Capítulo 16
—¿E n serio?
—Claro. Estudiaron juntos en la misma universidad, eran inseparables. Trabajaron juntos varios años, incluso corrió el rumor de que estaban comprometidos.
¿Comprometidos?
Sigo con la mirada al frente, pero con mis oídos fijos en la conversación.
—¿Tienes alguna idea de qué pasó?
—Ni idea, pero conociendo la reputación de Moretti, algo tuvo que pasar. Y muy intenso.
Ambas sueltan una pequeña risa.
«Eran inseparables y estaban a punto de casarse».
Las palabras quedan dando vueltas en mi cabeza. Porque, siendo sincera, jamás me había detenido a pensar en algo tan básico. ¿Lorenzo es soltero? ¿Incluso ahora, lo es?
Compartimos una noche que todavía consigue sonrojarme al recordarla. Besos, caricias y hasta un desayuno de ensueño. Sinceramente, jamás pensé que podría sentirme tan cuidada.
¿Cómo carajos podría preguntar si tenía pareja o estaba soltero? Fue sexo, nos conocimos por muy poco, no hay razón para ese tipo de preguntas.
—Adelante, Chef Valery Meier.
Levanto la mirada y una mujer alta rubia estrena mi visión, quien con caminar elegante avanza hacia el jurado, llena de una seguridad que impone demasiado respeto. Su uniforme lleva en la parte trasera bordado el nombre de lo que supone, es su restaurante.
Die Anmut.
Su plato es una interpretación moderna del pescado blanco con crema de azafrán y vegetales glaseados.
—Soy Valery Meier, y es un honor estar aquí.
Su voz es tranquila y segura. Observo a los jueces probar el plato. Mis ojos van hasta Lorenzo, quien mantiene la misma expresión neutral. No hay nada especial en su rostro, pero aun así me sorprendo observándolo más de la cuenta.
Con ello, uno tras otro de los participantes pasan hasta que llega mi turno.
—Chef Giovanna Greco, y represento al restaurante Monroe.
—Las cámaras se enfocan en mí, pero trato que mi lengua no se enrede—.
Nuestro plato de bienvenida es una bruschetta con tomate confitado, burrata condimentada, aceite aromático de hierbas con una reducción balsámica y albahaca fresca.
Nuestra idea es presentar un plato sencillo, pero lleno de sabor.
Los jueces prueban y yo intento descifrar algo en sus expresiones. Una mueca, una sonrisa o lo que fuera. Pero no puedo. Cuando termino, regreso junto a los chicos.
Ellos anotan en sus libretas, tan serios como al principio, y por algunos minutos siento los nervios cruzar todo mi cuerpo. Cinco minutos exactos pasan hasta que el presentador vuelve al escenario.
—-Primero que nada, queremos agradecer a todos los participantes por esta increíble presentación.
El talento que hemos visto hoy es extraordinario, y los jueces están más que encantados por saber más de todos ustedes.
—Los aplausos resuenan—. Aunque no hay ganadores ni eliminaciones el día de hoy, el jurado quiere destacar el plato que más los sorprendió.
Mi corazón se acelera.
—La mejor presentación de la noche corresponde al restaurante Di Anmut, dirigido por la chef Valery Meier.
Los aplausos retumban más fuertes. Valery sonríe y agradece con una pequeña inclinación.
—La competencia oficial comienza dentro de dos días. Descansen, prepárense y den lo mejor de ustedes. —El presentador sonríe y se gira hacia una de las cámaras—. Y en casa, no pueden perderse…
El ambiente comienza a relajarse luego de que la última cámara se apaga. Los participantes no tardan en dispersarse, pero yo estoy quieta, paralizada por los resultados.
¿Qué había hecho mal?
—No pongas esa cara —pide Kevin, dándome una palmada en el hombro—, solo era una presentación.
—Exacto —añadió Marco—. Aún nos queda mucho por demostrar en la verdadera competencia.
Les devuelvo la mueca ante sus intentos por mejorar mi humor. Vaya que tengo un buen equipo.
—Está bien, está bien… —Alzo las manos—. Estoy bien, no me pasa nada.
Pero es mentira, mi atención sigue fija en la mesa del jurado. Lorenzo es el tercero en levantarse, por lo que soporto mis impulsos de ir hasta él. Aunque, bueno, nadie me detiene. O quizá sí.
En cuanto me dispongo a acercarme, Valery Meier ya está junto a él. Se encuentra de espaldas, por lo que no logro ver cuál es su expresión.
—¡Giovanna!
Stephannie prácticamente se lanza encima de mí. Trato por todos los medios de no caerme, tomándola con la poca fuerza que tienen mis brazos flacos.
—¡Estuviste increíble! ¿No lo viste? ¡No puedo creer que salgas tan bien en cámara! —La abrazo, obligándome a sonreír—. Y esa bruschetta, ufff, tenía una pinta increíble.
Sí, pero al parecer no fue suficiente.
No me opongo cuando todos nos dirigimos hacia las afueras del edificio. La tarde comienza a caer y varias filas de taxis esperan frente a la entrada. Mientras Steph habla emocionada sobre todo lo ocurrido, yo no puedo evitar mirar una última vez hacia el edificio.
¿Qué estarían hablando ahora? ¿Quién es Valery para él? ¿Quién soy yo?
Niego varias veces y subo al taxi junto a los demás.
Recuerda por qué viniste hasta aquí, Giovanna, enfócate.
Suspiro.
Como si fuera tan sencillo.
∞∞∞
Valery Meier es famosa, pero no solo eso, sino muy buena en la cocina. Una de las chefs más destacadas de Alemania, y quien lidera el puesto con el Die Anmut como uno de los restaurantes más concurridos en Berlín.
Abulto mi labio mientras cierro Google y tiro el celular a un lado.
Desde hace varias horas que estoy en el hotel y no he hecho más que quedarme en la cama.
Incluso cuando los demás han tocado mi puerta para ir con ellos a recorrer la ciudad, me negué.
No tengo ánimos y solo me apetece estar en la comodidad de mi habitación.
Eso, y porque temo que al salir pudiera encontrarme con Moretti. Y el saber que se hospeda justo en el departamento frente al mío no me ayuda mucho.
Había recibido varios mensajes de él, pero no contesté ninguno. Es cobarde, sí, demasiado. Y sobre todo, me estoy comportando como una auténtica niña de tres años.
Pero escapar de las situaciones incómodas es lo que mejor sé hacer. Lo que hice durante años, y por lo que pasé mi vida sumergida en masa madre y aceites vegetales.
Toc Toc.
Frunzo el ceño al escuchar varios toques en mi puerta. Suelto una bocanada de aire y me levanto de la cama. Espero que no sean los chicos o Stephannie tratando de convencerme. Tomo el pomo de la puerta y lo giro.
—Ya les dije que no me apetecía salir…
No termino de hablar, porque quien está delante de mí no es Stephannie, Marco o Rodolfo.
Es él.
—Ah… Hola.
Lorenzo se cruza de brazos y noto que su ceño está fruncido.
—¿Te llegaron mis mensajes?
¿Está bien mentirle?
—Sí.
—¿Por qué no me respondiste? Estuve buscándote por todos lados pero ya se habían ido.
¿Me estuvo buscando? ¿Es en serio?
Me cruzo de brazos y ladeo la cabeza.
—¿Estás seguro de que estuviste buscándome?
—¿Lo dudas?
—No lo sé, quizá te quedaste hablando con alguien y se te pasó el tiempo.
—No entiendo lo que estás diciendo, Giovanna.
Aprieto los labios.
—Te quedaste hablando con ella.
—¿Quién?
—Valery. Tu ex, ¿no es así?
El rubio guarda silencio, y aquello consigue hacerme sentir peor, porque se siente eterno. Después de unos segundos, él da un paso hacia mí.
—No es lo que piensas.
—¿Ah, no?
—No —espeta sin rastro de burla en su rostro—. Soy uno de los jurados, Giovanna. No puedo rechazar a alguien que se acerca a hablar conmigo. Sería descortés y poco profesional. —Se detiene por segundos, frunciendo incluso más el entrecejo—. Ahora tengo curiosidad: ¿cómo sabes que es mi ex?
Mierda.
Maldigo repetidas veces internamente.
—Solo… lo sé y ya.
—¿De quién lo escuchaste? Dímelo.
—Eso no importa —suelto e intento cerrar la puerta—. Si me permites, tengo sueño y debo descansar.
Pero coloca una mano en la puerta, impidiendo que esta se cierre. Antes de que pueda protestar, empuja suavemente la puerta y entra en la habitación, cerrando la puerta tras suyo.
—¡Lorenzo!
—No vamos a dejar esta conversación así, y no deberías molestarte por eso.
Resoplo.
—¿Molestarme? ¿Por qué habría que molestarme?
—Eso mismo quiero saber, estás enfadada.
—No estoy enfadada.
—Giovanna, te conozco. Estás enfadada, tanto que quieres lanzar la almohada a tus espaldas en mi cara.
Aprieto mis manos.
¿Cómo carajos puede saber tanto este hombre?
—¿Y qué con eso? Aunque estuviera enfadada, no tengo motivos —nos señalo—. No somos nada, Lorenzo. Solo nos acostamos.
Su expresión cambia. Pasa una mano por su cabello y exhala.
—Dios, Giovanna. No pensé tener que decir esto, pero estoy en mis cuarentas.
A estas alturas no me apetece estar jugando al Don Juan ni perseguir faldas.
—Mi respiración se detiene cuando sus ojos verdes se clavan en los míos—.
Si crees que me acuesto con todo el mundo, estás muy equivocada.
Permíteme dejarlo muy en claro, porque al parecer es necesario.
Se acerca unos cuantos pasos.
—La única mujer con la que quiero acostarme eres tú.
Parpadeo.
—¿Qué?
—¿Crees que tengo tiempo o ganas de ir por ahí coleccionando amantes? —niega con la cabeza—. No, Giovanna. Ya pasé por esa etapa hace décadas.
—Pero no somos nada.
—En eso te equivocas. —Su voz se suaviza—. Que no tengamos un título ahora mismo no significa que no quiera con locura estar a tu lado. —Da pocos pasos hasta quedar frente a mí—. Nunca me han interesado las relaciones vacías, y no quiero una aventura pasajera para nosotros.
Su mirada pierde aquella distancia de hace minutos y es reemplazada por… cariño.
—Me gustas, Giovanna. Me gustas de verdad. —Sus labios se curvan una sonrisa y una de sus manos encuentra la mía—. No solo me gusta hacer el amor contigo. Me gusta la mujer que se pone roja cuando la miro demasiado. Me gusta la mujer que se preocupa más por un jodido arroz que por dormir.
Una risa se escapa de mis labios.
Su pulgar acaricia mis dedos.
—Me gusta como sonríes.
—Lorenzo…
—Me gusta escucharte hablar, y sobre todo, me gusta quién eres.
—Siento los ojos arder—. No estoy aquí solo por sexo, quiero conocerte más.
Quiero desayunar y cenar contigo. Quiero discutir contigo por tonterías, celebrar tus victorias y estar a tu lado cuando las cosas salgan mal.
—Ahora es mi pecho el que se estruja—. Quiero ver hasta dónde podemos llegar.
Mi voz sale en susurro.
—¿Qué hay de Valery?
Lorenzo suspira.
—Valery fue parte importante de mi vida, la quise mucho. —Sus ojos no se apartan de los míos ni un solo segundo—. Pero eso terminó hace años. Algunas historias terminan, Giovanna. Y por mucho aprecio que le tenga o hablemos, no significa que siga enamorado de ella.
Su mano sube hasta apartar un mechón de cabello de mi rostro.
—Porque la mujer en la que no puedo dejar de pensar desde hace días está justo delante de mí.
No lo dejo terminar. Me pongo de puntillas y tomo su rostro entre mis manos para luego besarlo. No se me ocurrió otra cosa. Porque, después de escuchar todo, mi corazón es un completo desastre. Porque Lorenzo Moretti acaba de mirarme como nadie me había mirado jamás.
Sus ojos se abren apenas por la sorpresa, pero solo por pocos segundos. Sus brazos rodean mi cintura y me acerca más a él. El beso es lento. Siento sus labios sonreír contra los míos, y aquello consigue que una risita escape de mi garganta.
—¿Eso es un sí?
—Cállate.
Vuelvo a besarlo, y sus manos suben por mi espalda. Se profundiza en el momento en que mi cuerpo entero reacciona al instante ante su toque. Maldición.
Este hombre solo necesita mirarme para hacer de mí un completo descoloque.
—Mmm…
Sus labios bajan hasta mi cuello, y cuando pienso en que quiero que sus manos me aprieten con mayor fuerza contra él, es el primero en apartarse.
—¿Qué sucede?
—Quiero mostrarte algo —espeta.
Achico los ojos.
—¿Ahora?
Asiente, y pasa sus dedos por mis labios hinchados.
—Quiero hacer el amor contigo, pero esto es algo que quiero que veas. —Hago una mueca, y él prosigue—. Si te lo digo, pierde la gracia.
Resoplo al apretar mis piernas con fuerza cuando Lorenzo se aparta, dejando distancia entre nosotros.
—Ve a arreglarte, te esperaré arriba.
—¿Arriba?
—Piso diecisiete.
—¿Qué hay…?
—Ya lo verás.
Deposita un beso en mi frente, y antes de que pueda seguir interrogándolo, sale de la habitación.