Capítulo 18
—¡L orenzo!
Gimo al sentir sus dedos entrar en mi coño. Muerdo mi mano, e intento moverme, pero no puedo. Su brazo toma con fuerza mi abdomen. Intento esconderme, cubrir mi rostro. Estoy roja, ardiendo, todo de mí. Y los sonidos obscenos de su boca con mi humedad no ayudan.
—Para… no… ¡Ah!
Mi clítoris está hinchado y cuando sus dientes lo toman con un mordisco juguetón, me vengo.
El rubio deja besos por todas mis piernas, abdomen y senos hasta reclamar mi boca.
Puedo sentir mi propio sabor y gimo al notar la presión de su erección.
Lo toco con mi manos. No. Intento tomarlo con mis manos y Lorenzo tiembla.
Su polla es grande, gruesa, de varias venas y vello púbico. Este último es difícil de notar, su color rubio y su poca cantidad lo hacen casi invisible a la vista, tan solo dejándose sentir cuando lo toco. De pronto, tengo sed.
Demasiada sed. Y en cuanto me arrodillo frente a él, parece estar igual de sorprendido que yo.
—Quiero chuparlo —miro su glande y las diminutas gotas de líquido preseminal que empiezan a salir de él—. ¿Me dejas hacerlo?
Lorenzo ríe y lleva sus manos a mi pelo.
Lo toma con delicadeza y sin esperar a que lo pida, abro la boca hasta comenzar a sentir su polla dentro.
Quiero llegar hasta el fondo. Tragarla por completo hasta ver su cara de placer.
Hacerlo sentir tan bien como él lo ha hecho conmigo.
Levanto las comisuras a los segundos por ver que sí me deja.
Suelta mi cabello, y tira la cabeza para atrás por el placer.
Lo estoy haciendo bien. Lo noto por el rubor en sus mejillas, la forma en que aprieta sus manos, como si estuviera soportando las ganas de tomarme a la fuerza. Y , mierda, eso es lo que más me pone.
—Ah, Giovanna.
—¿Te gusta?
Me lo saco de la boca y bajo hasta sus bolas, con las que juego en mi boca hasta pasar la lengua desde la base hasta el glande de vuelta. Lorenzo asiente, y antes de que pueda volver a sentirlo en mi boca, me da la vuelta hasta quedar de espaldas.
—Tienes una boca increíble, Giovanna. —Abro mis piernas, y respiro al sentir algo caliente en mi entrada—. Pero ahora mismo no puedo aguantar las ganas de follar tu coño.
—¿Giovanna?
Parpadeo varias veces, pero es la mano de Rodolfo en mi hombro lo que me hace volver a la realidad.
—Rodolfo… sí, dime.
—¿Está todo bien? Has estado quince minutos pensativa.
Río para mis adentros, sabiendo que mis mejillas se sonrojan. Sí, claro que estoy bien. De maravilla. ¿Cómo no podría estarlo al recordar la noche anterior?
El sexo de ayer… joder.
—Sí, estoy bien —simplifico y Rodolfo asiente antes de volver su atención al resto de los chicos.
Suelto un suspiro y miro alrededor. No supe como dos días habían pasado tan rápido, pero estábamos de vuelta en la competencia. Esperamos en nuestras estaciones hasta que el presentador asiente y entonces, las cámaras se encienden.
—¡California! Espero que estén teniendo una excelente tarde, y si no es así, estoy seguro de que este es el momento indicado para que sintonicen nuestro canal y no se pierdan lo que está por venir.
Tengo las mejillas rojas, sí. Pero hay una buena razón. Mis ojos están fijos en el frente, particularmente en el hombre vestido con traje azul oscuro. El mismo que parece no quitarme la mirada de encima.
Me guiña el ojo con disimulo y bajo la mirada al sentir unas ganas tremendas de sonreír.
Dos días enteros en los que habíamos practicado en el restaurante de Lorenzo, y todos y cada uno de ellos terminaba conmigo en la habitación del hotel. Dos días en los que tuve que evadir las preguntas de Stephannie y sonar normal ante las llamadas de mi madre y de Katherine.
—Es un hecho, el día de hoy la competencia por el premio mayor empieza —vocifera el presentador, y la multitud aplaude—.
Y ya que no podemos perder más tiempo, avancemos con el desafío de hoy.
—La pantalla se ilumina detrás de él—. Los seis equipos deberán preparar tres platos en cincuenta minutos, que consisten en: entrada, plato principal y postre.
Además, el jurado ha dejado asentado que estas dos rondas eliminatorias serán libres.
—El murmullo se extiende por todo el salón—.
Al final del día, dos equipos abandonarán la competencia. ¡Así que den todo de sí!
Las luces del reloj se encienden, y mi corazón se acelera.
—Participantes… ¡Su tiempo comienza ahora!
No espero ni un solo segundo en cuanto el reloj corre.
—Ya tengo en mente lo que podemos preparar —digo, tomando el cuaderno—. Rodolfo, te encargarás de la entrada, Kevin del postre y Marco y yo del plato principal.
Los tres asienten y comenzamos a movernos. No hay tiempo para dudar. Si todo lo que tengo en mente sale sin problemas, estoy segura que pasaremos de ronda.
—¡Kevin, un poco menos de azúcar! ¿Cómo vas, Rodolfo?
—¡Excelente, chef!
Respiro y me río ante la emoción que invade mi interior.
Miro hacia un lado y enfoco mi atención en Valery, quien se mueve con precisión, casi igual a su equipo. Ambos parecen haber ensayado cientos de veces. No hablan demasiado, tal vez solo lo necesario. Vuelvo de inmediato.
No hay ni un segundo que perder. No vine a California para compararme con nadie. Es para demostrar quién soy.
—¡Chef!
—Ahí voy.
Los minutos pasan y cuando el reloj marca los últimos cinco, verifico que todo esté como tengo planeado. Tartar de atún en una cama de arroz crocante como entrada. Magret de pato con reducción de salsa de granada y por último, una panna cotta con dulce de leche y frutos rojos.
Me permito sonreír, porque ni bien el marcador llega a cero, tengo la sensación de que lo hemos conseguido. La presentación transcurre casi en un suspiro. Cuando llega mi turno, presento cada uno de los platos como siempre y me retiro hasta esperar los resultados.
—Gracias a todos por una ronda increíble. Pero, lamentablemente, dos equipos deben despedirse de estas cocinas. Los equipos que sobreviven a la etapa de eliminación, son…
Todos guardamos silencio.
Escucho algunos nombres, entre ellos el Die Anmut.
—Monroe.
Suelto una bocanada de aire en cuanto lo escucho. Los chicos me abrazan y cierro los ojos algunos segundos.
—¡Vamos, caraj…!
—Kevin.
Todos reímos al ver a Kevin llevar la mano a su boca, que por suerte, nadie lo ha escuchado. Giro hacia un costado y me encuentro con la mirada de Valery sobre mí. Esta asiente y yo hago lo mismo.
—La semifinal que definirá a nuestros dos finalistas se llevará a cabo mañana.
Mañana.
Todo se definirá mañana.
Los participantes comienzan a dispersarse una vez las cámaras se apagan. Nos reunimos con Steph y nos disponemos a irnos cuanto una voz nos detiene.
—¡Hey, chicos!
Una chica pelirroja con acento francés nos sonríe. Mis ojos van al nombre en su uniforme, y en efecto, es uno de los equipos que quedaron seleccionados.
—Disculpen que los moleste, pero algunos equipos iremos a tomar algo para relajarnos antes de mañana. ¿Se apuntan?
—Yo paso… —Estoy a punto de negarme, pero Kevin me detiene.
—Vamos, Gio. Será divertido
—Mañana tenemos competencia, no podemos.
—Tú misma te has dado la respuesta —añade esta vez Marco—. Necesitamos desconectar un poco de la cocina, sino terminaremos locos.
Miro a Rodolfo, el único que sabe que cuento con mayor razón de todo el grupo, pero este solo se encoge de hombros.
—Una cerveza no mata a nadie.
Termino suspirando, sin contar que Stephannie parece igual de convencida en ir.
—Está bien. —Kevin levanta los brazos—. Pero solo por esta vez. Luego no más alcohol por lo que queda de competencia.
—¡Sí, chef! —gritan los tres al unísono, y yo no hago más que colocar los ojos en blanco.
Antes de abandonar el lugar junto a los demás, miro una última vez hacia atrás.
Como si pudiera sentirlo, Lorenzo deja de hablar con uno de los jurados para mirarme.
Nuestros ojos se encuentran y sonrío. Quizás una noche lejos de la presión no sería tan mala.
Solo rezaba para no terminar metida en algún tipo de problema y volver cuanto antes.
Para así poder estar a solas… con él.
∞∞∞
No fuimos los primeros en llegar. Una vez pasada la entrada del bar, me fue imposible fijarme que quienes estaban en la mesa eran Valery y otros tres de su equipo. Junto a Elory, la chica que nos había invitado antes, nos apresuramos a llegar y sentarnos.
—¡Por Dios! Quiero una cerveza cuanto antes —espeta la mujer, soltando un suspiro—. El día de hoy fue intenso.
Asiento sin más. Cuando el mesero llega a tomar nuestros pedidos y luego se va, me pierdo entre las vibraciones de mi teléfono dentro de mis pantalones. Saco el teléfono y sonrío al ver el nombre de Lorenzo aparecer en la pantalla.
Lorenzo:
¿Dónde estás?
Muerdo mis labios.
Giovanna:
Con los chicos,
salimos a tomar algo con otros equipos.
Espero varios segundos, pero no recibo otra respuesta.
Debe estar ocupado, y yo debo mantenerme lejos del teléfono antes de que Steph empiece con sus preguntas.
—¿Todo bien, Gio?
—Sí, sí. —Lo guardo nuevamente en mis bolsillos—-. Nada importante.
Una cerveza aparece frente a mí y bebo de ella sin reparar en nada más.
No soy mucho de beber alcohol, pero cada vez que lo hago termino fascinada con el sabor y la forma en que logra relajarme un poco.
La conversación fluye con facilidad sin necesidad de que yo intervenga.
Elory no deja de hablar, y Kevin parece encantado con aquello.
Rodolfo y Marco están debatiendo con dos de los cocineros sobre algunas técnicas de cocina.
—Así que tú eres Giovanna Greco.
La chica sentada junto a Valery me observa con curiosidad. Es pelirroja, y lleva el uniforme de Die Anmut. Puedo leer con facilidad el nombre de «Anika» en su pecho.
—Sí —respondo.