Capítulo 8 #2
El sonido del aceite caliente empieza a llenar la cocina junto al aroma del ajo y especias. Mi cuerpo se relaja al verlo cocinar. Mis ojos terminan recorriendo el lugar otra vez.
—¿Te hospedas aquí desde que llegaste? —Él asiente—. Debe costar una fortuna.
—No es un problema para mí.
El rubio toma la sartén y empieza saltear poco antes de hablar.
—Aunque casi no he estado aquí…
—¿Porque te la pasas recorriendo media Florencia?
—Porque desde que llegué, he estado contigo.
Lorenzo vuelve a concentrarse en la comida. Reconozco algunos ingredientes: coco, cilantro, curry rojo… pero también hay otras cosas que me extrañan.
—¿Puedes decirme al menos qué cocina es?
—Tailandesa —responde—, aunque con algunas modificaciones mías.
—Jamás he probado la cocina tailandesa auténtica.
—Entonces hoy será tu primera vez.
Siento calor subir por mi cuello.
Varios minutos después, coloca un plato frente a mí. Fideos de arroz salteados con camarones, vegetales crocantes, salsa cremosa de curry y coco, acompañado de maní tostado y unas gotas de lima.
—Pad Thai. —Sus ojos reposan en mí con atención—. Anda, pruébalo.
Tomo el tenedor, el vapor sube frente a mi rostro mientras enrollo un poco de los fideos y doy el primer bocado. Dios mío . El sabor explota en mi boca. Dulce, salado, picante y cítrico al mismo tiempo. Los camarones están cocidos a la perfección y la salsa termina de envolver todo en cada bocado.
Gimo de gusto sin poder evitarlo.
—Tomaré eso como una buena señal.
—Está increíble.
—Me alegra que te haya gustado.
Asiento mientras vuelvo a comer. Entonces lo recuerdo, y bajo el tenedor. Un solo plato. Mis ojos vuelven a Lorenzo. ¿En verdad no piensa probar un bocado?
—¿Cocinaste solo para mí?
Se encoge de hombros.
—Como te dije, no suelo comer de noche.
Muerdo mis labios y antes de que pueda responder, toma mi tenedor directamente de mi mano y prueba un pequeño bocado.
—Aunque supongo que hoy puedo hacer una excepción.
Mi corazón se mueve con fuerza. Bajo la vista otra vez, intentando ocultar el desastre que debe ser mi cara ahora mismo. Continúo comiendo y trato de respirar con normalidad.
—Espera, tienes algo aquí.
Levanto el rostro y él se acerca lo suficiente como para rozar con el pulgar la comisura de mis labios y limpiar restos de salsa. El contacto dura segundos, pero siento el calor atravesarme.
—Gracias.
Lorenzo me observa unos segundos que siento eternos antes de apartarse.
—De nada.
Termino el plato intentando ignorar mi propio cuerpo traicionándome cada cinco minutos. Cuando finalmente dejo los cubiertos a un lado, me levanto.
—Yo lavaré esto.
—Giovanna, no hace falta.
—Cocinaste para mí, deja que al menos haga algo.
Escucho su voz detrás de mí mientras abro el grifo. El agua tibia cae sobre mis manos. Aprovecho esos segundos para recuperar la compostura, necesito con urgencia dejar de reaccionar así por culpa de un hombre.
—Me voy mañana.
El plato casi resbala de mis manos. Me quedo quieta varios segundos de espaldas a él mientras el agua sigue corriendo. Mañana. ¿Por qué me sorprende? Lorenzo Moretti no vive aquí, todo esto es temporal desde el inicio.
—Tengo otros asuntos que atender y no puedo quedarme más tiempo. —Su voz es suave, casi en un susurro—. Mi vuelo sale en la noche, así que iré mañana a despedirme.
—Bueno, ¿debes seguir el viaje, no?
Lorenzo no responde enseguida, solo me observa como si me intentara descifrar, pero yo sigo concentrada en el plato.
∞∞∞
Al final, termino rechazando que Lorenzo me lleve a casa.
—Está bien, de verdad —insisto, sabiendo que mis ojos están perdidos, cuando esperamos afuera del hotel—, tomaré un taxi.
—Giovanna…
—No me pasará nada, estaré bien.
Sé que no piensa dejar de insistir, por eso, en cuanto veo un taxi a la distancia lo detengo. Abro la puerta, pero él la sostiene antes de que entre.
—Dame tu número.
—¿Qué?
—Así podré quedarme más tranquilo, y saber que llegas bien.
Lo observo varios segundos, pero no por mucho; el taxímetro sigue corriendo. Termino diciéndole mi número y momentos después, siento mi teléfono vibrar.
—Listo, también tienes mi número —dice, guardando el móvil con una sonrisa en el rostro—. No olvides avisar cuando llegues a casa. Que tengas buena noche.
—Igualmente, Lorenzo.
Entro al coche antes de arrepentirme. Durante el camino de vuelta no puedo evitar pensar en él.
Maldigo entre dientes. Cuando llego a casa, entro directo al baño.
En el momento en que el agua caliente cae sobre mi cuerpo, cierro los ojos.
No logro despejarme, porque cuanto más intento de dejar de pensar en Lorenzo Moretti, más presente parece estar en mi cabeza.
Salgo del baño envuelta únicamente por una toalla. Mi piel sigue caliente, y no por la ducha. Camino hasta la habitación y abro uno de los cajones inferiores del clóset y empiezo a mover todo hasta encontrar una pequeña caja olvidada al fondo. La observo varios minutos.
Lo había comprado hace muchísimo tiempo. Una de esas compras impulsivas que nunca terminé usando por falta de tiempo… o ganas.
Hasta ahora.
Estoy temblando al acostarme sobre la cama, a un lado está mi teléfono, la pantalla se enciende al llegar la notificación por parte de Lorenzo a mi mensaje de que había llegado bien.
El silencio del departamento vuelve a envolverme mientras lo coloco boca abajo y enciendo el vibrador.
El sonido bajo de la vibración llena la habitación.
Cierro los ojos al apoyar la cabeza contra la almohada.
Intento pensar en cualquier otra cosa, pero el fuego en mi interior sigue creciendo al simple recuerdo de su persona. Sus manos. Su voz. Sus ojos.
«Desde que llegué aquí, he estado contigo».
Un escalofrío me atraviesa al apoyar el aparato en mi coño húmedo.
—Oh.
Mi cuerpo entero reacciona antes de que pueda seguir negándolo. Dejo que los gemidos y sonidos obscenos salgan de mi boca. Y cuando el orgasmo rompe mi cuerpo por completo, lo hago con el nombre de una sola persona saliendo de mi boca entre lágrimas.
—Lorenzo.