel está completamente roja.

—Después —mi tono es firme, y aunque puedo mirar de soslayo el rostro preocupado de mis compañeros, me mantengo firme en la decisión.

La primera en pasar esta vez es Valery.

—Ante ustedes hay un plato de tortellinis rellenos de pato confitado y foie gras, acompañado por una salsa de vino alemán y cerezas negras.

Los jueces prueban y toman notas, luego escucho mi nombre. Tomo el plato, respiro y camino al frente.

—Para esta ronda decidí regresar a mis raíces italianas. El plato que he preparado consta de ravioles rellenos con ricota ahumada con una yema líquida en su interior, y bañados en una emulsión de mantequilla avellanada, parmesano y salvia fresca.

Los jueces observan el plato. Lorenzo es el primero en cortar la pasta y la yema dorada se derrama sobre la salsa.

—Además, preparé pan de masa madre con romero —continúo, señalando la cesta a un costado.

—¿Como acompañamiento? —pregunta Lorenzo.

—Así es. En realidad, en Italia tenemos una palabra para esto: scarpetta —los jueces me miran con curiosidad—. La idea es que puedan mojar el pan en la salsa, ya que sería un desperdicio dejarla en el plato.

El jurado asiente y no tardan en hacerlo. La mujer de antes utiliza un trozo de pan para recoger parte de la salsa restante del plato hasta dejarlo vacío.

—Muchas gracias, Giovanna.

Los minutos posteriores son una completa tortura. Las deliberaciones parecen durar casi una eternidad, hasta que finalmente aparece el temido sobre.

—La ganadora de la segunda ronda de eliminación es…

Mi corazón golpea con fuerza contra mi pecho.

—¡Giovanna Greco!

Los aplausos llenan el lugar y parpadeo varias veces mientras intento procesarlo. He empatado. Uno a uno. Mi mirada va hacia el jurado y lo encuentro. Lorenzo me sonríe y, aunque no es enorme, no hace falta.

Estoy orgulloso de ti.

Entonces escucho un grito.

—¡ESA ES MI AMIGA!

Stephannie se ha puesto de pie, agitando el cartel sobre su cabeza como una completa desquiciada.

No puedo evitar reír y, al final, la veo responder levantando un pulgar en mi dirección.

Yo niego con la cabeza, pero sigo sonriendo.

Abrazo a Marco, Rodolfo y Kevin hasta volverme de regreso hacia la otra estación.

Valery ya me observa.

Un punto para cada una, lo que significa que solo queda una ronda para desempatar.

—Señoras y señores… —Las luces disminuyen y el público vuelve a guardar silencio ante la voz del presentador—. Ha llegado el momento de la ronda final.