Capítulo 18 #2
—Estoy intrigada por saber más de ti —asegura sonriente y yo parpadeo.
No sé si es por el hecho de que me está tuteando con tanto descaro, o que la sonrisa en sus labios no se ve nada amistosa—.
Valery, nuestra chef, ha ganado muchísimos concursos.
Berlín, Viena, Copenhague… incluso obtuvo el premio europeo de gastronomía el año pasado.
—Posa una de sus manos en sus mejillas—.
¿Y tú? ¿Te gustaría decirnos qué concursos has ganado?
—¿Perdón?
—Tus premios —explica con naturalidad—. Estando aquí, en esta competencia, imagino que tendrás varios.
Abro la boca dispuesta a responder, pero mi mejor amiga es más rápida.
—No lo sabe. —Todos en la mesa la miran. Stephannie sonríe con tranquilidad—. Giovanna es muy conocida en Italia, así que perdió la cuenta hace tiempo.
Muevo mis pies bajo la mesa, intentando que pare. La conozco, y si esto sigue así…
—La gente ama la comida de Giovanna —afirma Kevin, a lo que Rodolfo y Marco asienten—, no exagera. Es muy buena, tanto que ha logrado sacar a flote el Monroe.
Anika asiente y sonríe.
—Interesante.
Valery, por su parte, permanece en silencio. Solo bebe un sorbo de vino mientras sus ojos permanecen fijos en algún punto del bar. Es como si estuviera con la cabeza en otro sitio.
—Espero no importunarlos.
Frunzo el ceño al escuchar la voz de Lorenzo a mis espaldas. ¿Cómo llegó hasta aquí? ¿Acaso alguien le dijo?
—¡Chef Moretti! —exclama Elory—. Venga, siéntese con nosotros.
Todos lo saludan con entusiasmo, yo me limito a no dar la espalda. Lorenzo camina hasta la silla vacía a mi lado, y se sienta.
—Buenas noches para ti también, tesoro —susurra lo suficientemente bajo para que solo yo lo escuche al dejar su abrigo apoyado en el asiento.
Casi me atraganto con la cerveza.
—¿Qué haces aquí? ¿Cómo supiste dónde estaba?
Lorenzo se encoge de hombros, y sonríe.
Otro de sus secretos.
Este hombre y sus cosas.
—Por favor, esté cómodo, chef Moretti —vuelve a hablar Anika—. Me alegra verlo esta noche, todos nos alegramos. Yo, en especial, tenía una pregunta para usted. Si me lo permite, claro.
El rubio acepta, intrigado mientras pide una cerveza al mozo que se le acerca.
—Suena interesante —responde—. Nadie tiene el valor para hacerme preguntas por mis respuestas, así que adelante.
—¿Qué piensa de un chef sin estudios?
El ruido alrededor parece disminuir. Lorenzo arquea una ceja, luego espera segundos antes de responder.
—Depende.
—¿Eso cree?
—La cocina no entrega diplomas cuando alguien nace con talento —responde con calma—. Los estudios ayudan, pero no son lo único.
—Claro, tiene mucha razón —asiente la mujer mientras lleva su mirada hacia mí—. ¿Es cierto que no fuiste a la universidad?
El silencio cae con firmeza. Stephannie deja el vaso sobre la mesa, mientras todos a mi alrededor intercambian miradas.
Yo permanezco quieta, muda. No es la primera vez que esto pasa, ni siquiera los escenarios que pensé en los que pasaría.
Porque de todas las preguntas posibles, esa era una que llevo escuchando toda mi vida.
«¿No estudiaste?» «¿No tienes un título?» «¿Cómo es posible que dirijas una cocina?»
Aprieto mis manos en el instante en que siento el calor recorrer mi cuerpo. Siento rabia. Porque, si esta situación hubiera ocurrido años atrás, probablemente habría terminado agarrándola de los pelos. Pero ahora no puedo.
Porque Lorenzo está aquí, y no me apetece hacer un escándalo.
Respiro con calma, la poca que me queda, y respondo:
—Es cierto —contesto, tratando de esbozar una sonrisa que ni yo misma me creo—. No fui a la universidad.
Anika no pierde tiempo y abre sus ojos con asombro.
—¿En serio? Vaya —ríe con suavidad—. Entonces, se podría decir que eres… ¿autodidacta?
El tono burlón en su voz hace que mis manos se cierren alrededor del vaso.
—Supongo.
—Ya veo, debe ser complicado. Digo, competir contra personas con formación profesional —ladea la cabeza—. Claro, el talento natural existe, pero…
—Anika.
Esta vez la voz de Valery es la que se escucha. Anika se detiene y su semblante cambia por completo. Miro de soslayo el rostro de Lorenzo, la sonrisa que hace momentos tenía en su rostro ha desaparecido. Sus ojos verdes están clavados en Anika con una rudeza que no alcanzo a reconocer.
Me siento incómoda, no me gusta la idea de que todos estén así. No por mí. Decido levantarme antes de escucharlos hablar. Siento unas manos sujetar las mías, y me encuentro con que es él. Ahora mismo, lo que menos necesito es sentir su toque. No con varios ojos mirándonos sin cuidado.
—Giovanna.
—Iré a tomar algo de aire, ya regreso. —Lo miro y luego lanzo una mirada a Stephannie y los chicos—. Serán unos minutos.
Me deshago del agarre de Lorenzo y camino en dirección a la salida. Afuera, el frío de la noche me obliga a cruzar los brazos. Cierro los ojos y dejo que el silencio controle el pulso frenético de mi cuerpo. De mis ojos no sale ni una lágrima, y por alguna razón solo suelto una carcajada.
¿Por qué nada de esto me sorprende?
Dejo ir el aliento que no supe que apresaba, abro los ojos y miro hacia el cielo. Las estrellas no se ven con tanta fuerza como en casa, y por ello, termino pensando en Italia. En el hecho de que es la primera vez en que he pasado tanto tiempo lejos de mamá.
¿Cómo estará? Mañana tal vez tenga tiempo para llamarla.
—¿Bonita noche, no?
La voz consigue que quite la vista del cielo y mire a un lado. Parpadeo varias veces al ver a Valery apoyada contra la pared del local. Lleva un cigarrillo entre los dedos, y el humo se eleva sobre su cabeza. No parece molesta ni incómoda.
—Lo siento por lo de mi hermana —menciona sin rodeos.
Frunzo el ceño.
—¿Hermana?
Valery asiente.
—Aunque es mayor de edad, Anika no pierde la costumbre de comportarse como una niña.
—No tenía idea de que era tu hermana.
—La mayoría no lo sabe —suelta una risita—.
Y sobre su comportamiento, en parte es culpa mía.
Creo que la malcrié demasiado. Nunca aceptó que Lorenzo y yo termináramos.
—Da una calada y deja escapar el humo—. Ella lo admiraba mucho, y cuando nos separamos, creo que le costó más a ella que a nosotros.
—Sonríe mientras niega varias veces—. Cuando se enteró que Lorenzo personalmente sugirió al Monroe, y en especial a una mujer para participar en la competencia, no le sentó nada bien.
—Yo no…
—No debes explicar nada —me interrumpe—. Créeme, no vine aquí para hablar del pasado. —Apaga la ceniza del cigarro—. Además, me alegra verlo feliz. Hace tiempo que no estaba así.
Su mirada se pierde en algún punto de la calle frente a nosotras.
—Ya debes saberlo, pero siempre fue alguien reservado, puede que demasiado. Trabajar sin descanso y dormir lo suficiente hasta sin importarle llegar a cenar. Ese era el Lorenzo que recordaba, el último que vi al separarnos.
Mis dedos se cierran con fuerza sobre mis brazos. Valery me mira directo a los ojos.
—Esta noche, cuando entró al bar y vi la forma en que te miró… —Sus labios se curvan—. Lo preocupado que lo dejaste al irte y cómo puso en su lugar a Anika, me hizo entender muchas cosas.
¿Defenderme? ¿Qué carajos ha pasado ahí adentro?
Bajo la vista, sintiendo mis mejillas arder.
—No me entrometeré en lo que sea que pase entre ustedes, porque no me interesa.
—Tira el cigarrillo al suelo—. Pero hay algo que sí debes tener presente.
Yo vine aquí para ganar la competencia, y por lo que he visto, tú también.
—Su sonrisa desaparece ligeramente—. Así que dame lo mejor que tengas, Giovanna Greco. No pienso perder.
Sus palabras no eran arrogantes. Sentía hambre. La misma hambre que tenía yo.
Valery extiende la mano.
—¿Trato?
La observo segundos antes de estrecharla.
—Trato.
Ambas sonreímos y volvemos la mirada al frente. Pronto debemos volver adentro con los demás. A la realidad. Porque desde mañana tengo que ver a esta mujer, Valery Meier, como lo que es.
No como la ex prometida de Lorenzo, sino como mi rival.
La mujer que tengo que vencer, y que luchará con la misma fuerza por derrotarme.